Elegancia

En esta casa se despide el año y se da la bienvenida al nuevo, por todo lo alto.

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Creo que es la segunda vez que celebramos Nochevieja aquí, así que no tengo muchos recursos para ello. Ni para decorar la mesa con vajilla ni mantel específicos navideños ni para preparar comida como las delicias que hace mi madre, que yo quiero volver a casa por Navidad solo por comer lo que cocina.

Pero toca en casa y creo que, al menos estéticamente, estoy a la altura. Sobre todo, en las vestimentas…

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Con dos hijos pequeños ya no hay mucha ocasión para ir a fiestas de postín nocturnas. Hoy estreno el vestido (y ropa interior roja y regalada).

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Y lo estreno para la foto. Lo mismo que para la foto son las pajaritas de los críos. No adivinaréis nunca a quién casi le sale urticaria de obligarle a llevar la pajarita…

Una vez que ha quedado constancia de lo monos que podemos llegar a estar, fuera pajaritas y fuera tacones. Y al lío.

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¡Cuidado, que suenan los cuartos!

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Y, ya sabéis, oro en el champán…

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Y a brindar por un… ¡¡Feliz año nuevo!!

La vida regalada

Nada, otra muestra más de lo fácil que es la vida para Don Bimbas. Paro en una gasolinera de pueblo. El Cachorro está sobadísimo. Echo gasolina y voy a ir a pagar, pero Don Bimbas me avisa de que tiene pis. Lo bajo. Hacemos pis. Cuando voy a pagar me doy cuenta de que me he dejado el tarjetero dentro del coche. Así que le digo, delante del tipo de la caja: “Quédate aquí un segundo, que voy al coche y vuelvo”. Al volver, Don Bimbas, con dos piruletas. Le pregunto que de dónde las ha sacado y el gasolinero, asustado:

– ¿Puede comerlas?
– No, si se lo pregunto por si las ha mangado o algo…

Qué va. El pequeño ya lo había engatusado, así a ojo de buen cubero, en cuestión de trece segundos, que es lo que he tardado yo en ir y volver del coche. En serio, ¿cómo lo hace?

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Confieso que me da envidia.

La realidad no siempre supera a la ficción

El Cachorro busca quien juegue con él. Estamos todos ocupados. Pero él persevera:

– ¿Quién lucha conmigo? ¿Abuelo?
– No, que eres muy bueno y me vas a atravesar.
– ¡Joo, si es de mentira!

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Al rato, se me acerca Don Bimbas como un zombi, yo hago que me asusto de lo lindo, y para él debe ser tan convincente mi interpretación que salta:
“¡Mamá, i yooo!” (¡Mamá, soy yo!)

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¿No es la inocencia lo mejor que hay?

Día de los Santos Inocentes

Soy bastante fan de este día. Hoy, meditando sobre cómo puedo sacar provecho de mis particulares facultades, he pergeñado la siguiente inocentada:

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¿Será niña esta vez? #dondecomendoscomentres #alaterceravalavencida #restartgame #3rdround #Amayaispregnant

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Unas horas más tarde, confesaba.

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Me voy a quedar sin batería y, antes de que esto se me acabe yendo de las manos del todo, creo oportuno informaros de que sois todos muy ¡¡INOCENTES!! Aaay, si fuera la primera vez que lo hago… Qué monos que sois, os adoro.
Por lo demás, reconozco que durante unas horas he disfrutado de mi embarazo.
¡¡QUE VIVA EL TURRÓN!!
#inocentada #embarazofake #sacoymetotripacomonadie #barrigóndepolvorón

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Sí, tengo una tripa que crece y mengua (más o menos) a voluntad. Había que sacarle partido en un día tan señalado…

(Cómo han picado, ¡cómo han picado!)

Jo-Team

Me pongo a desayunar tarde (muy tarde) y cuando me preparo mis quince tostadas con mantequilla y mermelada de higo, se ponen todos a mangarme. Claro, es pasado mediodía y ya es hora del tentempié para quienes han desayunado de par de mañana. Así que, como todas las mañanas en Pamplona (es aquí cuando me puedo levantar tardísimo porque tengo canguros de mañana que se encargan de mis hijos), vienen Mustafá y Zangalotín a gorronear.

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Y cuando entra en la cocina mi padre, alarga la zarpa y también me choricea una tostada. “Jo qué panda”, exclamo. Y salta El Cachorro: “¿Quién es ahora la Madre Jo?” Ja, ja, ja. No pierde ocasión. Yo siempre le digo, de lo protestón que es, que lo es y mucho, que es el “Niño Jo”. Y ahora él contraataca. “Madre Jo”, por piar.

Carreras honorables

En el circuito de carreras, Don Bimbas encuentra un contrincante a su altura. Un niño algo mayor que él que corre con la moto esa que se las pela (haciendo trampas, porque corría sin estar apoyado en el asiento). Se pican (sanamente, porque no veo yo que ninguno de los dos se enfade porque el otro le sobrepase), se buscan, y si se cae uno el otro va detrás. Pero en una de las carreras que estaban echando, Don Bimbas por detrás, que es lo habitual entre estos dos, al otro se le cae el casco que llevaba y él, lejos de aprovechar la circunstancia para adelantarle, para en seco su moto, recoge su casco y se lo da.

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Un verdadero pacto entre caballeros. Si esto no es la esencia de la deportividad, que venga alguien y me lo explique.

En otro lugar del recinto donde nos encontramos, acontece otra carrera…

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Seis años ya en este mundo, en pleno siglo XXI, y es hoy cuando mi hijo ha tenido su primer contacto con una consola.

El coche, por supuesto, iba todo el rato en la “dirección incorrecta”.

Pues yo que casi prefiero que no le haya ido bien, que se vive fenomenal sin saber, como yo, qué es la PS3, la Nintendo, la Wii y tal (si es que no son la misma cosa). Me inclino por las atracciones de siempre, que no atontan.

Me sé de uno que no solo no se atonta, sino que espabila cosa mala… En el carrusel, Don Bimbas, que lleva ya como seis viajes y ya le quedan pocos aparatos por probar, decide ir a la nave espacial.

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Una que ya estaba ocupada por otro niño. Ya sabéis que normalmente estos cacharritos son de dos plazas. Si no lo sabéis, Don Bimbas sí. Así que él quería subirse ahí y eso es lo que ha hecho, importándole nada y menos que ya estuviera pillado. Llega a ser El Cachorro y ve que ya hay alguien, no ya montado, sino que se ha fijado en el mismo, y pone pies en polvorosa. Y a este, se la trae floja. Viaja bien y no mires con quién.

El zombi payaso

Uno tomándose la lucha con sable láser superenserio…

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… y el otro haciendo el payaso.

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Poniendo caretos mirando a cámara.

La forma de encarar las luchas del pequeño son la bomba. Y a veces le sale de miedo…

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Teníais que verle en directo morir tras un disparo y volver a levantarse como un zombi.

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Y volver a morir y volver a levantarse.

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Ahí con los brazos estirados, la lengüica fuera y dicendo: “Eeeeeeeeeh”, en plan miedo.

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Cómo un zombi me puede despertar esta ternura.

Y al otro, imaginación, no le falta tampoco…

Me trae Papá Noel un colgante. El Cachorro que lo ve: “Oh, qué brillante. Todos los piratas vendrán hacia ti”.

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A mí que esta manera del ver el mundo me encanta… Me pregunto en qué momento perdí yo esa capacidad para inventar, asombrarme, vivir en plena fantasía.

Fotógrafo artístico

El Cachorro no solo encuadra bien las fotos, demostrando un exquisito sentido del equilibrio estético, sino que además es un tipo muy creativo. Todo un artista.

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Mirad cómo logra sacar a toda la familia, con ese haz de luz en el techo que le da un punto tan psicodélico a la foto.

Me parece una foto bestial, en varios aspectos, la mires por donde la mires.

Por cierto, feliz Navidad.

Chipichapas

“¿Qué hay de comer, chipichapas?”, pregunta El Cachorro. Ya tiene asumido el vocabulario de la abuela. “Sí, chipichapas”. Pero ha tenido que auparlo para ver exactamente de qué tipo de chipichapas se trataba.

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Espera, que a El Cachorro aún le falta por conocer “La película de las sábanas blancas”, que es esa que ponen cada noche cuando preguntas qué película echan antes de irte a la cama…