Hormigas

El espectáculo. Han encontrado hormigas en el baño del hotel y están tan encantados que ni voy a llamar para quejarme.

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El Cachorro se hace con una. Decide que la va a sacar fuera. Le pido que cierre pronto, que hace mucho frío. Y se vuelve atrás: “Ah, no, no, no, que hace mucho frío”.

– Las hormigas no tienen frío
– ¿Por qué?
– Porque no.
– ¿Por qué no, si no tienen pelo?

Le convenzo y sale ahí a bajo cero. Y luego vuele con la hormiga en el dedo. “No le apetece”. Ah, o sea que tiene la facultad de comunicarse con las hormigas. Habla “hormigo”.

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Verás que nos la llevamos como mascota a Madrid. ¡Verás!

Mimos nocturnos

En medio de la noche aparece Don Bimbas, se mete en mi cama, pega su cara a la mía, pone su manica en mi mejilla y dice en plan melosito: “Mamiii”.

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¿Que si merece la pena tener hijos? ¿QUE SI MERECE LA PENA TENER HIJOS?

Este churrito lleva poco menos de una semana llamándonos papati y mamati y no me explico a santo de qué. Es tan mimoso y tan tierno, que ya no sabe qué hacer o decir para serlo más.

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El otro, también es fino.

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Madre mía, cuando les entran esas cariñadas, directamente me derrito. ¿Soy una moñas o nos pasa a todas? ¿Y a todos? Nos tienen bien cogida la medida, los hijos.

Más peligrosos que un mono con navaja

No sé si ir a un sitio de fondues es buena idea…

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¡Coger y armarlos así…! A quién se le ocurre. Es que no les queda otra opción que…:

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¡La lucha sin cuartel! Si hasta los entiendo…

Por cierto que, la última vez que estuvimos, fue hace dos años. He aquí la prueba.

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Mirad qué cambio…

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¿Y el pequeño? Ojo a cómo era:

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El inexorable paso del tiempo. Me cago en todo lo que se menea.

Coche aprovechado

Nos vamos de viaje. Lo hacemos como si nos mudáramos a otro país. Por supuesto, los críos realizan sus particulares aportaciones. El Cachorro se quiere llevar un coche al que habitualmente no le hace ni puñetero caso. ¿Qué sucederá para que, generalmente, ignores un juguete hasta que llega el día en el que vas a pasar un tiempo fuera de casa, y resulta que te parezca que no puedes vivir sin él? Inaudito.

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Yo le digo que no puede llevarlo, que no cabe. Me replica El Cachorro: “¡Tengo una idea para que caba!” Jaaaaa, ja, ja, ja.

La idea es que se lo lleven con ellos detrás. Lo que no sabe es que, con ellos detrás, ya va media casa…

Buceo infructuoso

Dentro de la bañera, a remojo, me quiere enseñar Don Bimbas cómo se sumerge en el agua y aguanta la respiración. Coge aire, se agarra la nariz… ¡y se la suelta justo antes de meter la cara de frente en el agua! Jaajjajaa.

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Hace cosas que no sabe para qué son y por eso no las hace bien. O sea, él ha visto que, en muchas ocasiones, la gente se agarra la nariz para sumergirse en el agua, y él también lo hace. Pero no se ha fijado en que mantienen la nariz pinzada bajo el agua. Y tampoco se ha preguntado para qué sirve. El caso es no quedarse atrás.

Las cosas se hacen bien o… la, la, laaa…

Está El Cachorro haciendo sus deberes (a punta de pistola). Como lo hace con tanta desgana, se la pela cómo escribir, que haya letras de diferente tamaño, que los espacios vayan por libre… Se me ocurre decirle: “Escribe bien y no con esa letraja chapuza. Las cosas se hacen bien o no se hacen”.

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Menos mal que es despistado y no presta atención a lo que le digo, porque con lo que le revienta hacer deberes, lo lógico es que me dijera: “¡Pues no lo hago!”

Alguna ventaja tendría que haber…

El mundo según Michael Jackson

Veo acercarse a El Cachorro con cara de hacerme una de sus preguntas existenciales. En efecto: “¿A Michael Jackson nunca se le ha caído un diente?”

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Desde que les enseñé quién era Michael Jackson, se han convertido en fanes acérrimos y todo pasa por el “filtro Michael Jackson”.

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El mundo, para mis niños, está michaeljacksonizado. Cualquier cosa que sucede en la vida gira en torno a su figura. Que si Michael Jackson hacía esto y lo otro, que por qué se ponía un guante, que si hablaba español…

Qué pena que se haya ido al otro barrio, la verdad.

A la carta

“¿Qué queréis para desayunar?”, les pregunto a mis hijos. Y me sueltan que tostadas de aceite, de mantequilla, de mantequilla y mermelada y de nocilla.

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Ni tan mal, ¿no?

Esto me pasa por preguntar.

Aunque obtengo mi recompensa. Suele suceder que no les da tiempo a comérselo todo (de hecho, a veces solo una o dos tostadas, o ninguna) y tengo que ir yo en plan coche escoba, a zamparme lo que han dejado. Hasta las migas.

Estar, oficialmente, en la inopia

Llegan las notas de El Cachorro del cole. Son las del segundo trimestre. Y me fijo en que todas tienen un factor común…

Estas son las notas de las asignaturas normales.

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“Concéntrate más”, le aconseja su profa…

Y tenemos también las de las extraescolares.

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“A la hora de prestar atención le cuesta un poquito”, dice su entrenador de tenis.

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La profesora de teatro opina que “debería concentrarse más”.

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Y en judo esperan “que consiga distraerse un poquito menos”.

Es que no se centra HAGA LO QUE HAGA. Decididamente El Cachorro vive en un mundo paralelo (Inopia, se llama). Un mundo interior que lo mantiene alejado de esta realidad.

Ya podría existir la clase de “capacidad de dispersión”. Este niño sacaba matrícula de honor.

¿Tendrá el déficit de atención ese?

Pollos remojados

Sacan mis padres a sus nietos de paseo y, de vuelta, cuando tocan al timbre de la puerta, al abrir nos encontramos con este panorama:

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Nos los devuelven como pollos remojados, chitos perdidos. “Ha empezado a llover de repente, con una furia tremenda, y nos ha pillado de lleno”, se excusan. Unas caricas, niños y abuelos… menuda estampa. Parecía que los habían tirado vestidos en una piscina.

¿Importarles a los peques? Ni una miaja. Alucinante cómo ni siquiera son capaces de sentirse incómodos. Yo meto el pie en una baldosa trampa con charco traicionero y ya me amarga para todo el día. A estos les cae una chupa de agua y aún van debajo de un canalón a ver si se acaban de ahogar, y tan felices.