Heredero en orden

Ay. Ay, ay, ay.

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No sé si alegrarme mucho o preocuparme mucho.

Entra El Cachorro al salón y va directo a un cuadro con fotos. Está torcido. Y lo coloca.

Él solo. Porque ha salido de él.

Y me emociono, por un lado. Pero por otro me preocupa que se convierta en un maniático como yo. Porque yo estas cosas las he heredado de mi santa madre, que deja la casa de revista. Tiene la cocina igual que cuando se la colocaron. Qué tía. Y yo ando a la zaga, sufriendo cuando me mueven algo de sitio o cuando una miga cae al suelo. Bien, no se pasa. Por eso temo estar pegándoselo a mi hijo.

Aunque luego me asomo a su cuarto y se me pasa…

El muerto de hambre

Don Bimbas pierde peso. Normal, no hay manera de que coma. Hay veces en que parece que algo le gusta y empieza bien, nosotros nos emocionamos, pero enseguida se niega a continuar. Las comidas son un coñazo y ya no sabemos qué narices hacer.

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Hoy su padre se ha llevado a los críos con su familia. Y me llama y me cuenta que han ido a comer a uno de esos restaurantes bufé… y que Don Bimbas se ha puesto MO-RA-DO.

Además, por edad él no pagaba, “y a los del restaurante no les ha salido nada a cuenta”.

“Claro”, continúa el Señor de las Bestias, “también es verdad que debía estar muerto de hambre, que lleva tres días sin comer”. Tampoco es eso, pero casi. Así que el chiquitico se ha metido entre pecho y espalda tres platos hasta arriba de gambas, croquetas, chistorra, postre y de .

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“Ha comido fenomenal, increíble”. Y no sabéis el GUSTAZO que me da que me digan esto. Lo siento por los del restaurante, pero hoy han hecho a un niño, y a sus padres, felices.

Cine soporífero

Nos vamos al cine los cuatro y, a mitad de peli, Don Bimbas decide realizar una crítica.

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Lo malo de esto es que este post lo escribo a raíz de encontrarme la foto en este día, pero no tenía nada pre escrito al respecto como suele ocurrir con mis entradas al blog y, claro, un año después no recuerdo de qué película se trataba. Porque si no sería cuestión de comprarla y ponérsela cuando se le atasque lo de tener que ir a dormir, porque mano de santo, oiga.

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Yo continúo trasladándome siendo empujada en mi silla de ruedas. Y, lejos de despertarse él yendo encima de mí, prolonga su sueño.

Se ve que también esto funciona. Hace unos días, en el Matadero…:

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En un sitio tan de cultura como este, nosotros bien podríamos haber sido un happening de la Virgen María (impedida) y el niño Jesús (agotao) del s. XXI. Aunque a los allí presentes se inclinaban más bien por que parecíamos una rumana mendiga con su hijo endrogao o con la boca abierta como si llevara un mes sin comer, pidiendo.

Pero volvamos al tema. Don Bimbas es un tipo que no necesita dormir lo mismo que los niños de su edad. O eso parecía… Nos preguntamos si le ha dado por recuperar sueño cuando, al día siguiente de la sobada cinematográfica, invitamos a una vecina amiguita de Don Bimbas a casa para jugar y…adivinad quién acaba jugando con ella…

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…y quién, al lado, amenizando la sesión con unos cadenciosos ronquidos.

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Pero, esperad que, por la noche, pronto, continúa de la misma guisa.

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¿Y al día siguiente? Al día siguiente no cena, porque también cae K.O. justo antes.

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No sé qué le pasa últimamente. ¿Le ha picado la mosca tsé-tsé?

Silla de ruedas molona

La desgracia de unas es el divertimento de otros…

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Han pillado estos por banda la silla de ruedas que me han dejado. Y ahí andan, para delante y para atrás, tronchados de la risa.

Por cierto, tal y como ocurre con el ordenador, que lo tocan y me sacan funciones que yo ni sabía que existían, descubren cosas que hace la silla de ruedas que yo ni idea, como que se mueven los reposabrazos.

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No hay como ser niño para descubrir cosas.

Ni como ser madre. Yo creo que te haces madre y aumenta tu capacidad de asombro ante la vida.

¿Vosotros os creéis que, en lo que están jugando y petardeando, intento trabajar en el ordenador, y de repente oigo “uuuuuuh”, me doy la vuelta, y veo esto?

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Don Bimbas haciendo de fantasma. De fantasma nudista. O sea.

Pero volvamos a la silla… Más tarde, decidimos dar un paseo. Aquí ya está el padre de las criaturas con nosotros. Otro que tal baila.

Ha sido salir del portal, los críos en bici y yo en silla de ruedas, empujada por el Señor de las Bestias, y pensar “a ver cuánto tarda…”

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Pues ni 50 metros.

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El Señor de las Bestias se ha picado con los críos, y hale, ya tenemos la carrera montada en medio de la calle. Mis hijos con sus bicis y el Señor de las Bestias corre que te corre intentando ganarles conmigo y mi silla.

Va a acabar volcándome, lo sé.

Por adelantado

Estoy tanto erre que erre con El Cachorro con que haga la tarea en primer lugar o, si hay un puente, el primer día del puente, o el viernes por la tarde del fin de semana, para quitársela, que ya se ha cascado mi dibujo del Día de la Madre, que es en ocho días. Por hablar.

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Lo de dar sorpresas no es lo suyo.

Y tampoco se puede decir que haya dado en el clavo con la temática…

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Lo arregla en el reverso. Me pregunto si ya lo tendría dibujado para otra cosa y lo ha reciclado limitándose tan solo a añadir lo de detrás… Hummm, I suspect.

– Para mamá se escribe separado, cariño – le indico.

Y coge y pone una raya separadora.

¿Puede haber en la historia de los dibujos del Día de la Madre de hijos a sus mamás, un dibujo hecho más por compromiso y con más desgana que este?

Hacerse el sueco

Se pone Don Bimbas a fisgar en mi bolso, saca esto y dice:

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“¿Eto qué ez?”

Así, en plan inocentico. Con vocecita. Ja, ja, ja. “¡Sabes perfectamente lo que es!”, le digo, “¡bandido! ¡Deja eso donde estaba!”

Y lo ha dejado. Pero ha seguido hurgando y ha dado con más ítems de mi cargamento secreto…

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Creo que tiene un olfato hiperdesarrollado para ciertos elementos. Como un perro trufero. En cualquier caso, debo enseñarle rauda en qué consiste la propiedad privada.

Cara dentada

Don Bimbas solo sabe dibujar una cosa: esta cara.

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Siempre. Lo mismo. No sale de ahí.

Pero hoy ha introducido una variante. Me dice: “Mira, dientez”.

Con estos avances, para cuando dibuje un monigote entero ya tendrá pelos en los huevos estará haciendo la Selectividad.

Mi hijo me rechaza

Se pone Don Bimbas a ver la tele, se coloca en la esquina del sofá, y se parapeta con un cojín. Es su manera de ver dibujos favorita.

Pero llego yo, y quiero darle mimos. O que me los dé a mí.

– Ven aquí conmigo.
– No.

Y voy a petardearle.

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Salvo su cojín-barrera, al que se está agarrando como si fuera un escudo y lo separa de mí, asiéndolo más fuerte. Le doy besitos y apoyo mi cabeza en su hombro. Enseguida me hace ver lo mucho que le peso. Le molesto, vaya. Y se zafa. Yo protesto.

– ¡Que quiero estar contigo!
– Po qué.

Inmutable.

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¿Por qué me castiga con el látigo de su indiferencia?

Don Bimbas tiene secretario

Tengo tutoría con la profe de Don Bimbas. Me recibe con un: “Pues ya ha salido del tiesto”.

Jaaaaaaaaa.

– ¿Qué te dije? – le pregunto – ¿te dije que todavía no había sacado su carácter, y que sería porque no tenía confianza?
– Sí, sí, si ya me acuerdo que me advertiste…

Y también conté aquí el mes pasado que ya había empezado a enseñar la pezuña, sorprendiendo a sus profesores, que estaban convencidos de que era un bendito que no conocía la malicia, un ser de luz.

Porque a principios de curso, diría además que durante todo el primer trimestre, las noticias que me llegaban de mi hijo eran que qué tierno, qué tímido, qué obediente, qué formal… Que decía yo. “Soy la madre de Don Bimbas, ¿eh? ¡A ver si me estáis tomando por la de otro!” Pero no. Me hablaban de mi hijo. Y a mí que obedeciera, que no se negara a hacer cosas, que no se bloqueara, que no gritara, que no se enfurruñara, que no… que no hiciera todo lo que hace conmigo me tenía patidifusa. Y supuse que era porque no había cogido confianza. Porque en el fondo es un gran tímido.

Eso, y/o porque es una táctica, una estrategia pergeñada en su mente avanzada e hiperinteligente de supervillano. Primero los engaña dando una imagen de sí mismo dócil y manejable, inocente y achuchable. Y cuando ya se los ha metido en el bolsillo, cuando ya están confiados, cuando menos se lo esperan… zas, saca a relucir su verdadero yo.

Así que ahora me cuentan que, si le amenazan con que, si no acaba tal trabajo, no hace tal cosa, que supuestamente le debería apetecer… él se queda igual, SE LA PELA. Me cuentan que le piden que diga algo, y él se queda mirando a los ojos fijamente, y que es capaz de sostener la mirada HORAS. Me cuentan que, si alguien le toca las narices, le sacude. O sea, me cuentan mi vida con él.

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Pero en lo de pegar me he preocupado. (Bueno, me preocupa todo, porque no hay quien lo maneje). He preguntado si mi hijo se trata de un matón o algo así, si va buscando pelea, y entonces me han dicho que no. Que como no se sabe expresar, y debe notar que en ese aspecto está por detrás de los demás niños, la única manera que tiene de protestar o de defender lo suyo es arreando. Pues como hacen los niños pequeños, que como no saben comunicarse bien, lo hacen a limpio manotazo.

Y en cuanto a lo de hablar… A ver, yo últimamente he notado avances notables. Pero claro, tal y como llevaba él el asunto, un avance notable es todavía absolutamente insuficiente. Así, él ya se empieza a soltar más, charla, pregunta… Y se sigue cabreando como una mona si le hago repetir tres veces la misma cosa porque no le entiendo (y se la haría repetir más, pero él ya es cuando empieza a gritar, y es el momento en el que El Cachorro actúa como traductor. Que es INCREÍBLE cómo le entiende). Pero por hache o por be continúa haciéndose entender. O porque nos vamos haciendo a su idioma, o porque él señala o te coge de la mano y te indica lo que quiere, o porque existe El Cachorro.

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Y va y me cuenta su profe que en clase él tiene SECRETARIO. Tiene un amiguito que es quien habla por él. Si Don Bimbas se queda sin pinturas, es que no le hace falta ni pedirlas (que de hecho no lo va a hacer ni loco – eso es lo que me cuentan-), va su amiguito y dice: “A Pablo le faltan pinturaaaass”. Y como eso, todo lo demás. Ha seducido a su compañero para que sea su portavoz.

Don Bimbas con secretario. Jíbalo.

Sin ruedines

Se va el Señor de las Bestias con los críos y me manda un vídeo.

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Señores y señoras, Don Bimbas tiene 3 años y 4 meses.

Busco cuándo aprendió El Cachorro, que en su día ya me dejó alucinada perdida, pues le bastó un empujón para pillarlo. Lo encuentro y resulta que El Cachorro aprendió también un abril, un 17 de abril… de hace dos años, es decir, cuando tenía 4 años y 4 meses… ¡Con un año más que Don Bimbas! ¡Y ya me parecía que iba adelantado!

Mando corriendo el vídeo a unas vecinas. “No sé por qué te extraña tanto, este niño va a ser un super deportista”, me responde una. ¡¿Con 3 años y 4 meses?! ¿Y una bici más grande que él? Es que lo estoy flipando. “Da igual lo que haga, todo se le va a dar bien, tiene un físico brutal”. (Esta vecina fue profesora de Educación Física).

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Se ve que Don Bimbas, entre que tiene un superejemplo a seguir (su hermano), y que está hecho de otra pasta, lo va a petar como deportista. En este campo es un ser extraordinario. Un JEFE.

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Por la noche es cuando le duelen las rodillas. Una noche de cada tres. Yo creo que es porque no le siguen el ritmo…