Dime que te lo han dejado… (Miedito)

Esta mañana ha llegado el Señor de las Bestias de viaje. No tenemos la casa decorada de Halloween. Además, me niego a que pase todo el vecindario por mi casa, como el año pasado. Así que hoy, en el chat de vecinas, les informo de que se vayan olvidando del montaje del año pasado.

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La que protesta es la que me ha visto llevando a los críos al cole esta mañana.

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Propia, iba, todo hay que decirlo. Pero es que no puede ser. No hay tiempo de preparar nada, estoy muy liada. Paso de complicarme la vida.

Sin embargo, estando en el trabajo, recibo de repente un vídeo del Señor de las Bestias.

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De una máquina de humo inundando su oficina de espesa niebla.

Ay. AY.

Me había dicho que este año no tenía emoción por organizar nada especial, pero ya se me está viniendo arriba…

Y yo también.

Bueno, en realidad era algo que en el fondo quería hacer, pues hace tres días le dije: “¿Y si montamos el pasaje del terror en el pasillo de entrada a casa?”

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Además, el domingo, de vuelta de Aranda de Duero, paramos en un lugar que fiché a la ida, una nave tremenda de grande de chinos que anunciaba disfraces a gogó. Me compré un apechusque MA-RA-VI-LLO-SO (que más adelante veréis). O sea, que algo de intención de armarla, había.

Total:

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(Mirad qué horas).

Cuando, con la lengua fuera, llego del trabajo, que hoy he ido antes para salir antes (aunque lo justo para vestirme), me encuentro con mi sugerencia del pasillo del descansillo haciéndose realidad.

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Como os comentaba, me negaba a hacer el pasaje del terror en mi terraza de nuevo, como el año pasado, porque eso implicaba tener a toda la urbanización, no solo niños, también padres, pateándome (y cotilleándome, que a algunos los vi señalando cosas en mi dormitorio) la casa entera, entrando por el salón para acceder a la terraza, recorrerla entera y salir por el final, en mi habitación, para atravesar todo el pasillo y ya salir de casa. La alternativa, por lo que veo, es estupenda. Mi descansillo para las cuatro letras del piso tiene a su vez un pasillo aparte para acceder a mi casa y a la de la vecina de enfrente. Un pasillo lo suficientemente largo y angosto para, convenientemente atrezzado, resultar terrorífico.

Telas de araña, bichos colgando… y, la meta, el hall de mi casa.

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Madre mía, hay que darse prisa y estar a la altura.

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En este estupendo escenario recibiré yo a grandes e infantes, disfrazada, con chucherías y bichos a mi alrededor (y EN las chucherías; eso ya es todo un clásico).

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Una pogona, serpientes, un cuervo, un búho aullador y cucarachas gigantes.

Como es la hora que es, mis hijos se largan con un grupito a hacer el consabido “truco o trato” por los domicilios participantes. Y nosotros, junto con los vecinos amigos implicados, terminamos de prepararnos y de decorar el escenario. Con el humo, claro está. Y con la música terrorífica. Y la luz baja.

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Y me coloco para dar la bienvenida a los incautos.

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Esperad, que hay que ambientar con la luz.

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Antes, al principio del pasillo sería todo el mundo recibido por una muy auténtica chica de la curva y por un loco psicópata, y flanqueando la puerta de mi casa estaría Ghostface de “Scream”.

Mirad. Y estremeceos:

https://www.instagram.com/p/BpoqMhMFPna/

Algún crío, sí, terminó llorando. Un éxito, ¡un éxito!

Los amigos, acabamos cenando pizza en otra casa. Pero una pizza… atrezzada también, claro.

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¿Y lo bien que nos viene tener a un amigo al que realmente le falte un trozo de dedo para hacer las cosas como se tienen que hacer, o sea, BIEN?

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Yo ya estoy pensando en el próximo Halloween. Esta vez con algo de terror psicológico. Un pasillo excesivamente iluminado. Un silencio extremo. Una niña al final, en el recibidor de mi casa, con el cuello torcido y los ojos muy abiertos, inmóvil, hasta que…

¿¿O me estoy pasando??

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Con la gracia, todos los años me pierdo la incursión de los niños por las casas. Preparar la que organizamos no me permite acompañar a mis hijos. Me da pena porque eso también debe dar gusto verlo y vivirlo. Pero en esta vida hay que elegir…

Y yo he elegido MUERTE, ñiaaaaaaaaaajajajaJAJAJAJAJAJAAJAAA.

El báculo de mi vejez

Dicen que un hijo acaba siendo tu báculo, tu bastón. Mi hijo, con sus seis años para siete, ya lo es. Él me complementa, me rellena. Me adivina.

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Yo ya ando tan fatala de memoria que ya no me vienen a la lengua las palabras. Las olvido. No me acuerdo de ellas cuando mantengo una conversación normal. Por eso soy cero seria echando broncas, porque me bloqueo, porque quiero decir algo que no me viene a la cabeza y me quedo ahí trabada, en ascuas, diciendo “eeeeeeh, eeeeeeh”, y así es imposible resultar contundente.

Hoy mi hijo me lo ha hecho notar:

“Mamá, no sabes hablar, menos mal que estoy yo”.

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Esta mañana, precisamente, he estado sembrada. En el baño:

– Por favor, ven para poner el este.
– Noooo, es una banqueta.

Acto seguido:

– Estoy secándome con el este y no te oigo.
– Es un secador.

Cogemos el coche. Yo ya ando metiéndome con los conductores:

– ¡Pero bueno, salao, ¿para qué tienes los intermitentes?!
– ¿Qué pasa, mamá?
– Pues que se cambia de… cómo se dice…
– De carril.
– Eso, y tiene que avisar, tiene que poner los intermitentes.

Y así, en un ratico de nada.

Luego me permito el lujo de criticar que Don Bimbas se haya pegado tres años de su vida valiéndose con un par de palabras. En mi caso, menos mal que existe “el este”, porque con “el este” me manejo para todo. Qué desastre. Menos mal que hace años que no hago un directo en televisión, porque os ibais a enterar DE NARICES.

Regreso al pasado

¿Sabéis con qué canción está Don Bimbas dale que te pego este fin de semana? Con la de:

– Fulanito se ha hecho pis en el saco de dormir.
– ¿Quién yo?
– ¡Si tú!
– ¡Yo no fui!
– ¿Entonces quién?
– ¡Menganito!
– Menganito se ha hecho pis en el saco de dormir…

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Sabéis cuál es, ¿verdad? Me chifla que canten las mismas canciones que cantaba yo cuando era pequeña. Esas canciones simples, repetitivas, machaconas…

Yo ya me he hecho pis unas 37 veces en lo que va de tarde.

Asistenta de quita y pon

Pues menos la que tuve al principio, que me duró desde los dos años de El Cachorro a los tres de Don Bimbas, el resto de asistentas no me aguantan ni un suspiro. La que la sustituyó me encantaba. Me había venido Dios a ver. Era rápida y efectiva, siempre con iniciativa y con una sonrisa en la boca. Pero no le salía trabajo por las mañanas y al año acabó aceptando un curro de camarera de hotel, que le ocupaba todo el día y con el que ganaba más dinero. Aaay, ojalá lo hubiera tenido yo para pagárselo y que se quedara…

Total, me buscó otra. Yo, por mi parte, también. Pero esta hizo campaña por su candidata, una conocida que a mí no me convenció en absoluto pero que ella se empeñó en persuadirme de que era la mejor, así como colarme el comentario de lo necesitada que estaba (que no hacía falta que lo jurara, solo con ver cómo iba vestida) y lo fiel que me iba a ser.

Esta señora se enteraba de muy poco y me consultaba todo tanto que me daba más trabajo del que me quitaba. En cualquier caso, mis niños, que adoraban a la anterior, desde el primer día que la nueva entró en casa, quizá por lealtad a la que se iba, la adoptaron.

Ni un mal gesto, ni una extrañeza, ni un lloro, ninguna desconfianza… Totalmente sorprendente su capacidad tanto para dar la bienvenida y acoger a las nuevas asistentas, como para adaptarse a ellas. ¡Más ricos!

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Y, más vale, porque esta no duró ni un mes… ¡Se fue ella! ¡Después de la campaña que me hicieron entre las dos, y de lo agradecida que decía que estaba! ¡Y se larga! Que le salió otro trabajo que le interesaba más, con todo su coñ… Que, vale, muy bien, pero conseguir este a base de dar pena y de asegurarme lo implicada que iba a estar, para durar un mes… Tela.

Bueno, no hubo mal que por bien no viniera, porque tenía ganas de perderla de vista y además no había tenido que pasar por el mal trago de echarla. Y lo bueno, como digo, es que sabía que mis hijos se iban a amoldar a la siguiente…

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Los pitos como juguetes

Están mis dos baldragas en el baño. Oigo:

– ¿Jubamos a otra cosa?
– A qué.
– A tocá pitos.
– Vale.
– Y pamién a tocá culos.
– No, solo pitos.

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Me asomo y me dice Don Bimbas:

– Estamos jubando a tocá pitos.

Y ahí los tienes.

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Alguno se me ahoga.

Y, claro, como no han visto el agua en toda la semana, luego yo me pienso que, dejándolos a remojo tres horas, compenso. Y me sale Don Bimbas con los labios morados…

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Así funciono yo, de extremo a extremo.

Despiste morrocotudo

Bueno, bueno, bueno lo de esta mañana. Despierto a los críos, cambio al pequeño y le alcanzo unos calzoncillos limpios a El Cachorro. Y salgo para seguir con las mil cosas que hago a la vez por las mañanas: sacar el pan de la tostadora, hacer mi cama, meter el almuerzo en las mochilas… yo qué sé, de todo. Y oigo a El Cachorro que se ríe y me llama. Me asomo. ¡¡Mi hijo se acaba de quitar 4 calzoncillos que se ha ido superponiendo uno encima de otro durante estos días!!

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O sea, dos cosas. Una, su despiste alcanza cotas nunca vistas, que le hace no darse cuenta de que ya tiene un calzoncillo puesto cuando se pone otro. Y otro. Y otro. Y dos, no lo hemos bañado en 4 días.

Madreeeeee. Entre que yo trabajo de tarde y llego a casa a las once, entre que a la chica nueva (que se va, por cierto, y no me apena para nada) no se le ocurre hacerlo si yo no se lo ordeno, y entre que había que hacer trabajos y cosas y el padre llega a las ocho de la noche a casa, y hay que hacer cena y tareas y demás, pues eso, que el crío, de secano.

El día no tiene suficientes horas para todo lo que tengo que hacer. Y voy acelerada. Tanto, que ayer mismo me preparo un bocadillo, bien abiertito por la mitad… de NADA.

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Imaginad mi sorpresa al abrirlo.

Creo que habremos de donar nuestros cerebros a la ciencia.

Tiburón kitch

Como habréis observado en post anteriores, Don Bimbas tiene su dibujo recurrente. Sieeeeempre dibuja lo mismo: un monigote y mano con palitos, que parece un sol pero vienen a ser los dedos.

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Pero hoy Don Bimbas tiene que hacer un trabajo (escribir – ja, ja – un poema o una canción o similar) sobre el mar. Le localizo en internet un tema que le interese. Voy a tiro hecho. “Adivinanza tiburón”.

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Le hago copiarla. Me cuesta una tarde entera. Y parte de una mañana. No le divierte en absoluto. Y le dibujo el tiburón. Justo lo que quiere hacer él. Así que me pide pintarlo. “¿No quieres pintar alrededor de azul, para que se vea que está dentro del agua?” Y no, no quiere. Quiere dibujar el tiburón. Así que procede. ¿Y lo mucho que sufro cuando me estropea el supertiburón que le he dibujado? ¿Por qué soy tan sumamente pedorra?

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Y al final, hasta me ha gustado. Un tiburón muy kitch.

O-SEA

Jaajajajjasa. Ay, me troncho.

A ver, mis dos hijos, de diciembre, y con una madre de talla normal y un padre bajito, los más altos de la clase no van a ser. Es más, muy a menudo alucinamos cuando los vemos al lado de algún niño de su clase, de los que están más desarrollados. Mis peques parecen sus llaveros.

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Pero hoy el Señor de las Bestias se asusta sobremanera. ¡Que qué mayores se ven los compañeros de clase de Don Bimbas! Pero asustado, asustado, ¿eh?

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… Estaba viendo una foto de los compañeros de clase de El Cachorro.

¿Y de que, siendo los dos progenitores así de despistados, estemos consiguiendo criar a dos niños, qué me decís?

Calco

Salta El Cachorro: “Ay, por el amor de Dios”, que es una expresión muy mía. Y a pesar de que no es la primera que le oigo, que también es dado a decir “ah, de verdad”, le pregunto.

– Uy, ¿y eso?
– ¿Qué?
– ¡Hablas como yo!
– Sí, me gusta.
– ¿El qué? ¿Mis expresiones?
– Sí.

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Pues a mí me chifla que le haga gracia cómo hablo y que me quiera imitar. No ya por el hecho en sí, también porque de esa manera identifico expresiones mías que no sabía que decía tan a menudo, que, en efecto, son muy mías, y porque me parece la bomba oírlo expresarse así, como un mayor, o como una Amaya Rey cualquiera.