Personalidad estilística

Le saco del cajón a Don Bimbas un calzoncillo. Pero aparece en la cocina con otro.

– ¡Pero ponte este que te había sacado!
– No, este es más superguay.

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Claro, porque es de Darth Vader y no la moñada que pretendía plantarle yo.

Me encanta porque su adjetivo para todo lo que mola, lo que es bonito o lo que le gusta, es “superguay”. “Mira qué superguay”, me dice sin parar, “me gusta este superguay”.

Más tarde, ve que me estoy vistiendo.

– ¿Estás pamiando? (¿Te estás cambiando?)
– Sí.
– Yo pamién (también).

Así que se larga a su habitación y aparece con el outfit que ha elegido.

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Que muy bien, salvo porque la camiseta es de invierno.

Superdeducciones

“Mamá, el culo es la parte de las piernas que hacen caca, por eso se llaman culo”.

Con este tipo de reflexiones, El Cachorro queda agotado.

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Aprendo mucho con mis dos muñecos. Porque luego está el otro, que se planta una toalla por encima y me ilustra: “Así son superhégües”.

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Él sí que es Superbimbas… Como cuando va a un chino y comenta: “Yo quiero tener esto y esto y esto y esto y estoooo”. Con una vocecilla así lastimera que es que te dan ganas de comprarle la tienda entera.

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Tiene el superpoder de parecer el niño más adorable de la Tierra. Eso le hace conseguir lo que quiere. Pero conmigo, no. Yo lo he parido. Esa desventaja tiene. Soy su kriptonita.

Feliz, feliz en tu día

Hoy cumple años una vecinita, a la sazón, la “novia” de Don Bimbas. Por tanto, tenemos que estar a la altura y agasajarla como merece. Y esto es, trayendo animales en su honor.

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Y, POR SUPUESTO, Don Bimbas tiene que ser el encargado de llevar uno de ellos.

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Ayudado por su señor hermano, quien, a la postre, es el cuñado de la cumpleañera.

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Están encantados con mostrar sus animales, así que no sé muy bien para quién es el regalo, si para la cría, o para mis hijos… 😉

A la moda

No tengo hijas, pero las vecinas sí. Ahora tengo también una pulsera de estas, como sus madres.

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(La de colorines).

Por lo visto están de moda estas hechas con gomitas. No me había enterado, para no variar. Pero lo malo no es que no sepa lo de las pulseras estas, es que tardé también en saber qué era un spinner, y no estoy al tanto de unos muñecos diminutos que rulan por ahí y a los que no les encuentro bien la gracia, como tampoco de los cromos que actualmente coleccionan los críos.

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Estoy siempre en la inopia más absoluta. Menos mal que vivimos en comunidad. Si no, tendría a los hijos más desfasados del mundo.

Encaramarse, del verbo encaramar

Y en todas sus formas y tiempos verbales. Encaramianding everywhere. En mi casa, mis hijos viven así. De hecho, creo que pocas veces tocan suelo. De que descendemos del mono, tengo con ellos ejemplos empírico-prácticos a cascoporro.

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He aquí Don Bimbas en una de sus múltiples demostraciones. No deja pasar ni una oportunidad de colgarse. Yo tengo el brazo a la funerala.

Y hoy, cuando se pone a liarla de lo lindo en la cocina, cojo y lo dejo al otro lado de la puerta, en el hall.

Igual pensaba, ilusa de mí, que así acababan mis problemas… Pero oigo a El Cachorro:

– Mamá, ¿le dejas hacer esto?
– ¿Qué?
– Está escalando.

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Y ahí está, el mandril, encaramado en la puerta.

No hay descanso. ¡No hay descanso!

Autoinmolarse

Me agacho por debajo de la mesa y de pura casualidad veo esto.

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Don Bimbas ha transformado la parte de abajo de la mesa blanca del comedor en una pizarra.

(INSERTEN AQUÍ JURAMENTOS EN ARAMEO A DISCRECIÓN).

¿¡¿Desde cuándo llevará ahí?!?

Se lo hago limpiar.

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Pero, claro, esa pintura está incrustada y no hay manera de sacarla. Tengo que ponerme yo a la faena. El Cachorro, que ve cómo sufro dale que te pego al trapo, se ofrece a echarme una mano.

Como cuesta un huevo, decide dejarlo. Pero, consciente de lo mucho que me tengo que esforzar y de la cantidad de cosas de las que me encargo, lo deja para ayudarme en otros menesteres. En llevar los zapatos de su padre tirados en mitad del salón a su sitio, en abrirme la cama para cuando vaya a dormir… A mí con este niño me tocó la lotería.

Al otro le digo que lo castigaré por esto. El Cachorro me sugiere que lo castigue cuatro días sin ver la tele (nada menos). Yo le digo, en un aparte: “Cariño, mejor otra cosa porque si no tú también te quedarás sin ver la tele”. Y va y me suelta que da igual, que él también se lo merece. ¿¡Y eso!?

Pues resulta que me llega con que a un vecinito un par de años menor que él, su mejor amigo lo trata de culo. Y como es su mejor amigo, El Cachorro alguna vez le va a la zaga, y un día su mejor amigo le dijo al crío que no era su amigo y que no podía jugar con el resto de los vecinos. En aquella ocasión, en cuanto me enteré, le llegó la charla: “Cariño, no tienes que hacer cosas que no te gusta que te hagan a ti, eso lo primero. Lo segundo, decirle a alguien que se queda fuera y que no puede jugar con los demás, es cruel y está muy mal, y produce mucha tristeza. Y tercero, a un niño pequeño lo que hay que hacer es protegerlo, no hacérselo pasar mal, a ver qué va a ser esto”.

Él se puso a llorar. No le gusta que los demás lo pasen mal, ya lo conocéis. Pero también por otra cosa, y es que, en el cole, hay un par de matones de su edad y algún mayor que se meten con él y con su mejor amigo, y yo le digo que a esos niños les tiene que decir que no quiere jugar con ellos porque se lo hacen pasar mal. Que no tiene por qué aguantar a nadie que sea un cafre.

¡Y estas directrices las aplicó al vecinito!

El niño en cuestión, que es un amor, pero también un poco bestiajez y no sabe controlar sus efusiones, a veces también hace cosas inconvenientes, pensando en que son graciosas. Y no lo son. Por lo menos para El Cachorro. Cogió y le tiró una chancleta a la basura. Eso a mi hijo le sentó mal. Mal fatal. Y resolvió tal y como le dije yo en el colegio que hiciera con quienes se lo hicieran pasar mal, que es decirle “no juego contigo”.

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Así que lloraba cual Magdaleno porque había hecho con el vecinito lo que yo le dije en su día que hiciera con quienes le hicieran cosas que a él le dolieran. Y los consejos contradictorios le descolocan, como es natural. (Como aquella vez que ya, harta de que siempre fuera de los que recibían, le dije que podía devolver. Uff, se puso del revés: “¡¡Pero si no se pega, y siempre me dices que no se pega, y ahora que tengo que pegar, pero no se pega, me vuelves loco, y yo no quiero pegar, pero en qué quedamos!!” Hale, sal de ahí. Y yo: “A ver, efectivamente no se pega, pero si te pegan, pides que no te peguen, te vuelven a pegar, se lo dices a un adulto responsable y te vuelven a pegar, ¡tendrás que defenderte, cariño! Así que, en efecto, no se pega, pero también hay que defenderse”).

Total, que con el momento chancleta, le tuve que decir que hay niños pequeños que hacen cosas malas pero que no saben que son malas, que hay que enseñarles, pero lo que no se puede hacer, es dejar a alguien fuera del grupo o decirle que no es amigo, que eso es muy feo.

Pues resulta que hoy, algo le ha liado que ha desagradado a El Cachorro, y le ha vuelto a decir que no es su amigo.

Y ahora se siente fatal, el pobre. “He hecho una tontería”. Y se quiere autocastigar. Por eso no asume con estoica resignación los efectos colaterales del castigo de su hermano.

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TENGO UN HIJO FLI-PAN-TE.

Pis salvador

Es por la tarde y ha entrado la sombra en la piscina. Yo, en esas condiciones, no me suelo bañar. Yo necesito un sol (abrasador, a poder ser) que me dé directamente en la piel cuando salgo. La sombra me da frío. Pero a Don Bimbas le hace ilusión que me bañe con él, y con el trabajo, no suelo hacerlo. Así que hoy le he dicho que venga, que vale.

Andaba mentalizándome, cuando de repente lo veo a él y a un vecinito un año mayor haciendo pis contra uno de los maceteros del portal. Bueno, bueno, bueno. He ido como una exhalación, pero ya he llegado tarde. Les he metido un grito de cuidado. “¡Pues ahora voy a por la fregona y lo fregáis!” Así que he tenido que subir a casa, llenar una fregona con agua y amoniaco, y bajarla. Y ahí los he puesto a los dos, a trabajar.

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El gran rato hemos invertido.

Y al final, esto ha tenido algo positivo: “¡Pues, mira, con la gracia del pis, se ha pasado el tiempo y YO YA NO ME BAÑO”! Dicho encima como si me fastidiara no bañarme… Je. No hay mal que por bien no venga.

Cara enfadao

El pequeño es un ganso, ya lo sabéis. Últimamente, cuando le voy a sacar una foto, me pone caras. Y suelen ser con el ceño fruncido, de enfadado (que es la cara que más ha entrenado, la que borda).

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Le saco la foto de rigor. Me dice: “¿A cara enfadao?”

Jaajaja. Es que pone tanto la cara de enfadado que creo que la está depurando.

Este fenómeno de hacer el canelo también le ocurre cuando actúa con su partenaire favorito: su hermano. Gansada por partida doble. Por ejemplo, cuando les quiero sacar una foto.

“Ay, qué majicos estáis. Venga, poneos ahí, que os voy a sacar una foto”, les digo. Y ya la he fastidiado.

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“No, va, venga, poneos bien”.

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“¿Pero queréis estaros quietos, por favor?”

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“Vengaaaaaa, pesaos, poneos juntos, un segundo, anda”.

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“¡Pero sin hacer el gamba, por el amor de Dios!”

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“¿Cómo es posible que hagáis tanto el ganso? Flipo”.

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“Bueno, me doy”.

Es que no hay manera humana con estos dos, oye.

Calor

“Quiero dormir desnudo, sin nada, sin mi piel. Quiero dormir solo con mi esqueleto”, dice El Cachorro al acostarse.

Este ha debido de ver el vídeo de “Rock DJ” de Robbie Williams a escondidas.

Pero, sí, hace tanto calor que no apetece más que arrancarse la piel. Como hace la amiga que ha venido hoy a casa.

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Sin duda El Cachorro es un tipo muy gráfico y que sabe cómo transmitir las cosas.