Tipos de morros

La lía de par de mañana, le echa su padre la bronca y se cabrea.

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Mirad qué morros.

Por suerte, tiene un amplio surtido de ellos, según la ocasión. Por ejemplo, tiene el modelo “beso de las siete leguas”. Porque desde siete leguas atrás viene Don Bimbas con los morrillos preparados para darme el beso antes de irme a trabajar.

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No le vaya a coger el beso desprevenido, con los morros sin preparar ni nada. Madre mía, es que me lo como.

Y ojo que para morros… estos.

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Provienen de “Chuchelandia”, un juego que le regalamos por su cumple, ahí en los primeros diciembres, y lo estrenamos ahora. ¡Ahora! Y un ratito corto, que es hora de ir a la cama y el juego este supone mucho pifostio…

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Con la murga que dio, el pobre. Se lo vio a su mejor amigo y, claro, lo deseaba por encima de todo. Y eso que este no ha salido laminero como su hermano pequeño o como yo, que dice que le gustan las chuches porque se supone que les tienen que gustar a los niños, no porque realmente se vuelva loco por ellas.

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Hacerlas, es otra cosa. Pero el jueguecito se las trae. Hay que coger agua, echar polvos, mezclar… Y eso las gominolas fáciles. Las otras me han parecido una receta de cocina de esas con ingredientes tipo pimienta del Cáucaso y ajo morado de Las Pedroñeras. Vamos, una pereza que para qué.

El caso es que las hemos hecho y nos las hemos comido. Y ha sido entonces cuando le he encontrado la gracia al juego…

Compartir es vivir (cómo, es otra historia)

Desayunando, El Cachorro se está metiendo un cruasán entre pecho y espalda y Don Bimbas le mira con cara de perrillo abandonado. Le pregunta su padre si quiere un poco, y dice “¡Ti!” Y le dice a El Cachorro: “¿Le das un poquito a tu hermano?” Da su consentimiento, porque es generoso y un cielazo. Total que se pone su padre a cortar y dice El Cachorro, indignado: “¡Pues vaya poquito que es!”

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A mí también me ha parecido un muchito.

Menos mal que, más tarde, es el pequeño el que le da a su hermano parte de su postre.

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Claro que no lo hace por pura generosidad. Lo hace porque El Cachorro, cada vez que le planta un trozo de pera en los morros, hace una succión exagerada con la que el peque se troncha vivo. Lo hace en beneficio propio, para procurarse su propia diversión. Lo que uno comparte por altruismo, otro lo hace por egoísmo. (Bueno, en esta ocasión. A Don Bimbas le pides un cacho de algo y también te lo da <3).

Come que da gusto verlo

Vamos, que le han hecho corro y todo…

Estábamos en la celebración del cumple de una vecinita de la urbanización y cuando han sacado la tarta, Don Bimbas le ha robado a la cría todo el protagonismo. Se ha puesto a zampar como si no hubiera un mañana y ha sido un espectáculo.

Varias madres se han apostado a su alrededor para verlo, dándose codazos para estar en primera fila. El otro no las ha defraudado. Dos buenas porciones se ha metido entre pecho y espalda sin pestañear.

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(Ojo al modo relax de los pies cruzados).

A mí eso no me llama la atención. Me alucinaría si hiciera lo mismo con un plato de lentejas. Pero es que no.

Genial descubrimiento

¡Buenooooo! Cinco años con un carro que tiene una cinta con un enganche colgando sin saber para qué narices está ahí, ¡y hoy he dado con su magnífica utilidad!

Camino de acometer la Calle Arenal dirección Sol (en sábado), que quien viva en Madrid o la conozca ya sabe que eso supone atravesar una riada de gente, y llamando ya a Pablito para que caminara a mi lado con el resultado habitual, el de pasar de mí olímpicamente, se me ocurre engancharle la cinta esa a la trabilla de su pantalón.

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¡Maaaadre qué guay!

Que no sé si ese sistema está pensado para eso o me lo he inventado yo, pero más contenta que unas castañuelas.

Aunque poco dura la alegría en casa del pobre… A Don Bimbas mi hallazgo no le ha resultado tan maravilloso y a los veinte metros ya ha comenzado a quejarse de esa manera sutil que le caracteriza: desgañitándose sin mesura alguna a limpio lloro. He tenido que abortar el tema. Una verdadera lástima.

(Aunque como método para que se te queden mirando y te hagan espacio en la calle atestada, no está nada mal. Hay que investigar más en este sistema).

La felicidad de ser pequeño y que todo te la traiga al pairo

He aquí mi recomendación a madres que no pueden dormir a sus infantes: metedlos en un autobús de línea y sentadlos bajo el agradable solecito.

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Mano de santo.

Qué pena no recordar lo despreocupado y feliz que vive uno cuando es así de pequeño. Yo me adormilo en el metro y lo hago angustiada pensando en si se me va a pasar la parada o en si se me va a caer la baba. Este señorito cae y cae. Y punto. Sabe que no va a ser abandonado, sabe que hay alguien que se va a encargar de él, sabe que es mono y que da igual si se le cae la baba, el moco o lo que sea, está más a gusto que un arbusto, me cago en la mar salada, qué envidia cochina le tengo.

Ahora, prefiero ponerme verde de envidia que roja de apuro, o de cabreo, o de cansancio, o de… Porque más tarde, bajo tierra, lo nuestro es ir llamando la atención…

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Uno encaramado a la barra como un monillo y el otro tiradazo en el suelo. No necesitamos un acordeón ni nada para dar el cante.

Reacciones corporales

Mirad qué orejas.

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Observad qué rojez.

Con lo blanquito que es, y saca unas chapetas y unas orejas coloradas que parece que se las han pintado.

Espero que sepa dominar esto en un futuro, porque como le salgan estas rojeces no solo por el calor o por lo que sea que le salgan, sino también por las vergüenzas (si es que llega a tenerlas alguna vez, que lo dudo), va a tener un chivato macanudo.

Pero, vamos, que para llamar la atención no le hacen falta orejas como pimientos morrones…Ha sido al ver la foto, no al sacarla, cuando me he dado cuenta del asunto:

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Los del fondo, sin perder detalle de lo que acontece en nuestra mesa.

No, si yo lo entiendo. Don Bimbas es un show.

Ratos sangrientos

Han pillado mis dos morrosquitos dos pares de botas iguales de su padre y se las han plantado.

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No pueden estar más salaos.

Primero, con ponérselas, ya tenían bastante. Pero enseguida cogen confianza y empiezan a hacer el canelo con ellas, a correr y tal. El Cachorro se ha tirado a propósito de frente al suelo. Golpetazo controlado para hacer gracia. Y como Don Bimbas hace EXACTAMENTE lo mismo que lo que hace su hermano, se ha lanzado igual y… se ha partido el morro.

Cuántas veces los juegos más divertidos acaban así, ¿eh, padres?

Venga el grito, el lloro, la sangre y todo el kit.

Menos mal que el peque ya tiene la escandalosa costumbre de ponerse a sangrar por la nariz así, de manera espontánea.

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No es extraño encontrármelo como esta vez, encima de la cama, sentado con la cara y las manos rojas, entre extrañado y tranquilo.

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Vamos, que tengo la versión masculina y moderna de Carrie en casa.

Plan de hoy: pediatra

Esta ha sido otra noche como las demás. Esto es, terrible. Y quizá un poco más.

Don Bimbas no ha dormido bien en su vida. Es una mosca cojonera nocturna. No concilia el sueño si no es pegándose un chute de biberonazo con bien de cereales y Cola-Cao. Pero es que normalmente hay que volver a preparárselo a mitad de la noche. Y hay veces que se mete tres entre pecho y espalda. Luego esta tripota que tiene, claro…

Él normalmente empieza a quejarse de 1.30 a 2:30 h de la madrugada. La segunda sesión suele ir de 4:30 a 5:30 h. Ideal, vamos.

Pero en los últimos tiempos la cosa no se soluciona con un biberón. Llora y no sabemos qué quiere. Está incómodo, inquieto. Le noto la piel rara. Se rasca. Supongo que es piel atópica o algo así.

El Cachorro, por su parte, no da ni de lejos tanta guerra. De hecho, ¿recordáis?, es el niño que todo lo ha hecho bien desde que nació. Dormir un montonazo, comer genial, quitarse el pañal y ni enterarnos…

Claro que hay veces que también quiere aportar su granito de arena a las noches estas tan moviditas que pasamos. De vez en cuando se pone a lloriquear y es porque tiene ganas de hacer pis. Yo le grito desde mi habitación: “¡Pues levántate y ve al baño, hijo!” A veces él se levanta y va ya sin que nadie se lo diga.

Pero esta noche no ha sido algo tan simple como ganas de hacer pis. Esta noche ha empezado a llorar y a quejarse. Le dolía el oído derecho. Me ha costado un mundo, ibuprofeno mediante, que se calmara. Don Bimbas, por su parte, ha llevado a cabo el programa de todas las noches, ¡como para fallar!, y cuando El Cachorro ya estaba neutralizado, ha cogido el relevo y, tras unas cuantas vueltas, ha acabado en mi cama.

Pero aunque así lo parezca, después de este rollo recurrente, pues cuento lo mismo una y otra vez (me sirve de desahogo), la entrada no va de las noches. Va de la mañana siguiente a esta noche que os cuento. Porque resulta que he llevado a ambos al pediatra.

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Había un señor mayor nuevo. Revisa a Don Bimbas, dice que le pringue de no sé qué cremitas en el cuerpo, y que va que chuta. ¿Diagnóstico? Nada claro.

Revisa al otro, a El Cachorro, le cuento que suele sufrir de dolor de oídos, que esta noche se quejaba del derecho, y cuando termina de examinarlo, coge y suelta: “Ah, mira, pues sí. En el oído derecho tiene otitis. Por una vez tenía razón el muchachito”. Y venga repetir: “Esta vez tenía razón”. Hasta que yo he tenido que decir: “Suele tener muchas veces razón”.

Este… ¿¡cómo que “por una vez tenía razón”!? ¿¿Lo conoce usted de algo, acaso?? ¿¿Le ha visto en alguna otra ocasión?? ¿¿Qué le hace pensar que no la tiene normalmente?? ¿¿Cree que venimos aquí para pasar el rato o qué??

Vamos, que me ha caído muy bien.

Y mucho me temo que nos vamos a encontrar varias veces… Porque parece que Don Bimbas, es más bien Don Pupas. Este se coge en un mes lo que El Cachorro en los cinco años que tiene. Di que Don Bimbas no tiene pinta de enfermizo ni es un niño mustio ni apagado ni débil. Pero se pilla una detrás de otra.

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Cuando acabamos de superar una semana de antibiótico y Ventolín, por estar lleno de mocos, se pilla una laringitis que hay que tratar con corticoides. Solo dos días después volvemos porque por la noche se ha puesto a vomitar y tenía una fiebre de narices. Y así.

La aventura de ser padre, decían. Anda que… ¡¡menudo timo!! Tengo amigas que pueden ir a hacerse la manicura. Yo paso el rato en la sala de espera del pediatra, preguntándome si nos tocará la de siempre o el señor mayor dubitativo…

Don Manías

Ya está el maniático, que no le gusta el abriguito.

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Tiene abrigos a cascoporro (y eso que en la foto faltan, pues acabo de pasarle tres a mi cuñada), y si le coge cariño a uno, ya no hay forma de colocarle otro.

Hoy he querido introducir una variante al abrigo azul que se pone sin parar.

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Mirad qué cara de emoción.

“Que así vas muy bien, que estás muy guapo, que es gris, del mismo color con el que vas vestido, que estás conjuntado…”, le he soltado toda la retahíla. Y él que no y que no. Aunque ha debido de notar mucha determinación en mí, porque ha protestado de lo lindo pero no se ha resistido y enrabietado como otras veces. Hoy me ha ahorrado la sudada que me suelo pegar para encasquetarle ropa que no quiere ponerse. Qué detalle.

Luego dirán que las niñas son más coquetas y más petardas. Ajam…