Marisco lover post banquete

Hace poco, en un viaje al norte, comiendo notamos que Don Bimbas se inclinaba por las gambas. Vamos, se inclinaba literal, lanzándose en plancha.

 

Ayer le tuve que pelar todas las gambas del arroz que hizo mi madre.

 

Esta noche la paso separada de mis hijos. Están en Madrid con el Señor de las Bestias, quien me cuenta que el pequeñito se ha puesto morado de bígaros, cigalas y gambas. Más tarde me manda esta foto:

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Está como una boa, haciendo la digestión.

 

Don Bimbas y esta perra se han hecho grandes amigos.

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Me temo que se va a levantar con el bracico izquierdo dormido.

Estrategia

Vamos por la calle haciendo recados y pasamos por delante de una tienda de juguetes. Miramos un poco el escaparate por encima, sin siquiera asomarnos, y nos marchamos.

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Pero quince metros después El Cachorro me hace notar lo siguiente:

 

– Mamá, Pablo quiere entrar ahí.

 

Jaaaajaja.

 

– Anda, Pablo quiere entrar ¿eh? Pablo quiere y tú no, ¿no?

 

Y con un hilillo de voz me acaba reconociendo:

 

– Pablo quiere y yo también.

 

Qué cuco. No es la primera vez que lo hace: “Pablo quiere ver dibujos en la tele”, y Pablo está donbimbeando por ahí sin darse cuenta de la jugada.

 

In fraganti

A Don Bimbas no le dejamos atosigar a Sila, que está mayor y, si se le pilla sin esperarlo, tiende a revolverse y puede pegar un traskao. Le pedimos sin parar al peque que no se acerque y que lo deje tranquilo, ¡sobre todo si está dormido!

 

Pero Don Bimbas es mucho Don Bimbas, es decir, de ideas fijas.

 

Don Bimbas ingenia nuevas maneras de acercarse a él y acariciarlo.

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Y ahí lo tenéis. Intenta burlar nuestra vigilancia y seguir cogiéndolo de improviso, que es lo verdaderamente gracioso, ver cómo el Sila da respingos.

 

Vaya cruz le ha caído al bicho…

 

Desmontando películas

Oigo una feroz batalla entre mis dos hijos y, cuando me asomo a la habitación, me veo a El Cachorro con mis botas camperas.

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Lejos de enfadarme, me sorprendo. ¡Qué bien le quedan mis botas al espadachín! Creo que ya no tengo que lamentarme por no haber tenido una niña que herede mis cosas y les saque partido.

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Está preparado para protagonizar una peli sobre mosqueteros. O, más tarde y ya sin botas, para versionar la de “Manostijeras”.

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Don Bimbas, por su parte, apuesta por “Upside Down”.

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Y hablando de películas… Nos vamos a ver una y, lo que más les interesa a estos no es ver la cartelera, es…:

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Palomitas. Me temo que esta programación es insuperable.

 

Bici rara

Causa sensación. A todos. Grandes admirados y pequeños celosos. Todo el mundo maravillado y alucinado con la bici rara de El Cachorro, que fue su regalo de cumple.

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Porque además hay que decir que el peque le ha cogido el tranquillo pronto y la maneja con suma destreza. Tan es así que hasta adquiere una actitud algo chulesca. Y menos mal. Menos mal que se da cuenta de que su bici rara mola, porque de lo contrario es capaz de no cogerla en la vida. Que al descubrirla cuando se la regalaron sus abuelos la miró con ojos recelosos, porque eso de tener cosas fuera de la normal, que no tiene el resto del mundo, no lo acaba de ver, no vaya a ser que se metan con él…

Enmadrado

Cada día más y más. Ve la tele sentado en mi barriga. O no la ve y se dedica a subirse a mis piernas provocándome unos tirones de cuidado.

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Tiene que estar donde estoy yo. Para hacer algo que le apetece me agarra la mano y me lleva con él, porque solo le apetece ese algo si es conmigo. Y si yo no quiero ir, me tengo que fastidiar. Tengo que ir. En el amor es bastante tirano.

 

Pero acabo de sacarle provecho. Le he dado un plátano que ha rechazado nada más empezar. Le he insistido. Pasaba. Hasta que le he amenazado con irme de su lado a otra habitación. Y entonces se ha puesto a mordisquearlo.

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Por cierto, ojo al atuendo: botas con pijama. Nada, que es de ideas fijas. Las vio y quiso ponérselas. Y si quiere algo, normalmente lo consigue.

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Habrá que adaptarse a su idiosincrasia para conseguir hacer carrera con él. A ver cómo nos apañamos.

Generosidad

Le regala Papá Noel a El Cachorro un coche chulísimo y quien lo estrena es su primo.

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Este hijo mío no puede ser más generoso. Es que es bueno como él solo.

El otro hijo mío… de momento lo que le hace ser bueno, un héroe de verdad, es un traje…  Recibe de regalo un pijama de Spiderman y, a tenor de la expresión de su cara, parece que ha sido todo un acierto.

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Viendo cómo le queda, presumo que vamos a tener Spiderman para rato.

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A ver si se le pega lo de hacer el bien. Que lo de saltar, brincar, colgarse de sitios y tal ya lo borda.

 

El mundo según “La Guerra de las Galaxias”

A El Cachorro, más que con Jesucristo, con quien le surgen las dudas existenciales es con Darth Vader.

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– ¿Tiene un sable láser de verdad?

– Hombre, claro, ¿cómo va a tener Darth Vader un sable láser de mentira?

– ¿Pero si Darth Vader es de mentira, lleva una espada roja de verdad?

 

Mecachis.

 

– Darth Vader es de mentira y dentro de que lleva una espada de mentira es una espada de verdad.

 

Hale, así, para aclarar. Joer qué brete. No sé si prefiero explicarle lo de que Dios es Uno y Trino… (Deja, deja, es broma, ni yo lo entiendo).

 

Total, que creo que se me está yendo la mano con “La Guerra de las Galaxias”, que estoy obsesionando un poco a mis hijos, que debería aflojar.

 

Cruzamos un paso de cebra controlado por un agente y El Cachorro se maravilla:

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“¡Mamá, tiene una espada láser!”

 

Lo que os digo.

 

(Y, bien pensado, ¿no molaría todo que la policía fuera armada con sables láser?)

 

Abuelo cachorrito

Juegan con una pelotita y le dice El Cachorro a su abuelo: “Cachorrín, coge esto”.

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Lo que le faltaba. Cuando mi hermano era pequeño se enfadó con él y lo iba a llamar “cerdo”. Pero a medio camino se dio cuenta de que eso era algo muy gordo que llamarle a un padre y que le iba a caer un castigo seguro, así que lo que le salió fue: “¡Eres un cerd… ín!” Un cerdín, tú. Y nos partimos de la risa.

 

Qué cruz tiene mi padre con su descendencia. Lo llaman cerdín y lo tratan de cachorrín. Qué poco respeto.

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A ver el pequeño cómo se las gasta con él cuando aprenda a hablar…

Montar en tren cargada hasta las cejas

Ese maravilloso momento en el que llegas a Atendo de Renfe con dos niños que no paran quietos…

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… dos maletones que pesan cada uno más que los dos hijos juntos, un carrito, un bolso, y te dicen que no hay personal disponible y que te apañes.

 

Lo malo es cuando la tipa quiere ir más allá y hacerme sentir a MÍ culpable por SU falta de personal, que me ve con dos maletas que ocupan como Falete y me dice: “De todas formas son 25 Kg por persona”. Hale, a tocar las narices encima. Casi me la como: “Sí, y somos tres personas. Y llevo un carrito además. Y dos niños pequeños. ¿Adónde quiere ir usted a parar?” Venga, hombre.

 

Suerte que compré cuatro billetes, aunque necesitara tres, porque así me hacía con la mesa del vagón para nosotros solos, y el Señor de las Bestias pudo entrar hasta el andén mismo para ayudarme. Si no, jamás lo habría conseguido.

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El método de transporte que eligen los pequeños para llegar al tren es muy cómodo.

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Y una vez a bordo, compruebo que lo de comprar los cuatro asientos de la mesa es un acierto. Mis peques pueden pintar cómodamente…

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Y dormir en dos asientos.

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Claro que no a la vez, que si no a ver dónde me siento yo.