Numeración según U2

Tras ochocientos garabatos y rayajos en la minipizarra, para los que me pregunta que qué me parecen, “pues que no te has esforzado mucho, hijo, que digamos”, le propongo a Don Bimbas que dibuje a la familia.

– Primero a papá.

Muy bien. Se pone a dibujarlo. Le hace los dedos de la mano.

– ¡Mamá, siete!
– Cariño, son cinco.

Hace oídos sordos. Y termina. Me pide atención y se pone a contarlos:

– Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, ¡cacorce! ¡Tiene cacorce!

Ja, ja, ja. Es que me meo con él. Parece Bono en el principio de “Vertigo”.

madre 31 (1)

Observa su obra y dice: “Mira cómo está papá de chulito”. Jaaajajaa. Es un no parar. Es que, como tipo salao, del uno al diez yo le doy un catorce como una casa.

Ahora a ver cuántos dedos me planta a mí…

Hijo desagradecido

Vamos en el coche y, tras un silencio de los suyos, salta El Cachorro:

– Yo no quería haber nacido.
– ¿Cómo dices? – El Cachorro y sus cosas.
– Por tu culpa he nacido. Y me has puesto dos nombres feísimos.
– Tienes dos nombres bonitos. Uno, como el patrón de Navarra, que no puede ser más chulo, y otro con mucha personalidad y fuerza. Para que elijas, además.
– Yo te quería poner Rodolfo y tu madre no me dejó – me ayuda el Señor de las Bestias. El Cachorro se ríe.
– ¿Y qué es eso de que no tenías que haber nacido? – sigo indagando.
– No me gusta la vida porque luego voy a morir y qué rollo.
– Bueno, pero así vives y ves en qué consiste.
– Yo de pequeño ni os pedí un hermano. Yo tal cual y vosotros pensando en tener un hermano – añade.

Vamos, que está terriblemente descontento y nos echa unas cuantas cosas en cara.

madre 30 (1)

– Esto es de traca – me indigno – todos los hijos de mundo agradeciéndoles a sus padres que les dieran la vida, y ya viene el monicaco este a quejarse, y que si los nombres y el hermano y todo, ¡vamos, que no hemos dado una!

El Cachorro se ríe. Pero algo de verdad hay ahí dentro, en su cabecita… Qué tío.

… Al día siguiente veo una noticia acerca de un chaval que ha denunciado a sus padres porque no le consultaron si quería nacer. No sé si es más tonto él o quien le admite la denuncia. Pero, visto el percal, ya puedo ir buscándome un abogado…

Composición redonda

Para salir del clásico filete de pollo empanado, busco hoy una receta de pollo para hacer en Thermomix y encuentro una fácil con tomate y guisantes. La hago, pese a que sé que provocará rechazo en uno de mis hijos, El Cachorro, concretamente.

A la hora de comer, aunque ha protestado, aún se ha metido alguno. Pero cuando me he ido a la cocina a fregar y he vuelto, me he encontrado con esto:

madre 28 (2)

Todos los guisantes en el borde del plato, primorosamente colocados.
Ah, si fuera igual de cuidadoso y de preciso para todo…

Su debilidad

Se asoma la vecina pequeña, de dos añicos, con sus hermanos, a la habitación de mis hijos. Trinca un bote de plastilina de un juego de El Cachorro. Cuando nos vamos juntos su madre, sus tres hijos, mis hijos y yo, y nos metemos en el ascensor, vemos cómo la peque se está introduciendo el bote en el bolsillo: “Oye, choriza”, le digo. Nos reímos. Pero sé que mi hijo igual lo pasa mal si piensa que su bote se lo va a quedar la mangante, así que le digo: “Sarita, le tienes que dar el bote a Simón”. Y coge El Cachorro, la abraza fuerte y dice: “¡Yo se lo dejo a mi chiquitina!”

Se me han puesto las pupilas en forma de corazón.

madre 28 (1)

Cuando volvemos a casa todos después de pasar la tarde por ahí, la madre de la interfecta me quiere dar el bote. “Déjaselo, que juegue. Ya nos lo devolveréis”. Ah, pero al rato de entrar en casa, dice El Cachorro: “¡Oh! ¡Sarita se ha quedado mi plastilina!”, y se ha encargado de ir a su puerta a reclamarla.

O sea, Sarita es “su chiquitina”… pero para un rato.

Entre rubios anda el juego

Vamos Don Bimbas y yo caminando por la calle, y se para en el escaparate. de un chino. “¡Mira! ¡El que vimos esta mañana!”, dice señalando un superhéroe. “Esta mañana”… ja. Para él todo es esta mañana. Pues no, esta mañana no lo ha visto. Puede ser ayer, hace una semana o un mes. Ve una foto de nosotros en la playa de hace dos años que tengo colgada en la nevera, y dice: “¡Donde estuvimos esta mañana!”

madre 27 (1)

Señala, emocionado, a un bicho: “¡Mira! ¡El qué tiene papá en la finca!” Luego a otro: “¡Mira! ¡El qué tiene papá en la finca!” Jaaja. Pues hay bastantes.

madre 27 (2)

Y ahí anda: “¡Y este también! ¡Y este!”

Cuando se aburre, continuamos el camino, y entonces se para en otro escaparate y me dice, señalando a la foto de una chica rubia: “¡Mira qué chica tan guapa!”

madre 27 (3)

Creo que ahí hay un poquito de endogamia. Es rubia, como él, que tan bicho raro se siente entre nosotros… Ahora, dejadnos un poco solos, que le voy a explicar que aquí GUAPA NO ES MÁS QUE SU MADRE y punto pelota.

Arreglar algo a base de golpes

Se levanta El Cachorro de una siesta porque se ha acostado con fiebre.

– ¿Te cuento lo que he soñado? – me dice.
– Claro.
– Que se ha muerto Rodrigo.

Es su mejor amigo.

madre 25 (1)

Pasan unas tres horas y se vuelve a acostar. Está subiendo la fiebre y se encuentra malico.

– ¿Y si vuelvo a soñar que se muere Rodrigo? – me pregunta preocupado.
– Hijo, no suele ser habitual que se repitan los sueños – miento, porque a mí bien que se me repetían.
– Pues yo un día soñé con zombis – otra de sus obsesiones – y volví a soñar con zombis.
– Pues será porque no haces más que pensar en los zombis.
– Cuando me he despertado antes, soñaba que se había muerto Rodrigo y, cuando me he despertado también.
– ¿También lo pensabas cuando te has despertado?
– Sí, pero me di un golpe en la cabeza y ya pensé que estaba vivo.
– ¿¿Te diste un golpe en la cabeza??
– Sí.
– ¿¿Necesitas darte un golpe en la cabeza para dejar de pensar algo??
– Sí, porque tenía el cerebro revuelto.
– ¿Tenías el cerebro revuelto?
– Sí, y me di un golpe en la cabeza y se me pasó.

La fuerza bruta.

Cómo acabará…

Una madre divertida

Pues nada, que vamos toda la familia de par de mañana al cole a dejar a los críos. He estado unos días fuera, con lo que se ha estado encargando de todo el Señor de las Bestias. Así que hoy me he levantado para llevarlos yo. Pero va el otro y dice que también va, que tiene dentista a las 10 en Madrid y que tiene tiempo de sobra. “¿¡Y para eso me haces levantarme, con lo mal que he dormido!?” No sé por qué me hace estas jugadas. Es que se me llevan los demonios. Así que, como digo, vamos los cuatro.

Decido que los críos vayan en mi coche.

– Noooooooooo, con papááááá – pían.
– ¡Conmigo, que hace mucho que no os llevo!
– ¡Noooooooooo, con papááááá!
– ¿¡Pero cómo podéis ser tan desagradables!? ¡Conmigo y sanseacabó! – me tienen hasta el moño, con tanta “papitis”.

Bien, así que vamos, aparcamos, y echamos a andar. Los críos: “¿Carrera?”…

Iba yo… cómo iba yo. Monísima. Con mi abriguito camel y mi bolsazo carísimo de Reyes. Mi camisita y mis botines nuevos. Mis uñas de rojo pintadas (hacía siglos que no me las pintaba, pero hace un par de días maté el tiempo haciéndolo mientras estaba en la habitación de mi padre en el hospital). Mi cuello de firma. En fin, hecha un primor. Y digo: “Noo, carrera nooo”… ¡¡pero, sorpresivamente, echo a correr!!

Porque soy una madre superenrollada.

Llevaba mi bolso en una mano, de las asas, y la mochila de Star Wars de ruedas de El Cachorro en la otra. Pero ahí iba, esquivando padres, madres y alumnos a toda pastilla, que se quedaban pasmados con la escena. Don Bimbas muerto de la risa intentando ganarme. El Cachorro también detrás dándolo todo. ¡Y, en esto…!

Y en esto que, haciendo un requiebro a otra familia ME TRASTABILLO EL PIE con la mochila de mi hijo y salgo volando de frente. ¡Pero VOLANDO! Tras un breve planeo (me he creído un dibujo manga), pongo las manos delante (gesto que me salva los piños) y aterrizo en plancha con las palmas y la rodilla izquierda. El bolso carísimo aún sale arrastrándose más adelante. El móvil se sale del bolso y termina más lejos todavía. ¡PATAPAF! La madre de todas las leches, me pego.

Vienen trescientas familias a ayudarme. Yo me río y digo que no me ha pasado nada, pero me arden las palmas de las manos, me duele la rodilla, tengo una uña que menos mal que está pintada de rojo, porque me sangra, y el orgullo, ¡ay, el orgullo!, es lo que sale más dañado.

madre 24 (1)

Como me río y no hago más que hacer bromas al respecto, “jopé, parecía una ardilla voladora”, “menuda galleta me he pegado”, “¡es que he salido planeando!”… El Cachorro se reía a mandíbula batiente. Ahí es cuando he aprovechado para meter la cuña: “Con que tu madre no es divertida, ¿eh? Con que es más divertido papá, ¿no? ¡A que no se tira así! ¡Para que luego digas que no soy divertida!” Y se reía… ¡madre lo que se reía! Ninguna compasión.

El Señor de las Bestias: “Me pasa a mí y me hago el muerto”. Es un vergonzoso irredento. “Oye”, le digo por lo bajini, “que me he hecho daño, ¿eh? Pero qué le voy a hacer. Al mal, tiempo, buena cara”.

madre 24 (2)

El Cachorro, a su bola, risa tras risa: “¡Se lo voy a contar a todos mis compañeros de clase!”

Mientras, yo en casa estaré lamiéndome las heridas…

Príncipe desastrado

Menudo melenas está hecho el terror de las nenas. Entre que a él le encanta y que yo no quiero mancillar un cabello tan bonito, dentro de nada será absorbido por su propio pelo. Tiene el verdadero pelo Playmobil.

madre 23 (1)

Está modo Príncipe de Beckelar. Aunque con poco lustre, para ser de la realeza. Mirad estas zapatillas:

madre 23 (2)

Os JURO que las he estrenado HOY.

No ganamos para calzado. Y eso que las apuro hasta que las tiras del velcro se han separado y no pegan ni leches y tienen vida propia y da pena verlas.

Este se pone por primera vez sus zapatillas, y me las devuelve que parece que tienen tres meses. Qué desesperación.

Conociendo el percal

Sale El Cachorro del cole con una varita mágica que han hecho en clase que está todavía de mírame y no me toques porque está recién pintada. Las llevan todos los críos hincadas en un trozo de plastilina para poder traerla a casa.

Pero se da la circunstancia de que El Cachorro sale también con 38º de fiebre. Está que no se tiene, el pobre.

madre 22 (1)

Así que vamos al coche y le digo:

– Cariño, ¿puedes llevar tú la varita?
– Nooooo… – me contesta con voz lastimera.
– ¡Yooooo! ¡Na llevo yo! – grita Don Bimbas (él pronuncia las eles y las des de los artículos y preposiciones con la ene).
– ¡No, Pablo no! – se queja El Cachorro.
– Cariño, pues es que yo tengo que conducir y si tú no puedes… Deja que la lleve Pablo.
– No, que lo lía todo muy parda.

Ja. El Cachorro tiene a su hermano más que calao. Así que se ha inmolado para proteger su creación y se ha encargado él mismo de llevarla hasta el portal de casa.

El poder del calzado

Llama mi atención Don Bimbas, encarando una cuesta: “¡Mira cómo suben estas zapatillas, mamá!”

madre 21 (1)

Es la monda, porque el mérito de lo que puede él subir, correr o escalar, se lo adjudica siempre a sus zapatillas. Si le pongo unas que no tiene controladas, me pregunta: “¿Estas corren?” Jaa, jaaa, ja.

Unos días más tarde, me enseña cómo sus dos pares de deportivas se caen a cachos. Los velcros ya están fanés y descangallaos. “Cuando corro, se salen”. La verdad es que claman al cielo, y le digo: “No te preocupes, vida. Póntelas hoy y esta tarde vamos a comprar, ¿vale?” Y me contesta, ilusionado: “¡Sí! ¡Unas más chulis que ganen a todos!”

Pediré esas, a ver qué nos sacan en la tienda.