La lentejuela y el perro

Pues se me ha puesto en el moño despedir el año y dar la bienvenida al otro por todo lo alto. A lentejuela limpia.

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Así que me planto un vestido de lentejuelas bastante singular, les pongo corbatas de lentejuelas a mis niños, y le coloco una pajarita de lentejuelas al Señor de las Bestias.

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La consigna: el 2020 va a ser un año BRILLANTE.

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Ah, de un tiempo a esta parte, cada Nochevieja tiene algo particular. Esta, un perro. Se llama Zico y su familia se ha ido a pasar la noche a un hotel en Salamanca. Somos sus canguros. Y la verdad es que está guay gozar de su compañía. Por supuesto, hoy es miembro de nuestra manada y, como tal, ha de salir en la foto.

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Lo único, que en la mesa ya no se puede sentar…

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No sé cocinar (cocina de nivel) ni me salen las cosas tan ricas como le salen a mi madre, pero yo creo que podemos salir del paso…

La noche ya se redondea con nuestros amigos, a cuya casa vamos a tomar las uvas. Es bueno que vivan tan solo cinco pisos por encima de nosotros.

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Disfrutamos grandes y pequeños.

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Bueno, todos todos, no.

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Una pena, porque nuestros amigos… ¡se han hecho con linternas voladoras!

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En fin, que seguro que hay miles de formas de comenzar el año, pero a mí, esta, me convence mucho y creo que augura buenas cosas.

Queridos lectores que nos acompañáis siempre, ¡¡OS DESEO UN FELICÍSIMO AÑO NUEVO!!

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El patito feo

Sale Don Bimbas de la ducha con el pelo mojado, que lógicamente se le ve más oscuro, y dice: “¡Bien, nengro!”

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Como un triunfo. Está deseando que se le ponga el pelo negro, como al resto de la familia. Se debe ver raro, tan rubio. Le parecerá que es un adobado de la vida.

Los rubios quieren ser morenos, los morenos rubios, las que tienen el pelo liso lo quieren rizado, liso las del pelo rizado… ¡Es verdad eso de que todos queremos lo que no tenemos!

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Pero en su caso es fruto de la ignorancia/inocencia. ¡No conozco a nadie que haya querido cambiar su pelo rubio con mechas surferas naturales por uno moreno!

Pintarrajos varios y nuevos looks

¿Sabéis el dicho de “tienes más peligro que un mono con navaja”? Pues yo lo cambiaría por “tienes más peligro que Don Bimbas con un boli”. Donde digo boli, digo pintura, rotulador, pincel, cera… Así como a El Cachorro nunca le ha dado por pintar donde no debe, a Don Bimbas, sí.

Aquí, empleándose con el radiador. ¿¡¿¡PERO SE PUEDE SABER DE DÓNDE HA SACADO ESTE CRÍO LA QUERENCIA DE PINTAR EN SUPERFICIES NO ACONDICIONADAS Y PROHIBIDAS, QUE SE PAREZCAN LO QUE MENOS A UN PAPEL?!?!?

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Yo ya no sé cómo decírselo. Le deben dar alergia folios o las libretas. Todos los sitios que no sean papel para pintar le vienen bien: paredes, muebles… Por supuesto, también su cara.

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Yo creo que esto será tendencia en su momento.

Y, puestos a cambiar de look, por la noche, viendo los pelos largos que tienen mis hijos, se me ocurre cogerles un kiki. Primero, a El Cachorro (Don Bimbas ha pasado palabra).

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Cuando Don Bimbas ha comprobado que el tema era indoloro y no conllevaba humillación, se ha ofrecido.

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Luego le ha tocado el turno a la abuela.

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Y, por supuesto, a mí.

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Anda que no me cogía yo el pelo así ni veces en mi tierna juventud, un mechón a un lado, con una goma… ¡No sé por qué dejamos de hacerlo cuando crecemos! Igual lo recupero

Y a mis críos les puede quedar ideal. Como a los futbolistas (les tuve que enseñar alguna foto para convencerlos). Tendremos que sacar partido a esas melenas.

Que, mucho hablo del rubio, porque me fascina el color de su pelo, que además es de un color especialmente bonito, con mechas naturales ideales, pero ¿y el moreno?

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Mirad qué chulos también sus reflejos. Qué guapísimo que está. Me los como, hasta con pelo.

Ah, y el momento coleta les fascina tanto, que a la vuelta a Madrid a su padre hay que ponerlo también de esta guisa…

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El kiki también se lo voy a echPONER YO.

Escudo

Estar en casa en Pamplona, en familia, para mí es lo mejor que hay. Y más cuando a mi madre se le ocurre rescatar juegos de los de toda la vida para entretenerse con mis enanos.

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Después de La Oca, el Parchís. Yo ahí me he sumado y hemos disfrutado de lo lindo. No sé por qué no hacemos más esto. También es verdad que, en mi casa no tengo mucho tiempo para estar a la sopa boba como aquí…

Más tarde, pasamos el rato con algo más moderno, la aplicación MSDQR, que es esa que te pone caras o complementos encima de la tuya, o te hace lanzar rayos láser por los ojos.

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Vamos probando posibilidades. Se puede ser una vieja pelleja, o un astronauta, o una bruja.

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Hay una opción que es que, cada vez que abres la boca, unos guantes de puño te peten un puñetazo y tu cara se va poniendo como un mapa. Y me dice Don Bimbas:

– Mamá, ponte tú que no quiero me pegan a mí puñetazos y quiero que te dé a ti.
– ¿Por qué no quieres que te dé a ti?
Poque me ra miero que me dé a mí.

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No sé si alegrarme de que Don Bimbas me tome por un escudo o no. No sé si me ve tan fuerte y tan valiente como para someterme al jueguito, o no le importo demasiado y se la pela que me revienten el ojo. El caso es que acabo hecha un cuadro.

A prueba

Cuando Papá Noel te regala un coche que puede ir por tierra, nieve y agua y tienes que comprobarlo.

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Jo, claro, es que los regalos hay que estrenarlos, como dice mi madre (de coña), en el “isoflauto”. Y era esto o sacar hielos del congelador para fabricar un algo de hielo y nieve…

¿Cómo quieres que te quiera si el que quiero que me quiera no me quiere como quiero que me quiera?

Me despierto. Perdón. Me despierta Don Bimbas porque se ha despertado y ha tenido a bien venir a mi cuarto a despertarme jugando con sus cochecitos en mi almohada. Porque él es muy de compartir.

– Cariño, ¿qué haces jugando aquí? Vete.
– Es que yo quiero estar contigooooo.

Joder. Claro, ¿qué le dices? Porque yo no es que no quiera estar con él. Es que no quiero que él quiera estar conmigo. Bueno, no. Sí que quiero que él quiera estar conmigo…

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Mierda. Me aguanto. Otro día sin dormir las horas que me corresponden.

Roscón ¿con sorpresa?

En mi casa no entra un roscón hasta el día 5 de enero. Es como lo de comer turrones. Hasta el 24, nada (bueno, con el de Suchard se hace una excepción). Son tradiciones que mantengo. Luego me puedo pegar comiendo polvorones hasta agosto. Pero cuando se terminan, nos aguantamos, por mucho que escuchemos cantos de sirena desde finales de ocutre. Así lo pillamos todo con más ganas.

Pero, claro, hoy se ha presentado en mi casa una amiga con un roscón. Y tampoco lo voy a tirar… (Madre mía, qué felicidad de día). La pobre me ha advertido: “Es para ti y también para Tato y los niños”. “Sí, claro, le he dicho yo”. Pero cuando ha visto que, en su presencia, me comía tres trozos, realmente ha temido por la integridad de ese roscón. Me he puesto las boticas.

Aunque sí que he respetado un poco (tres raciones) para los hombres de la casa (aunque a Don Bimbas no le gusta, ¡yuuujuuu!). Y le sirvo a El Cachorro:

– ¿Este trae juguetito? – se interesa.
– Pues supongo que sí, cariño. A todos les ponen figura.
– ¿Y si este no trae?

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Ya estamos. Siempre se pone en lo peor. Tiene que sufrir de alguna manera, aunque sea con una perspectiva poco probable y excepcional. No espera a terminar el roscón, a ver si se tiene que indignar o entristecer, no. Lo hace previamente, para qué va a perder el tiempo.

Mi hijo anda todo el día buscando excusas para ser infeliz. Madre mía, no sé qué hacer con él.

Cambio de apodos

Nada, que yo creo que, para ser fieles a la realidad, a El Cachorro no debería seguir llamándole El Cachorro ni a Don Bimbas, Don Bimbas. Habría que buscarles apodos más descriptivos. Bueno, no os esforcéis que ya los tengo. Es fácil.

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El Cachorro es Don Protestón, el niño al que todo le cae mal, que se contraría con cualquier cosa y que tiene un pesimismo congénito. Don Bimbas es El Enfadica. Está continuamente enfadado, o porque le eches la bronca, o porque te rías de algo que ha hecho y él considere que no tiene gracia, o porque le llames la atención.

Qué cruz tengo con estos dos pedorrillos. ¡Menudo par de elementos!

Milagro

Hoy Don Bimbas tenía que ir disfrazado al cole. Le compramos hace un par de meses un disfraz, puesto que uno que teníamos de Papá Noel, que no quiso ponerse el año pasado, se caía a cachos.

Hoy le he dicho de ponerse su disfraz de rey y… ¡¡se lo ha puesto!!

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Diréis, ¿un post para decirnos que su niño se ha puesto un disfraz? Sí, queridas. Don Bimbas es mucho Don Bimbas y, aunque te diga que sí le gusta alguna prenda que le has comprado, que le han regalado o que se tiene que poner para un evento cualquiera, a la hora de la verdad te la jugará y te dirá que te la metas por donde te quepa. Además, lo hará con lloros y de malas formas, a poder ser. Así que, que hoy se ponga esto, no solo sin rechistar, sino con buen talante, disfrutándolo diría, incluso, significa mucho para mí. ¡¡Vaya cambio!!