Integrándose

El Señor de las Bestias lleva a los niños al cole. Bueno, al cole va El Cachorro, el otro a la guardería. Pero deja primero al mayor, que antes de entrar en clase tiene que hacer una cola en la puerta. Pues el pequeño, todos los días, encantado de la vida se coloca en ella, como uno más.

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Es la sensación de la cola mañanera.

 

(Me parece que jamás lo he visto tan obediente).

 

Aceitunas con hueso

Nos vamos a un restaurante a comer. Nos plantan como aperitivo unas miniaceitunas. Don Bimbas se lanza en plancha a por ellas. Tienen hueso. Salta El Cachorro: “¡Nooo, se va a morir! ¡No lo quiero ver!”

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Sin haber expulsado el hueso, el pequeño vuelve al ataque y se mete otra aceituna en la boca. El Cachorro:

 

“¡Nooo, ni lo quiero ver! ¡Aaaaah! ¡Se lo va a tragar!”

 

Y el caso es que ha acertado. Menos en lo de morirse, más vale. Pero se ha tragado los dos huesos. Y no más porque ya me ha dado por apartar las aceitunas. Don Bimbas, tan pichi. Está que se lo zampa todo. Miradlo:

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Come a lo bestia. Se mete la manaza en la boca al completo. Creo que en una de estas la mastica, la engulle y se queda manco.

 

Y a El Cachorro le da un vahído.

 

Halloween, segunda parte

No he visto disfraz/accesorios que le vayan mejor a un ser humano.

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Es que es un papel que está hecho para él. Los cuernos y el tridente le sientan como un guante a esa cara de pillo.

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En su justa medida. Lo veo muy cómodo haciendo de malvado. Pero muuyyy cómodo. Demasiado cómodo…

 

Él y su hermano están encantados con las iniciativas de su padre. El Señor de las Bestias ya no sabe qué inventar para escaquearse de hacer el trabajo sobre los aparatos reproductores y la gestación que tiene que presentar El Cachorro en unos días, ese marrón que aún lo tenemos pendiente y que a mí no me deja ni vivir.

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Prefiere liar a todos con el atrezzo “halloweeniano” de la casa, que ni el pasaje del terror de la Warner…

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Ha quedado muy chulo, sí. Pero yo, que nací siendo práctica, veo que es demasiado esfuerzo para nada… Halloween es cosa de un día, o de un fin de semana. Si aún me dices Navidad…

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En fin, temblemos mientras podamos.

Decoración U.S.A. style

Vuelvo a casa de una cena y me la encuentro…

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… TERRORÍFICA.

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Me reciben mis dos canijos.

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No sé muy bien si me dan más risa que susto, pero están mundiales.

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Al Señor de las Bestias le ha dado por decorarlo todo por Halloween. A lo grande, en su línea.

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Es que no le falta detalle.

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Hasta tumbas. La de nuestra familia y la de los vecinos, que han sido invitados a participar y se lo han pasado, sí, de miedo.

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Parece una casa de Oklahoma.

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He aquí el satisfecho autor de la obra:

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No sé por qué le ha dado por ahí. Pero cuando le da, le da. Que no lo nombren alcalde porque lo del soterramiento de la M30 va a parecer un flan de arena en la playa comparado con lo que sería capaz de llevar él a cabo.

Coger sueño

Don Bimbas ahora solo se duerme si es en mi cama y abrazado a su hipopótamo de luces y sonidos.

 

Pero hay veces que no encuentra en la programación del hipopótamo nada que le convenza para dormirse. No si no es con su mamá al lado. De hecho, la mayoría de las veces. Así que me toca hacer guardia a su lado hasta que se queda K.O. Me tiene pelín esclavizada.

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Y no es nada operativo. Porque invierto el gran rato en que se duerma, siendo en general contagiada por él, pero habiendo dejado muchas cosas por hacer. O sea, que aunque muera de sueño no puedo ponerme a dormir. Así que a horas ya intempestivas, pongamos las once y media, me tengo que poner a cenar, recoger lo planchado, fregar… etc. Me da la una de la mañana, como pronto. Lo de sentarme a escribir el blog, otra noche más, aplazado.

Correveidile

Me cuenta Bori, la mujer que cuida de mis críos y de mi casa mientras yo trabajo fuera, que El Cachorro es de lo que no hay. Que ve cómo anda de loca con Don Bimbas y le dice: “Yo te ayudo, Bori. Y les voy a contar a mis papás lo que hace Pablo”.

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Es que es muy cielo. Aunque en esta ocasión yo diría que la ayuda no es tan desinteresada como parece…

 

Aunque Bori lo tiene que agradecer. Porque siempre me da el parte de mil historias de Don Bimbas cuando llego a casa, y como son tan exageradas, puede que piense que yo pienso de ella que es una quejica, y ahora ya tiene un testigo que respalda sus narraciones.

 

Pero, vamos, ya conozco yo a mi hijo pequeño como para que me crea todo lo que me cuentan que hace… Y más.

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Monigote con tentáculos

Nuevo episodio de El Cachorro dibujando.

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El monigote de hoy tiene tentáculos, pero su hacedor de repente se pone a tacharlos… para cortarlos. Porque eso parece que significan para él los tachones. Tachar = cortar. “Si no lo cortamos siempre estará con tentáculos”, y luego añade “pero se ha ido corriendo para que no le toquen los tentáculos”. Me cuenta historias que me marea viva y no me entero. Vamos, que mientras dibuja se hace él mismo una película.

 

Y no sé si abstracto es el dibujo o su explicación.

 

Legal hasta las trancas

Echamos una carrera en bici El Cachorro y yo y llegamos a meta más o menos a la vez. Así que exclamo:

 

–  ¡Hemos llegado a la vez!

– ¡Empate! – corrobora él.

 

Pero realmente creo que en la foto finish se proclamaría él vencedor, y como soy bastante justa en la vida, le reconozco:

 

– Pero creo, cariño, que tú has llegado un poquito antes.

 

Y salta él:

 

– No, mamá, ¡hemos llegado empate! – en plan “y no se hable más”.

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Este crío no va a llegar a ningún lado. Es demasiado legal. Lo adoro.

Pelillos a la mar

Aquí el padre probando nuevos peinados a sus pequeños.

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Que digo yo que con tal de no aspirar lo que debe…

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… inventa lo que sea. Se convierte en el Peluquero Locuelo.

 

Y ahora que utilizo el término “loco”, me doy cuenta de que tener hijos resulta ser el mejor testimonio de cómo eres tú. En este caso, de cómo me expreso habitualmente sin darme cuenta. Debo utilizar mucho la locura en todas sus variantes. Hoy mismo, más tarde, le digo a El Cachorro: “Cariño, te dejas las luces encendidas”. Y me contesta: “Oh, qué loco estoy”. Eso lo ha sacado de mí, que digo lo de loco cada dos por tres.

 

Y loco estará, pero por otras razones que también tienen que ver con la peluquería… Parece que le va. Ya me deja caer al día siguiente que si necesito cortarle el pelo, que puedo utilizar sus tijeras. Basta que le diga que ni hablar del peluquín, nunca mejor dicho, que ni se le ocurra utilizar sus tijeras para cortarse el pelo, para que…

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Sí, eso son pelos. Sí, lo ha hecho.

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Pues nada, trasquilón al canto. Hace un año se lo hizo un compañero de clase con alma de estilista. Ahora ha querido él hacerse el apaño. Ese flequillo no gana para disgustos.