El amo

– Quiero acua – dice Don Bimbas, tiradazo en el sofá
– Pues levántate y bebe – le contesta su padre.
– ¿Me ras tú? – (Pronunciada le erre como erre simple) (¿Me das tú?)

Pero no obtiene respuesta. Así que va a por mí.

– Mamá, ¿me ras agua?

Yo tampoco le contesto. Que se mueva, hombre por favor, el tío. Y al poco dice en alto:

Quero acua…

Aquí el maharajá. A ver quién satisface finalmente sus deseos. Pero su padre y yo nos mantenemos firmes.

Se levanta.

Va donde están los vasos… y se pone a jugar.

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– ¡Si estás ahí! – observo – ¡Bebe!

Y el otro, ni mirarme:

– No.

Cuadrados. LOS TIENE CUADRADOS.

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Y se ha dormido, señoras y señores… SIN BEBER.

Mala bestia

Qué tío. Pero qué tío.

Se ha ido el Señor de las Bestias con los críos por ahí, y al volver me enseña un vídeo en cámara lenta. Es de Don Bimbas subido a la estructura de un parque infantil.

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En la parte alta. Está de pie y mira al suelo. “No se irá a tirar, ¿no?”, le pregunto al padre. La altura es considerable.

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Pero él guarda silencio y deja que el vídeo hable por sí solo.

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POR SUPUESTO QUE SE TIRA.

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– La madre que lo trajo, qué mala bestia – digo asombrada. Y le pregunto al Señor de las Bestias – ¿Y tú no lo has intentado evitar?
– No. Me ha dicho que iba a saltar y le he dicho: “Espera, que te grabo”.

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Anda el otro.

Y ha saltado, ahí donde lo veis, dos veces y media su altura. Luego que si le duelen las piernas…

Cultura cinematográfica

Pues después de haber satisfecho lo primordial, que es que vieran la saga de “La guerra de las galaxias” a edades muy tempranas, me pareció buena idea que vieran también los grandes clásicos. En los últimos meses han visto “E.T” y “Los Goonies”.

Hoy, elegíamos peli y ya se iban a “Spiderman” o “El capitán calzoncillos”, cuando he visto “El chip prodigioso”. Tate, esta es la mía. ¡Cómo ha protestado El Cachorro cuando la he elegido! Y luego mira…

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Los clásicos no fallan.

Orientación

Es ESPECTACULAR la orientación y memoria que tiene El Cachorro. Hoy tocaba cumple de un compañero de su clase en un parque de bolas. Pues bien, llama a su padre y le dice: “Es en el sitio ese donde hay unas casitas bajitas enfrente y una gasolinera al lado, donde un día nos llamó mamá para decirnos que Pérez se había muerto”.

Y, sí, era ese sitio.

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Me deja siempre patidifusa. Vamos una vez a un sitio, y si volvemos, El Cachorro se acuerda. “Aquí es cuando fuimos a no sé dónde”. “Por aquí se va a tal sitio”. Y así.

Sí, sí, se va orientando… Veréis. Volvemos del cumple con el hijo de unos vecinos. Lo llevamos a su casa, donde está su hermana con una amiguita. El Cachorro, ese ser que no está contento con nada (os recuerdo que venimos de un cumpleaños) se quiere apuntar, claro. Quiere quedarse con ellos en su casa. Y se sucede esta conversación en el ascensor:

– Quiero ir a casa de Rodrigooo.
– Y yo un piano – dice el Señor de las Bestias.
– Y yo ir a la luna – añado.
– ¿Pues por qué no te hiciste astronauta? – me pregunta mi hijo (con lo despistado que es, es fácil que se distraiga).
– Porque había que estudiar demasiado.
– ¿Qué hay que estudiar? – se interesa.
– Astronáutica – dice su padre.

Y le comenta El Cachorro a su amigo Rodrigo.

– Me está mintiendo como todos los días.

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Calao. Tiene al Señor de las Bestias CALAO.

Madres modernas (que boicotean fiestas infantiles)

Mira, ¡mira!, esto ya es el acabose.

Mañana la clase de Don Bimbas celebra la Fiesta de la Primavera. Pueden ir vestidos de algún motivo relacionado con la estación: collar de flores, con temática flower power, de hippies, etc. Y para desayunar, dice la profe, algo para compartir.

¿Pues no va una madre, en el chat del cole, que dice que ha comprado unas galletas de dinosaurio, y va otra y dice lo siguiente?:

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¡Que pensaba en un “TAPER DE SANDÍA CORTADA”! ¿Sandía? ¿¿Hola?? Y que no sabe si va a tener mucho éxito al lado de las galletas.

Hombre, PUES NO.

Pienso en que puede que se trate de una broma.

Qué equivocada estoy…

Porque no acaba ahí la cosa. Salta otra: “Pues galletas y sandía me parece una combinación perfecta”. Mujer, sí. Aunque dudo que, si no va a haber alguien que amenace a los críos con que, si no comen sandía, no hay galletas, se lancen en plancha a por la sandía. Pero bueno. Mal, desde luego, no me parece. Como iniciativa es fantástica.

PERO, ahora es cuando se anima la madre de las galletas de dinosaurio…: “Si llevamos todos fruta, encantada, mi hijo solo desayuna eso, pero como la profesora en los cumples comentó que tenían que ser cosas envasadas, por eso”. Raudamente, acude al rescate otra madre con la solución: “Pero fruta sí se puede. Se refiere a nada cocinado o elaborado por nosotros”. Y la madre que ha renegado de sus galletas de dinosaurio determina: “Pues entonces llevo fruta, fresas por ejemplo”.

Eeeeeeh. A ver, que esto está adquiriendo tintes serios… Así que aporto mi granito de arena de #malamadre total para que esto no se desboque (soy la del bocadillo verde de la captura de pantalla).

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Pero hacen como que no me leen. Y siguen con lo de la fruta. La que había comprado galletas de dinosaurio ya se ha convertido del todo, despreciando y repudiando totalmente sus galletas de dinosaurio, y propone: “Si os parece bien a todos podíamos llevar mañana solo fruta”. TÓCATE LOS PIES.

Y el resto…

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¿¿De verdad a estas madrespluscoamperfectas les parece bien llevarles a los críos para su fiesta… FRUTA?? ¡Para su F-I-E-S-T-A!

De verdad.

Se me vienen todas arriba:

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Lo tengo claro: las madres modernas NO QUIEREN a sus hijos. Valoro intervenir para decir que yo aportaré un táper de acelgas y algo de pescado azul, que es muy sano, a ver si pillan el sarcasmo. Pero desecho la idea porque seguro que me aplauden.

Hay una madre que se atreve a decir que una fiesta con fruta, galletas y gusanitos es una buena fiesta. La madre apaciguadora que aúna criterios.

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Pero la arrepentida, que debe estar flagelándose con el látigo de siete colas en la espalda por habérsele ocurrido comprar galletas de dinosaurio, determina: “Si hay galletas, la fruta no la van a probar”.

Claro. CLA-RO.

Total, que continúa la cosa con fruta de todo tipo y condición. Y zumos para beber, por supuesto, qué batidos ni qué batidos.

Una del Team Zumos dice que ha comprado unos de manzana (DE MANZANA): “Eco y sin azúcar, para seguir por el buen camino”.

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¿¿SE-PUEDE-SER-MÁS-TRISTE??

Madre mía, pobres críos, ¡pobres críos! Vaya manera de echar por tierra una fiesta.

Y por fin una, ¡una! (además de yo), se atreve: “Pues yo pensaba llevar Boca Bits o mi hija me mata”.

Recibe un emoticono de pulgar para abajo (menos mal que no estamos en tiempo de los romanos, porque la lanzan a los leones), y yo ahí es donde veo la grieta donde poder contraatacar:

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Y entonces aparece, CHAN CHARACHÁN…:

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… ¡La bruja piruja cum laude!

¿¿Pero será posible?? Ojo a la mentalidad dictatorial: “Si no les damos esta opción”. Que, traducido, significa: “VAN A COMER FRUTA SE PONGAN COMO SE PONGAN”. Dice que “seguro que cada uno encuentra algo que le guste”. O NO. O igual hay alguno al que no le gusta la fruta, ¿se lo ha planteado alguien?

Me veo obligada a insistir:

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NO-ME-HACEN-CASO. Siguen a lo suyo, pensando en quién se encarga de comprar pajitas para beber esos zumos insípidos y deprimentes.

Veinte minutos de cháchara vegana después, aparece una madre (en respuesta a uno de mis mensajes) comunicando que su hijo seguramente no quiera nada porque la fruta no la quiere ni ver. TATE. Pero dice: “Pero me sumo a la mayoría y llevaré pera en trocitos”.

Joooooooooooopé. Lo que hace la turba. O sea, tu hijo no come fruta ¿¿y vas a llevar pera para su fiesta?? ANDAMAJABÁJATELAFAJA.

A todo esto, nadie, NA-DIE, le pregunta a esta madre qué alternativa se puede llevar para su pequeño.

Así que vuelvo a la carga:

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Otra madre, tímidamente, apunta: “Me parece bien también que alguien lleve gusanitos”. Y la madre del niño que no come fruta me dice entre risas: “Mi hijo te va a adorar, Amaya”. TOMA, NO. Claro que me va a adorar. Tu hijo, el mío y todos los niños de la clase. Pero vamos, NORMAL.

Que, oye, estoy TOTALMENTE A FAVOR de que se celebre un día el Día de la Fruta. Entonces, convenientemente aleccionados los críos, ya sabrán que ese día se hará una especie de Oda a la Fruta (aunque en el calendario de almuerzos ya se establece la fruta para los miércoles) y seguro que lo disfrutarán horrores.

Pero, en lo que a hoy se refiere… estoy hasta el píloro de tanto rollo zen, así os lo digo, de tanta vida sana, de tanto saludo al sol, de tanto sin azúcar, sin gluten, sin hidratos, verde, eco y hojas de parra en vinagre. Estoy indignacérrima. ¡Menudo despropósito! ¿Desde cuándo los niños asocian la alimentación de una fiesta, ¡una fiesta!, a la sandía? Es que me los estoy viendo en el recreo hablando con los de otras clases: “¿Que habéis comido Doritos y dónuts? Uff, qué insano y aburrido. Nosotros unas deliciosas uvas”. Venga, hombre, ¡dejad a los niños que se salten su aburridísima dieta de soja y quinoa por un día para comer unos ganchitos y unas gominolas, para que se relaman y disfruten de la vida un poco! Que seguro que vosotras os habéis atiborrado a garrotes de chocolate.

Cómo se puede tener tan mala idea, madre del amor hermoso. Qué madres más malvadas.

P.D. A ver, padres de la clase de mi hijo que me leéis, que sé que hay varios que lo hacéis… ¡¡no os sublevéis por este post!! No escribo esto para ofender a nadie. Los nombres los tapé en su día en las capturas hace un año (este blog, como estáis comprobando, va con un año de retraso exacto), así que ni sé quién dijo qué ni nada, ni me importa, y os guardo el mismo aprecio a todos. En este diario se intenta contar las cosas de esta manera. Al revés que en la vida real, que hay cosas que se piensan pero no se dicen, yo cuento sin filtro las cosas que pienso en el momento que suceden, o que pensamos muchos o algunos, pero que no se dicen. Ahí reside su originalidad. En la exageración está el humor.

Y, en realidad, me da envidia que alimentéis tan bien a vuestros pequeños, mientras yo… en fin, tengo días…

Os mando besos. Y unas cerezas, si queréis. 😀

¡Adiós al diente negro!

¡Ay, qué bien! Estando en la cama, con Don Bimbas ya despertándome, oigo a El Cachorro desde su cuarto: “¡¡MAMÁÁÁÁÁÁ!! ¡¡SE ME HA CAÍDO EL DIENTE NEGROOOOO!!”

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Es el segundo diente que se le cae. Y a este le teníamos unas ganas…

Sin embargo, suena un poco como asustado. Me cuenta cómo ha sido: “Cuando estaba durmiendo, me levanté y dije, “voy a mover el diente negro”, y después he hecho *METE LA LENGUA DONDE ESTABA SU DIENTE*, “¿dónde está mi diente negro?”, ah, aquí, y he dicho: “Mamáááá, se me ha caído el diente negro”, y así ha sido”.

Me fascinan estas narraciones tan fidedignas.

Teatro

El Cachorro hoy se luce. En la obra que han preparado en el cole, representa a un abuelo. Por supuesto, vamos a verlo.

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Y, menos que se pega todo el rato moviendo las piernas que no para (su papel transcurre en una silla), que está con el baile de San Vito en punto álgido, lo hace genial.

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Cuando termina todo lo vamos a felicitar, y lo veo tristón.

– ¿Qué pasa, cariño?
– Que se acaba el teatro.

Este es el niño que ayer decía que no le gustaba.

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– Bueno, pues ya irás el año que viene.
– Pero yo quiero con la misma profesora y con los mismos compañeros.
– Ah, pues esto no se sabe, cielo. No sabemos si estará esta profesora o si os tocará.
– ¡Pues yo quiero con la misma profesora!

Ya está, sufriendo no solo porque se acaba, sino porque sabe que es más que probable que no coincidan el año que viene.

Sufriendo ya en mayo por algo que se verá cómo va a ir en octubre.

Es esa manía que tiene de anticiparse al futuro, de pasarlo mal por adelantado, ¿de dónde la habrá sacado?

Ah, y ya sé, en octubre, a quién apuntar también a teatro…

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Lo estoy viendo. Serán unas estrellas. Irán al cole así:

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Voy a ir mirando parcelas en Hollywood.

El Oscar está al caer

Apunté a El Cachorro a teatro este año por recomendación de su tutora del año pasado. Es un niño expresivo y creativo, y además le iba a ayudar a soltarse o pasar menos vergüenza.

Hace menos de un mes, cuando mencionamos que en breve iba a representar la obra que han estado preparando durante el año, El Cachorro se descolgó, para mi pasmo, con que no le gustaba el teatro. Casi me da un soponcio. No tenía ninguna gana de representar la obra, en la que desempeña el papel de abuelo. “Me da güervenza”. Ya estamos. ¡Pues vaya éxito!

“Se van a reír de mí”. La misma cantinela de siempre. No sé qué le pasa a este hijo mío con el tema de que se rían de él. Me cuenta además que le han dado el papel que le han dado porque es el más gracioso y la gente se ríe mucho. “¡Claro!”, le digo, “¡es que tú eres muy gracioso!” Pero otra vez le tuve que explicar la diferencia entre reírse de alguien y con alguien.

Una semana más tarde, cosas de la providencia, una vecina y amiga cuyo marido representa una obra cómica de improvisación en Gran Vía, nos invitó al teatro con los niños. Fue genial, porque vio a los tres actores hacer el canelo en rama de lo lindo y lo chulo que es poder hacer reír al personal, que ya me encargué de revelarle que eso es una de las cosas más difíciles de conseguir, que es casi un don.

Debió hacer mella en él. Al poco me dijo que sí que quería hace la obra.

Hoy recibo las “notas” de esta extraescolar. Su profesora dice lo siguiente:

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“Con Simón estoy contentísima. Da gusto verlo trabajar e improvisar. Va a ser un gran artista. Me lo paso genial con él y con su humor”.

¿¿PERO CÓMO ME PUEDE LLEGAR A GUSTAR LEER ESTO??

Mañana interpreta al abuelo en la obra. Estoy deseando verlo…

P.D.1. El espectáculo de Gran Vía es uno de improvisación de “Corta el cable rojo” y es la segunda mejor valorada de todas a día de hoy. Merecidísimamente. Os la recomiendo con todo mi ser. Id a verlos actuar. Os harán felices.

Mosqueante hormigueo

“Jooooo, me pasa algo en los calcetines. Es como si tuviera arena pero no tengooooo. Mira”, me dice El Cachorro.

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Se quita el calcetín. En efecto, está limpio.

Le pregunto: “¿Es como un hormigueo? Se te han dormido los pies. Es lo que pasa cuando coges una postura rara, que se te duermen partes del cuerpo. Ya se te pasará”.

Se troncha.

“¡Parece que tengo arena dentro de los pies!”

Risketos

Aparezco en el patio de la urbanización, donde está mi hijo, con una bolsa de Risketos. Don Bimbas que me ve…: “Tengo hambre estooo”.

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Jaa, ja, ja. Deja bien claro que el hambre es de Risketos, no le vaya a endiñar una mandarina.

Mira, se los doy porque es un grande. Me gana la mitad de las veces por lo gracioso que es, el muy bandido. Aunque le acabo cogiendo la mitad, que para eso eran míos.