Flipándolo

Todos queremos fresas, pero cada uno de una manera. El Cachorro, enteras. Don Bimbas, partidas en trozos. El Señor de las Bestias, en trozos con azúcar. Yo, nata con fresas (no fresas con nata, no. Nata con fresas).

madre 31 (1)

Don Bimbas, que en el tema gastronómico es mi heredero, cuando me ve, me pide nata. Le pongo. El Cachorro. “¿En serio que os gusta la nata?” No sale de su asombro pardo.

Pues porque no me ha visto aún meterme el bote en la boca y apretar el botón…

Carteles de advertencia

– ¿Cómo se escribe bicicleta, mamá, con be o con uve?

– ¡Con be!

Y me encuentro un post it pegado en su bicicleta con la siguiente advertencia…

madre 30 (1)

“Nadie utiliza mi bicicleta”.

Mi hijo es la monda lironda, en verdad os digo, hermanos.

Y le ha debido de encontrar la utilidad, porque, a los días, me dice que ya sabe cómo hacer para que no se quede abierto un cajón repleto de juguetes que tienen, que le dije yo que, con lo que pesa, si se queda para fuera, como se está venciendo, se va a acabar rompiendo. Coge un par de minipost-it y escribe “no tocar” y hace un aspa de prohibido.

madre 30 (2)

El pequeño que lo ve, quiere contribuir a la causa.

madre 30 (3)

Hace LO MISMO que hace su hermano mayor.

He aquí sus carteles.

madre 30 (4)

Clarísimo, ¿no?

La ardilla mutante

El Cachorro tiene que hacer deberes. Entre ellos, dibujar su personaje favorito de un cuento. Es una ardilla. Me dice que la sabe dibujar muy bien. Le digo que estoy deseando verlo.

Cuando estoy en el baño, lo oigo quejarse:

– Mamá, mamáááá.
– Qué pasaaaa.

CLONG. CLONG. Intenta entrar. Pero tengo el pestillo echado.

– Espera a que salga, cariño.
– ¡Joooo!
– ¡Qué pasa?
– ¡Que no me ha salido una ardilla, me ha salido un caballo!

Ja, ja, ja, ja.

Para cuando salgo, el caballo ya ha desaparecido. Pena mora, me lo he perdido. Está redibujando. Y mucha pinta de ardilla tampoco tiene… A mí me parece un alien.

madre 29 (1)

Vuelve a dibujar. Y este es el resultado final:

madre 29 (2)

Ay, Dios mío. Esto me recuerda a una vaca que dibujó mi hermano de pequeño con la que aún tenemos pesadillas toda la familia…Podría parecerse a esta ardilla. Bueno, qué mas quisiera…

Es que dibujar una ardilla, ¡no es nada fácil!

Un, dos, tres, duerme

Hay una cosa que me flipa de los niños. Si exceptuamos todas las veces que los acostamos y Don Bimbas está de que no y empieza a dar por saco y no termina hasta medianoche y tal…, si exceptuamos eso y nos centramos en la normalidad…, qué impresionante es cuando los acuestas y…

madre 28 (1)

… ¡¡se duermen a los tres minutos!! ¡¡TRES!!

Me alucina esa rapidez para sobarse que tienen los niños. “Buenas noches, que durmáis bien”, y zzzzzzzzzzz. Es un don.

Confesión

Acuesto a mis pequeños. Cuando voy a darle un beso a El Cachorro, y en realidad son veinticinco, y le digo que le quiero mucho, me coge y me dice: “Espera, que te diga una cosa”. Le ha cogido gusto a contarme secretos por lo bajini en la oreja. Así que me agarra de la cabeza y me la voltea para poner mi pabellón auditivo a la altura de su boca. Y va y me susurra: “Es verdad que soy muy quejica”.

MEEEEEEEEEE LOOOOOOOOOO COOOOOOOOOOOOOMOOOOOOOOOOO.

madre 27 (1)

Sí, siempre le digo que está continuamente protestando. Es que me habla ya quejándose, el tío. Todo es un lamento continuo, un grito, un echar en cara algo, un excusarse de mala gaita. Ha dejado de expresarse de manera normal.

Yo se lo hago notar constantemente: “Hijo, ¿por qué hablas así? ¿No puedes comentarme algo, pero sin quejarte?”. También es muy suyo lo de adelantarse a los acontecimientos, siempre esperando lo peor: “Seguro que voy y no quieren jugar conmigo”, “¿y si se ríen”, “¿a que vamos y ya se ha terminado?” Es bastante cenizo.

Pero esta confesión a mi oído: “Es verdad que soy muy quejica”, me ha privado. El primer paso es reconocerlo.

Es muy grande, el tío.

Trabajo de crecimiento de la flor

Habemus trabajo de Don Bimbas. Premisa: Investigar sobre el crecimiento de la flor.

Ya estamos. Cómo me fastidia esto de los proyectos, la verdad. Llevo quejándome tres años. Con este, cuatro. PERO, luego vamos el Señor de las Bestias y yo, y después de que he jurado y perjurado que no nos vamos a liar, y que voy a mentir a la profesora y le voy a decir: “¡Anda! ¿Era hoy cuando había que entregar el trabajo?” y tal, vamos y, a ultimísima hora, nos engorilamos.

Aquí el Señor de las Bestias, investigando.

madre 26 (1)

Yo pongo la idea y aporto materiales y él la materializa.

madre 26 (2)

La fuerza bruta, casi por igual.

Hay que poner el sol…

madre 26 (3)

Pintar…

madre 26 (4)

¡Qué utilidad las acuarelas de mis hijos! ¡Y también todo lo que yo voy guardando por si acaso! Para los trabajos que hacemos, jamás, o casi nunca, compro nada. Me apaño con lo que hay en casa. Hace un tiempo que me dedico a atesorar objetos susceptibles de formar parte de un trabajo.

madre 26 (5)

Un salero con agua para la lluvia, por ejemplo.

madre 26 (6)

Las tarrinas de los yogures griegos como tiestos…

El Señor de las Bestias, al que le encanta construir cosas, decide llevarse el artilugio al trabajo para pintarlo, y me manda esta foto.

madre 26 (7)

Y la cosa nos queda así:

madre 26 (8)

Hay que ver cómo nos venimos arriba el Señor de las Bestias y servidora.

madre 26 (9)

Mientras, los ceporros ni se enteran…

Sí, es superútil para ellos hacer los trabajos en casa.

Truco de lectura

Está El Cachorro leyendo. Después de que le he insistido lo más grande tras sus innumerables protestas. Me dice: “¿Sabes? Tienes razón, cuanto más leo, más rápido lo hago”. Casi me caigo de la emoción. “¿Ves? ¡Te lo dije!” Y me sigue confesando: “Y me gusta más”. Menudo soponcio. Me alegro horrores. Y se lo digo.

madre 25 (1)

Y me cuenta además cómo consigue no perder el hilo, él, que se despista con una mosca. No digamos si su hermano anda pululando alrededor de él…: “Pongo rayas flojitas por si me distraigo, para no perderme. Luego cuando voy leyendo, las borro”.

Me parece un niño muy inteligente y muy práctico. Sip.

Pero sé que este amor por la lectura es flor de un día. A veces, El Cachorro me dice cosas que sabe que yo quiero oír. De repente, me sorprende soltándome ideas que le digo yo. Lo de que cuanto más lea, más soltura tendrá y podrá disfrutar más de la lectura, se lo digo y se lo repito, y por eso me viene ahora con esas. Hoy, por lo que sea, es el día que me quiere tener contenta.

Tiene ahora una pegatina y parece que le quema en la mano. Claro, es una pegatina. Hay que pegarla.

Así que le encuentra un hueco en mi agenda:

madre 25 (2)

“Para que te acuerdes de mí”, dice. Como si lo necesitara…

Homicidio hormiguil

Me viene Don Bimbas y me enseña a su nueva amiga.

madre 24 (1)

Encantado con su hormiga.

Deja que se pasee por su brazo. La mira, la observa. Está bastante fascinado.

Pero se cansa pronto de ella. Y se la carga.

Al poco, le pregunto como si no me hubiera enterado: “¡¿Y la hormiga?! ¿Dónde está la pobrecita, a la que cuidabas tan bien?” Pone cara de PILLADÓN.

Se tira al suelo y la busca. Y me viene: “Aquí, mamá”. Está hecha un asco, esa hormiguita. Aplastada. “Pero cariño, ¡qué pobre!” Entonces es cuando decide que ya no merece mucho la pena estar conmigo, que le hago sentir raro, una cosa parecida a la culpabilidad, y se larga.

Tracatrá

Empezar bien el día.

madre 23 (1)

La mañana de ayer, tres cuartos de lo mismo. Yuju.

Dos días después…

madre 23 (2)

Más leche tirada.

Su padre… ¡ay, su padre! Monta en cólera y despotrica lo más grande. Se pone de los puñeteros nervios. Bueno, eso él hoy. Otro día soy yo la que me pongo a jurar en arameo hasta que me quedo afónica. Desde luego, oportunidades para alternarnos en los enfados, desgraciadamente, tenemos bastantes…

Es que, de verdad, qué poco cuidado y cuánta dejadez. Qué tíos.

Una cachorra de cuatro meses

Los críos se las han visto con esta cachorra de cuatro meses.

madre 22 (1)

Jo, la verdad es que me molaría todo que tuvieran un perro.

madre 22 (2)

Maldita sea, ¿por qué necesitarán tantos cuidados?

He tenido perro. Sé lo que supone. Y no seré tan irresponsable. Hoy por hoy no me lo puedo permitir. Una vida demasiado liada como para rascar tiempo para pasear a un perro. ¡Imposible! Y tampoco me gusta la idea de dejarlo todos los días un porrón de horas solo en casa.

Pero en un futuro… La pena es que mis niños ya no serán niños. Jo.