Ya empezamos

Me pongo mala con lo de los trabajos. Encima me lo dan el viernes para que lo presente el lunes. ¿Me han preguntado si tengo planes este fin de semana? No, ¿no? Pues los tengo. Y no entra lo de cascarme un trabajo que no es propio de un niño de 3 años.

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Qué manía con los puñeteros trabajos.

Porque cuando digo, “me lo dan” o “me lo mandan”, es porque siento que es a mí a quien le ponen deberes. Bueno, no es una cuestión de sensaciones, es que mi hijo no está capacitado para hacer nada de esto. No sabe lo que son los Juegos Olímpicos, ni cuando yo le haga su trabajo lo va a saber. No sabe dónde estaba Olimpia, ni dónde está Grecia, ni España, ni Madrid. No sabe calcular el tiempo. No sabe dibujar nada, ni escribir. No sabe hacer manualidades. Es decir, me mandan deberes directamente a mí.

Es que, ojo al nivel del libro de texto que tiene. Insisto, mi hijo calza tres añitos. En su caso, además, cumplidos en diciembre. Pero, vamos, ni aunque tuviera seis. Atención:

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¿Hola? Ni yo sé cómo se llaman estos objetos, y eso que me gusta la arqueología y la historia. Es TAN absurdo…

Pero bueno, no me queda otra que apechugar. ¿Cuándo? Yesssssssss: el domingo a las 23 h. A ver qué trabajito ideo…

Ya a principios de curso, en previsión, se me ocurrió acumular en una caja objetos susceptibles de ser usados en trabajos.

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El cartón de los rollos de papel higiénico o del de cocina, chinchetas, maderas, cartones duros… Al final, sé que les encontraré alguna utilidad.

Hallo la parte de arriba de una botella de leche que cortó el Señor de las Bestias en su día para fabricar un tirachinas: le encajas un globo en la boca pequeña y, cuando le metes una piedra y estiras, sueltas y voilá, zurriagazo que metes (aquí, dando ideas). La uno al cartón de un rollo de papel de cocina y lo forro con papel de plata.

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De cartones de rollos de papel higiénico hago llamas:

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Y me fabrico una antorcha olímpica.

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En cuanto al origen y la actualidad de los JJ.OO., en un panel de cartón dibujo lo mismo, pero con sutiles diferencias…

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Qué lástima, con lo bien que dibujaba yo y ahora resulta que sí que parece que lo ha hecho mi hijo de 3 años…

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El de 6 también podría hacer los trabajos de su hermano.

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No hay como ser madre (y llevar a tus hijos a un cole que manda deberes –“trabajos”, los llaman ahora- como por un tubo) para regresar a la infancia.

Escaparates que molan

Estos son como yo. Yo no me paro en los escaparates de joyerías, o en los de ropa, o en los de decoración… me paro en los de las pastelerías. De verdad, me flipan. Sus pastas colocaditas, sus coberturas derretidas y solidificadas, sus brillos caramelizados, la finura de los hojaldres, la esponjosidad de los bollos, la delicadeza de los pasteles, tartas que son un espectáculo, tarrinas que contienen joyas, bombones que parecen soldados de fantasía… Los escaparates de las pastelerías, además, huelen a amor puro.

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Y parece que he transmitido esa pasión a mis vástagos. Nos teníais que oír.

– Yo éteeeee – elige Don Bimbas. Es una tarrina como de mousse de tres chocolates con lacasitos por encima.
– Yo este – dice El Cachorro. Se trata de una tarta abizcochada tipo brownie, chocolate puro y duro. Es que es impresionante lo adicto al chocolate que es. Sin nada. Sin fresa, nata, almendras… Cho-co-la-te. Punto.
– Pues mi favorita sería esta tarta – y señalo una que parece ser de chocolate blanco con naranja por encima.

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Y ahí los tres, salivando, como si no nos hubieran dado de comer en una semana. Y eso que uno estaba masticando una palmera de chocolate y el otro un lazo de chocolate…

Chivato, acusica

Es el punto de la mañana. Voy a llevar a los peques al cole. Por su parte, el Señor de las Bestias va para su trabajo y anda dejando un reguero de trocitos de barro seco que llevaba adheridos a sus botas por donde pasa. Hay tierra dentro de casa… y fuera. En el descansillo, sin ir más lejos.

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“¡Halaaaa!”, exclamo cuando salimos los cuatro de casa, con él en cabeza, “mira cómo estás dejando esto”. Él baja al garaje a por el coche, y los niños y yo nos paramos antes en la planta baja. Al salir a la calle, nos cruzamos con el portero y con la mujer que se encarga de la limpieza. En esto que veo a El Cachorro que se para a hablar con ella. “¡Correeeeee, que vamos con prisaaaaaa!”, le apremio. Pero él parece tener algo importante que decirle.

Cuando dejo de gritarle que venga corriendo, oigo parte de su conversación: “Es en el uno, hay que limpiar, mi papá ha dejado trocitos de barro”. Le está dando las directrices de dónde se encuentra el barro: en nuestro piso.

Se lo cuento al padre más tarde y el chivatazo de su hijo no le cae lo que se dice bien: “¡Qué cabrón!”, exclama. Claro, su hijo lo ha puesto en evidencia. Pues a ver si espabila, porque no es la primera vez que le pasa y se hace el longuis. Es el rey del escaqueo y del disimulo.

¿Y quién acaba barriendo el barro cuando vuelve de dejar en el cole a sus críos? Claro, la menda lerenda.

San Antón se reproduce

Un año más, San Antón. El año pasado llevamos a dar las vueltas a una oveja… preñada. Este año, a ella y a su retoño, Oscar.

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Somos como muy de tradiciones.

Por supuesto, los metemos en la iglesia.

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Y por supuestísimo, aquí el padre de las criaturas, es entrevistado para “Madrid Directo”.

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Porque pasar desapercibidos, no va con nosotros.

Mientras, yo compro, como cada año, los panecillos de San Antón. Los guardo con dinero para que nunca me falte… Un ritual que, desde que hice el reportaje para “Instinto Animal” de Telemadrid en 2010, siempre hago. Desde entonces, no me pierdo un San Antón ni sus panecillos jamás.

El intérprete

Nos bajamos del coche para ir hacia el cole. Don Bimbas se queda atrás, parado. Me acerco.

– ¿Qué pasa, peque? ¿Por qué no andas? ¡Camina, vamos a llegar tarde!
– I shaooo – contesta.

¿”I shao”? No tengo registrado eso.

– Venga, cariño, que no llegamos.
– I shaoooo.

Y dale.

– ¿I shao? ¿Qué es eso? ¿Te falta algo? ¿Quieres llevar tú la mochila?
– ¡No, i-shao! – así, como con pausa, para que me entere: i-shao.
– Madre mía. ¡No te entiendo, hijo, venga, va!

Y salta El Cachorro, hastiado: “¡¡Que está cansado!!”

Qué haríamos Don Bimbas y yo sin él.

Jobar, “i shao”, tú. Y eso que durante las Navidades he observado que se va soltando con lo de hablar, que dice algo más y que se le entiende algo mejor. Pero, vaya, anda que no le queda.

Así que lo he tenido que coger aúpa, al cansado este.

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Es demasiado, el tío.

Hedonismo

Vamos conduciendo a dos por hora bajo la nieve. Y mis pingüinos me piden cosquillas. Alargo mi brazo hacia atrás y se las hago en los piecillos. Pero me canso de tener ahí el brazo en vilo y paro. Para distraerlos, comento:

– Fijaos en lo bonito que está todo con nieve.

Y salta El Cachorro:

– Es más bonito si me rascas el pie.

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Toma, morena.

Actos inconscientes de hercúlea magnitud

Vamos en el coche y tengo, una vez más, a El Cachorro dando patadas en el asiento.

– Simón, no des patadas – le digo por decimocuarta vez.
– ¡Noooo, tengo muchas ganas! – contesta – ¡Yo quiero dar patadas! ¡NO PUEDO PARAR! ¡Mi cerebro dice que dé patadas! No me puedo aguantar. Jo, déjame solo con la punta. ¡Aaaay, me dan las ganas! ¡Es que tengo muchas ganas!

¿¿Vosotros os creéis??

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La de veces que me viene, cuando le digo que deje de hacer algo, con lo de “¡¡es que no me puedo aguantar!!” Jaajaja. He aquí el niño dominado por sus instintos.

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Vamos a ver qué nos depara la vida con eso de que no puede controlar su propio cerebro… Y habrá que estar atentos a las voces. Que no le vayan a decir truculencias.

Como desees

Ha llegado el día en el que mis hijos tienen que empezar a adquirir cultura cinematográfica viendo una obra maestra del celuloide.

“La princesa prometida”.

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Al igual que le pasa al crío de la peli con el cuento de su abuelo, no parecían muy convencidos al principio. Pero luego, miradlos. Clavaos en el sofá. Menos mal, si no hubiera tenido que repudiarlos.

Hemos visto a Íñigo Montoya decir aquello de “hola, soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir”. Y hemos visto el acertijo. Y hemos visto cómo él le decía a ella “como desees”. En definitiva, en qué consiste el amor verdadero.

Los pelos como escarpias, me pone esta peli siempre.

Y creo haber conseguido dos fanes más.

Organizadores de eventos

Están en casa la vecina, que tiene la misma edad que El Cachorro, y su hermano dos años menor. Fue el cumple del crío en diciembre y, como no lo celebró en la urbanización, su hermana mayor y mi hijo, van y le organizan uno aquí, con guirnaldas y todo.

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Si así está la puerta de entrada al cuarto de El Cachorro, imaginad por dentro. Me pego una semana quitando trocitos de cello de puertas de armario y cajones.

Todo sea por la felicidad de ese niño.