Disfraz de madrugada

No, si luego se implica como el que más. Pero el disgusto que llevo yo desde hace unos días por el asunto del bendito disfraz de El Cachorro, no me lo quita nadie. (VER POST DEL DÍA 20).

El caso es que el Señor de las Bestias me envía fotos de todo lo que está haciendo.

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Si me llego a poner yo, ni la mitad. No me entretengo en hacer fundas para los zapatos para que parezcan botas del medievo ni por asomo.

Pero el Señor de las Bestias, si se mete en algo, se mete hasta las trancas. El día anterior a cuando hay que entregarlo en el cole, claro, pero hasta las trancas.

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Yo me encargo de la lanza. Porque no había hachas y todas las madres con hijos soldados nos hemos comprado la misma para tunearla.

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A la una y media de la madrugada, sorpresivamente, se levanta El Cachorro de la cama.

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Nos viene fenomenal, porque así le podemos probar cosas…Qué bendito es. Está encantado con su disfraz.

De hecho, parece que le gusta el tema de disfrazarse (por fin)… Ora es un motorista en bicicleta…

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Ora un cowboy en calzoncillos.

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Un figura.

Su hermano también va a teatro y también tiene que representar una obra…

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Como podéis adivinar, le hace MOGOLLÓN DE ILUSIÓN su traje. Está en un claro plan de “no me vistas que no voy”.

Otro figura.

No hay forma

Pongo la comida, y salta Don Bimbas: “No quiero. Es que tu comida es muy “asca””. ¡Pues menos mal que eran tallarines!

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Pero no va por ahí la cosa… ¿”Asca”? Me parto. Este niño tiene un problema siempre con la correlación de géneros. Dice “coche tuya” y así. Pero hoy, ha debido de pensar: “Hoy, lo clavo. ¿Comida no es un nombre femenino? Pues ahí le meto yo su adjetivo femenino que, como todo el mundo sabe, igualmente ha de acabar en a”. Y me ha soltado un “asca” que se ha quedado tan a guuuuusto.

Pero no se queda ahí la cosa. Tiene un tomatito guardado. Y me dice: “Esto es el depostre”. “Depostre” en vez de “postre”, es lo que ha venido diciendo El Cachorro toda su vida. Supongo que, de tanto preguntarle: “¿Qué quieres de postre?”, se piensa que se dice así, “depostre”. Lo gracioso del tema es que el pequeño hoy me viene con las mismas, llamando “depostre” al postre. Todo se pega…

O sea, ¡le gustan los peluches!

Desde que se le regaló este tiburón (no fui yo), no se separa de él.

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Esta mañana viene a darme unos besitos de buenos días y, después, me planta al tiburón en la boca, para que, chuic, chuic, me dé otros besitos.

O sea, tengo una bolsa con peluches escondida en un armario, de los que he consentido guardar (de momento), porque tengan algún tipo de significado (poco, porque mis hijos no han sido de encariñarse con ningún trapo de esos), y he tirado y dado trescientos, porque no los aguanto, y resulta que ahora mi chiquitico se me aficiona a ellos…

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Que me aspen.

Publicidad de pilinguis

No sé en vuestro barrio, pero en el mío, los coches que aparcamos en la calle, nos encontramos día sí y día también tarjetitas en nuestro parabrisas o encajadas en las ventanas, con publicidad de lumis.

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El Cachorro ve una tarjeta. La coge y me la da:

– Mira, te dejan cositas.
– Agh – me sale.
– ¿Qué es?
– Eeeeeh… Publicidad de medias.

A veces ando rápido de reflejos… A veces.

Mi héroe

He salido hoy con la bici con mis hijos y unos vecinos. A la novia de Don Bimbas, la he llevado yo en la silla de atrás. Mi pequeño ha estado exhibiéndose delante de su ella. Yendo rápido, adelantándome… y subiéndose a un promontorio.

– ¡Hala, campeón, ¿de ahí te vas a tirar?! ¡Ten cuidado! – le digo.

Él está absolutamente decidido. En honor a la verdad, no es la primera vez que lo hace. Pero sigue encerrando peligro.

– ¿Qué te parece, Sofía, lo que hace Pablins? – le pregunto a su amorosa vecina.
– ¡Ooooh, mi noviooo! – exclama ella arrobada.

Flipanding people, estoy. ¿¿”Oh, mi novio”? ¡Es que lo ha dicho en plan “oh, mi héroe”, con tono de princesa Disney! ¿Será posible?

Y el otro… El otro, inflado. Por supuesto, se ha tirado, con los grititos embelesados y emocionados de su amorcito de fondo.

Más adelante, se va a otro promontorio. Muuuucho más suave y menos pronunciado que el anterior, y una señora mayor que va paseando con sus nietas, se detiene de repente, y dice:

– No se irá a tirar desde ahí…
– Claro que sí – le digo.
– Pues no miro.

¡Y se ha dado la vuelta! Jaaa, ja, ja. Pues el canijo se ha tirado, y por supuesto sin ningún tipo de problema. La señora no salía de su asombro.

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Es muy crack, mi pitufo. No os digo más que, así como yo subo cuestas incorporada en la bici (no cambio marchas), ¡él va sentado! Con sus piernillas ahí, triki, triki, triki. Un as.

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Él un as y yo, os informo, por llevarlos esta mañana con los vecinos a Madrid Río, Don Bimbas opina de mí que soy muy “cuena” (buena).

Tablet a hurtadillas

Pues os revelo que, cuando Dios expulsó a Adán y Eva del Paraíso, les dijo algo más de lo que nos ha llegado. La condena fue la siguiente: “Labrarás la tierra, parirás con dolor y tendrás hijos que se despierten a la misma hora que la de ir al cole en días de fiesta”.

Porque, no falla. Para ir al cole, hay que ir a despertarlos y cuesta lo más grande. Pero el día que hay fiesta, al despuntar el día, zas, en pie. Para matarlos.

Yo, que de natural no me gusta madrugar ni un pelo, que he sido nocturna toda la vida, los días de fiesta quiero levantarme lo más tarde posible. Sobre todo estos días, que me quedo hasta las tres viendo “Juego de Tronos” como una obsesa (es la primera serie a la que me engancho así después de “A dos metros bajo tierra” del año 2001). Así que intento hacerles entender a mis hijos que es muy importante que no me despierten. Pero lo hacen, vaya si lo hacen. Si se despierta Don Bimbas, antes incluso de ir a hacer pis, se viene a mi cama y me dice: “Tengo hambre”. Yo le logro balbucear que pille cereales o lo que sea, pero que por el amor de Dios, ¡no me despierte!, pero ya es tarde, porque no vuelvo a conciliar el sueño. Ahora, me quedo remoloneando lo menos hora y media más.

Si no es el hambre del pequeño, son los gritos porque están peleando los dos y, si no, los juegos bestias a los que se dedican, que consisten en tirar coches y estamparlos con todas sus fuerzas contra suelo y puertas.

Tooooodos los días intento hablarles en serio sobre la importancia que tiene que respeten el sueño de los demás. Que, si alguien duerme, hay que ir callandico por casa, hablando bajito, sin hacer el más mínimo ruido. Sé que eso es imposible, pero les planteo el escenario ideal para que, al menos, hagan por esforzarse.

Hoy, de nuevo, Don Bimbas ha venido a mi oreja a informarme de que tenía hambre. Yo, le he vuelto a decir que, por favor, no me despertara. Y he vuelto a quedarme en la cama, despierta. Por eso, he visto cómo, al rato, El Cachorro se ha acercado a mi habitación para cerrar delicadamente mi puerta.

“Qué mono”, he pensado, “se está tomando en serio lo de no molestarme y ha tenido el detalle de intentar preservar mi sueño”.

Cuando me levanto y abro mi puerta, me encuentro también la del pasillo cerrada.

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Y, luego, la del salón.

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Tanto cuidado hacia mi persona, me escama. Y abro la puerta.

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Claaaaaaaaaaaaaaro. Ya decía yo. Tienen prohibido coger la tablet sin mi permiso, y se lo pasan por el forro de los cojCALZONCILLOS. Y aquí estaban, protegiendo su desobediencia.

¡Para esto sí que no arman ruido, los muy bandidos!

Don Bimbas, algo más tarde, me pide la tablet. Le digo que nanay, que se han pegado el gran rato con ella. Él siempre anda rogando que se la dejemos. PERO, ¿sabéis por qué él, en particular, está tan enganchado a la tablet? Porque me ha salido musical perdido. Le flipa ponerse canciones, sobre todo si son la de “Despacito” o “Si te vas, yo también me voy” de Enrique Iglesias.

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Lo cachondo del tema, es que se planta la tablet en la oreja como un negro rapero del Bronx. Y a menear el culillo. Es carne de reguetón.

Interpretando el blog

Estoy buscando fotos para el blog, concretamente para el mes de junio del año pasado. Encuentro una secuencia en la que a Don Bimbas le vence el sueño mientras está comiéndose un sándwich.

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Y vienen mis dos baldragas a cotillear. Cuando ven las fotos, les digo: “Esperad, mirad cómo fue el asunto”, y me dedico a poner sonidos y voces a cada foto, haciendo como que soy Don Bimbas.

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Que si “ay, qué rico el sándwichzzzzz”, que si, “roon, fiuuu, roon fiuuu”, que si “¡PUM!”, cuando se cae el contenido al suelo, que si “uy va, la que he liadoooo”.

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SE PARTEN DE LA RISA. Y, cómo no, me hacen repetir la jugada tres veces.

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Porque cuando les gusta una cosa, son insaciables.

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Y yo me gano otra secuencia para un post…

La máscara

Viene El Cachorro al cuarto de estudio: “¿Tienes una cuerda?” Busco una cuerda en el lugar donde tengo todos los aperos de por si acaso nos toca hacer un trabajo, y encuentro un cordón. Se lo doy.

– ¿Me lo puedo quedar?
– Claro.
– ¿Pero para siempre?
– Sí.
– ¿Y celo me puedes dar?
– Claro, toma.

Luego lo oigo buscando unas tijeras. Al poco, aparece en el quicio de mi puerta, rugiendo. Lo miro y me encuentro esto:

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¡Pero bueno! ¡Qué maravilla!

“He visto una máscara y he dicho, voy a hacer una yo solito”.

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Está de un creativo últimamente que tira de espaldas.

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El monstruo está MUY conseguido.

Retrato fidedigno

Me ha dibujado mi hijo. Está hecho un artista, El Cachorro.

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Me lo he puesto de perfil de Whatsapp. Salgo ideala.

Lo ha visto mi madre. Me escribe lo siguiente

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Así que El Cachorro se pone manos a la obra:

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Y, de ahí, se ha sucedido una conversación de lo más amorosa entre abuela y nieto…

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Lo de “tú sí que eres guapetona” me deja muerta. ¿Pero de dónde ha sacado estas herramientas, el tío?

Me encanta este par de dos.

La viñeta

Me viene El Cachorro con su último dibujo. Bueno, bueno, bueno. BUENO.

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Toda una historia.

Un barco pirata hundido porque lo ha mordido un megalodón, un pirata en una isla desierta, al que le va a rescatar un helicóptero, que probablemente no pueda hacerlo porque el megalodón se lo va a zampar. Hablando de zampar, otro tiburón está a punto de merendarse a un pececito. Y hay una manta raya.

– Y olas, mamá, hay olas. ¡¡Y exclamaciones!!

Fabuloso.

– Pero, cariño, lo único es que, “socorro”, se escribe con dos erres.
– Ah, vale. Pues este (señalando al pirata) no pronuncia bien la erre.

Y arreando, que es gerundio. QUÉ GRANDE ES.

¿Y os habéis fijado en los detalles? La ostra con perla, el cangrejito y la estrella de mar en el arrecife…

Luego, se ha venido arriba… Ya hay policías pescando, tiburones malparados… Ah, y dos erres en “socorro” 😉

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Es un GENIO.