Con cuernos y a lo loco en el pasaje del terror

¿Quién dijo que los cuernos no sientan bien? ¿Qué diríais, que dan miedo o que quedan de miedo?

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Tanto, que los tengo de todos los tamaños. Yeah.

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Detengámonos un momento en esta foto. ¿No son mundiales las caras de malvados/enfadados que ponen mis chiquillos? Cómo se meten en el papel. Me temo que gracias a la madre que les ha tocado. Soy gesticulera desde cría y siempre quise ser actriz (cómica). Creo que voy a hacer de ellos los próximos Jerry Lewis en Hollywood.

Pero, sigamos.

Pues no solo he dejado a los niños en el cole o he ido a hacer la compra al súper de esta guisa… Es que también he acudido así a una ENTREVISTA DE TRABAJO.

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Definitivamente, he madurado.

Dicen que, si no puedes con el enemigo, te unas a él. Pues ese es mi mantra de hoy. El Señor de las Bestias está desatado con Halloween. Se ha traído una mofeta, una lechuza, un cuervo, una boa, una falsa coral, un escorpión, una tarántula, una rata y unas cuantas cucarachas gigantes.

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Además, ha comprado dos cacharros tipo calavera que dan susto y gritan y se mueven, a razón de 30 euros cada uno, y más telas de araña, y un caldero (20 €) y unas luces rojas, y manos cortadas, y un cúbito y un radio con chupitos, y más atrezo, y ha comprado hielo seco para provocar humo, unos 7 kilos, a unos 50 euracos. (No lo digo por fardar del dineral que se ha dejado en esto, sino al revés, por que os hagáis cargo del gasto que es que a mí se me llevan los demonios).

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También ha traído chucherías como para provocar caries a todos los dientes de un tiburón blanco, que ni sé lo que se ha llegado a gastar. Es que me tiene ATERRORIZADA.

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Las chuches las conseguirá quien se atreva a meter la mano y cogerlas… con las cucarachas gigantes entre ellas.

En fin, que con tanta historia al final me ha contagiado. Han venido todos los críos de la urbanización a nuestra puerta (con sus respectivos padres) …

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… y me he embrujado.

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El susto que le he pegado al padre de una niña pequeña, cuando ha ido a meter la mano en la caja de las chuches con cucarachas, ha sido bonito. Grito con salto en el momento justo y ese hombre hoy no duerme a pierna suelta.

Luego he sido yo quien me he dado un susto cuando la rata que ha venido de invitada ha mordido a El Cachorro. No, si hemos estado de lo más entretenidos…

Y como yo me pico enseguida, pues ya no ha habido quien me parara. El Señor de las Bestias ha tenido que asumir que, en la noche de Halloween, ha acabado despertando al monstruo. He terminado saliendo a los mundos a enseñar mi disfraz, pero transformado. Me he puesto mona para asistir a una fiesta muy guay en un piso vintage con pinta de estar endemoniado.

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(Ojo a mi “bolso”).

No, si voy a estar deseando que llegue el 31 de octubre del año que viene…

Taller de calabazas

Pues nada, que tal y como vaticinaba, ha sucedido. El Señor de las Bestias ha improvisado un taller de calabazas. Lo que pasa es que con seis niños pequeños corriendo por toda la casa, yo disfrutar, lo que es disfrutar-disfrutar, pues… de aquella manera.

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Que si no corráis, no os subáis en el sofá, no os empujéis que luego acabáis llorando, cachis, qué os he dicho, ven que te dé agua oxigenada, no saquéis todos los juguetes del cajón (HORREURRRR) que hoy no es día de jugar con los juguetes del cajón sino el de hacer las calabazas, que es que no os dais cuenta, que yo estoy cansada, que todavía ando colocando todo lo planchado, que mañana hay cole, que luego hay que recoger todo lo de las calabazas como para ponerme a recoger todos los juguetes también, porque vosotros no lo vais a hacer, ¿a que no?, pues yo tampoco quiero, así que ahuecando de aquí.

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Yo no sé qué le ha dado al Señor de las Bestias con Halloween, que empezó el año pasado todo entregado y cada año que pasa (y ojo, este solo es el segundo) va a más. Se viene arriba y mirad qué pasillo ha fabricado en la terraza…

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Lo cierto es que mola todo. Claro que mañana tenemos que estar a la altura de las expectativas, que se va a pasar por mi casa todo el vecindario para recorrer el pasaje del terror. Fijaos si es serio el asunto que el Señor de las Bestias, esa persona a la que le dices que no se retrase viniendo del trabajo, que hay que hacer recados, da igual la importancia que tengan, como ir al súper, bajar un patinete al trastero o inscribir a sus hijos en el colegio so pena de quedarse sin escolarizar y que nos los arrebaten Servicios Sociales y le da por el Riau, mañana se va a escapar del trabajo para darlo todo. Ay, madre, mañana.

Pruebas de disfraz

Ay, pero qué payaso es mi pequeño…

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A quién habrá salido.

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En casa, también, disfrutando de lo lindo…

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Luego dile tú que se ponga algo… ni por casualidad. Dile que vaya con un disfraz al cole, que es el día de no sé qué y hay fiesta… te la arma. Ahora, como encuentre un antifaz, una diadema, un… lo que sea, de manera inesperada, y sea de otra persona que no es él, entonces guay. Es capaz de cruzarse con un tirolés recién llegado de las Austrias y arrancarle los tirantes para ponérselos. Bueno, el tirolés se los dejaría sin que él se los pidiera, que ya sabemos que tiene ESE DON.

Mamá forzuda

Llegar estos de natación y colgarme sus mochilas en la chepa, es todo uno. Así que, entre las dos mochilas y el bolso, parezco un sherpa.

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El próximo día me coloco dos alforjas. Así al menos repartiré el peso.

Yo es que creo que mis hijos se piensan que me pueden colgar cualquier cosa, una mochila, una cazadora, a Montserrat Caballé, y que yo no voy a flaquear ni un ápice. Que puedo ir como el árbol de Navidad de un herrero, lleno de yunques, como si nada.

Por eso no es de extrañar que, si llevo en brazos a mi hijo mayor, que ya pesa lo suyo, y nos ve el pequeño, piense que donde cabe uno, caben dos, y pida ser también aupado. Y tú te sientes Hulk y lo coges y se te destaponan los oídos.

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Madre mía, cómo pesan ya los jodíos.

(N. de A. Por favor, mirad cómo vela el corrector de Word por que mi vocabulario no sea el de una barriobajera…)

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¡Los judíos! Jaaajajajajaa.

Pero donde verdaderamente demuestro mi fortaleza, es de otra manera.

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¿Veis algo extraño? No, ¿verdad? Pues así, queridos niños, es como se lleva una resaca.

Esta foto se la sacaré cuando me vengan bolingas y los vaya a levantar al día siguiente y me manden a hacer puñetas.

Por cierto que estoy ya pensando en cuál será mi método para despertarlos. ¿Utilizaré la sutilidad de mi madre, que se ponía a pasar el aspirador a toda pastilla al otro lado de mi puerta, o me inclinaré por la terapia de choque y les arrojaré un cubo de agua helada en la cara? Hummmm, difícil. Pero ya lo estoy disfrutando, porque las ganas de putear a tus propios hijos adolescentes noto que se transmiten de generación en generación.

Prehalloween

Ya hemos tenido que ir al súper a comprar unas cuantas calabazas para Halloween. Es el preámbulo de la decoración de la casa. El Señor de las Bestias ya amenaza con bajar al chino a por apechusques terroríficos. El año pasado le salvó el mes, al chino.

La tarde del 31 de octubre ya estamos quedando con los vecinos en hacer un recorrido por las casas con lo de “truco o trato”. El Señor de las Bestias se vuelve a venir arriba. Y su afán de superación le hace consultarme qué animales quiero que traiga a casa, si con un cuervo y un buitre es suficiente o también una rata y una serpiente. Joer, este hombre no tiene medida. Pretende que esté yo disfrazada en el balcón y reciba a los niños con el cuervo en la mano y el buitre a mis pies. “¿Y dónde narices me pongo la rata? ¿En la cabeza?”, le espeto. Aquí, dando ideas.

Pero el colmo de los colmillos es que me dice que el día anterior va a organizar en nuestra casa un “taller de calabazas” para los vecinitos. Mira, se nota que Halloween está al caer, porque me he HORRORIZADO. ¿¿Un montón de niños y un montón de calabazas? Me veo el fruto y las pepitas y todo pegado por las paredes y esparcido por el suelo y ya he empezado a hiperventilar. Le digo que nanay. Pero él argumenta que es que es tradición.

¿¡Una tradición!? ¿¿Desde cuándo?? ¡Solo decoramos la casa el año pasado!

Yo estoy temblando y, lo dicho, no por la noche de los muertos vivientes precisamente…

En cualquier caso, al llegar a casa ya ha preparado una calabaza (y ya ha manchado lo suyo). La hemos colocado en el salón. Los críos encantados.

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Al rato nos llama El Cachorro. Nos quiere enseñar su descubrimiento:

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La verdad es que a este niño la creación artística se le da fetén.

Yo, que lo aprecio mucho, aprovecho su vertiente y le pido, como mi fotógrafo particular que es, que me haga una foto con unos modelitos que me he comprado. Y él se lo toma de manera muy profesional y prepara el set, porque no deja nada al azar.

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Aparezco yo ataviada con mi vestidazo.

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El Señor de las Bestias no se muestra muy entusiasmado (ya hablaremos después). Sin embargo, El Cachorro cuando me ve… “¡Estás más guapa que un hada!” ¡Ole mi minipiropeador! También es verdad que el atrezo de las calabazas ayuda a crear un ambiente como de cuento, para que de repente yo le parezca un ser mágico.

En fin, que en mi casa, por estas fechas, la magia y lo misterioso se empieza a abrir paso…

Entre el odio profundo y la solidaridad fraternal

Se enfada El Cachorro con Don Bimbas: “A mi qué me importa Pablo”, me dice. Qué le habrá hecho para que esté tan enfadado. Continúa: “Que se busque otro hermano”. Y por si todo esto fuera poco, remata: “Tíralo por la ventana”.

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No se anda con chiquitas, El Cachorro.

Pero es que Don Bimbas un poco de mala vida sí le da. Por ejemplo, cuando El Cachorro sale por la mañana de casa con un avioncito en la mano para ir al cole. Don Bimbas se lo empieza a reclamar desde el minuto uno. Pero es que Don Bimbas pide las cosas y cuando le preguntas que, si después de que su hermano se las deje, cuando se las pida de vuelta, se las va a devolver, dice que “ti” y luego es que no. Así que hoy le insisto especialmente: “Cariño, ¿si te deja el avión se lo vas a devolver cuando te lo pida?” “¡Ti!” “Seguro, ¿eh?, luego no me vengas con que no, porque no te dejará nunca nada más”. Su hermano, que es maravilloso, le deja el avioncito. “Asias”, dice Don Bimbas todo contento. Yo le hago notar que ha tenido una suerte inmensa con su hermano mayor. El hermano mayor aprovecha para decir que sin embargo él no ha tenido nada de suerte con el hermano que le ha tocado. Cuando le pregunto por qué dice que porque es pequeño y porque le repite todo lo que dice, y eso lo saca de sus casillas. En efecto, mientras me cuenta todo esto Don Bimbas repite (a su manera, porque sigue sin hablar) todo lo que dice. El Cachorro, de los nervios.

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Para redondear, cuando aparcamos donde el cole le pide el avioncito a su hermano y, como me temía, Don Bimbas dice que NO se lo da. Yo me enfado, le insisto en que habíamos hecho un trato. Pero a mi pequeño se la pela. Así que le arranco el avioncito de la mano y se lo devuelvo a El Cachorro. Entonces, como era también de esperar, el pequeño se cabrea y se arranca la tirita molona que lleva en el dedico índice porque esta mañana no sé qué le dolía y se la hemos puesto y andaba tan feliz con ella, y la tira al suelo del coche. El Cachorro cizañea: “Ha tirado la tirita al suelo para que tu coche esté sucio”.

Cuando lo saco del coche, cojo la tirita del suelo y se la pongo en la mano y le obligo a que la tire a una papelera. Don Bimbas protesta, dice que a la basura no, pero a la basura sí, por mis narices.

Total, el camino al cole, un drama. Yo se lo explico: “A ver, que te la has arrancado y la has tirado, así que la tirita ya no servía. Y si se tira, hay que tirarla a la basura. Y ya es hora de que aprendas que esa mala gaita no te va a llevar a ningún lado”. Pero mi lógica explicación no hace mella en él y sigue con su disgusto a cuestas.

¡Y en esto que El Cachorro, que desconoce el rencor, empieza a compungirse porque qué pena que le está dando su hermano! ¡Que por qué he tirado la tirita a la basura!

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Mira, de verdad, no puedo con ellos. Así que el camino al cole lo he hecho con dos enanos llorando. Uno de disgusto y rabia y otro de empatía suma y pena mora. Es más, cuando vamos a dejar a El Cachorro en la cola, como siempre, no se separaba de mí, como en los viejos tiempos, cuando empezó el cole, que no había manera humana de que entrara normal. Que qué pena le daba su hermano, que es que le daba mucha pena. Una congoja supina. “Venga, va, o sea, esto no puede ser. A tu hermano se le va a pasar en cuanto te des la vuelta”. Entra a regañadientes en el cole cuando suena la sirena, junto al resto, y una vez dentro… ¡se escapa y vuelve a salir corriendo, preocupado y lloroso! Lo ha interceptado la conserje y lo ha metido de nuevo para dentro.

¿¡Será posible!?

No, si por hache o por be, siempre están estos dos montando un número a la entrada del colegio. Si no es por algo así, es por todo lo contrario. Otro día una madre que estaba a nuestro lado a la hora de dejar a los niños en el cole le ha entrado la risa al ver cómo se despedían mis hijos. Se han dado un beso.

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No pueden ser más monos porque es imposible. De lo tierna que me parece la escena, les pido que lo repitan para inmortalizarla con una foto. Y coge Don Bimbas y hace otra de las cosas que suele hacer en esta situación: se le cuelga a El Cachorro como un mandrilillo.

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Son mundiales.

Y cuando están así, es gloria bendita.

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¡Gloria bendita! Y punto.

Asesinato en la peluquería

Llevo a mis dos pequeños a que les corten en pelo en la peluquería. Mientras el rubio está siendo rapado, El Cachorro se entretiene en una pizarra. Realiza un dibujo. Cuando ha terminado, se da la vuelta y me pregunta que si sé qué es lo que ha dibujado.

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“Pues no sé, cariño. ¿Qué es?”, pregunto. “¿Ves esto morado?”, me indica, “es la sangre porque le ha cortado la cabeza”.

¡Claaaaro! Uno de los monigotes blande un cuchillo de dimensiones colosales. Pero para grande, el horror de las peluqueras, que han pensado qué clase de temas de conversación tenemos en casa o si pasamos el tiempo decapitando gente (“matar el rato”, que se llama). Me he sentido como Morticia Addams.

Yo lo que me pregunto es cómo sería Stephen King de pequeño.

Hombres…

Vengo de la peluquería con un supermoño. Eso es algo bastante inusual porque yo siempre llevo el pelo suelto y no me hago nada. Pero voy a recoger a El Cachorro a su extraescolar y no me dice ni mu. Protesto:

– Pero bueno, vengo con un superpeinado y no me dices nada.
– ¡Ah, sí!

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Esa exclamación a modo de sorpresa no me parece suficiente, así que insisto:

– ¿No te parece bonito?
– Sííí, preciosooo.

¡Oye, que me ha contestado como con desidia! ¡Para que me quede contenta, en plan “que sí, pesada”! ¡¡Ten hijos para esto!!

Por cierto que me he puesto mona para los Premios Iris de la Academia de TV…

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No, a mí no me daban ninguno. Yo he ido a por los canapés.

Elección de juguetes

La caravana de coches que me ha preparado Don Bimbas:

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Tienen demasiados juguetes y para colmo andamos en una juguetería, fichando más para los cumpleaños y Reyes que se avecinan. ¿Pero qué hacemos? ¿No regalarles nada? Pues no, que luego sí preguntan que por qué los demás tienen regalos y ellos no. Lo que pasa es que mis hijos no son de pedir ni de encapricharse, y necesitamos pistas. Hace poco le pregunté a El Cachorro que qué quería por su cumple y solo me dijo que un spinner. Es que es de traca. Y sigue sin pronunciarse acerca de sus deseos o preferencias.

Por otra parte, diréis (sobre todo para lo que soy yo, “Doña A Última Hora Todo”), ¿¿lo estás mirando esto en octubre?? Pues sí, porque es posible que me salga un curro de viajes y que no vaya a tener tiempo de encargarme de estas cosas más adelante. Me están planteando faltar tres semanas en noviembre y otras tantas en diciembre. Nada, en cuanto salga de la tienda me voy a recoger mi medalla a la Madre Previsora.

En fin, que vamos mirando todo y disfrutándolo también. Don Bimbas ve un robot que hace luces, él interpreta que dispara y se encarga de ponerle el audio: “Pchium, pchium”. Lo de imitar los disparos como “pchium” les debe venir de serie a los niños.

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El otro, El Cachorro, no hace “pchium” ni nada. Se fija un poco en algún juguete que, mira, se da la circunstancia de que ahí sí que le pasa lo mismo que a Don Bimbas, que lo que atrapa su interés cuesta unos 50 lereles. Vamos, no me fastidies.

Yo sí he sacado varias fotos de juguetes que A MÍ me parecían interesantes.

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Y el Señor de las Bestias ya me ha echado la bronca. Que para quién eran los juguetes, que qué jeta, que seleccionaba aquellos con los que me gustaría jugar a mí. No me había parado a pensarlo, puede que algo de eso haya. Pero ya que ellos no se manifiestan, elijo aquellos que suponen un reto para ellos, no un timo como el de la tela de araña de Spiderman del año pasado. Pues ellos ya están eligiendo cosas de ese calibre. El Cachorro ha fichado una cosa de un zombi que seguro tiene material para hacer solo dos bolas viscosas de las que aparecen en el dibujo. Y prau.

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Y es un pastizal. Esos juguetes me sacan de quicio. Así que ahí me voy yo con el Megablock, Mr. Potato y tal…Pero seguimos sin tener mucha idea de qué les puede hacer ilusión (de verdad) a los críos.

Seguimos intentándolo, así que, a los días, entramos con el pequeño en otra juguetería para ver qué ficha…

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… total, que ficha de verdad y tenemos que ser los valientes que le arrancan el juguete de los brazos.

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Maaadre qué rabieta.

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Y como llevo un año de ventaja a este diario, os lo puedo ir contando ya… ¿A QUE NO SABÉIS QUÉ JUGUETE LE DEJARON LOS REYES A DON BIMBAS, AL CUAL NO LE HIZO NI PUTO CASO? El de la rabieta. Lo tuvimos que devolver.

Más, en el cumple de El Cachorro, le cayó el puñetero zombi. ¿Sabéis por qué? Porque JUUUUSTO es el juguete que se le había metido en el melón. Sí, soy lela, pero para uno que le ilusionó… ¿Y sabéis qué pasó? Que llevaba las dos bolas que yo predije y era un fiasco de juguete porque ni fábrica ni flowers, una mierda pinchada en un palo, y por suerte se rompió en el minuto uno y lo devolvimos. ¡Timo total!

Vaya éxito…