La coletilla definitiva y la voz de la conciencia

Me parto porque, cada vez que Don Bimbas pregunta con cierta suspicacia qué comida es la que sea, cuando le contesto, siempre añado después “que te gusta”, porque me lo veo venir.

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Por ejemplo hoy, con su almuerzo para el cole. Toca fruta, y he troceado una pera que he metido en un táper. Es uno nuevo y le enseño cómo abrirlo. Pero está más atento al interior, así que cuando termino, ataca:

– Mamá – así con su vocecita tan dulce – ¿esto qué es?
– Pues perita, cariño, QUE TE GUSTA…

Y es entonces cuando se queda como pillao, yo creo que procesando: “O sea, que me gusta”…

Quien que sí sabe qué le gusta y qué no, es El Cachorro. Es más, también sabe qué le conviene. Cuando preparo a los niños su almuerzo para el cole, para no ir a lo fácil ni ser una mala madre, procuro seguir las directrices que se establecen en Infantil (pero para los dos, y así llevan lo mismo). Los lunes, galletas, los martes, bocadillo, los miércoles, fruta…

El viernes el almuerzo es libre y yo tengo prisa. Así que les estoy envolviendo en papel de plata unos cereales de chocolate.

– ¿Puedes ponerme para el almuerzo fruta? ¿O verdura? – me pide El Cachorro.

Flipo.

– ¿Fruta o verdura?
– Sí, porque estamos comiendo fatal. Mira, una galleta para desayunar… Crispis… – Eso es lo que les ha caído hoy, sí.

Así que le digo que puede llevarse una zanahoria y, acto seguido, se encarga él mismo de pelarla.

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Menos mal que mira él por su salud… Y qué bendición que no tengo que decir “toma, zanahoria QUE TE GUSTA”, porque le gusta de verdad.

¡Ojo!

Llevo a los críos al cole y, a los veinte minutos de dejarlos, me llama la profe de Don Bimbas. Que tiene los ojos mal, hinchados y tal. Me lo dice un poco como “¿qué pasa, que no lo has visto tú?”

Sí, Don Bimbas tiene un ojo hinchado porque ayer su hermano le dio sin querer con un palo (así de delicados son). La mala suerte es que, además, él ya tenía una herida al lado de ese ojo porque un niño de su clase, según él, le había dado con la camiseta. Con una camiseta de aluminio, tendría que ser, porque para haberle dejado esa herida…

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En cualquier caso, yo esa hinchazón la achaqué al golpe, y además mi peque no se quejaba, así que arreando que es gerundio. Pero la profe:

– Es que lo que tiene que ver con los ojos…
– ¿Pero él se queja?
– No.
– Pues…
– Pero es que los tiene…
– Pues vamos a ver cómo evoluciona, y si va a peor, me llamas de nuevo y voy a por él.
– …

Si hay silencios que lo dicen todo. Este es uno de ellos.

– Prefieres que vaya ya.
– Es que los tiene hinchados.
– ¿Pero los dos, me estás diciendo?
– ¡Sí, sí, los dos!
– Ah, pues es que el otro lo tenía bien cuando lo he dejado – veinte minutos antes…
– Ya, pues no, a ver si va a tener una conjuntivitis.
– Voy.

Y voy, claro. Pero ME REVIENTA la mañana. Tengo chiquimil cosas que hacer. Me cago en todo lo que se menea.

Llego al cole y me sacan a mi Bimbín, más contento que unas castañuelas, y con cero atisbo de dolor.

– Cariño, ¿te duele?
– No.
– El ojito, digo. ¿Te duele?
– Eeeeeh, sí.

Ya. Una leche. Lo miro. El ojo sano está igual de sano. No veo la hinchazón, ni la rojez, ni nada. Solo tiene mal el que tenía mal. Pero, nada, al médico que vamos.

Llegamos al centro de salud a las diez menos diez. Me dan hora ¡¡a las 11:38!! Me cago en todo lo que se menea, bis.

Espero fuera por si hay algún hueco y entramos antes. Pero esa sala de espera no hace más que recibir gente. Así que cuando Don Bimbas me dice que tiene hambre, le digo, “hale, vámonos”, y hago un recado en la farmacia y, de camino, él ficha el bar adonde solemos ir los domingos a desayunar y dice que quiere ahí, porque es un listo. Total, que entramos y desayunamos ambos. Bueno, en honor a la verdad, redesayunamos.

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Veis lo mal que tiene los ojos, ¿verdad? Pero no hay cura para la «canelitis aguda».

Cuando por fin nos atiende la pediatra, son las doce menos cinco. Ole. TODA LA SANTA MAÑANA PERDIDA. ¿Y qué nos dice? Que no tiene NA-DA. Y eso que le tiñe el ojo para ver si descubre alguna lesión. Y luego observa si tiene conjuntivitis. Y va a ser que no. Y, por supuesto, el ojo que está bien, está bien. Y yo, repetid conmigo, me-cago-en-todo-lo-que-se-menea. ¿Cómo se puede ser tan alarmista? ¿Por qué se me juzga con silencios, cuando ya he valorado que mi hijo no tiene nada? Otra cosa es si se pone peor y tal, ¿pero veinte minutos después de que lo he dejado, que está igual a como ha entrado en clase, resulta que ya tiene conjuntivitis, tuberculosis y lepra, y riesgo de quedarse tuerto? Aaaay, Señor, Señor.

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Lo bueno, que he pasado con mi rubio un gran rato de mimos, que no sé si le hacen más falta a él o a mí. Gran mañana.

Don Bimbas según El Cachorro

Hoy me escribe la profesora de El Cachorro. Me manda una captura de una pregunta de examen que ha respondido. Fijaos:

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O sea, que de todos los que tiene para elegir, y a pesar de que le fastidia enormemente, elige a su adorado hermano. ME-LO-COMO.

Y encima, la de cosas buenas que dice de él. Se nota la estima en la que lo tiene y lo mucho que lo admira. Sé que es recíproco. Don Bimbas hace todo lo que hace su hermano mayor.

“Le gustan los zombis”. Jaaajajaa, ¡es así!

La verdad es que lo describe TAL CUAL ES. Un retrato perfecto.

Y ojo al comentario de la profe.

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“A ver si Simón le encarrila con su gusto musical, que recuerdo que me habló de Michael Jackson”. Sííí, eso me lo comentó en la tutoría que tuve con ella recientemente, que daba gusto su gusto musical, valga la redundancia. Que le dijo que su cantante favorito era Michael Jackson y el de su madre Rod Stewart, y eso a ella le congratuló enormemente, por lo que veo. Le deben horripilar, como a mí, los cantantes de ahora, los “sin piyama, sin piyama” y tal. Y coge y lee que el cantante preferido del hermano pequeño es Luis Fonsi.

Sí, me temo que el pequeño es más reguetonero, el tío. A él le gusta cantar (y bailar) lo de “baby vente a dormir” y demás morralla. Por supuesto, borda “Despacito” con el grito ese de “tiguá”, que hace poco descubrimos que dice en realidad “DY” en inglés. Y cómo me chirría que un canijo ande cantando cosas de adolescentes hormonados. Pero está entregado. Le encanta poner música y ver videoclips.

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Ahí está, embobado. Ni Bob Esponja ni la Patrulla Canina ni nada de nada. Un videoclip tras otro, o el mismo en bucle, y tan contento.

En fin, no quiero desviarme del tema. Yo solo quiero decir que El Cachorro es el mejor hermano que nadie podría tener. Y que, para estar completos en esta vida, solo nos haría falta alguien que nos mirara como El Cachorro mira a su hermano. Un tipo ESTUPENDO.

Carpetanos

Mañana entrega Don Bimbas una ficha sobre un yacimiento prehistórico cercano a Madrid. Lo que ha hecho él es ir escribiendo las letras que yo previamente le decía y que, como todavía no sabe cuáles son, le tenía que escribir también antes. O sea, que lo que puede saber de este trabajo, os imagináis qué puede ser. Tiene dos sílabas, empieza por “na” y termina por “da”.

Pues lo tiene que exponer.

No, no hemos ensayado mucho. Pero porque me conozco el percal también. Él puede repetir lo que yo le digo que diga. Pero, motu proprio, no. No memoriza. Así que por mucho que le enseñe que se trata del yacimiento de Miralrío y que allí vivían los Carpetanos (esto se lo repito mucho), que situaban sus pueblos cerca de ríos o arroyos, que sus relaciones sociales eran de igualdad, que eran agricultores y que con hierro construían herramientas, armas y otros elementos como fíbulas, dado que vivían en la Edad de Hierro, él se va a quedar con una cosa o con nada.

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De hecho, de camino al cole, pruebo:

– ¿De dónde es el yacimiento?
– ¡De los cam-pe-tanooosssss!
– Sí, de los carpetanos. Pero está en Miralrío. ¿Y dónde construían sus pueblos?
– ¡En los cam-pe-tanooosssss!

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A TODO contesta “¡cam-pe-tanos!”, todo contento. Lo malo es que su hermano y yo nos tronchamos de la risa y, claro, así no hay quien pueda.

P.D. Por la noche, después de cenar, se me ocurre preguntarle, con su padre delante, y para hacer la gracia, que de dónde era el yacimiento. Y, esperando que grite de nuevo “cam-pe-tanos”, coge y salta: “De Miralrío”. ¡MIRA, ES UN FIGURA!

Cara y cruz

Por su audacia, por su condición física, por su gran corazón, por su timidez, El Cachorro y Don Bimbas, se parecen.

Pero ya.

Tengo dos niños que son distintos tanto físicamente como por todo lo demás. Uno rubio y de piel blanca, otro de piel tremendamente morena y castaño oscuro (con mechas). Uno carnívoro hasta la médula y otro vegetariano total. Uno gamberro y retador, otro respetuoso y temeroso de las regañinas (aunque muy contestón).

Vamos al cole. Sabéis que yo no me puedo mover de mi sitio hasta que la fila de la clase de El Cachorro entra por la puerta y desaparece de mi vista. Hasta que él se mete, yo como un clavo. Pero resulta que hoy, en lo que se coloca El Cachorro en la fila, Don Bimbas, no sé a quién ha visto o qué le ha dado, sale disparado hacia las escaleras que bajan al patio de Infantil, por donde se entra a su clase. Le pido al mayor que me de permiso para salir tras él, y voy corriendo. Localizo al canijo bajando las escaleras más adelante, le llamo la atención desde arriba y se ríe. Y no me espera abajo, no… sale corriendo hacia su clase. Total, que para cuando yo llego, él ya se ha metido, tan pichi.

“Oye, tú, sal y dame un beso”, le digo. Y sale y me lo da. Y se vuelve a meter así como satisfecho de sí mismo. Feliz.

Mismo día después de salir de clase. Llegamos a casa y les preparo la merienda. Es un bocadillo jamón de york y mantequilla.

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Don Bimbas: “No quiero jamóóóón”.

El Cachorro: “No quiero mantequillaaaaa”.

Pues así, con todo. Lo que le gusta al uno, al otro no. Y viceversa.

Cómo puedo tener unos hijos tan parecidos y tan distintos. Por suerte, se complementan la mar de bien.

El Cachorro se inventa sobre la marcha letras de canciones sobre su hermano, y Don Bimbas las baila y las representa.

“Pablito es un cerdito, El cerdito Pablito es muy bonito, Pablito es tan bonito, que le gusta hacer oink”. Y el otro moviendo el culillo, encantado.

El cantante y el entregao. Un fantástico dúo. Soy muy fan.

Romanticismo a tope

Hoy es el día de los enamorados. Lo digo porque seguramente se os esté pasando desapercibido. Yo, que estoy en todo…

¿Sabéis a quién NO se le ha pasado desapercibido? A la novia de El Cachorro. ¡Menuda es! (Bueno, ni al Señor de las Bestias, dicho sea de paso).

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Vuelve mi hijo del cole con un nuevo colgante. Se lo ha regalado ella. Es, bañado en purpurina, la mitad de un corazón.

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– La otra mitad la lleva ella, supongo, ¿no? – le pregunto.
– Sí, creo.

Seguro.

¿Cómo os quedáis?

Esta lagartija ya me lo quiere cazar. El Cachorro, sin embargo, dice que son muy pequeños y que, cuando sean mayores, él la buscará para casarse. Pero me parece que su novia no está dispuesta a esperar…

Tutoría inversa

Hoy tenemos tutoría con la profe de Don Bimbas. Es distinta de la del año pasado, cuando empezó el cole, la que nos dijo: “Vuestro hijo no habla” nada más entrar a su tutoría. Como si no nos hubiéramos dado cuenta. Tengo curiosidad de ver qué nos cuenta esta profe sobre él.

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Yo creo que probablemente nos diga que es un vagurcio. No hay más que ver los trabajos que trae a casa, a medio hacer, de cualquier forma… Pero, así como con El Cachorro me preocupo, porque si sigue así de despistado y de poco aplicado, le irá mal en el cole, ergo en la vida, con Don Bimbas… bueno, es que estoy firmemente segura de que le irá bien siempre y punto. Me juego el cuello a que habrá un montón de compañeros que le quieran hacer los deberes. Este tiene la vida resuelta de nacimiento.

Es broma, me preocupa igual.

Bueno, pues para mi asombro, su profesora está muy contenta con él. Disculpa que no esté al nivel de casi la mayoría, “porque es de diciembre”, y destaca que sus monigotes de antes eran una patata y cuatro palos que le salían, mientras que los de ahora ya tienen cuerpo, y que antes no hablaba y ahora sí, y que antes no reconocía los nombres de sus compañeros escritos, y ahora casi siempre.

– Ya – le digo – pero el otro día escribí en casa la A, la B y la C, le pedí que me señalara la A, y no sabía cuál era. Se lo expliqué, y seguía sin asociar el fonema a con la letra.

Total, que le chafé el optimismo. “Pues ya me fijaré”, me dijo.

– Además no diferencia entre letras y números –. Yo ahí, abundando en el tema.
– Bueno, hay niños que no se muestran interesados en la lectoescritura hasta más adelante, cada cual tiene su momento.

Me parto. Yo sacando defectos y la profesora disculpándolo. El mundo al revés.

Pero yo salí muy contenta, claro. Pensaba que tenía un caso perdido y me dio muchas esperanzas.

La prueba del espejo

Me vienen a buscar los chicos a la estación de tren. Don Bimbas me enseña algo que ha hecho “para los dos”. Es un corazón por San Valentín. Por detrás va firmado. Pero totalmente al revés. Una escritura espejo absoluta.

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De hecho, hago la prueba en el retrovisor…

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El Cachorro también tenía escritura espejo, tanto en letras como en números. Y ahora, Don Bimbas, le va a la zaga. No sé si incluso lo supera. No sé a qué se debe y no sirve para nada, pero me fascina que hagan esto.

Una cagada de carrera

Hago una videollamada de Whatsapp al móvil del Señor de las Bestias. Es la hora en la que se están preparando él y mis hijos para salir de casa e ir al cole. Me coge El Cachorro. Su cara ocupa toda la pantalla. Está contando.

– … cincuenta, cincuenta y uno, cincuenta….
– ¡Hola, cariño!
– … y dos, ¡hola mamá!, cincuenta y tres, cincuenta y cuatro, cincuenta y cinco…
– ¿Qué haces? ¿Por qué cuentas?
– … cincuenta y ocho, cincuenta y nueve, sesenta. ¡¡Pablo, para de cagar!!

JAAAAAAJAJAAAAJAJAAA.

Ay, que me parto.

– ¿Le cuentas el tiempo?
– ¡Es que tenemos que ir al cole y no hay tiempo!

Supongo que, en el último momento, el oportuno de Don Bimbas ha decidido que tenía que salir ligero de casa. Y que su padre habrá dicho que tenía un minuto para proceder, y ahí estaba El Cachorro, “cronometrando”.

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Pero imaginad mi sorpresa. Qué risas de par de mañana, por Dios.