San Antón se reproduce

Un año más, San Antón. El año pasado llevamos a dar las vueltas a una oveja… preñada. Este año, a ella y a su retoño, Oscar.

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Somos como muy de tradiciones.

Por supuesto, los metemos en la iglesia.

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Y por supuestísimo, aquí el padre de las criaturas, es entrevistado para “Madrid Directo”.

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Porque pasar desapercibidos, no va con nosotros.

Mientras, yo compro, como cada año, los panecillos de San Antón. Los guardo con dinero para que nunca me falte… Un ritual que, desde que hice el reportaje para “Instinto Animal” de Telemadrid en 2010, siempre hago. Desde entonces, no me pierdo un San Antón ni sus panecillos jamás.

El intérprete

Nos bajamos del coche para ir hacia el cole. Don Bimbas se queda atrás, parado. Me acerco.

– ¿Qué pasa, peque? ¿Por qué no andas? ¡Camina, vamos a llegar tarde!
– I shaooo – contesta.

¿”I shao”? No tengo registrado eso.

– Venga, cariño, que no llegamos.
– I shaoooo.

Y dale.

– ¿I shao? ¿Qué es eso? ¿Te falta algo? ¿Quieres llevar tú la mochila?
– ¡No, i-shao! – así, como con pausa, para que me entere: i-shao.
– Madre mía. ¡No te entiendo, hijo, venga, va!

Y salta El Cachorro, hastiado: “¡¡Que está cansado!!”

Qué haríamos Don Bimbas y yo sin él.

Jobar, “i shao”, tú. Y eso que durante las Navidades he observado que se va soltando con lo de hablar, que dice algo más y que se le entiende algo mejor. Pero, vaya, anda que no le queda.

Así que lo he tenido que coger aúpa, al cansado este.

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Es demasiado, el tío.

Hedonismo

Vamos conduciendo a dos por hora bajo la nieve. Y mis pingüinos me piden cosquillas. Alargo mi brazo hacia atrás y se las hago en los piecillos. Pero me canso de tener ahí el brazo en vilo y paro. Para distraerlos, comento:

– Fijaos en lo bonito que está todo con nieve.

Y salta El Cachorro:

– Es más bonito si me rascas el pie.

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Toma, morena.

Actos inconscientes de hercúlea magnitud

Vamos en el coche y tengo, una vez más, a El Cachorro dando patadas en el asiento.

– Simón, no des patadas. – le digo por decimocuarta vez.
– ¡Noooo, tengo muchas ganas! – contesta – ¡Yo quiero dar patadas! ¡NO PUEDO PARAR! ¡Mi cerebro dice que dé patadas! No me puedo aguantar. Jo, déjame solo con la punta. ¡Aaaay, me dan las ganas! ¡Es que tengo muchas ganas!

¿¿Vosotros os creéis??

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La de veces que me viene, cuando le digo que deje de hacer algo, con lo de “¡¡es que no me puedo aguantar!!” Jaajaja. He aquí el niño dominado por sus instintos.

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Vamos a ver qué nos depara la vida con eso de que no puede dominar su propio cerebro… Y habrá que estar atentos a las voces. Que no le vayan a decir truculencias.

Como desees

Ha llegado el día en el que mis hijos tienen que empezar a adquirir cultura cinematográfica viendo una obra maestra del celuloide.

“La princesa prometida”.

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Al igual que le pasa al crío de la peli con el cuento de su abuelo, no parecían muy convencidos al principio. Pero luego, miradlos. Clavaos en el sofá. Menos mal, si no hubiera tenido que repudiarlos.

Hemos visto a Íñigo Montoya decir aquello de “hola, soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir”. Y hemos visto el acertijo. Y hemos visto cómo él le decía a ella “como desees”. En definitiva, en qué consiste el amor verdadero.

Los pelos como escarpias, me pone esta peli siempre.

Y creo haber conseguido dos fanes más.

Organizadores de eventos

Están en casa la vecina, que tiene la misma edad que El Cachorro, y su hermano dos años menor. Fue el cumple del crío en diciembre y, como no lo celebró en la urbanización, su hermana mayor y mi hijo, van y le organizan uno aquí, con guirnaldas y todo.

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Si así está la puerta de entrada al cuarto de El Cachorro, imaginad por dentro. Me pego una semana quitando trocitos de cello de puertas de armario y cajones.

Todo sea por la felicidad de ese niño.

El orden de los factores…

Hora de la cena.

Los niños suelen cenar antes que yo. Yo lo hago, o poco después, pero solapándome, o directamente cuando están dormidos. O en dos partes.

El Cachorro ya había comido su tortilla de salchichas y su plátano de postre. Y he llegado yo con mi primer plato. Ha sido ver mi tomate de ensalada… y reclamar un plato para él.

Se lo he puesto.

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Don Bimbas, por su parte, ha venido a la cocina a por su postre. Ha elegido yogur de galleta. Cuando me asomo al salón y llevaba comida más de la mitad del yogur, me fijo en que su tortilla, ni tocar. Le digo que nanay, le quito el yogur y le digo que ya se puede ir comiendo la tortilla. Lo hace. Y luego, como es lógico, la otra mitad del yogur que le quedaba.

Vaaya mejunjes…

Un niño especial

Le monté un pollo del patín a El Cachorro cuando, por hacer el canelo jugando con mi peine dándole golpes, rompió una púa.

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El pollo no es por el peine, que creo recordar que era de propaganda, es por el poco respeto que tiene a las cosas, las suyas y las de los demás. Eso es lo que me enerva. Que coja cosas que no son de él sin preguntar, que juegue con cosas que no son de él sin permiso, que no tenga cuidado con las cosas en general, sean o no sean de él. Me canso de repetírselo, además. Así que me da lo mismo si es un peine que si es un jarrón de la dinastía Ming. Cogió algo que no es suyo para hacer el cafre y lo rompió.

Hoy al levantarse coge y me dice: “Mamá, cuando se me caiga el diente al ratoncito Pérez le pondré debajo de la almohada para que se entere que quiero un peine para mi mamá”.

SOY UNA AUTÉNTICA PRIVILEGIADA PORQUE TENGO EL NIÑO MÁS BONITO DEL MUNDO.

Me rompe peines, pero no es más perfecto porque ES IMPOSIBLE.

¿Queréis otra muestra? Tengo para dar y tomar:

Entramos al portal El Cachorro, Don Bimbas (bueno, Don Bimbas estaba enfadado al lado del coche y no había quien lo moviera, en su línea) y yo, y nos topamos con una vecina/amiga y su hija, que es casi un año menor que mi pequeño y se llevan ambos a las mil maravillas. Recurro a la chiqui para que convenza a mi tozudísimo para que entre en casa. Al final entre ella, El Cachorro, un niño mayor que pasaba por allí y mi vecina, consiguen que Don Bimbas se digne a entrar. Y cuando íbamos a empezar a pegar la hebra, la cría dice que tiene sed, y su madre dice que van a tener que subir a casa porque lleva un buen rato pidiendo agua.

Yo no tengo agua encima, pero sí recuerdo la botella de agua que cada día lleva El Cachorro en su bolsa de deporte. Sin embargo, mantengo esa información en secreto, más que nada porque no es mi botella y porque sé que a mi hijo le dan asco las babas de los demás. Se pone malo cada vez que hago que compartan una bebida su hermano y él. Es muy escrupuloso. Así que lo encubro. Total, la cría va a llegar a su casa en segundos…

Y en esto que, conociendo el problema que teníamos entre manos, El Cachorro se acerca a su bolsa (que llevaba yo colgando), coge su botella de agua y se la da a la niña.

ME-LO-CO-MO.

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Esa niña no es consciente del gesto que ha tenido mi hijo con ella.

Luego ella le ha dicho “gracias”. Y él ha dicho “de nada” y acto seguido le ha pasado la mano y la manga a la boca de la botella. Poooooobre, qué mal lo ha tenido que pasar viendo cómo babeaban su botella. Porque no ha sido solo la niña, Don Bimbas al verla, también ha tenido que beber.

Mi vecina: “Es que es un niño muy especial”:

Y lo es. Lo es.

Más difícil todavía

La madre que lo parió. Va el Señor de las Bestias de frente a unas escaleras mecánicas DE BAJADA y, en vez de seguir el trayecto natural, adopta la siguiente postura.

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Vaya manera de colocarse para bajar las escaleras mecánicas con un carrito de niño, con niño.

O sea, cuando ha llegado, en vez de tirar y poner el carro recto y sujetarlo recto bien fuerte en el momento en el que el escalón de delante se baja, coge el tío y se pone de culo, entra él primero en las escaleras, pone el carro también de espaldas a la pendiente, cuando la escalera baja la parte de la cabeza del niño se va para abajo, los pies ascienden, que no se da la voltereta de milagro, y hala, a aguantar el tirón.

Aaaay, Señor, cómo sale a relucir la falta de costumbre…