Como una patena

Si fuera vosotras, entraría en el baño detrás de mí y mis hijos. Con tal de que no se sienten en una taza salpicada de pis, me casco una limpieza exhaustiva.

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Si no hay un grifo cerca en el que mojar el papel higiénico, escupo en la taza. Y paso el papel por encima. Que a veces El Cachorro me echa en cara: “¡Hala, saliva, qué asco! ¿Por qué escupes?” Y entonces yo le digo que qué prefiere, sentarse sobre gotas de pis de desconocidos o sobre una taza que se ha limpiado con saliva y se ha secado.

Por no hablar de que la saliva, de toda la vida, es el desinfectante natural. Tú te haces una herida contra un suelo lleno de piedrecitas sucias, y ¿qué haces? Chuparte. Y remediado todo. Pues, hale, a ensalivar la taza.

Pero vamos, menudos restregones. Me empleo de lo lindo. Paso y repaso encima y por los bordes, exteriores e interiores. Dudo que me quedara más limpio con lejía y un estropajo. Envidio a las que entran detrás de nosotros, la verdad.

Atrapados

Se lleva a los críos en el “coche verde” el Señor de las Bestias y me manda esta foto.

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En medio del río.

Febrero, un pelete que para qué, y descalzos.

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Atrapados, porque… NO-PUEDEN-SALIR.

Y están en algún lugar indeterminado de la provincia de Guadalajara.

¿En qué momento pensé que tener hijos con el Señor de las Bestias era una buena idea?

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Para mis hijos, estupenda. No paran de vivir aventuras. Luego que en la vida normal se aburren…

Son para verte mejor…

Estoy yo en mi cuarto de estudio y El Cachorro en el salón. Colorea una página en la que a cada color le corresponde una letra.

– Mamá, ¿dónde está la ese?
– Pues búscala tú.
– Jo, no, ven tú qué tienes unos ojos más grandes…

Grandes como un búho se me ponen al ver el otro dibujo que ha hecho…

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¿No es fantástico?

Espera, ¿es un búho o Drácula en modo murciélago?

Este niño dibuja mucho menos de lo que a mí me gustaría. Qué lástima.

Trucos inútiles y hermanos mayores útiles

Es mítica la aversión que tiene Don Bimbas a lavarse los dientes. Yo intento echar mano del truco. Sí, ese que en vez de decirle: “¡Pues te tienes que lavar los dientes!”, le das a elegir: “¿Te cepilla los dientes mamá o lo haces tú?”

Funcionaba con El Cachorro y funciona con casi todos los críos. Menos con mi pequeño. Mi hijo contesta “no” y “no” y se ha acabado lo que se daba.

Yo, claro, insisto.

– ¿Lo hace mamá?
– No.
– ¿Lo quieres hacer tú?
– No.
– Pues mamá, trae.
– No.
– ¿Quién?
– Simón.

Uy, pues si jamás lo ha hecho. “¡Pero si yo no lo he hecho!”, dice El Cachorro. “Venga, va, hazlo tú”, le pido.

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Y ahí que se han apañado los dos.

(Don Bimbas dice que quiere que le cepille los dientes su hermano porque es el que estaba al lado, solo y únicamente por que no me saliera yo con la mía. Llega a estar una avutarda, y hubiera dicho que prefería que le lavase la piñata la avutarda).

Mecagüen el crío

Hace ya… diría que un año o dos, el primo mayor de El Cachorro le regaló una copa trofeo. Una que le dieron por algún acontecimiento deportivo. No tenía su nombre y, como todas las copas, era pesada y un poco fea. Un armatoste.

Estuvo un buen tiempo con nosotros. Al principio El Cachorro le hacía bastante caso. Luego la olvidó.

Era una copa que ocupaba, que no dejaba cerrar el cajón donde se guardaba. Que molestaba. Y que al no tener ni nombre ni nada, me parecía que no tenía casi ningún valor simbólico ni sentimental.

Yo de vez en cuando tiro cosas…

Supongo que sabéis por dónde voy.

Cuando no encontró la copa, El Cachorro estuvo unos días preguntando por ella (vaya, hombre). Y yo contestaba, llena de culpa, y aprovechando que deja las cosas tiradas por ahí, “no sé dónde la habrás metido, hijo”.

Y aquello pasó.

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Hoy, pues como un año o más después, me viene y me salta:

– ¿Dónde está la copa de los primos?
– No sé. Hace tiempo que no la vemos. Yo creo que ha desaparecido.
– No existe la magia. La magia es fantasía.

Me ha pillado con el carrito del helado. ¿Por qué no habrá heredado mi falta de memoria?

Pues os digo que esa copa no se le olvidará nunca. Si lo sé. Esa será mi penitencia.

Emociones a voluntad

Observad la cara de Don Bimbas cuando se enfada (anda, qué extraño) pero le haces reír.

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Jaajaajaja. Ojo con el enfadica. Vaya careto de “Me enfado por fuera y me río por dentro” total. Y más nos vale que le ocurra eso, que le entre la risa, porque, de un plumazo, se olvida del enfado y se troncha.

Porque luego están las veces que le intentas hacer reír y se cabrea por eso mucho más, y grita de la rabia intensa que le da, y se pone rojo y explota. Entonces está inaguantable. Pero el cuco de él controla cuándo ser inaguantable y cuándo ser todo lo contrario. Eso ya lo sabéis mis lectores habituales… Por ejemplo, después de esta performance del cabreo mientras comíamos, nos vamos a una atracción del centro comercial donde nos encontramos. Mientras El Cachorro se pensaba lo de subirse en ella, con algo de temor, el otro, que creo que no tenía permitida la entrada por no llegar a la edad estipulada, pero cualquiera le para los pies, ya se había agenciado una niña mayor desconocida que lo ayuda a subir (al principio, porque enseguida le coge el tranquillo y sabe subir solo perfectamente) hasta el tobogán y luego se tira con él.

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O sea, Don Bimbas quiere algo, elige un siervo para que le ayude, y lo consigue. Vaya arte que tiene mi rubio, ¡vaya arte!

La fuga

¿Qué está buscando el Señor de las Bestias?

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¿Qué ha perdido?

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¿Qué se le ha escapado de uno de estos terrarios?

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Équili. Una falsa coral.

Encontrarla tiene su enjundia, como veis.

Y, claro, ahora que vuelve a estar entre nosotros, no puede faltar para el baño…

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La monda, todo. Las imágenes hablan tan por si solas que no sé ni qué escribir en este post, no os digo más.

(Y no os digo más, de verdad).

Reaccionando

En el cole hay un niño de estos abusones que tiene a El Cachorro mártir. Yo veo que él no le planta cara, y me pongo negra. Le doy ideas para que le suelte al crío, a ver si así lo deja en paz, pero parece que no funcionan. Supongo que no las pone en práctica o es que a su manera no resulta convincente.

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Pero hoy me cuenta una variante en la rutina entre ese niño y él. Me dice: “Hoy Héctor (nombre ficticio) me ha dicho “eres un mierda” (qué ricura, el puñetero crío). Y yo le he dicho “más mierda eres tú””.

¡BRAVOOOOOOOOOOOO! ¡MI HIJO CONTESANDO COMO DEBEEEEEE!

Esto hay que celebrarlo.