Amor-odio

El Cachorro quiere bajar a la piscina y yo le digo que hasta que no se termine el trabajo de la terraza, no vamos a bajar. Está el Señor de las Bestias dándose una paliza poniendo una terraza de revista y me parece injusto abandonarlo para estar nosotros en la pisci mientras él suda la gota gorda. En casa tampoco es que le echemos una mano ni nada, pero por lo menos le damos apoyo moral. Así que de piscina, nada de nada.

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Y comienza la tragedia: “¡Tengo los peores padres! ¡No quiero estar ni contigo ni contigo!” El Cachorro empieza a dramatizar de lo lindo, y ahí estamos su padre y yo aguantando el chaparrón. Porque no nos quiere nada de nada.

Es, El Cachorro, un tipo de extremos, amén de muy teatrero. Si se lo pasa bien, “hoy ha sido el mejor día de mi vida”, y si no le dejas hacer algo que le apetece, “hoy ha sido el peor día de mi vida”. No conoce la gama de grises.

Ah, pero la terraza, se ha finiquitado.

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Y ya hay quien toma posesión.

El castillo encantado

Me enseña El Cachorro su último dibujo. Con sus zombis, su araña y su tela de araña, su fantasma, sus tumbas, su calabaza…

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Me megapriva. Fijaos en los zombis, por favor, qué conseguidos. Porque hay que tener arte para saber reflejar un zombi con un simple monigote. A El Cachorro esto de dibujar se le da de MIEDO (lo pilláis, ¿no?)

Por supuesto, luego viene LA PREGUNTA. “Mamá, ¿los zombis reviven?”

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Oooootra vez. Madre mía qué obsesión con los zombis. Desde luego que, para mí, sí, cada día. Porque cada día me hace la misma pregunta, que si reviven los zombis.

El peque, por su parte, también se lanza a “dibujar”. Ahí está, afanándose con el rotulador.

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Y no sé si es que hoy ha sido la primera vez o siempre es así y no me había fijado. Pero mirad cómo se le ocurre cogerlo. Raro, ¿no?

Lo observo otro día. Sí, es su manera de coger la pintura. Cómo se aplica. Se y se esfuerza tanto que de verdad me creo que va a hacer alguna proeza, pintar una réplica de la Capilla Sixtina o algo, pero niet, un rayajito de nada…

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Decepción total. Muy aplicado, pero el resultado deja mucho que desear.  Aunque esa actitud promete mucho. Confiemos.

 

Spiderkids

Ya está El Cachorro haciendo de las suyas.

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Así que le grito: “¡Espera! Quédate ahí quieto hasta que te saque una foto antes de echarte la bronca como es mi deber de madre”.

Se la saco.

“Y ahora… ¡BAJA DE AHÍ QUE ES MUY PELIGROSO!”

No me puede extrañar, entonces, que, de repente, me encuentre con este tipo de situaciones:

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Así, como si tal cosa. No sé si se cree Mowgli. Y el radiador peligrando, claro. Espero que esta foto no la vea el casero…

Pero qué manía tienen esos críos de hacer el chimpancé todo el rato.

“Que no subáis al sofá, que me estáis deformando los cojines”, les pido, como todos los santos días. Y me dice El Cachorro: “¡Si somos expertos en escalar!”

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Vamos, que ya puedo ir fichando otro sofá…

Dieta severa

Me manda esta foto una vecina y me horrorizo.

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No, a ver, el crío está muy mono. Pero lo comparo con mi fondo de pantalla (¿la veis ahí detrás?), una foto sacada 26 días antes, y me asusto. ¡Cómo ha adelgazado!

Es verdad que come poco. Más o menos desayuna bien.

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Pero comemos tarde, le entra el sueño y se salta la comida. Algún día he estado avezada y le he dado de comer antes de bajar a la piscina. Pero cuando bajamos sin haber comido, nada más subir a casa sucede esto:

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K.O. total.

Bueno, en mi descargo he de decir que además lleva unos días enfermito. Joooo.

¿Qué somos?

Como cada día, pido a mis peques que recojan los juguetes que han ido esparciendo por la casa.

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Como cada día, no les apetece nada. Como cada día, es El Cachorro el que se arroga todo el peso de la tarea, protestando, claro. Como cada día, el pequeño es exhortado por el mayor y se hace el longuis, el caradura.

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Hoy, El Cachorro insiste: “Pablo, ayúdame a recoger”. Don Bimbas, insiste también, en lo de siempre. Así que El Cachorro intenta razonar con él: “¿Somos hermanos o pequeños enemigos?”

JAAAAJJAJAJAJAAJJAJAJ. ¿¿O pequeños enemigos?? De verdad que no sé de dónde saca estas cosas. Qué crack es.

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“Luego hacemos cosas divertidas”, remata. Ellos no sé, pero a mí ya se me ha alegrado el día.

Eso El Cachorro lo hace mucho. En otra ocasión, estoy en la cocina haciendo mil faenas y con los dos cangrejillos al lado, porque mira que hay casa, pero tienen que estar pegados a mis pies. Y no pueden estarse quietos, claro. Me la organizan continuamente, como pisar lo que acabo de barrer y volver a esparcirlo, tirar agua al suelo, no dejarme abrir puertas de armarios, acercarse peligrosamente a los fuegos… Así que barrito un poco y les digo que se larguen con viento fresco a jugar a otro lado o que se estén quietos.

Vuelven a lo suyo. Y en esto que se abrazan.

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Estampa tierna de narices. Y El Cachorro lo sabe (bueno, y el otro). Y sabe que ahí me ganan; vaya si me ganan. Y me dice: “Mamá, ¿no te parece bonito?”

Sí, pones los pros y los contras de tener hijos en la balanza y claramente se inclina hacia un lado…

Regreso al futuro

Nos vamos a pasar el día a un río, con un flotador que venía de regalo con un producto alimenticio.

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Se mete el padre con los críos, disfrutando un montón. Medio día después me meto yo con los críos. Y cuando llevo el gran rato con ellos, pido por clemencia que me dejen un poquito a mi aire. El Cachorro se muestra comprensivo: “Luego te dejamos el flotador para que te vayas ahí y estés a gustito sin hijos ni nada”.

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Jaajajaa. Qué consciente es de la situación. Añade: “Sin que conocieras a Pablo sin que hubiera nacido ni yo ni a nadie, tranquilita, con el teléfono, sin mandar a nadie…”

¡Pero bueno! ¿Qué me decís de “sin mandar a nadie”?

La verdad es que eso da un trabajo que no veas, lo de mandar todo el rato. Necesito un merecidísimo descanso.

La venganza

Mira, o sea, ¡es que no me lo puedo creer!

Aquí el peque, que es un testarudo y un soberbio, y odia que le lleven la contraria y que le manden, desde hace unos días tiene una manera de hacerte saber cuán disgustado está por algo que le has dicho (llamándole la atención, apenándote, echándole la bronca, explicándole cualquier cosa), y es ESCUPIR.

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Sí. Tú le dices que no tire los guisantes del plato al suelo (no que no se le caigan, sino que no los tire, porque eso es lo que hace), y se enfurruña y te responde escupiendo. ¡¡Me cago en el crío!! Cómo odio que haga eso. No sé de dónde se lo ha sacado, pero me saca, valga la redundancia, de mis casillas. Me parece humillante, despreciativo, tremendamente rebelde y asqueroso.

Total, que empiezo con una bronca y enlazo con otra. Y cuando se le ocurre escupir de nuevo para protestar porque le he reñido por escupir una primera vez, o cuando dos minutos más tarde tiene lugar una situación similar y reacciona de la misma manera por la que le he llamado la atención dos minutos antes, con un escupitajo, la siguiente opción es castigarlo. (Hay otra, que es estamparlo, y eso no lo contemplo). Así que lo agarro y lo llevo al baño pequeño, y lo encierro.

Él, claro está, grita y protesta. Y cuando vuelvo a abrir la puerta, me encuentro con esto:

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¡¡Es la puñetera segunda vez que lo hace, el desgraciado!! Una vez le castigué de la misma forma y también se cargó el cacharro ese del suelo. Igual. (Ver post del 22 de junio)

¡Jopé con El Vengador!

De verdad que me lleva al límite, este crío. ARGH.

Si las miradas matasen

Episodio tal y como me lo cuenta el Señor de las Bestias.

Hoy ha llevado a nuestros dos hijos al pediatra. El Cachorro lleva cinco o seis días con fiebre y tosiendo como una moto estropeada. Y Don Bimbas también amaga con pillarse lo mismo que su hermano, puesto que el día anterior ya nos llamaron de la guarde, que 38º.

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Total, que les toca el turno y Don Bimbas entra en la consulta tirándose eructos, que es una gran afición que tiene que me vuelve a mí loca de contenta, como os podréis imaginar. El pediatra, que por cierto es un ser un tanto extraño que conocimos cuando sustituyó a la titular y ahora mismo ya desconozco si vuelve a hacerlo porque es verano o si va a ser para siempre, es un tipo muuuuy peculiar, que cada cosa que hace te la cuenta como si se estuviera examinando del MIR. “Esto puede ser zofaileas farigintivis, claro que también tiene síntomas de neumoflusflis carvergen”. Y luego tiene otras rarezas que ya nos han hecho tildarle en el barrio como “el pediatra loco”.

Cuando “el pediatra loco” ve (y escucha) a mi maleducado hijo, pregunta:
– ¿Qué ha desayunado?
– Leche – contesta el padre.
– Parece que ha desayunado cerveza, jaaaaajajajaja. – Se ríe de su propia gracia. Y como muy fuera de lugar.

Don Bimbas… buenoooooo. Don Bimbas se megachina. Es que estaba cantado. Cuidadito con él. Que no sienta que alguien le hace burla porque te la cargas. Porque cuando Don Bimbas se cabrea, ojo.

Su padre, cuando me lo cuenta, meado (bueno, meada yo, porque él narra y yo me troncho). “Total, que coge y le pone una de sus miradas, en plan “te-voy-a-matar hijo-de-puta”. (Es que son así sus miradas, como sin contemplaciones).

Así, calentito como estaba, “el pediatra loco” le dice de ir hacia la camilla. Y él tieso. Rígido y con cara de pocos amigos. Callado. Ignorándole. Le dice “levántate la camiseta” y él en plan que se la levante tu padre. Aún y todo, lo han conseguido. Otra cosa ha sido cuando le han pedido que tosiera. No había manera. Señor de las Bestias: “Ha tosido el pediatra, he tosido yo y ha tosido El Cachorro. Él nada”.

Es que me los veo, me los veo a los tres tose que te tose y el canijo impertérrito, pensando “vaya trío de mongolos”.

Ha habido que decirle si quería ver a mamá para que tosiera. Y ha tosido. Eso, mira, me ha parecido mal, porque yo luego no estaba ahí. Eso no se hace. En fin, igual el fin justifica los medios…

Luego el pediatra le ha pedido que abriera la boca y sacara la lengua. Y ahí ya no ha habido manera. El pediatra: “Este parece que tiene peor genio, ¿no?” Estará el hombre como una regadera, pero ha calado a mi crío pronto. Bueno, no hace falta ser muy águila para darse cuenta de que no tiene nada que ver con su hermano…

Volvamos a lo de abrir la boca y sacar la lengua. Sí, ha hecho “agh” al abrir la boca (con ese sonido) y ha sacado la lengua. UNA vez. Como si fuera una rana zampándose una mosca. Como diciendo “toma, ya tienes suficiente”.

No sé cómo ha transcurrido el resto de la exploración. Lo que sí sé es que hoy “el pediatra loco” se ha ganado el sueldo.

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Y me dice el Señor de las Bestias: “Viendo cómo miraba al pediatra loco, pienso que a lo mejor no está mal que todavía no hable”…

* N de A. Las enfermedades “zofaileas farigintivis” y “neumoflusflis carvergen” no existen, son pura invención.

El anárquico

Dejo a Don Bimbas haciendo pis mientras voy al salón a por El Cachorro, que está con fiebre. Vuelvo al baño con él en brazos y cuando entramos nos encontramos al canijo de esta guisa.

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Bueno, ha sido mejor aún, porque estaba con el calzoncillo en la cabeza y secándose el pito con papel higiénico en una postura (y con una actitud) como de cantante de una banda de punk. El ataque de risa que nos ha entrado a su hermano y a mí ha sido apoteósico.

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Muy, MUY payaso es el pimpollo. Tiene demasiado mal genio y la verdad que lo quieres tirar por la ventana la mitad del tiempo. Ahora, la otra mitad se dedica a hacer el canelo, le encanta hacer reír.

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