Pues mi papá…

¿Vosotros de pequeños no intentabais impresionar y/o intimidar a los demás con las cosas que tenía o era alguien de vuestra familia, “mi primo es boxeador y pega muy fuerte y le puedo decir que venga y ya verás”, “mi hermano tiene una cachonavaja que como te metas conmigo se lo digo” o “mi papá tiene una escopeta en casa porque es cazador y puede matarte mucho más que con una navaja”?

Pues eso estoy viendo que hace El Cachorro, ignoro si porque sus amiguitos también. “¿Sabes cómo me defiendo?”, me pregunta, y acto seguido me cuenta que les dice: “Pues mi abuelo tiene una espada de verdad”. Y sí, la tiene.

madre 19 (1)

Una katana grabada (y desafilada) que le regaló por su boda su maestro japonés de judo. Claro que le he tenido que hacer notar que su abuelo está en Pamplona y que para cuando llegue aquí a hacer algo para defenderlo… lo han caneado de lo lindo. Que más le vale espabilar él y si se meten con él o le pegan, contraatacar. A ver…

Ah, por cierto, mi papá fue campeón de España de judo y te hace así y te deja del revés.

(Ya veis, 43 añitos que tengo y sigo fardando de él como cuando iba al cole).

Pero detengámonos en ese “¿SABES CÓMO ME DEFIENDO?” Porque aquí hay tema…

El Cachorro no quiere ir al colegio. Cada mañana me monta un número con lagrimones y todo, agarrándose a mi pierna, que somos el gran espectáculo.

El año pasado había un niño que le cascaba y este, aunque ese niño ya no, hay otro asimismo de los malotes del año pasado que le ha tocado en su clase y también le da alguna piña. Después de cinco años diciéndole a mi hijo que no se pega, a finales del curso pasado ya le levanté la veda y le dije que, si le pegaban después de que él ya se lo hubiera dicho a la profesora, que devolviera. No me apetece tener un puching ball por hijo. Pero como es como es, me contestaba: “Mamá, es que no se pega, yo no quiero pegar” Madre mía, qué hago con él.

madre 19 (2)

A mí lógicamente me preocupa que sea el blanco de algo o que acabe marginado o yo qué sé. Aunque desconozco hasta qué punto exagera o se inventa, porque cuando le he preguntado que por qué no quiere ir al cole, cada día me ha sacado una excusa distinta y a cada cual más peregrina, hasta que dio con la que sí tiene un sentido, con la que se ha fijado que a mí me puede cuadrar o me puede alarmar, que es lo de que le pegan, y me la repite sucesivamente.

El Cachorro es un niño especial que no te cuenta gran cosa y cuando le sonsacas algo, no sabes a qué atenerte. Pero tiene un mundo interior riquísimo, y su mente funciona bien, demasiado bien.

En la tutoría con su profesora, que utilicé para ponerle al tanto de lo que ocurría con El Cachorro por las mañanas y para que supiera cómo es mi hijo y cómo reacciona (empático y sensible, de gran corazón, preocupado por agradar y ser aceptado, inoportuno muchas veces por falta de habilidad, con ataques de timidez, que rechaza ser el foco de atención, con temor a que se rían de él, despistado…) hice un comentario tipo: “Me dice esto y no sé si lo siente así o lo hace porque cree que es lo que yo quiero oír”. Su tutora me replica: “A estas edades no realizan esos ejercicios mentales, no tienen dobleces ni van tan allá”. Entonces yo le conté un par de anécdotas recientes y acabó cambiando de opinión.

Véase: El Cachorro cuando vio que cuando le preguntaba al salir del cole que cómo lo había pasado y él me contestaba que bien, yo le decía que entonces por qué convertía en un drama las entradas al cole por la mañana. Y se le derrumbaba el argumento. Así que hace dos días me empezó a contestar que mal. Y no es así. O no es tan así. Lo recojo tan pichi. Su profesora me confirma que en clase no solo está integrado, sino que se le ve un niño feliz. Así que si me dice que mal no es porque lo pase mal, es que ha llegado mentalmente a la conclusión de que así le irá mejor, porque así a mí me cuadrarán sus mañanas entre lágrimas, y no se las echaré en cara.

Por hache o por be, cada día me cuenta que su compañerito de los huevos le ha tirado de las orejas o le ha pegado o le ha hecho cualquier cosa. En una de estas que le hizo sangre en el recreo, le pregunté si se lo había dicho a la profesora. Y me dijo que sí. Pero lo que le dijo fue que le sangraba la nariz y ella le echó una mano; ni mu de que le sangraba por culpa del pegón ese.

Por lo visto no quiere ser un chivato.

Despistada me tiene, mi chico. Hay veces que lo único que creo que le pasa es que le da pena no vernos a su padre y a mí. Y ya está. Hay cosas que le dan mucha pena en esta vida y una de las que más, es perdernos de vista. Así que le da pena que le dejemos en el cole, y luego se le olvida.

Ojalá sea eso.

El reto del cacao

En mi casa hay dos facciones con respecto a la leche con cacao. El Señor de las Bestias es fan del Nesquik y yo del Cola Cao. Predominantemente aquí se ha comprado Cola Cao, más que nada porque yo hago la compra más a menudo que el otro adulto de la casa y hago prevalecer mis preferencias. Y también porque, siendo El Cachorro pequeño, de hecho no sé ni si existía Don Bimbas, le preguntamos qué le gustaba más y dijo que el Cola Cao.

Hemos sido fieles a esta marca, pero ha pasado el tiempo. Y algo ocurrió a principios de verano. Hizo su aparición en casa el Nesquik. El Señor de las Bestias, en un acto traicionero, fue a hacer la compra y compró cacao soluble de esa marca POR ARROBAS. Él es así, excesivo. (Él es al que lo mando a hacer la compra con una lista y, cuando decide improvisar, vuelve con lo de la lista y alguna otra cosa más… de la que hay a montones en casa. Pero como no ha mirado en el armario si hay de eso o no, pues hale, a acumular para que aquí sigamos con la costumbre de que no dejen de caducarse las cosas).

Yo hice campaña por el Cola Cao. Dije que el Nesquik no le hacía sombra porque era más insípido y no hacía espuma y tal y pascual. Y este mensaje caló en El Cachorro, que dijo que no quería tomar Nesquik y que compráramos Cola Cao. Pero yo antes soy un ama de casa práctica que una cabezota, y dije que nanay de comprar nada más hasta que se terminara lo que había.

Esto, hace ni una semana…

Todavía queda Nesquik para parar un tren, pero al Señor de las Bestias le ha dado hoy por comprar Cola Cao (por supuesto, no el bote normal, sino uno grande –uno tipo lata al que le había echado el ojo y que sabía que a mí me gustaba, todo hay que decirlo-). Y le ha advertido a El Cachorro: “Hoy te voy a poner dos vasos de leche, uno con Cola Cao y otro con Nesquik, y el que te guste más, de ese compraremos de ahora en adelante”.

madre 18 (1)

(…Y, ciertamente, y lo confieso aquí porque el Señor de las Bestias estoy convencida de que apenas me lee, espero que se decante por el Nesquik, porque lo (único) que tiene de bueno es que se deshace con mucha más facilidad que el Cola Cao. Y eso, para padres con prisas permanentes, es una gran ventaja).

Durante la cena El Cachorro ha querido hacerme cómplice de su plan. Se me ha acercado a la oreja y me ha pedido que me encargue yo de preparar las tazas y que luego le señale en cuál está el Cola Cao. Se alía conmigo porque sabe que me gusta el Cola Cao y él ha tomado partido por esa marca, ergo por mí, y cree que así a mí también me hace más feliz. Y toma partido pocas veces por algo (y mucho menos por mí), normalmente no se moja cuando hay disparidad de gustos entre su padre y yo, para no quedar mal (lo que le parece a él quedar mal) con ninguno de los dos. Pero si se decanta por algo, se decanta a muerte.
A mí me ha puesto en un brete. Porque yo no quería fallarle en tan concienzudo plan, pero es verdad que yo no soporto las trampas, por un lado, y por otro, sí que tenía interés verdadero en averiguar qué es lo que le gustaba más realmente.

Cuando el Señor de las Bestias ha ido a hacer las tazas a la cocina, estábamos él y yo dentro. No dejaba entrar a El Cachorro, lógicamente, para que no descubriera qué taza llevaba qué. Pero, en una de estas, para no fallarle a El Cachorro pero a la vez ser legal, le pido al padre que hagamos la pantomima de que me echara de la cocina y así, si no veía el proceso, de poca ayuda le iba a servir a mi hijo.

Así que, sin saber ni yo qué taza llevaba qué, el Señor de las Bestias ha salido de la cocina y le ha plantado los dos cacaos a El Cachorro delante…

madre 18 (2)

Observo que el Señor de las Bestias se ha esmerado deshaciendo el Cola Cao y equiparando la apariencia de ambas bebidas. Los líquidos que contienen las dos tazas parecen iguales. Un meritazo.

Y mi pobre hijo, presionado.
Sigue convencido de que el reto consiste en averiguar qué taza lleva Cola Cao y qué taza Nesquik, cuando aquí de lo que se trata es de saber qué le gusta, sin más. Pero esa idea a él no le entra. Cree que su padre lo está poniendo a prueba. Bueno… también es verdad que su padre lo disfraza de esa manera.

Le pica, porque mentalmente es más crío que él, y quiere demostrarle que en realidad le gusta más lo que dice que no le gusta para poder dar saltos triunfantes por el salón mientras grita “lo sabía, lo sabía”. Y de eso, El Cachorro, es plenamente consciente.

madre 18 (3)

El Cachorro duda. Bebe de una taza.

madre 18 (4)

Bebe de la otra.

madre 18 (5)

Piensa. Vacila. Intenta hacer cosas para pillar a su padre, o para que le dé una pista.

Yo trato de hacerle entender: “Cariño, que no se trata de adivinar nada, que solo tienes que decirnos cuál te gusta”.

Por fin, se lanza a señalar la taza de Star Wars. Su padre: “¿Esa? ¿Estás seguro? ¿Seguro, seguro, de verdad?” Que parece Mayra Gómez-Kemp, el colega. Y el crío se pone nervioso. “Sí”, dice no muy convencido. “¿Seguro, cariño? Mira que no va a haber vuelta atrás, que si dices que esta compraremos de aquí en adelante lo que haya en esta”.

Lo malo es que yo ignoro cuál es la taza que contiene Cola Cao. Y como todavía no conozco al hombre con el que se me ha ocurrido tener hijos, no sé si le está ayudando para que elija el Cola Cao y así sienta que ha “ganado” la “prueba” o por el contrario le quiere despistar para que acabe eligiendo el Nesquik y salirse él, con sus CUARENTA Y DOS AÑOS QUE TIENE, con la suya. De verdad que no lo sé. Y no puedo inclinarme por una taza ni por la otra. El jodío del padre ha conseguido que parezcan lo mismo. ¿Habrá sido capaz de poner lo mismo en las dos leches? Porque le pega todo. Pero no puede tener tan mala idea con su propio vástago…

Total, con tanto “¿Seguro? ¿Seguro, cariño?”, El Cachorro coge y cambia de opinión. Como para no. “Esta”, dice señalando la otra taza. Entonces su padre dice solo un “¿seguro?” más, El Cachorro dice que sí, y grita: “¡PUES ES NESQUIIIIIIIIK, OLEEEEEE, JAJAJAJAJAJA!”

madre 18 (6)

¿¡¿Será posible?!?

madre 18 (7)

Lo que os digo. Este es el Señor de las Bestias en su estado puro.

El Cachorro, que es como es, un sentido que pa qué, se echa a llorar y se agarra un disgusto de agárrate y no te menees. Yo acudo a apagar el fuego: “Cariñoooooo, pero si lo que importa es lo que a ti te gustaaaaa, no te pongas así, hombre”. Y el otro: “Es que yo había dicho la otra, y papá…”, sorbiéndose los mocos. El otro sigue botando por la casa. Vuelvo a la carga: “Pero que no es ninguna prueba de nada, mi amor, que no pasa nada porque te guste un cacao más que otro”. Mi pequeño insiste en que ha habido una especie de tongo. Cuando el padre se relaja y vuelve para consolar al crío, yo lo secundo y determino: “A ver, es verdad que papá se ha puesto hecho un pesado con “¿esta, esta, de verdad, seguro, seguro?”, y claro…, porque lo primero que has señalado ha sido el Cola Cao”. Y el padre reconoce: “Es verdad, ha sido así”.

Así que lo que hemos hecho ha sido darle las tazas a Don Bimbas, que se ha pegado toda la prueba reclamando: “¡¡Caooooooo!!”, que le encanta (por él se alimentaría de leche con cacao en exclusiva) y ha visto cómo su hermano andaba bebiendo de dos tazas mientras a él lo obligábamos a estar de miranda, para que se pronunciara. “Bebe de esta”. Ha bebido. “Ahora de la otra”. De la otra. “¿Cuál te gusta más?”, le pregunta el padre. “Ete”, dice. Y sin titubeo alguno.

madre 18 (8)

La del Cola Cao.

Y a este su padre no tiene narices de tomarle el pelo…

Modo protesta Pssss

Contaba hace poco que la manera que tiene Don Bimbas para manifestar su contrariedad es desnudarse.

Pues bien, está sofisticando la técnica para sacarme de mis casillas. Ahora se mea. Se mea adrede, nada de “es que es pequeñito”. SE MEA EN MI JETA. Si puede ser mirándome fijamente a los ojos en plan “mira lo que hago”, mejor que mejor.

No os creeréis lo que me hizo no hace ni una semana. Va y se tuerce por alguna tontuna (soy una desmemoriada y no recuerdo qué tontuna era) … yo qué sé, podría haber sido porque le dijera, y además de buen rollo: “Cariño, no pases el coche por la pared, ¡que los coches van por el suelo, hombre!” Eso es motivo suficiente para revirarse total. Para quedarse quieto, mirando al infinito fijamente, fruncir el ceño y hacerse el sordo.

La anécdota no fue esa porque ya venía yo calentita por alguna otra que me había liado, puede que porque se hubiera meado previamente hacía hora y media, y no estaba como para decir de buen rollo nada de nada. Total, que se rebota y se empieza a hacer pis encima. Le meto un grito. Lo corta. Lo llevo al baño en volandas y lo intento sentar en el váter. El tío empieza a revolverse de mala manera, a poner la espalda en arco, que no había forma de sentarlo. Era una lucha con la niña de “El exorcista”. Le pido que haga pis ahí. Dice que ¡NO!, ¡NOOOOOO! Así que decido no forzarlo y lo dejo ir. Me quedo recogiendo su calzoncillo y el pantalón ligeramente mojados por el pis, voy hacia la cocina, y cuando me asomo al salón me lo encuentro sentado a lo indio en el sofá, mirándome como si quisiera asesinarme. PERO, me fijo… ¡¡¡y veo el sofá totalmente mojado!!! ¡¡¡¡Y el tío ahí plantado encima con una chulería que no la he visto yo nunca!!!!

madre 17 (1)

Buenobuenobueno… No os cuento mi reacción porque fue absolutamente desproporcionada y no me siento orgullosa. Bueno, desproporcionada igual no, porque el cabreo y las consecuencias estaban a la altura de las circunstancias. Entre otras cosas, juré como nunca en mi vida y el mito de “mamá no dice palabrotas” de El Cachorro se vino abajo. Ni en una cárcel colombiana se escucha lo que yo solté en ese salón. Pero no se puede reaccionar como yo lo hice. Y aún me siento culpable. Aunque quizá con suerte haya conseguido que no vuelva a ocurrírsele retarme de semejante manera. Mecagüen el crío, QUÉ SANTOS COJONES TIENE.

Y digo que espero que no vuelva a retarme de semejante manera, es decir, específicamente meándose en el sofá, porque he de ser realista y asumía que lo de mearse lo iba a seguir haciendo. Vamos, lo tenía clarinete.

Sin ir más lejos, hoy. Se despierta de la siesta. Me pide una galleta y le digo que no, que va a cenar seguidamente y que nada de galleta. Son las ocho de la tarde. Veo que se agarra el pito mientras está llorando porque no se la doy. Le pregunto si quiere hacer pis. Me dice que no. Se lo vuelvo a preguntar. Me dice que no. Le digo de ir al baño y le intento coger la mano. Se suelta. Le cojo aúpa y, ZAS, se hace pis. Se moja él, me moja a mí y moja el suelo.

madre 17 (2)

Es que me lleva al límite, el tipo.

Hoy, que por cierto lo he recogido del cole y me lo han devuelto no con el uniforme con el que le he dejado esta mañana, sino con ropa de cambio. “Es que ha tenido un escape, pero no pasa nada” me dicen, ¿verdad, cariño?”, dirigiéndose a él. “Cariño” estaba ya en los columpios y el que se le hubiera escapado el pis SE LA PELABA. Y dudo yo que haya sido un escape, claro.

ME REVIENTA.

De verdad que no sé muy bien cómo manejar esto, porque me pongo del higadillo. Estoy por ponerle pañal de nuevo. Qué mala gaita, por favor. Voy a desarrollar una úlcera o algo, os digo. A mí esto me pasa factura sí o sí.

Artista en ciernes

“¡Mamá, mamá, dame el móvil para sacar una foto!”

madre 16 (1)

Y coge la botella de agua, la planta en el suelo y se dedica a sacar fotos del reflejo. Los reflejos le flipan. Son su leitmotiv.

Y se casca la siguiente serie.

madre 16 (2)

madre 16 (3)

En cuanto a la última foto…

madre 16 (4)

… dice: “Parece la araña de Spiderman que le picó”. Pues sí, ¿no? Parece una araña radioactiva total. En cualquier caso, yo voy a ir llamando a una galería.

A la hora de la cena, sirve el Señor de las Bestias a El Cachorro una ensalada de pepino con dos tomates cherris de nuestro huerto (los que había, que no había más que dos). Lo dejamos cenando y al poco me llama. Quiere enseñarme algo. Y resulta que es esta foto que ha hecho:

madre 16 (5)

¡Un artista! No solo por la foto, sino por la composición gastronómica (nosotros se lo habíamos puesto, como os podéis imaginar, desparramado). ¡Menuda presentación del plato ha hecho! Este va a ir directo a la siguiente edición de “Masterchef”.

Todo lo delicado que es uno… el otro, madre del amor hermoso.

Coge los gordos que hemos cortado de su filete con las dos manos, todo lo largos que son, ¡y se los jala! Un carnívoro de cabo a rabo. Impresionada me hallo.

madre 16 (6)

Esto sí que no me lo esperaba.

Conducción campera

Hoy nos hemos dado una paliza de escándalo con el Land Rover Santana conduciendo por el campo. Hemos tragado TONELADAS de polvo.

madre 15 (1)

Los niños han disfrutado como unos enanos.

madre 15 (2)

Yo he disfrutado como una enana.

madre 15 (3)

Más que nada porque he sido la que he conducido. Y he desfogado el coche, que cuando el Señor de las Bestias lo ha traído desde Madrid iba a 80 y a la vuelta alcanzaba los 110 Km/h. Claro, es que yo tuve un Mini; son muchos años de lidiar con dirección manual de coche viejo…

madre 15 (4)

Nos ha dado tiempo a inmortalizar el asunto.

madre 15 (5)

¿Y cuál es el resultado de pasar un día dando botes a toda leche por el campo? Niños muertos en el ascensor.

madre 15 (6)

Fakir

Vacío uno de los bolsillos del babi de Don Bimbas en el fregadero.

madre 14 (1)

¿Os parece normal?

Yo creo que con un par de bolsillos más, hacemos el trasvase a un lugar de la costa donde un temporal se haya llevado la playa por delante.

Pero esto no es lo peor.

¿Me queréis contar cómo puede siquiera ANDAR?

madre 14 (2)

No, es que no es ya que tenga arena en las zapatillas como para vaciarlas en la Casa de Campo y conseguir que en Madrid sí haya playa, es que hoy va y se saca PIEDRAS del calcetín. ¡Piedras! Que, obviamente, no acaban en ese lugar por sí solas de manera fortuita e inevitable como se supone que termina la arena en los zapatos. Están ahí porque Don Bimbas quiere que estén.

madre 14 (3)

Así que ahora además de quitar los zapatos para vaciarlos de arena antes de subir a casa, no como hoy, que he cometido el grandísimo error de no hacerlo (aaay, el verano, como desmemoria a las personas), también tengo que sacarle al pequeño los calcetines.

Porque esto se ve que no es algo esporádico, no es flor de un día. Al día siguiente, zas.

madre 14 (4)

Dos pedrolos como dos soles. Sí, para el tamaño que tiene es como si tú te metes dos rocas de las dimensiones de un puño.

Y al otro día, requeteZAS.

madre 14 (5)

Ni que trabajara en una cantera. ¿¿Por qué narices le habrá dado por introducirse piedras en los calcetines?? Ya verás tú como a algún compañerito se le ocurra meterle una patada en el tobillo. Don Bimbas va a ver las estrellas.

Coleta y horquillas

Ve Don Bimbas mi goma de pelo y me pide (con gestos) que le haga una coleta. Y por supuesto se la hago.

madre 13 (1)

Él, encantado. Le queda requetebién.

Me entra un poco de pena no tener una nena. Pero solo un poco.

madre 13 (2)

Un poquitín.

Dicen que son más delicadas. En principio sí. Y en comparación con Don Bimbas, es delicado hasta un gorila esquizofrénico.

Oigo “¡CLONG!”. Salíamos de Objetos Perdidos y Don Bimbas se ha estampado con la puerta de cristal al salir. Me doy la vuelta y me empiezo a reír. Él también deshuevao. Nos vamos y sale detrás el guarda de seguridad. “¿Eso ha sido que se ha pegado el crío?”. Es que el CLONG ha sido de escándalo. Se lo confirmo. “¡Pero no llora ni nada!”, se asombra. Uy, no sabe de qué pasta está hecho.

madre 13 (3)

Lo bueno además es que el tipo se da un golpe y te lo reproduce para que sepas cómo ha sido de verdad. Y se autosacude unas bofetadas de cuidado. Es un bestiajez.

Más tarde, en casa, se hace con una espada de madera. Le sacude, CLANG, un leñazo contra el suelo.

madre 13 (4)

Pues hasta luego.

Otra muestra más de que estamos ante una bestia parda. A la que a veces le gusta ir con coleta.

El bestiamóvil

Ha aparecido El Cachorro de su segundo día de cole con un dibujo que en cuanto me lo ha enseñado he sabido qué era…

madre 12 (1)

No me digáis que no es clavado a esto:

madre 12 (2)

Es uno de los vehículos de trabajo de la empresa de su padre.

No sé si habéis reparado en la foto en El Cachorro y a Don Bimbas, que se encuentran en un sitio donde no deberían estar… Acompañamos al Señor de las Bestias a ver cómo va una obra que está haciendo en su finca, y ya están mis hijos pajareando más de la cuenta. No paran. Y, cómo no, escaleras que ven, escaleras que tienen que probar. Aunque sean las de las furgonetas…

madre 12 (3)Los obreros, de eso que están soldando algo, levantan la vista y ven en el techo de una furgoneta a un mocoso de dos años. Pues claro, flipándolo.

Entre eso y la tierra, y lo saltos, y las cajas de cartón por el suelo… no os digo yo lo bien que se lo pasan. Claro que luego la que lo flipa más soy yo cuando veo lo cochinos que se han puesto…

madre 12 (4)

Cualquier excusa es buena para estos para asilvestrarse.

En una de estas, veo a El Cachorro que pilla un pico. Le digo (por enesitropecientosmil vez) que deje de coger cosas que no son suyas. Le sugiero que pida permiso al obrero. Y me contesta: “¿Y si dice que no?” Este es de los de la liga de Es Mejor Pedir Perdón Que Pedir Permiso. Más por la poca tolerancia a las negativas, sospecho…

Total, que entenderéis que diga siempre que de mayor quiere trabajar en la finca. (A veces dice que en la finca y en la tele, pero creo que lo hace porque así le parece que queda bien conmigo). Me las voy a ver y desear para hacer que estudie Económicas, Derecho o Veterinaria.

Por el forro

He tenido una revelación por parte de mis vecinas. Existe el “forra fácil”, un sistema por el que solo tienes que meter las tapaderas de los libros en fundas. Y voilá.

madre 11 (1)

Madre mía qué invento. Un monumento a quien lo haya ideado.

Aun y todo, a mí el principio de curso me gustaría pasármelo por el forro, pero no puedo. (Ruego disculpéis que sea tan básica como para no saber dejar escapar un juego de palabras tan elemental). ¿No os parece una pesadilla?

Me da envidia Don Bimbas, que sí que se pasa todo por el forro. En especial, si se trata de castigos.

Se cuela una pelota por la ventana para afuera (que ha lanzado Don Bimbas adrede). Le digo que si se porta bien se la cojo de la terraza, porque lleva un día que me tiene de los purititos nervios. PERO, él opina que yo no soy quién para decidir por él.

madre 11 (2)

Lo pillo ya a punto de caramelo.

Qué huevos tiene.

Y ahí lo veis a medio desnudar. Como digo, ya me la llevaba montando de antes. Y él, si se enfada o quiere demostrar que aquí manda él, hace striptease. No sé por qué ha relacionado él el desnudo con la manifestación del cabreo o como la reafirmación de su ser, pero así es.

Cuando lo del desnudo integral lo tiene complicado, se arranca quita los zapatos. Y es un coñazo tener que estar calzándolo cada dos por tres (porque resulta que Don Bimbas tiene, digamos, cierta disposición a torcerse), sobre todo cuando hay que ponerle zapatos un poco complicados.

madre 11 (3)

Estas zapatillas cuesta ponérselas. Que se lo pregunten al padre, que las odia. Son un poco horror y hay que encontrarles el truco. El peque tiene que poner de su parte. Tú tienes que ensancharlas bien antes de nada, tienes que pedirle a Don Bimbas que meta el pie y que empuje bien, bien, bien hasta el final, y cuando los dedos tocan la punta entonces estiras y le cuelas el talón.

Cuando se las quita por enfado, que colabore para volver a colocarlas en su sitio, lógicamente, es algo más complejo. Así que cuando se las ha quitado por cuarta vez en la mañana, en el coche, le he dicho que hala, que muy bien, que descalzo y andando.

madre 11 (4)

Y sí, descalzo. Y andando.

Y tan feliz. Para él, ni castigo ni leches. GRRRRRRR.

Hablando de zapatillas, me pregunta El Cachorro: “¿Qué marca son mis zapatillas?”.

madre 11 (5)

Argh. “¿Qué más da?”, le respondo.

Da la casualidad de que tengo le he puesto unas (de marca) que están recién compradas. No le gustan mucho, a todo esto.

Y al final se descubre el verdadero interés que tenía en saber la marca:

“He visto en unos dibujos unos zapatos que se llaman Geox y que pueden respirar”.

Jopé, claro, unos zapatos que respiran, ¡eso sí que tiene que molar!

Periodo de adaptación

Cuando tu hijo tiene periodo de adaptación y tú una reunión de trabajo que se alarga.

madre 10 (1)

Pues nada, que ahí lo tengo, las dos de la tarde y el crío comiendo del tupper unos cachos de pollo frío en el coche. Lo he tenido que coger del cole y llevármelo a la reunión, fuera de Madrid. Aquí, de vuelta a casa.

Y ahora… hablemos de a quién se le ha ocurrido la genial idea del periodo de adaptación. Quién fue el/la lumbrera que pensó que era necesario que los críos fueran al colegio una sola puta hora cada día durante cinco días. Y que, al sexto, zas, se les metiera seis horas del tirón. Muy lógico todo.

Y que yo tenga que estar en el coche haciendo tiempo, porque a ver quién, en un Madrid, coge y puede irse a hacer recados tan ricamente para aprovechar una hora de caca. Así que nada de irse, a quedarse aparcada a hacer las manualidades que ha pedido la profe (que esa es otra).

madre 10 (2)

Yo ahí en el asiento del piloto con la radio puesta recortando con tijeras y pegando con pegamento. Menos mal que el colegio de mi hijo se encuentra en una zona muy poco transitada…

Odio los inicios de curso.

Y menos mal que estoy en paro (algo bueno tenía que tener), porque si no tendría que pedirme vacaciones (algo que en mi sector no existe) o directamente hacerme durante cinco días la enferma, vamos, no me jodas. Me cago en todo lo que se menea. Es que creo que ni los astronautas necesitan tanto tiempo para adaptarse.

Lo de la adaptación es un engaño, en definitiva. Es adaptación para los profesores. Si no, al menos, dejarían que fuera algo opcional, como ocurrió en la guarde. Pero no. ¡Qué listooooooosss!

Quemadita ando con el tema… (no sé si lo habéis notado; he sido algo sutil).