Un papi algo blandengue

Ayer le propuse a El Cachorro que hiciera algo con la plastilina. Hizo un truño que me intentó colar como un camión. Le dije que se esforzara, que eso no se parecía a un camión ni de lejos, y él me sacó como excusa que no disponía de tijeras ni rodillo. Yo le dije que no hacía falta y le hice una rapidísima demostración para salir del paso, elaborando un retrato de su padre.

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Ejem…

El Cachorro sí le ha sacado parecido y estaba encantado, y ahora llama “papi” al trozo de plastilina.

Hoy llega y me dice: “Mami, mira. Mira papi”.

Y lo trae con unas piernas y los brazos que le ha hecho.

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“Mira papi”, dice, jajajajaja. Me mondo.

Yo creo que es su venganza. Porque el Señor de las Bestias muchas veces le dice a El Cachorro, en broma, que es feo. El Cachorro contraataca: “Papi es feo como un hombre lobo despeinado”.

Me encanta. Es muy gráfico.

Y me pregunto si comparar humanos con bichos con distintos atributos lo habrá heredado de mí. Aún recuerdan en mi casa cuando, siendo solo algo mayor que El Cachorro, mi madre no sé qué atuendo me colocó que yo dije: “¡Parezco una mona gorda!” Todavía se están riendo.

Cabezón desamparado

Como de costumbre, le llevas la contraria a Don Bimbas con algo y ya no hay nada que hacer con él. O se bloquea quedándose con la mirada perdida, sin reaccionar (eso sobre todo cuando se gana a pulso una regañina) o se queda inmóvil en un lugar, llorando o no, y no te hace caso así le amenaces o le digas que ahí se queda y desaparezcas.

Hoy ha sucedido algo así en el campo. Harta de insistirle, le digo que nos largamos. Y me sale el abogado defensor, su hermano mayor.

– ¿Por qué dejáis a mi hermano solo? – se escandaliza.
– Que se espabile.
– ¡No voy a dejar a un niño solo! – determina con tono trágico, muy resuelto él, a la par que indignado.

Jajaja. “No voy a dejar a un niño solo”. Habla como si él tuviera treinta años. Pues nada, ha ido hacia él para convencerle de que se moviera.

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… Y lo ha conseguido.

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Con la satisfacción del trabajo bien hecho, luego ya se ha puesto cómodo.

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Esto de utilizarnos de asiento lo hace de siempre. O sea, lo de que los padres somos un apoyo, él lo ha entendido literalmente. Pero se lo ha ganado. Porque hoy (otro día más) el apoyo ha sido él para nosotros con su hermano. Me tiene que empezar a dar unas clases de psicología infantil. URGENTES.

Crudivegano vs. goloso

En su línea, aquí El Cachorro, el que se trinca las peladuras de los pepinos, ahora que estoy pelando las alubias verdes (o judías), se acerca y se pone a comérselas una a una.

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A mí me da cosa porque es que creo que eso tiene que caer mal al estómago. Una vez las cociné al vapor y no se hicieron del todo y me provocaron una indigestión de tomo y lomo. Estuve vomitando de lo lindo. Tarde un año en volver a comerlas (y no al vapor). Y mirad este. Le digo: “Hijo, mejor espera a que las cueza ¿no?” Y va y me salta que es que cocidas no le gustan.

Somos de planetas distintos.

Y luego está el otro. A Don Bimbas le va justo todo lo contrario. Hoy se ha desayunado una copa Danone, ya sabéis, las de chocolate y nata. No quería desayunar nada, como siempre, hasta que se la he enseñado. Con el chocolate o el dulce hace excepciones.

Luego he puesto unas tostadas en la mesa y, ¿adivináis qué hace? Mete el dedo para arrancarles la mantequilla y la mermelada y zampárselas, sin el pan.

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Destroza las tostadas.

Me recuerda, en cierta manera, a mí. Cuando mi madre me ponía de merienda bocadillo con un trozo de tableta de chocolate, obviamente me comía el chocolate y el pan, para las palomas.

El caso es que con estos dos ando lidiando con mis sentimientos contradictorios. El Cachorro me hace sentir culpable por ser tan gorda y alimentarme tan mal, y Don Bimbas me hace sentir culpable por ser tipo yo. Ah, vaya, espera… no son sentimientos contradictorios… ¡¡los dos hacen que me sienta culpable!

Queridos higos…

Hoy El Cachorro ha escrito el nombre de un cantante de ópera:

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Y a mí me ha recordado la anécdota que contaban mis padres acerca de mi abuela por parte de madre. Como en aquellos tiempos no se tenía tanto acceso a los estudios, la gente con aprender a leer y a escribir iba que chutaba. No se podía pedir mucha más floritura. Así que cuando mi abuela mandaba cartas a mis padres cuando vivían en Barcelona, les escribía cosas como esta: “Queridos higos: Os mando estas narangas…”

Mi hijo, digno bisnieto de mi abuela.

Antes y después

A mí, de toda la vida me han encantado las fotos esas del antes y el después, ya sea de un tratamiento facial, de una operación, de una dieta, de una reforma…

Para mi solaz, hoy tengo las de Don Bimbas.

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¡Menudo rape! ¡Cambia mucho, ¿verdad?! Ha pasado de ser un perroflauta a ser un ejecutivo. En la segunda creo que está algo más adulto. Me gusta porque está guapo tenga el pelo que tenga y se peine como se peine, pero para la próxima vez igual les digo que “solo las puntas”…

El peor día de su vida

Llego pronto a casa. Las siete de la tarde. Je. Prontísimo, sí. Pero así es mi vida. El caso es que cuando entro mis hijos no están. Se deben encontrar abajo con la mujer que los cuida, jugando. Pero a los tres minutos aparece esta con El Cachorro, que se hace caca. Vuelve a bajar para estar con el pequeño, que lo ha dejado con una vecina. Me quedo al cargo.

Cuando termina, aprovecho para decirle que ya no vuelve a bajar, que tiene que hacer uno de los innumerables (y “sencillitos”) trabajos que nos encarga su profesora.

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Bueno. Imaginad. ¡La que ha montado (con toda la razón) ha sido mundial! Porque esto ha sido una traición en toda regla. Solo por el hecho de tener un apretón, se le acaba de fastidiar la tarde.

No es que me guste ser la madre mal rollo y bajonera, pero se nos están acumulando los trabajos de marras y este le llevo diciendo que lo haga tres días y no hay tu tía, ni empezar. Me saca excusas hasta la mujer que los cuida. Y el Señor de las Bestias aún está por enterarse de lo que hay que hacer. Así que, nada, me toca el papelón de la casa.

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Lo mando al salón de mala leche, ya con cinco minutos de protestas acumulados. Y me salta:

– ¡Hoy es el peor día de mi vida!

Aaaay, hijo, ojalá. Qué dramático es siempre. Ya lleva unos cuantos “peores días de su vida” en su haber. Pero centrémonos en este… Como ve que no despierta mi compasión, pasa a la amenaza:

– ¿A ti te gusta tu día? Pues no te quiero, a ver qué te parece.

Le ha faltado añadir “hala, jódete”.

El caso es que no le ha servido de nada. Hoy al menos hemos hecho la mitad de ese trabajo. Algo es algo.

Como ya lo tengo chinado perdido, más tarde, cuando me ve pintarme el ojo para salir por ahí (sin ellos), me echa en cara: “Todo el día con tus amigos y ahora te vas con tus amigos”.

Tengo un evento y me piro. Y él se piensa que mi vida es como la suya, que mi curro es como su cole. Cree que en el curro estoy con mis amigos (vete a saber qué se piensa que hago) y que encima luego, al salir, cojo y vuelvo a estar con ellos.

Esto viene a cuento de que cuando se queja de que ha jugado poco en el patio con sus amigos, yo le dijo que se pega la vida con ellos, que están todo el santo día en el cole mano a mano y que cuando vuelven a casa, también. Porque se da la circunstancia de que su mejor amigo es su vecino y va a su clase. O sea, no hay un par de amigos en esta vida que inviertan más tiempo juntos que estos.

Así que cuando protesta cuando me dice que ha estado poco en el patio, yo me muestro dolida: “Oye, tú, que estás siempre con Rodrigo, llevas todo el día con él y a mí ni me has visto… ¿¡y aún quieres estar más con él que conmigo!?” Me fastidia bastante, la verdad.

Pero resulta que hoy, como yo salgo, tengo “morrazo” porque teóricamente voy a hacer lo que hace él toooodos los días, querer estar con mis “amigos” antes que con él… Es que encima se lo creerá, el tipo.

Vamos, que hoy mi hijo me quiere MO-GO-LLÓN.

Mi niño…

Se me queda frito encima de mí.

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No sabéis cuánto, cuantísimo lo disfruto. Porque me da por pensar en lo que ocurrirá cuando pase no mucho más de tiempo (que pasa volando), en cuando sea adolescente y me aborrezca, y sé que estos momentos los echaré en falta como a nada.

Es que me entra nostalgia por adelantado.

¿Sabré vivir más adelante sin hacerlo en su pequeño mundo? ¿Ese en el que no me deja ni a sol ni a sombra? ¿Ese en el que yo soy su centro? ¿Ese en el que las cosas son a su medida?

Sale el sol y aprieta, así que decido salir a morenearme un poco. Es algo absurdo, porque acto seguido aparece Don Bimbas y no me deja. Pero ve que está el bote de crema al lado y se propone utilizarlo.

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No me llega a rociar crema, claro, porque no tiene fuerza para darle al botón del spray, ni me extiende bien la crema imaginaria, porque hace así medio segundo con la manita y voy que chuto.

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Vamos, que hoy me quemo fijo.

Pero sarna con gusto no pica. Lo dicho, estoy in love de su pequeño gran mundo.

Síndrome de Diógenes

El Cachorro trae de la calle un cacho roto de algo. No es la primera vez.

– ¿Qué es eso?
– Para que parezca que sea una pala rara.
– ¿Para qué quieres una pala rara?
– Para jugar con ella.

Lógico. Pero ahora danzará por casa hasta que me canse y la tire. Que me conozco yo el percal y a mí misma, pues no es la primera vez que me las tengo que ver con cachos rotos de cosas. Y luego El Cachorro preguntará por ella y tendré que inventar algo o hacerme la loca.

Después, me viene con un rotulador en la mano. Es uno que perdió la tapa hace tiempo.

– Este rotulador está seco, ¿lo tiro? – me pregunta El Cachorro.
– Sí. – le doy permiso.

Lo tira.

No han pasado ni treinta segundos que lo oigo:

– Lo echo de menooooos.

Y coge, va a la basura y lo recupera.

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He aquí los dos objetos en cuestión. Que estarán entre nosotros durante mucho tiempo, pues está visto que El Cachorro es una urraca, como yo. Yo es que ni siquiera llegaba a tirar nada a la basura…

Fútbol

A El Cachorro nunca le ha dado por el fútbol, ni en casa somos de ver fútbol a todas horas. Además, lo de manejar el balón con los pies tampoco es lo suyo. Se le da muchísimo mejor lanzar cosas con la mano.

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PERO, vive aquí, en España. Y el fútbol se acaba imponiendo.

Hoy ha llegado a casa con una determinación: “Tengo que practicar fútbol porque si no me meten un gol”.

Ha estado de portero y le ha debido de caer la del pulpo. Y además alguien ya le ha engañado para dejarlo bajo los tres palos: “El portero también puede ir a meter goles”, me dice. Claro, claro, cariño. Lo dicho, engañado perdido.

En cambio, fíjate tú por dónde, no tan engañado como para elegir al Osasuna como su equipo de cabecera. Cagontó.

Fotos profesionales

Llegaba a casa y un amigo me avisa de que está por mi barrio con otro amigo suyo, que además es su compinche de trabajo. Han ido a recoger los nuevos uniformes de policía municipal de Madrid. Que si nos vemos. Les invito a subir a por una cerveza. Mi amigo viene con una cámara de fotos. Siempre lleva una encima, pues la fotografía para él es más que una afición.

De repente mis hijos le inspiran. “A ver, vosotros dos, poneos aquí”.

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“Aquí” es de pie encima de la mesa de cristal. Mecagüen la leche. Yo me debato entre no dejarles, que estoy siempre a la gresca con que no se suban, o dejarles y quedarme con unas fotos chulas, pues sé que lo van a ser. Opto por la segunda opción.

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Sabía que no me iba a arrepentir.

Luego les doy la cena y mi amigo se vuelve a inspirar. “A ver, esa silla aquí. Tú, ponte aquí. Tú, al lado”. Me los coloca y no se le ocurre otra cosa que subirse él a otra de las sillas… ¡con las botas puestas! Casi me da algo, ya me conocéis.

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Pero obtengo mi recompensa…:

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Y luego nos saca a los tres afuera, a la terraza, y así, sin esperar a que me cambie de ropa, pues lo que llevo es más antiguo que mis hijos, sin importarle que esté sin maquillar y con granos, con cara de haber estado todo el día currando (cara de realidad), nos dispara un par de fotos.

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Es que es un artista, el jodío.

Me ha dejado la casa hecha un desastre, pero tengo unas fotos maravillosas.

Y útiles. Porque por la noche Don Bimbas empieza a hacer de las suyas. Las suyas son estos equilibrismos imposibles en la mesa.

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Un día la silla se va a resbalar y él se me va a desgraciar. Menos mal que hoy le han hecho un par de fotos buenas y al menos ya hay constancia de lo bonito que era antes de descalabrarse del todo…

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