Rey

Hoy ha tenido lugar una convocatoria que realizó hace un par de meses un primo segundo mío al que no conocía para que nos juntáramos la tercera y cuarta generación de los descendientes de mis bisabuelos por parte de padre, el matrimonio Rey Ciaurriz.

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Nos hemos juntado (y por supuesto no estábamos todos) más de cuarenta personas. Menos mis siete primos carnales, del resto no conocía a nadie. Y la verdad es que nos lo hemos pasado de lujo. Ha sido de esas comidas que terminan a las dos de la mañana. Se ve que lo de la juerga es genético.

Pero me he percatado de la cantidad, de entre todos los primos que tengo, que han perdido el apellido Rey de primero. Mi hermano y yo éramos de los pocos de la cuarta generación que lo conservábamos. Y andaba toda orgullosa de ello cuando he caído en que… ¡después de mí también se pierde!

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Ay, ¡me ha dado una rabia! Espero que mis sobrinos (hijos de mi hermano Rey) tengan hijos varones porque si no estamos perdidos.

Rutinas

Hay que levantarse. Don Bimbas me dice “eíaa”, que es buenos días, o “ani”, que es good morning.

En cambio El Cachorro es clavado a mí. Le cuesta levantarse de la cama la misma vida. He aquí su cara nada más incorporarse (después de trescientos “levanta” míos).

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Y he aquí cómo desayuna.

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Se queda sopa total.

Ya se espabila y al final acabamos él, su hermano y yo arrancando la mañana de la misma manera.

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Lavarnos los dientes a la vez es uno de los placeres por los que hasta se te olvida lo mucho que te ha fastidiado tener que madrugar.

Por la noche, más rutinas…

Que hay que irse a dormir y a Don Bimbas hay que tenerle el bibe preparado para que se le llene la barriga y pueda cerrar el ojo, hay que aplicarle crema en el culete porque enseguida se le pone como un mandril, hay que darle fibra en polvo disuelta en el bibe porque se estriñe, hay que darle las benditas e ineficaces gotas de melatonina para ver si es capaz de dormir una noche seguida, hay que extenderle cremita especial por todo el cuerpo para que no se pase la noche rascándose desesperado por la piel atópica…

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A veces pienso que se me va a hacer de día, (“eíaa”) y todavía no lo hemos acostado.

Melatonina

El lunes, por fin, me he hice con esto:

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Me dijeron que empezara con tres gotas, aunque es tal mi desesperación (creo que voy a enfermar por no dormir ni una puñetera noche desde que nació Don Bimbas y ya estoy demasiado débil y cansada), que estoy por ponerle un embudo en la boca y meterle el frasco entero. Pero no. Para empezar haré caso…

El lunes, tres gotas antes de dormir. A las cuatro y media de la madrugada, se despierta. Yuju.

La noche del martes, que me acuesto a las 23h, cosa inaudita, se despierta a las doce y media y a la una y media, esta última vez con ganas de jarana. Que te llama desesperado hasta que te asomas y entonces esconde la cabeza y te ignora. No entiendo ese juego. Y cuando te vas, empieza a berrear de nuevo. Y te encabronas. Porque lo hace tres o cuatro veces seguidas. Que en la primera, en la segunda, en la cuarta… le preguntas si quiere bibe y te grita: “¡Nnnnnooooooooo!”. Hasta que le vuelvo a decir, como el resto de las veces, que me vuelvo a mi cuarto y que me tiene harta y creo que ya entiende que va en serio (como las otras veces, pero se ve que no quiere estirar la cosa por si lo ahogo), y entonces sí, me dice que bibe sí. Yupi.

Esta noche invierto dos horas, de 21:00 a 22:40 en calmarlo y darle masajes porque se señala las rodillas, que le duelen.
Se despierta a las seis de la mañana.

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La irrupción de la melatonina en nuestra vida ha pasado totalmente desapercibida. En serio, VOY A MORIR.

Valoro utilizar dardos tranquilizantes o con anestesia para rinocerontes.

Descalabrándome

Lejos de ser un ejemplo para mis hijos y se comporten como yo lo hago, sucede al revés. Yo acabo comportándome como ellos, o me sucede lo que a ellos.

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Hace tres días me di con la estantería de su cuarto encima de la sien izquierda y vi las estrellas. Un golpetazo que me llevó haciendo eses hasta el baño a por el Arnidol, producto que tengo gracias a ser madre (claro que tampoco tendría esa estantería si no lo fuera…) Me lo apliqué. Pero no me dejó de doler.

Hace dos días me di con la campana de la cocina. EN EL MISMO SITIO. Agh. Daño. Mierda.

¡Pero es que hoy me he vuelto a golpear EN EL MISMO SITIO Y CON LO MISMO!, la puta campana (perdón, me tiene frita el asunto). Aun así he conseguido reprimir los juramentos (gran esfuerzo de contención por mi parte, que espero me aplaudáis) y solo he dicho “MECAGÜENDIEZMECAGÜENTODO”.

El Cachorro: “¿Has dicho una palabrota, mamá?” Está muy atento siempre. Pero de mí no está acostumbrado a oírlas. “No, cariño, es una expresión malsonante, pero no es una palabrota”.

Menos mal que no me lee el pensamiento, porque se le hubieran puesto los pelos de punta con lo que llegué a soltar mentalmente.

Flower Power

Hoy, no sé por qué razón, que están más de jarana que de otra cosa en ese cole, celebran la llegada de la primavera. Sí, ese lugar donde El Cachorro va a formarse a diario con una profesora que escribe “fuimos ha hacer”, utiliza infinitivo como imperativo y dice “estuvistes”. Estoy con el temita que trino, precisamente cual gorriona primaveral.

Bueno, pues en vez de fomentar que los profesores se hagan un cursito de ortografía y gramática, hale, venga el festival. En fin, si no puedes con ellos…

Así que estuve viendo qué tenía de Flower Power tamaño 5 años por casa. Hallé poco, pero algo había.

Pero… ¿adivináis quién NO iba a llevar puesta esta peluca?

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Mira que me esfuerzo por colocársela a alguno de los dos o por Carnaval o por Flower Power o porque hoy es hoy. Pues no hay manera. Qué lastíma.

El mail de la “Fiesta Happy Flower”, asimismo, decía lo siguiente:

“Puede venir disfrazado con la temática de hippy o con motivos florales, primaverales, complementos…, algo divertido que no os complique, para el almuerzo cada uno puede traer una bolsa de patatas, cortezas, gusanitos no muy grande… que compartirá con los compañer@s e individualmente se traerá la bebida que más les guste”.

Pues bien, yo por lo visto después de los últimos puntos suspensivos dejé de leer. Así que esta mañana, justo antes de salir para el cole, le doy la bolsa de gusanitos que tenía por ahí guardada, que pensaba que era solo para consumo propio.

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No puede ser más pequeña. No le llega ni para un diente… ¡mucho menos para compartir!

El Señor de las Bestias ha tenido que parar en un chino para comprarle unos gusanitos en condiciones y la bebida, que yo tampoco tenía.

Minipunto negativo para mí.

Y otro, ya de paso, para la profesora. A sumar. ¿Qué es esa arroba? ¿Qué puñetera manía es esa de hacer ver que se incluyen los dos géneros con la @ de las narices? Eso y lo de “compañeros y compañeras” es que me está provocando una urticaria.

Resacas sin hombres, s’il vous plait

Me levanto un domingo de resaca y… ¿qué me encuentro? El horno con caramelo solidificado porque un vecino así muy avispado que tengo decidió ayer, en la cena borrachuza que improvisamos en mi casa, meter unos crepes con dulce de leche así, directamente sobre la rejilla.

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Me cago en todo lo que se menea.

¿Y qué ocurre para que todo fluya?

Que como tengo hijos y sobre todo uno de ellos no tiene idea buena, cuando estoy en el salón veo que el susodicho aparece… Tachán. Viene como a lo suyo, concentrado, con determinación, coge dos “herramientas” (un tenedor y una cuchara de madera que pertenecen a un puzle que siempre está en la mesa de la tele) y se va tan campante, como si de un obrero que agarra una paleta y vuelve al tajo se tratara. Mosca total, me asomo al cuarto de estudio y…

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OOOOTRA VEZ HACIENDO DE LAS SUYAS CON LA TIERRA DE LA PLANTA, AQUÍ EL JARDINERO.

Bendito domingo. Entre los unos y los otros… GRRRRRRRR. ¡Hombres!

Subirse a la chepa

En el caso de Don Bimbas, es literal.

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Hoy teníamos una comida todos los vecinos y, por suerte (para él… y para nosotros), ha contado con varios de los que servirse para divertirse de lo lindo. A los que machacar para su propio entretenimiento. Sin miramientos.

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Y, como de costumbre, sus víctimas, encantadas de la vida. Con un aguzado síndrome de Estocolmo. Y lo sé no solo porque lo veo, lo sé porque me han hecho saber lo que opinan sobre Don Bimbas.

LO-A-DO-RAN.

Les parece el muchachito más gracioso y simpático, y más espabilado y culebra, y más terremoto que se han echado a la cara. Y todos tienen hijos. Pues el mío se los ha metido en el bolsillo. Pero lo gracioso es que mientras me lo decían, pasa Don Bimbas al lado como una locomotora empujando la bici rara de El Cachorro y atropellando a un par o tres de seres humanos; tres segundos más tarde, y sin habernos dado nadie cuenta del cambio, vuelve a pasar encima de una bici (una normal); y otros tres segundos más tarde (en serio, no ha debido de pasar más tiempo), de nuevo empujando la bici rara. Es que se morían todos de risa.

Les he tenido que contar que tiene un lado oscuro, que gracias a él no duermo, que es don Pupas también. Pero no os creáis que me han hecho mucho caso… Mis dramas con él se la pelan.

Después de la comida tenía invitados en casa…

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… que no sé si volverán. Pero seguramente sí, porque también han sido hipnotizados por este crío. Y por su hermano. A este amigo, entre los dos, lo han deslomado. Y ya tenemos una edad…

¿Cómo es posible que tengan tantísima energía? Es que parecen una película de esas mudas, que van a cámara rápida. Pero con audio. ¡Con bien de audio!

Me pareció ver un lindo roedor

¿Recordáis que hace poco el Señor de las Bestias me mandó una foto de El Cachorro encariñado de un animalillo, preguntándome si podía llevar un hámster a casa? Pues la llegada del supuesto nuevo miembro de la familia se demora. Al padre de las criaturas se le “olvida” traerlo a diario. Pero a El Cachorro no.

Hoy, motu proprio, ha escrito esto:

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(Ojo, él solito).

Ya tiene que querer que venga el bicho para ponerse él a escribir sin que nadie le obligue. La matraca la está dando pero bien.

Y no es la primera vez que oigo lo de que a casa va a venir UNA RATA. Ya vi en su día que lo que tenía entre las manos no era un hámster. Pero vuelvo a ver la foto, con mi mosqueo en todo lo alto y… nada, que no sé muy bien si lo que me van a traer es un ratón o una rata. Sea lo que sea, ya puede estar bien enjaulado, y no porque me den miedo o asco (bueno, la cola de la rata, un poco sí), es que con esos dientes y ese apetito voraz que no discrimina, se escapa y te destrozan la casa en un santiamén.

Echo de menos cuando teníamos a “Tiburón” y “Pez”.

Para qué engañarse

Después de cenar, le pregunto toda esperanzada a Don Bimbas, supongo que esperando que se apiadara de mí, o que fuera consciente de lo que ocurre y se animara a cambiar, quizá pretendiendo que aceptara el reto subliminal que iba implícito…: “¿Vas a dormir hoy, cariño?”

Y me contesta: “Noooooo”. Tan ancho.

Al menos es sincero. No me vaya a hacer ilusiones… Y lo prefiero. La verdad ante todo.

Pero, hablando de ilusión, luego sí es capaz de hacerme vivir espejismos…

Me pide el váter (ni orinal ni flowers). ¡Yuju! Lo siento en la taza. No hace nada de nada.

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¡Pero él hace como que sí y coge un trozo de papel higiénico para limpiarse! No hay nada que limpiar pero, por cómo se lo está tomando, parece que se ha propuesto sacar brillo a los bajos.

Y se va luego con cara de conquista. Aquí, el Rey.

Pienso que mi hijo es como un dibujo animado.