Donde le pille

Don Bimbas y su facultad para desparramarse encima de la gente.

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Para irse a la cama no tiene prisa, no. Le cuesta un montón. Es acercarse el momento y ya comienza a hacerse el remolón. Ahora, sácalo a un restaurante. Móntalo en el coche. Haz un plan con él. Ñaca. Se le tuerce el cuello.

No debería sorprenderme porque yo nunca he tenido demasiado problema para dormir, la verdad. Aunque últimamente… Antes, en un viaje, caía rendida. Ahora, de copiloto, ya no tanto. Solo se me cierran los ojos a los veinte minutos de ponerme al volante. O sea, maravilloso todo.

Después del restaurante, hay momento viaje. Yo intento dormir mientras el Señor de las Bestias conduce. Normalmente, como os digo, no lo consigo, pero al menos puedo descansar la vista y hacerme la muerta. El caso es que El Cachorro y su padre se ponen a hablar a gritos, porque no saben hacerlo en un tono normal, y salta Don Bimbas:

“¡No quitéiz (gritéis)! ¡Eztá mamá nomira (dormida)!”

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No sé de dónde ha salido ese miramiento para conmigo, porque él es el gritón oficial y pasa de tu bienestar olímpicamente. Así que consigue justo lo contrario, que me despierte del todo de la sorpresa.

Celos

Coge El Cachorro y me cuenta que un tal Marco de su cole es tonto porque se ríe de él PORQUE TIENE NOVIA.

¡Anda! Debe ser Jimena (nombre ficticio), la niña un año mayor (alta, rubia y con una sonrisa preciosa) que va a judo con él. Ya sabía de su existencia y de su “relación” (¿o debería quitar las comillas?), pero El Cachorro me había dicho que habían decidido postergar el noviazgo.

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Bueno, por lo pronto le digo que el tal Marco que le hace burla porque tiene a Jimena como novia debe estar muerto de la envidia porque él no es el novio de Jimena. Y también le digo que seguramente nadie quiera ser novia del tal Marco. Y por eso le hace burla, porque la gente que hace burla a los demás es porque no mucha gente les quiere, y están dolidos, e intentan hacer a los demás infelices.

Después del speech motivacional, ya paso a interrogarle:

– A todo esto, ¿Jimena y tú seguís siendo novios?
– Todavía no lo hemos decidido – me contesta, con un aplomo que tira de espaldas.

Habla con más propiedad con 6 años que yo con 43.

En fin, a ver en qué queda esta historia de amor con villanos incorporados.

Hermanos traicioneros

Hoy hemos pasado el día con mis sobrinos. Los mellizos, un año más pequeños que El Cachorro, forman con él el trío calavera. Es maravilloso verlos jugar y lo bien que se llevan.

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Cuando se van, mi hijo me plantea esta propuesta: “Mamá, ¿por qué no cambiamos al tío Iñigo a Pablo por Pol?” (A Don Bimbas, su hermano, por su primo).

Y lo dice delante de Don Bimbas, no os creáis que se corta un pelo…

Por su parte, Don Bimbas contraataca. Me pide: “Mamá, llama a policía. Llevá Simón a cárcel”.

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¡Vaya par! No se quieren nada, ¿sabéis? Pero nada de nada…

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Por qué será que, si uno de ellos, por casualidad, falta, el otro no hace sino preguntar todo el rato por él…

Se veía venir

Como ya sabéis que a mis hijos, lo que es un tobogán común y corriente, se les queda corto, hacen el cabra por donde pillan, como pueden.

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Descubren esta barandilla y hala, para arriba, para abajo… Escalan, se deslizan…

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Y me dan envidia.

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Me sumo al juego.

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Hacemos trenecito.

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¿Y cómo termina el juego? Cuando acabamos en la barandilla, yendo primero El Cachorro, que se lo ha pedido, Don Bimbas en medio y yo la última y nos deslizamos hasta que acaba…

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¡Y sale disparado El Cachorro, que se cae, va detrás Don Bimbas y se golpea en la mejilla con la cabeza de su hermano mayor, que la tiene dura como el granito, y yo, por suerte, reacciono para no precipitarme encima de ellos y saltarlos como una gacela huyendo de una manada de leones!

Pero, lo dicho, no he podido salvar a mis dos críos. Uno ha pillado. Moratón que te crío.

Mi padre: “Se veía venir”.

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Claro, porque, para colmo, tenemos que tener a la voz de la conciencia haciéndose el listillo. Cómo se las da de patriarca sabio, el tío… ¡Y anda que hablará mucho! ¡Él!

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Luego se acaba cayendo o le da un tirón en el riñón, y eso no lo ve venir, no…

Mensaje versionado

Nos vamos al Mc Donalds a cenar. Los críos, encantados. Aunque Don Bimbas se encanta por inercia, porque luego la hamburguesa se la sopla. Pero él, ante las noticias, sucesos o circunstancias, se alegra, enfada o entristece según reaccione su hermano. Si sonríe y aplaude por ir a una hamburguesería, lo hace porque ve a su hermano contento, que es quien aprecia más esta clase de manjares.

Pedimos el Happy Meal. El Cachorro lee el mensaje que viene en la caja: “¡No olvides tomar chocolate y hamburguesas todo el día!”

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Ja, ja, ja. Menudo manipulador. Será…

Leccioncita

Estamos Don Bimbas y yo en casa, puesto que El Cachorro tiene una extraescolar y no ha llegado aún. Yo tengo que salir a la calle, y me gustaría hacerlo con mi chiquitico:

– ¿Me acompañas a hacer recados?
– ¡Sí!
– Pero eso no lleves.

“Eso” es un dinosaurio y un guante inflado.

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– ¡Sí!
– Que no lo lleeeeves, hazme casoooo.

Ni caso.

– Cariño, yo sí que NO te los voy a llevar. Si te cansas, te aguantas.

Pues se ha empeñado. Solo ha claudicado con el globo. El dinosaurio se venía.

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A los cinco minutos de salir, que si pesa mucho y tal.

– ¿Qué te he dicho? ¡Lo que digo es por algo! Pues ya lo siento, mi vida, pero yo no lo voy a llevar. Avisado estabas. Así aprendes.

Y por mis narices que no se lo he llevado. Más de tres cuartos de hora hemos estado por los mundos, él con su dinosaurio. Intentando endosármelo cada quince metros, hasta que se ha cansado y ha asumido que no valía la pena empeñarse.

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Menos mal que mucho rato lo hemos invertido en hacer la compra en el súper. Ahí el dinosaurio ha estado en el carrito. Y Don Bimbas haciéndome ver lo fuerte que era cogiendo naranjas o la leche.

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No, si lo que tiene fuerte es el carácter. Y la cabezonería. ¡No tiene rival!

Superpichis

Mis chuletillas en San Isidro.

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Padres madrileños, ¿cuántas fotos habéis visto hoy de este tipo? Me hace gracia lo que nos emociona vestir de manera especial a nuestros peques. Y sus fotos, venga rular por ahí. Como si no llevaran todos los críos el mismo disfraz del chino que se cae a cachos. Encantados de la vida.

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Yo, como no soy de aquí y no he prestado mucha atención al atuendo, les pongo las gorras y dejo que se las coloquen como quieran. Don Bimbas la lleva totalmente a su manera, bien encajada. Parece Paco Martínez Soria. Yo lo prefiero, porque tiene muchas papeletas de perderla, y así tiene menos posibilidades.

Por lo demás, no sé si la camisa va por dentro, por fuera, o cómo. Clavel, no tengo. Claro que sus chalecos tampoco tienen bolsillo. En fin, que los pongo como buenamente una navarra puede hacerlo. Y, según veo en las fotos que me envían todas mis vecinas, porque, como os digo, todas tenemos que mostrar a nuestros pequeños vestidos de chulapos, muy desencaminada no ando…

Y ahora, una reflexión… ¿en qué consisten estas fiestas, aparte de algún concierto en las plazas y la feria en Las Ventas? Me sorprende totalmente esta falta de FIESTA con todas las letras en plena capital de España. No os ofendáis, madrileños, pero San Isidro es una sosez como la copa de un pino. Claro, que igual mi problema es que vengo de las fiestas que no tienen igual en el mundo entero… Nada, no me hagáis caso pues… ¡Viva San Isidro!

Amenazas

Digo algo que contraría a El Cachorro. Y me salta:

– Pues cuando estés en una residencia…

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– ¿Cómo? – le interrumpo – A mí no me vas a mandar a una residencia.
– Sí.
– No.
– Sí.
– No.
– Pues te mandaré yo ahora a un internado.

No sabe lo que es y se lo tengo que explicar. Y desde entonces andamos amenazándonos.

¿Papá es más permisivo que mamá? Papá es más permisivo que mamá

Cuando van a salir de casa para ir al cole, oigo que el Señor de las Bestias habla con alguien por teléfono y le dice que esté preparado, que no sabe si saldrán hoy. Habla con un compañero de trabajo porque tienen un rodaje en Las Azores y todavía están por definirle el día de viaje. Le pregunto: “¿Pero te vas hoy?” Y lo escucha El Cachorro, que también le pregunta:

– ¿Te vas?
– Sí.
– ¿Cuántos días?
– Tres días.
– ¡Jo, tres días sin tele!

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¡Ole el amor filial! ¡Hete aquí su preocupación! No son tres días sin su padre, no… ¡son tres días sin tele!

Mira, por lo menos lo tiene asumido, y no me tendré que andar peleando… Porque con esta queja de El Cachorro, sale a relucir la verdad, que el Señor de las Bestias les pone la tele con cualquier excusa. Hoy, de par de mañana, un poquito antes de salir para el cole.

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(Me derrito con Don Bimbas. Ese es su sitico. Y siempre con el cojín al lado. Parapetado para ver la tele).

Y yo soy absolutamente contraria. Yo se la pongo en casos de extrema necesidad, cuando tengo un trabajo urgente que hacer y están excesivamente pesados. Porque hay veces que se ponen a jugar y (casi) ni te enteras. De lo más entretenidos en su habitación. Pero en la mayoría de las ocasiones, el entretenimiento no les dura demasiado y enseguida empiezan a pelear porque, del millar de juguetes que tienen, justo quieren jugar ambos con el mismo, por ejemplo. O se pegan todo el rato jugando en mi cuarto de estudio. Tienen la casa entera para ellos solos y andamos los tres hacinados en el espacio más pequeño del piso. (Por una parte me encanta este apego, que sean como mascotillas cariñosas, que solo están a gusto si están a mi lado).
Pero, lo dicho, cuando tengo algo importante y urgente que hacer y andan los dos liándola en mi mismo espacio físico, les tengo que soltar un bufido para que salgan inmediatamente, y cuando la lían afuera, cojo el mando y les enciendo la tele.

Pero, lo dicho, yo les activo el aparato en contadas ocasiones y, ahora que se va su padre, ¡anda que no saben que no la van a catar!

La perfección

Mis niños pasan dos días fuera de casa. Me asomo al salón.

madre 12 (1)

¿No veis nada raro? ¿No os llama la atención? Ni una huella en el cristal de la mesa, ni un cochecito por el suelo, ni migas en la alfombra… Todo en su sitio, nada tirado, quietud.

Cuando no hay niños en casa, casa ordenada, limpia y recogida.

Voy a saborear este momento…