Niños fashion

Me encantan estos dos en una tienda.

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Pero qué fashion. Les compraba los sombreros y los fulares si no supiera que se los han puesto a modo de disfraz, para hacer la gracia y darme gusto. Si los tuvieran que llevar de verdad seguro que me los hacían tragar.

De momento, lo más fashion que hago con ellos es vestirlos con la misma ropa. Me gusta que mis niños vayan vestidos iguales. No suelen ir así pero intento que lo hagan de vez en cuando, y por eso tienen algunas prendas gemelas.

Pero hoy he caído en que esta manía mía tiene un fallo… Con eso de que el pequeño hereda ropa del mayor, ¡va a parecer que viste con lo mismo durante años! Se le queda pequeña una camiseta igual a la de su hermano, en el momento preciso en el que hereda la camiseta de su hermano. Va a dar la impresión de que, por algún milagro, la ropa crece con él.

Creo que voy a abortar esto. O a ver si me planteo mismas ropas pero de distintos colores… O mismos colores pero distintas prendas… Le tengo que dar una vuelta al plan, porque llevarlos tan emparejados me está pareciendo un poco absurdo. O sea, me encanta pero es poco operativo.

En cambio, la que les ha dado todas las vueltas del mundo y ha logrado desemparejarlos… es la lavadora a los calcetines. ¡Maaadre del amor! Se me ha ocurrido sacar del cajón todos los calcetines de mis hijos que andan sueltos…

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Y son una cantidad interesante.

Esto es digno de estudio. ¿¿Dónde narices están los otros??

Test de Rorschach

Se caen gotas de leche.

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“Mira, una mamá pata con sus hijitos”, interpreta El Cachorro.

Los test de manchas este los va a bordar.

Me fascina el maravilloso mundo de mi hijo. Para matar el tiempo, se pone a dibujar…

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– ¿Te gusta? – indaga.
– ¿Qué es, cariño? – ando perdida.
– ¡Un helado!

Y yo, qué queréis que os diga, lo veo, con su cucurucho y todo.

En el revés de la servilleta en la que ha decidido plasmar su arte, hay una casa con cara de chico y tejado con cara de chica.

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¿No es genial? Yo creo que ya está preparado para ilustrar un cuento de fantasía. (O surrealista. Y si combinamos los dibujos con la entrada de ayer, ya lo bordamos).

Hoy han venido a divertirse…

Os suena esa frase que en cada programa de “El Hormiguero” suelta Pablo Motos, ¿no? Esa que dice: “Hoy ha venido a divertirse a “El Hormiguero”… ¡¡no sé quién!!”

Pues en mi casa pasa lo mismo cuando el Señor de las Bestias aparece con un bicho. Solo que con algunas modificaciones.

“Hoy han venido a temblar a nuestra casa… ¡cinco pollitos!”

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Que ya me veo a los animales en la finca:

– Osti, tú, os han metido en una caja de cartón.
– Ay, no, ¡miedo! ¡Miedooo!
– Os van a llevar con esas dos fieras.
– Uff, verás.
– ¡Somos demasiado jóvenes!
– Madre mía, sed valientes, vosotros podéis.
– ¡Valor, amigos míos!
– Nnnnooooooooooo – y el grito se apaga mientras se pierde el coche que lleva la caja hacia mi casa…

Y al llegar a casa, zas, las dos fieras les arrean un beso tras otro. Venga espachurre, venga el beso. Y así. Con lo que cuando los bichos vuelven…:

– ¡Estáis aquí de nuevo! ¡Bieeeeeen!
– Calla, no sé si superaré esto alguna vez.
– Jamás volveremos a ser los mismos.
– Voy a tener pesadillas de aquí a que me muera.
– ¿Ha sido igual de terrible que siempre?
– O peor. Es tal y como lo contabais. ¡¡Nos han babeado enteros dándonos besos sin parar!!
– ¡Miedo! ¡Miedooo!
– Lo superaréis. Hay terapia, ¿sabéis?

Y colorín, colorado, me voy a comer una buena palmera de chocolate, que se me da mejor masticar que escribir, sobre todo si se trata de escenas sin ton ni son.

P.D. Si algún lector se ha visto ofendido por leer este despropósito, se suplica compasión por la autora, que seguramente no haya podido dormir hoy tampoco y ya no rige, pero la entrega del post la tiene que hacer sí o sí. Gracias.

Jardinería

En la guardería de Don Bimbas han decidido realizar unas cuantas actividades para adecentar el jardín. Unas consisten en arrancar malas hierbas. Yo me apunto a la de plantar flores y plantas.

Hay que llevar plantas de casa, y yo le doy una maceta al pequeño. Cuando llega la hora de plantar y de que los padres babeemos, salen al patio los críos.

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(Me encanta esta foto).

Y ahí que nos plantamos tres plantas más felices que nada.

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Bueno, él también aprovecha para plantarme a mí y echar unas carreras.

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Sin embargo luego, cuando finaliza la actividad, no quiere que me vaya, claro. Ay, mi muñeco, qué rico es. Yo tampoco quiero irme, pero es que si no me van a echar del trabajo.

Solo espero que el riesgo haya merecido la pena, que Don Bimbas se haya concienciado para dejar de sacar tierra de los tiestos de casa y de descalabrar las plantas.

Seguiré reportando.

In-jus-ti-cia

He pasado cuatro días con mis dos hijos en Pamplona en los que, como es costumbre, no he dormido NADA DE NADA. Por supuesto, por obra y gracia de Don Bimbas.

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Y venía de arrastrar otra semanita de noches en blanco. Apiadado de mí, el Señor de las Bestias vino ayer en tren de Madrid para coger el coche y conducir él de vuelta. Un detallazo. Además, se ha ofrecido a encargarse del enano la semana que sigue entera. Dicho y hecho, esta misma noche en la que llegamos a casa me encerré en la habitación, sola, dispuesta a dormir sin sobresalto alguno. Y de hecho así ha sucedido. Él se quedó fuera, encargado del tema.

Cuando me levanto, procedo al interrogatorio.

– ¿Qué tal la noche?
– Muy bien, del tirón.
– ¿¡¿¡CÓMO!?!?

No doy crédito. No se ha levantado ni una PUÑETERA sola vez. Y sentencia:

– Está claro que te tiene declarada la guerra.

¡Pero vamos! ¡Clarísimo!

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¿Te he hecho yo algo en otra vida, hijo mío, para que la juegues así?

Comida desordenada

Y lo que engulle en la cena hoy Don Bimbas es, por este orden:

1. Espaguetis.
2. Mandarina.
3. Croqueta.
4. Cereales de chocolate.
5. Queso de oveja.
6. Cereales de chocolate (again).

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Claro que yo, en un evento reciente, me puse morada de canapés de paté de caza, de chorizo, croquetas, gambas… hasta que sacaron pastelitos y comí tres tocinos de cielo y uno de coco… y seguí con mis hambres voraces y en cuanto engullí el coco me metí otras tres tostadas de paté y una cazuelita de paella, y después un trozo de tarta.

Lo mismo con la bebida. Empecé con una o dos cervezas, seguí con dos o tres copas de vino tinto, volví a la cerveza, a dos concretamente, luego pasamos a copas y me pedí… ¡¡Baileys!!, y después una Coca-Cola.

Lo que hace la lavadora de tu casa es un corroncho de la patata al lado de mi estómago, que realiza el verdadero centrifugado.

Y Don Bimbas también con esta facultad, oye.

Vestidos de bautizo

Hoy bautizamos a mi sobrino pequeño. Y mirad qué pimpollos El Cachorro y Don Bimbas.

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Más bonitos que un San Luis.

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Pero la madre no se queda manca, no es por nada.

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Si es que se nos puede llevar a cualquier lado…

Y ojito a las fotos que me saca El Cachorro.

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Es que tiene un don. Un don heredado. Por eso me encargan inmortalizar el bautizo que mi hermano y mi cuñada han tenido el acierto de celebrar en la capilla de San Fermín de Pamplona.

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Porque tengo el don de saber encuadrar y el de saber disparar en el momento adecuado. Fijaos si no en estas dos fotos que saco después…

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JJAAAJAJAJAJJAJAJAJJAJAJAAA. Lloro.Soy muy perrins. Pobre sobrinico mío. Pero…¡¡qué toña!! Jaajajajajaaj. Ay, Dios me castigará.

Pero reconocedme que para sacar una foto así hay que estar ahí, como una superfotoperiodista que soy. (Pero qué toña, jaaaaaaaaa).

En danza a la hora de comer

¿Os he contado que Don Bimbas tiene un poder? Tiene el poder de hacer que se nos enfríe la comida a todos los adultos de la mesa. Seamos cuantos seamos.

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A ver, os cuento. Nos vamos a comer mis padres, mi hermano y su familia y yo con estos dos mendrugos. Y Don Bimbas la empieza a liar… No come, no para, tira cosas… Yo ya hiperventilando, negra. ¡Es que me saca de mis casillas!

Y como no podemos seguir dando el espectáculo en el restaurante, salgo con él y lo llevo castigado al coche. Que lo meto y lo ato en su silla y lo encierro, y me quedo al lado esperando que me suplique que lo saque, y el otro TAN PICHI. ¡¡¡Deeeee mis casillaaaaaaaaassss, me saca!!!

Llego a un trato con él (me autoengaño para pensar que ha sido un trato y que yo no he terminado claudicando) y volvemos. Que se va a portar bien, dice. Y le dura la cosa seis minutos. Seis. Creo que no llega.

Monto en cólera y mi hermano intenta aplacar ánimos llevándoselo él fuera del restaurante. Al rato (al mucho rato, pues Don Bimbas no es fácil de doblegar), vuelve. Mi hermano, que es un poco cándido, está convencido de que con su buen hacer ha conseguido cambiar el comportamiento de Don Bimbas radicalmente. Está seguro de que esta vez sí que sí. De que esta vez estamos ante un niño nuevo, que no va a armar ningún pifostio y que se lo va a comer todo. Claro que ahí está Don Bimbas, listo para tirar por tierra toda esa ilusión a los cinco minutos de haber entrado. Cinco. Creo que no llega.

Entonces es mi padre quien toma el relevo. Y hace la misma jugada que mi hermano y mía. Con prácticamente idéntico resultado…

Y yo entonces observo que los que están comiendo fuera, en la terraza, deben alucinar. No hacen más que ver la misma escena:

1. Sale un niño enrabietado, armándola, en brazos de alguien.
2. Desaparecen un rato.
3. Vuelve el niño cariacontecido, más calmado y con pinta de formal.
4. A los pocos minutos, vuelve a salir el niño llorando y pataleando.
5. No se sabe nada de él en otro rato.
6. Vuelve de nuevo serio pero calmado.
7. Etc.

Y alucinan porque todas las veces se trata del mismo niño diabólico; lo que cambia es el adulto que lo lleva en volandas.

Un adulto que, como el resto de adultos de la mesa, come frío.

Escalafón

Desayunando en casa de los abuelos, El Cachorro me hace saber:

– Me ha dicho la abuela que puedo tomar la tostada sin mantequilla ni nada, tostada sola.
– De eso nada, te pongo una con mantequilla y mermelada.
– ¿Quién manda en esta casa? – me desafía.
– Yo mando sobre ti estemos donde estemos.
– Y la abuela sobre ti.

Tiene clarísimo el escalafón.

Hay otra lid en la que me gana mi madre. En la que nos gana a todos, todo sea dicho. Porque NADIE COCINA COMO MI MADRE.

Sí, es la típica frase que decimos todos. Pero no estoy de acuerdo con eso de que para cada uno su madre es la que mejor cocina. Bueno, pueden pensarlo, sí, pero no están en lo cierto. Yo sí lo estoy. Que mi madre es la que mejor cocina del mundo es INCONTESTABLE. Y hoy me lo ha confirmado mi propio hijo. ¿Pues no coge y me salta: “Eh, tú no cocines aquí que hace más rico la abuela”?

Mi madre no tiene rival.

Más vale que donde El Cachorro nos iguala a todos, es en el amor.

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Solo se ha olvidado del perro.

Momentos de relax

Cuando hacen lo que les gusta, y sobre todo cuando hay para los dos (eso es primordial, no pelearse por un mismo objeto), todo es tranquilidad.

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Aquí cada uno con su “tablet”.

Otro invento del que intento no echar mucha mano pero que hay que reconocer que amansa a las fieras que da gusto: la TV. Invento no, inventazo.

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Mirad qué formales.

¿Y qué me decís de un buen baño de espuma a oscuras? Si, normalmente aquí debería salir yo, pero no. Es cosa de El Cachorro. Desde que me vio de esta guisa hace unos días (no os creáis que lo mío es estar así cada dos por tres, era el segundo o tercer baño de espuma que me he dado desde que él nació) no hizo más que pedírmelo. Hoy he decidido darle el gusto y, para su sesión relajante, hemos empezado por llevar todas las velas de casa al baño.

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Y luego ya el agua, el jabón a raudales, la espuma.

Feliz. Hasta el otro está sin dar guerra, a pesar de que el baño no era para él.

Y a mí lo que me relaja es verlos a ellos así, entretenidos, quieticos, a lo suyo… Cómo me gustaría escribir post así, de niños en calma y armonía, sin parar. Sí, vale, son más sosos, pero qué paz…