Imán para las cámaras

No me digáis que ese buey no parece estar pensando: “Este tiene que ser el hijo del Señor de las Bestias”.

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Porque aquí mi pequeño ya ha salido en algún medio… Y, normal, porque en esta familia atraemos a las cámaras. No solo la madre se dedica a la tele, no solo el padre sale casi más que yo por los reportajes que le hacen… es que vamos por la calle y, zas, somos entrevistados.

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Es la trashumancia y el centro de Madrid está petado de familias. Pues viene TVE como una flecha adonde estamos. Entrevista al Señor de las Bestias y a El Cachorro.

Lo increíble es una amiga de mi madre que, sin haber sido avisada de la excelsa aparición de El Cachorro en la tele, y sin haberlo visto en vivo y en directo JAMÁS, solo en alguna foto que le ha enseñado mi madre, ni haber conocido nunca al Señor de las Bestias, ni en foto, incluso sin haber leído este blog en su vida, ¡lo ha reconocido! Le ha dicho a mi madre: “He visto en el Telediario a tu nieto”. Incrédibol. Eso es ser la generala de los fisonomistas. Y esto demuestra definitivamente, de que mi hijo es Rey.

Sin tele PARA LOS RESTOS

De nuevo uno de nuestros sábados. Sí, esos en los que estoy sola con los críos, hacemos mil cosas, me marean dos mil veces y me enfado en tres mil ocasiones.

El día, como de costumbre, empieza más o menos bien. Bueno, me levantan antes de lo que yo quisiera y arman un pifostio porque los dos quieren el mismo juguete. En fin, lo normal.

Al poco rato reclaman la tele. También es algo normal. Y pese a que ponérsela me evitaría muchos disgustos y me garantizaría algo de tranquilidad, me niego. Pero, madres y padres, no sabéis lo bueno que es aguantar el tirón. Porque si bien es verdad que enseguida llegan los “me aburro” y los “jo, no sé qué hacer” y los “mamááá, mamááááá”, después se suceden los juegos improvisados y la forma de autoentretenerse. El Cachorro y Don Bimbas han empezado a jugar a pillar, al escondite… daba gusto verlos.

Estaba tan encantada que les he sacado un puzle que se utilizó creo que una vez en su vida y me he puesto a hacerlo con ellos.

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Bueno, con El Cachorro. El otro encontraba más placer en esparcir las piezas y en caminar sobre los planetas.

Y ni tan mal.

Y el post iba a terminar aquí, haciendo una oda a lo positivo que resulta no ponerles la tele a los niños.

PERO.

Estando en la cocina y ellos por la casa petardeando, me llaman desde el salón. Es El Cachorro el que, antes de que llegue y vea a Don Bimbas subido a una de sus sillitas en la estantería, me avanza lo que temía desde hace exactamente dos años y dos meses. Bueno, menos, porque me la hice justo el día de mi cumpleaños, pero me la entregaron unas semanas más tarde. Ocurre esto:

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Mirad, no hay objeto en toda la casa sobre el que no haya advertido en un sinfín de ocasiones que era el más sagrado, que el que le hiciera algo saldría de aquí de una patada, que era algo que valía más que cualquiera, que tuvieran más cuidado que con su propia vida, más que este. Y, nada, ya se lo han cargado.

La energía concentrada de mi furia podía iluminar Madrid (no la ciudad, la Comunidad), durante todo 2019. Aún no sé cómo la he podido contener mientras los mandaba para su cuarto. Pero ya ha sido cuando los dos se han empezado a descojonar, porque resulta que les hago muchísima gracia cuando me cabreo horrores, que les he dicho que estaban castigados sin tele durante una semana y un día.

Se lo he avisado a la mujer que los cuida por Whatsapp, para que quede constancia y por si se me olvida avisarle cuando la vea. Se ha llevado un disgusto, porque eso para ella implica que la castigo a ella. Utiliza la tele para tenerlos controlados mientras ella limpia la casa y plancha. Es decir, creo que en estos momentos me odia más que mis hijos.

En cualquier caso, ahora sí que van a tener que ingeniárselas para encontrarle lo positivo a no ver la tele porque NO LA VAN A OLER.

P.D. OS JURO que hoy me había dado el pálpito de que igual tenía uno de esos días plagados de las desgracias que me organizan estos, tipo los posts de algún sábado que a veces os he contado, pero acto seguido me había dicho, como para revertir mi mal presentimiento: “Bueno, con tranquilidad, hoy va a ser un gran día”. En plan mantra. Y basta que te plantees ser zen ocurra lo que ocurra, para que ocurra lo que jamás tenía que ocurrir. Esa intuición mía que no falla…

Jedi judoca

Pues nada, que había que ir al cumple de un vecino cuya temática era “La Guerra de las Galaxias”, le pregunté a El Cachorro de qué quería ir, me dijo que de jedi, busqué en páginas web de disfraces y comprobé que había más trajes del lado oscuro que de los buenos, que los disfraces de jedi eran un poco chusqueros y cutrecillos, busqué a Luke Skywalker en internet para mirar detenidamente su atuendo a ver si me inspiraba…

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… y, ZAS, me inspiré.

¿Pues no va y resulta que lo que lleva puesta es la parte de arriba de un judogi o traje de judo? ¿Y no es cierto que a mi niño lo he apuntado a judo este año y tiene uno de esos?

Así que hete aquí mi jedi:

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Una madre que lleva a su hijo también a judo…: “¡Ahí va! ¡Claroooo! ¡Qué buena idea, haber avisado!”

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O sea, madres con hijos fans de “Star Wars”, espero que me agradezcáis especialmente este post.

Fdo.: La madre creativa.

Milagro

Milagro no es caminar sobre las aguas o convertir el agua en vino.

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Milagro es salir ayer a un evento, beber unos vinillos, unas cervecitas, una copa… llegar a casa como una flamenca, echarme a dormir la mona, oír por la mañana un ruidillo repetitivo y pasar olímpicamente de él hasta que lo que tengo que oír es el DING-DONG de la puerta de mi casa, abrirle a mi vecina para que me diga: “Me ha llamado el Señor de las Bestias para pedirme que te venga a despertar, que te está llamando al fijo y no le coges y tienes el móvil sin batería”, preguntarle que qué hora es pues y que me diga que las ocho menos diez, cuando yo levanto a los peques a las siete y cuarto para ir al cole, cerrarle la puerta en las narices e ir corriendo con el estómago en la garganta y la cabeza como un bombo a despertar a mis críos, vestirlos, ventilar las habitaciones, preparar el desayuno, ducharme, hacer las camas, las tres, hacer los almuerzos (encima hoy no toca el de unas galletas y andando, toca el de la fruta pelada), exprimirme unas naranjas para hacerme un zumo espero que reparador, insistir a los niños para que terminen su desayuno, peinarlos y perfumarlos (con el líquido desenredador, los peines y la colonia que me he llevado al salón para hacerlo mientras bebían el Cola Cao), peinarme y perfumarme yo, lavarme los dientes, poner a punto la mochila del peque y el bolso de deporte de El Cachorro, que hoy toca judo, coño, a ver dónde está el cinturón y la botella con agua, encontrarlos, llenar la botella, gritar a los niños que vayan desfilando hacia el ascensor y lo llamen, ir corriendo con mis tacones, mi bolso, la mochila, el bolso de deporte y Don Bimbas en brazos, que se niega a andar, hasta el coche, atar a uno, atar al otro, arrancar, comprobar en el reloj del salpicadero que voy entre cinco y diez minutos más tarde de lo normal, cuando de normal ya voy tarde y tengo que dejar el coche donde el cole medio tirado en doble fila para salir pitando con los dos críos, meterme en el atasco de siempre, entrarme la risa floja, llegar al cole, aparcar en doble fila dejando el coche medio tirado y salir pitando con los dos críos, subir tirando de ellos y de la mochila y de la bolsa de deporte con mis tacones CUESTA ARRIBA, que es mortal de necesidad, ¡¡y llegar a tiempo de que El Cachorro se incorpore a la fila de su clase cuando estaba ya entrando en el edificio!! ¡¡Y luego depositar a Don Bimbas en su clase, que está en el patio de abajo, justo antes de que su profesora cierre la puerta!!

No os cortéis, poneos en pie y aplaudidme.

Pe-pi-no

Hoy, 16 de octubre, a dos meses de cumplir tres años, he preguntado a mis hijos si querían pepino para cenar y ha saltado Don Bimbas, ese niño que no habla y que como mucho dice las terminaciones de las palabras: “¡Ti, pepino!”

MADRE DEL AMOR. Qué gran avance. ¡¡Una palabra nada menos que de tres sílabas entera!! No, si de aquí a que recite Shakespeare va el canto de un duro… (Esperad, me tendría que emocionar así si esto lo hubiera hecho hace año y medio, ¿no?)

Otro hito acontece seis días después. Coge, se hace un chichón sobre otro chichón que tenía, se señala la frente y dice: “Chichón”.

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Esta vez no ha sido ni repitiendo algo que acaba de oír. “Chichón”. Él solito.

Ya, ya sé que todos los niños de su edad hablan como cotorras. Pero es que este bandido se apaña con cuatro palabras mal dichas y no hay forma de que se arranque. Así que pepino y chichón es una evolución en toda regla. A ver si es que está cogiendo carrerilla…

Glotón

Hoy he ido a desayunar a una pastelería de esas modernas que parecen antiguas, romántica y remona, con una vajilla de abuela preciosa y unos dulces de caerse para atrás de la silla.

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El Señor de las Bestias y yo nos hemos pimplado una tartaleta de chocolate blanco con pistacho, una tartaleta de limón con merengue, una tartaleta de fresas con crema pastelera y brownie.

Y hemos comprado para llevar un alfajor de dulce de leche, otra tartaleta de limón con merengue, una tarta red velvet y una palmera.

Yo es que no tengo medida con estas cosas.

Total, que por la noche les digo a los críos que como postre tengo una sorpresa. Saco la red velvet, que es una porción de escándalo, y la parto en cuatro trozos.

Pues bien, Don Bimbas se ha lanzado en plancha y se ha zampado tres del tirón. Ya el último se lo ha metido en la boca como el gumias terrible que es y lo ha tenido que escupir y lo ha dejado en el plato.

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Ahí ya me he enfadado: “Eso está fatal, majico. Ahora no nos podemos comer nadie ese trozaco, tú porque “o tuta” (“no quiero más”) y nosotros porque tiene todas tus baburcias”. Pero eso a él no le ha importado nada. Lo que no sabe es que la próxima vez voy a vigilar y voy a racionar. Esto a mí no me lo repite.

Cuerpos diluidos

Mis hijos han estado ayer y hoy fuera de casa. Por cómo han traído la ropa, deduzco que se lo han pasado de muerte.

A la hora del baño, a El Cachorro se le ha ocurrido colocar la ropa que llevaban puesta él y su hermano en el suelo: “Para que veas bien las manchas”.

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Yo creo que las manchas se pueden ver desde la sonda espacial Voyager. Marraneo total.

A mí lo que me ha gustado es ver cómo El Cachorro, con la excusa, ha compuesto sus cuerpos en el suelo. ¡Parece como si se hubieran desintegrado!

Sin hijos

Sorpresivamente hemos conseguido colocar a nuestros mostrencos por la noche. Así que me he vestido de supermujer…

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… y me he echado a los mundos con el Señor de las Bestias.

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(Ups, no veas si se transparenta).

Nos hemos ido a tomar una michelada a un garito, a cenar en un sitio de moda, hemos vuelto tarde… Muy superguay todo. Pero lo más superguay ha sido lo de después…

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¡Hemos podido dormir seguido, sin nadie que nos despertara!