El hijo ideal

Tres días antes de que acabara el cole, El Cachorro estaba empeñado en llevar una nevera, el viernes, para traernos a su padre y a mí el helado que, como día especial, le iban a dar de postre en la comida.

¿Pero puede ser más ideal?

Yo me pegué tres días convenciéndole de que se tomara él el helado, argumentándole que, por mucha nevera que llevara, iba a llegar derretido a casa. Que lo disfrutara con sus amigos. Pero no parecía que fuera a tener demasiado éxito. Que la nevera era la solución, decía. Lo malo es que es navarro, y cuando se nos mete una idea entre ceja y ceja…
(Pero yo también, así que lo logré convencer in extremis).

¿Cómo es que tengo un hijo tan cumplido? Es el colmo de la generosidad.

Hoy se levanta hacendoso. Vamos a la cocina y me ofrece:

– ¿Te corto bizcocho?
– Sí, pero pequeñito.

Lo hace.

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– ¿Te lo corto en trocitos? (La última vez que cortó algo en trocitos, lo dejó hecho migas).
– No, por la mitad.

Luego me ha pedido fregar el plato.

– Oye, ¿qué ha pasado estos días, que haces tantas cosas bien?
– Porque estoy creciendo y estoy a punto de cumplir 7 años. Y así no tienes muchos deberes.

Remata el desayuno con un zumo.

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– Es el primer zumo que he cortado y he hecho yo solo sin nadie.

Este hijo está que se sale. Lo malo es que sea flor de un día. Pero, mira, eso que me llevo.

Definiciones gráficas

Os comento, en foto, varias definiciones gráficas. Por ejemplo, la de “Aterido y morado”:

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Hay otra, que es “Contorsionismo televisivo”, que lo practican, un poco Don Bimbas…

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… y un mucho El Cachorro:

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Y tengo también la mundial, la definición gráfica de “Dormirse encima”:

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Medio sándwich al suelo.

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“Ahí va, la que he liado”.

De verdad, eso de quedarse dormido mientras come, no se lo había visto desde que me desollaba el pezón siendo bebé.

Pero, a esto de quedarse dormido en las formas, circunstancias y lugares más insospechados, le está cogiendo gustillo. Unos cinco días después, decido ir a la pelu a deletearme el canódromo, llevándome también a los críos, pues justo hoy me he fijado en que, cada vez que sacan la cabeza de debajo del agua de la piscina, les llegan los pelos del flequillo hasta el bigote y no ven ni torta.

Una vez en la peluquería, cuando ando con los pelos a remojo, llama mi atención el Señor de las Bestias, que está vigilando la sección infantil. Se está produciendo la siguiente escena:

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Dormido mientras le cortan el pelo. Dos peluqueras para él. Una le corta el pelo y la otra le sujeta la cabeza. ¿Habéis sido testigos alguna vez de lujo semejante?

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Es el maharajá de la pelu.

Aparta de mis estos cálices y En el extranjero se resta diferente

Son las cinco y cuarto y El Cachorro lleva dando vueltas al plato de ensalada una hora y pico. Hace cinco minutos le he dejado unas cuentas preparadas para cuando termine, y le digo que yo me voy a hacer cosas a la cocina, que estoy harta de esperarle.

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Al volver al poco, le veo con las restas. El plato, apartado.

– No te lo vas a terminar, ¿verdad?
– No.
– Vale, pues me lo llevo – decido claudicar con la comida.
– Y el trabajo también.

Jaa, ja, ja. No cuela, así que le digo que se espabile. Al poco, me viene a consultar algo de las restas. Pero me fijo en esta:

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– Esta está mal.
– ¿Por qué?
– Porque no es así.
– Sííí.
– No. ¿Seis menos tres?
– Tres.
– Pues eso.
– Es un tres.
– ¿Ah, sí? Pues parece un cuatro.
– Pues es un tres.
– Vale. Pues hazlo un poco mejor, que parece un cuatro.
– Es que así se hace en Dinamarca.

Tra-tra.

La lidia de la tarde

Le digo a Don Bimbas que recoja todos los coches que hay desparramados por el suelo antes de bajar a la piscina. Por supuesto, pasa lo de siempre. Se niega en redondo. Y yo le digo que aquí se va a quedar si no recoge los coches.

Pasa de mi culo. Looooo deeeeee siempreeee.

Le digo a El cachorro que si le ayuda un poquito. Protesta un poco, pero tiene ganas de ir a la pisci, así que se pone a recoger. Pero Don Bimbas no mueve un dedo y no me parece justo.

– Cariño – le digo a El Cachorro – Ya has recogido mucho. Déjalo ya. Que siga tu hermano.

Y Don Bimbas, impertérrito. El Cachorro:

– No, ya recojo – ve que se masca la tragedia, y que lo de la piscina se puede retrasar.
– Tú eres ideal y te doy las gracias, pero lo tiene que hacer el pequeño.
– No me importa, lo hago yo.
– ¡Que no!

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El pequeño va a recoger algún coche, COMO QUE ME LLAMO AMAYA.

Pero qué difícil, madre mía. Si no le da la gana, sale perjudicado el mayor, que no lo merece. Pero si los recoge el mayor, el pequeño consigue lo que quiere, como siempre. He’s got the power!

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Uff. Madres del mundo, ayudadme o solidarizaos conmigo. Qué narices hago.

Culos en el supermercado

He ido al supermercado con Don Bimbas. Cuando estoy en la carnicería oigo: “¡Mamá, mira, culos!”

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Está en la zona de pollería. Ha hecho el mismo descubrimiento que hizo su hermano, supongo que más o menos con su edad. Hay un post al respecto por ahí suelto, describiendo la misma reacción y con una foto creo recordar que calcada… Vamos, que están cortados por el mismo patrón. Tienen una obsesión con los culos.

La magia del Ratoncito Pérez

Ayer a El Cachorro se le cayó un diente…

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Y, hoy, el ratoncito Pérez de la traído unas gafas de buceo. Verdes, de su color favorito.

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Y dice El Cachorro, emocionado: “Ha venido el Ratoncito Pérez. ¿Cómo sabía que quería esto?”

Qué maravilla. Está flipando con la magia del bicho.

Por otra parte, no sé si sabéis que tenemos otro ratón… Don Bimbas. Le pide a El Cachorro las gafas de buceo que le ha regalado el Ratoncito Pérez. El Cachorro dice que no.

Al rato, estando El Cachorro y yo hablando, reparo en que Don Bimbas está muy callado. Por detrás, de la manera más sigilosa posible, ha ido a sacar de su funda las gafas de su hermano.

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Luego aparece por detrás de mi silla y me da en el hombro. A escondidas, y con una sonrisa de pillo, me enseña que lleva puestas las gafas.

Porque cuando Don Bimbas quiere algo, LO CONSIGUE. No hay quien lo pare. ¡Es un brujo!

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Y el buenazo de su hermano ajeno a lo que estaba sucediendo…

Hulk

Mi hijo convirtiéndose en el increíble Hulk.

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Primero, por los pedazo abdominales que se gasta. Y segundo…

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Ya hay que empeñarse para teñirse así de verde, ¿que no? Si focalizara ese esfuerzo hacia otras cosas… Pero no. Si le pides recoger, se tira al suelo de pura desgana. Pero para hacer el mal, no hay descanso. Se emplea con verdadera pasión.

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Sudo de pensar en lo que me va a costar quitarle esto.

Cuando estás de vuelta de todo…

Hemos invitado a unos amigos a la finca del Señor de las Bestias. Nos lo estamos pasando de cine y, como es natural, mayores y críos disfrutan de los animales. Todos… menos uno.

Que quiere Twix, dice.

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Lleva todo el día comiendo comida basura, el puñetero. Y ahí lo tienes, pegado al cristal que lo separa de todos sus anhelos. Esto es lo que más le llama la atención a Don Bimbas.

Por su parte, El Cachorro, no se queda atrás. Todos haciéndose fotos con los animales y mi hijo elige a este:

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Es la comida de las rapaces. Está congelada. Igual El Cachorro tiene esperanzas de que resucite al lado de un radiador. O espera que se convierta en una rata zombi: Ratinguer Zeta.

Supongo que esto es lo que ocurre cuando ves y estás con todo tipo de animales cuando quieras.

Sea lo que sea, NO LA VAMOS A LLEVAR A CASA.

¿Será posible?

El increíble caso de los niños que por muy tarde que se acuesten, siempre se levantan a la misma hora.

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Aquí, 7 y pico de un sábado. (Los mato). No se ha despertado ni el sol.

De verdad, siempre pico. El día que golfeamos lo más grande y se acuestan megatarde, me emociono pensando en lo mucho que voy a dormir por la mañana. Pero ya se encargan ellos de echar por tierra mis aspiraciones…

Apañado

Entro al baño y me encuentro a Don Bimbas en el suelo de rodillas, frotando con papel higiénico.

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– ¿Qué haces?
– Estoy pimpiando.
– ¿Te has hecho pis fuera?
– Sí.

Pero antes de que entrara mamá, lo descubriera y le montara un pollo, ahí estaba él, arreglando el desaguisado. Qué rico. Vivan los pises por fuera.