El Sr. Don Gato

Hoy hemos hecho un intercambio. Los vecinos se han llevado a mi Don Bimbas y me han dado a cambio un cachorro de Maine Coon, la raza de gato más grande. Un gato que no puede ser más bonito y más cariñoso.

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El Cachorro y yo, encantados de la vida. Pero El Cachorro tiene alergia a los gatos. A veces no le da, y yo creo que se le ha pasado eso de la alergia, a pesar de que El Señor de las Bestias me ha dicho que, si íbamos a por el gato, que le diera un antihistamínico. Pero yo no tenía.

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¿Qué ha ocurrido? Que El Cachorro se ha restregado vivo con el gato.

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Y le ha dado alergia. No podía con el picor de ojos, el pobre. Lloraba y lloraba (y se los tocaba y se los tocaba, con las manos llenas de gato, pa’ qué queremos más).

Y luego ha rabiado, claro:

– Gato malo.
– ¡Cómo, gato malo! De malo nada, cariño. Él no tiene la culpa – le replico.
– ¡Intenta ser una cucada para que le toque y ahora que me pique!

Jaaaa. Me encanta esa atribución al gato de la responsabilidad plena de sus problemas. El gato tiene la culpa por ser tan mono. Pobre, le quiere echar la culpa a alguien de alguna manera…

Ratoncito Pérez ̶o̶l̶v̶i̶d̶a̶d̶i̶z̶o̶ juguetón

Se levanta El Cachorro con los ojos cerrados. Viene donde estoy yo, que llevo un rato danzando porque tengo turno de mañana en el trabajo y madrugo un montón. Se choca contra mí.

– Tengo los ojos cerrados para no ver el regalo.

No le entiendo muy bien porque es lo primero que dice al levantarse y está adormilado.

– ¿Cómo?
– Que no abro los ojos para no ver el regalo.
– ¿Qué regalo?

Pienso que está sonámbulo perdido y que se está haciendo un lío, que ayer era el Día del Padre y que lo mismo está pensando en eso.

– ¡El regalo!
– ¿Cuál, cariño?
– ¡El del ratón!
– ¿Qué rat…?

COOOOOÑO. Ayer, mientras cebábamos por ahí por el Día del Padre, se le cayó un diente.

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Cuando llegamos a casa lo pusimos en la cómoda de su cuarto. Y hasta hoy.

Mierda.

Mira que, conociéndome, al llegar a casa me dije: “Amaya, que no se te olvide dar el cambiazo. Y si no lo haces ahora, por la mañana, que te levantas pronto”. Y, seguidamente, borré ese pensamiento de mi mente.

Menos mal, MENOS-MAL, que a El Cachorro le ha dado por no querer ver si estaba o no el diente.

Así que he ido con él al cuarto y le he dicho que se escondiera debajo de la cama, que no mirara. He cogido el diente y he ido a mi cuarto, al armario donde tengo chorraditas para que lo del ratón me pille con algo en casa, saco la bolsa y cojo lo primero que veo, un bote con una masa fosfo que hace ruidos de pedos.

PERO, claro, canta por soleares que me he ido a mi habitación y que se ha oído el ruido de trajinar con una bolsa. Así que no dejo el regalo en vez del diente, y le digo a Él Cachorro que qué extraño, que no veía su regalo por ninguna parte.

Lo dejo en la mesita de la cocina.

Vuelvo.

– Sal, sal de debajo de la cama, cielo, que aquí no hay nada.

BUENO. Superdisgustado.

– Pero es raro – continúo – porque el diente no está.

No le encontramos explicación. El pobre está cada vez más extrañado y decepcionado. Pero no se le ocurre ir a la cocina. Y yo estiro el paripé, para darle más veracidad a la jugada.

– Cariño, lo mismo ha considerado que ya estaba bien de regalos. ¿No ves que tenéis muchos dientes? ¡No va a dejar un regalo por todos los dientes!

El Señor de las Bestias, que sale del baño, me mira extrañado. Le cojo en un aparte y le cuento la movida.

– Ya, ayer cuando me acosté vi que estaba el diente encima del mueble y me dije: “Bueno, será que Amaya lo pondrá ahora”…

Y se fue a dormir, con toda su cachaza. Que esa es otra. Lo del ratoncito también es, por lo visto, mi responsabilidad. El comprar regalos de reserva, el esconderlos, el quitar el diente, el colocar el regalo… y el agobio de hoy.

Críticas aparte, y como El Cachorro no pisaba la cocina ni por equivocación y cada vez estaba más tristón, le llama su padre: “¡Ven a desayunar, anda!”

Y, cuando va… tachán.

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– ¡Anda, vaya! – digo – ¡nos ha salido gamberro el ratoncito, esta vez! ¡Qué tío!

El Cachorro, feliz.

PD. Por cierto, eso de taparse los ojos para no ver si estaba el diente o qué regalo le había dejado el Ratoncito Pérez, ¿no será porque es tan cuco como su abuela?

Cuando mi madre era pequeña, descubrió en un armario sus regalos de Reyes. Y no dijo ni mu. No fuera a ser que le dejaran de traer cosas sus padres…

¿No será que El Cachorro se levantó, no vio nada, y dijo lo de que se tapaba los ojos para darme tiempo a reaccionar? Porque, otra cosa no, pero DISCURRE QUE DA GLORIA.

Promesa a unos padres

Se enfada El Cachorro con nosotros y salta: “Pues aunque digáis que no queréis ir a una residencia, os pienso llevar”.

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Magnífico propósito para el Día del Padre.

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¿Por qué tendrá esa manía de amenazarnos siempre con el tema de la residencia? ¿Cómo es que la tiene tan presente? Bueno, bien es cierto que su bisabuela, abuela de su padre, está en una. Como no sea por eso… Lo que está claro es que no le parece el mejor plan del mundo. Y es su baza para acojonarnos.

Robalmejas

Nos vamos a cenar por ahí por el cumpleaños del Señor de las Bestias. Don Bimbas pide pizza y yo spaguetti alle vongole, con almejas. Vaya, justo lo que le gusta a mi Bimbín.

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Así que se dedica durante toda la cena a pescar las almejas de mi plato para zampárselas bien a gusto. No tiene reparo alguno en dejarme los espaguetis temblando.

En fin, mientras coma…

Venus de Willendorf

YAAA ESTAMOSSSSS CON LOS TRABAJOSSSSS DE LOS COJ…

Don Bimbas, un crío de 4 años recién cumplidos, tiene que explicar las venus paleolíticas. Chúpate esa. Supongo que lo siguiente será explicar por qué el Universo tuvo tan poca entropía en el pasado, dando como resultado la distinción entre pasado y futuro y la segunda ley de la termodinámica.

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Total, que me lío la manta a la cabeza y construyo algo así como mono, con una puesta en escena hasta elegante, diría yo.

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Vamos, que estoy por dejarlo de adorno en casa…

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Para que Don Bimbas participe, le dejo hacer una cosa, que es poner el nombre al trabajo. Pues para una cosa que le dejo, y la hace mal. Hasta copiando.

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“Venuse”, ¿tú te crees?

Casi me lo cargo. Toda la puñetera mañana con la plastilina para que coja él y plante una e donde le sale de las gónadas.

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¡Es que ni fijarse!

El siguiente paso es explicarle las venus paleolíticas, porque el trabajo lo tiene que exponer.

– Es la figura de una mujer. ¿De qué es la figura?
– De una mujer.

A los dos minutos…

– ¿De qué es la figura?
– (…)
– ¿De qué, cariño? ¿Qué es?
– (…)
– ¿Qué es, cariño? ¿Una cebra?
– ¡Una cebra, sí!

Por el amor de Dios.

Encima, le hago preguntas y no me deja ni que termine de formularlas, me “pisa”: “¡Que ya sé, ya sé!”, todo digno y molesto. Y luego que si cebra.

Y he aquí el chat de vecinas:

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Les alegro el día, no me digáis.

Pero lo peor, lo que me ha llegado al alma, el comentario de mi madre.

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O sea, ¡que aún considere que lo ha hecho su nieto…! Es que me ha llegado al alma. Estoy altamente contrariada con todo este asunto.

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Todo lo contrario que él…

Yo según El Cachorro

Está El Cachorro describiendo a su mamá.

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– Es muy guapa. Es muy trabajadora. Le gusta el cole. Es muy buena. Tiene una mordida de nutria. Tiene los ojos marrones…
– ¡Y verdes! – apunto.
– Y verdes. Jo, es que no te los veo. Le gustan los cuentos de “Spirou y Fantasio”. Le gusta llevar coleta. Es muy inteligente.
– Gracias, chico, ¡tienes muy buen concepto de mí!
– Le gusta leer. Le gusta lo bonito. Su coche favorito es el Mini. Y tiene unos grandes hijos.
– ¿Grandes?
– Grandes y bonitos hijos.
– Jaaja.
– ¡Qué! ¡Tú me lo dices! – protesta.

Son grandísimos. GRANDÍSIMOS.

Y yo, según me ve mi hijo, no me quedo corta…

Ah, y me pegó un trascao una nutria por meter la mano en su jaula…

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Porque soy un poco corta, también. Todo hay que decirlo.

Detalle cangrejil

Pues hoy me he fijado y valorado pero que muy mucho, de este dibujo que ha hecho El Cachorro con acuarelas sobre un sanguinario megalodón que ha hundido un barco pirata y se está comiendo a piratas, en un escenario en el que en el fondo marino hay un erizo de mar, el cangrejo que ha hecho sobre una roca.

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Me parece LO MÁS. O sea, cómo ha sabido captar con dos trazos chuscos, cómo es un cangrejo y cómo representarlo. Me parece la bomba.

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Y, nada, eso os quería comentar hoy.

Catador de galletas

Me regalaron el otro día una gran caja de surtido de galletas. Y, claro, a Don Bimbas no se le pasó desapercibida, menudo es. Hoy la he abierto y le he dado un par. Enseguida se ha posicionado al lado y, así como inocentemente, va señalando galletas y diciendo:

“¿Alé (a ver) si me gusta esta? ¿Puedo probá?”

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Jaa, ja, ja. Un poco como “no, si es mera curiosidad, no porque verdaderamente me apetezcan, solo por saber”.

Este crío, ¿dónde ha aprendido ese comportamiento que tiene?

Como me camela, porque con esa manera de ser me camela, trinca más galletas de las que debe, pero luego reacciono y le pongo freno. Pues luego, el muy granuja, me paga haciéndome rabiar.

Ya está diciendo que quiere ir con su papá a la finca. Yo hago el paripé (ejem) de que me molesta que quieran estar siempre con su papá, y saco mi labio inferior exageradamente, arqueo mis cejas hacia el centro de la frente y pongo una cara de extrema tristeza. Eso creo que le hace más gracia aún. Y remata:

“Tú triste, poque nos queremos ir con papá”, me dice. “Y tú te ríes de mamá”, le dice a El Cachorro… “y yo también”. Lo hacen conscientemente. Se regodean.

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Cuánta crueldad.

Me comeré las galletas que quedan, como justa venganza.

Acto de amor

– ¿Pero por qué me pones todas las pegatinitas, cariño?
Poque te quiero mucho.

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Le duran menos unas pegatinas que… Es que le regalan un porrón y el porrón cae en medio segundo. Yo luego, como soy una pava, ando todo el día con las pegatinas puestas, para hacerle aprecio.

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Aprecio que se la refanfinfla, porque bien que se ha deshecho de las pegatinas en un abrir y cerrar de ojos…

Toy Story

Encuentro una manualidad de Papá Noel de Don Bimbas, que ha hecho en el cole y trajo ayer, despegada.

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– ¿Ya has roto tu cosito? – le pregunto.
– Ha sido por la noche. Ha sido solo.

Este ya va avisando de cómo va a ser con lo de admitir culpas y tal. Lo suelta de primeras por si acaso. Cuco entero.

Y no le veo muy afectado, por lo demás. Tampoco se ve que se hubiera esforzado mucho firmando su creación. Le falta la a y el final de su nombre, que ahora ya sabemos que es Pablop, tampoco lo veo excesivamente cuidado…