Bebé araña

Se acaba de subir solo a la silla. Delante de mis narices. Lo juro.

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Tiene a todo quisqui epatado. Lo ven encaramarse a la valla de la piscina. Lo ven colgarse de una barra. Lo ven trepar solito sin problema las escaleras del tobogán. Lo ven saltar.

Lo ven que no hace pie en el balancín, pero escala él solito para montarse, y no contento con eso, se pone de pie en el asiento. Una vez arriba empieza a moverse para darle emoción al asunto.

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Tengo a todos los vecinos entre horripilados y alucinados, mientras admiran el “más difícil todavía” de Don Bimbas y esperan su toñazo para lanzarme la famosa mirada Ves-te-lo-dije. Que me conozco el percal.

Y Don Bimbas parece que lo sabe, porque no hace sino provocar. Ahora en lo más alto del tobogán…

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Ahora en la barandilla:

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Desafiando la gravedad.

Newton, que mal te hubiera ido si te hubieses topado con mi hijo colgado del árbol en vez de una manzana…

Prohibido bebés

Le ha sacudido el pequeño al mayor un guarrazo con un juguete, que es la parte de un trenecito que tiene, y El Cachorro se ha vengado dibujando una señal de prohibido:

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“’Pribido’ un año Pablo que no me dé con su carrito de tren”. (El que está al lado de la pizarra, de hecho)

O sea, “prohibido un niño de un año que es Don Bimbas”. (Él se clasifica a él mismo como cuatro años y a su hermano como un año).

Mucho me temo que la nueva señal caiga en saco roto. Más que nada porque el pequeño no sabe ni leer ni interpretar ese tipo de cosas. Y si supiera, sospecho que también se haría el longuis. Menudo bicho está hecho.

Efectos secundarios de dormir adecuadamente

Llevo mucho tiempo sin dormir. Las pocas veces en las que he tenido oportunidad, porque no estaban mis hijos rondando, tampoco he podido. Los cuatro viajes al extranjero que hice de trabajo (una oportunidad de oro para descansar), como mucho dormí seguidas cuatro horas. Una machada a grabar y a desplazarnos de un sitio para otro, a esperar a que tus horas de finalización de rodaje coincidieran con el cambio horario con las de llegada del padre a casa para hacer un FaceTime con mis hijos, a hablar con mi jefa, a poner en orden las mil cosas que hay que poner en orden para que el programa salga bien… Lo dicho, no más de cuatro horas.

También me fui recientemente a República Dominicana sola. Pero me atacó lo que jamás me afecta, un jet lag como la copa de un pino. Me acostaba a la una y media o dos de la mañana y me levantaba a las cinco, ¡a las cinco! Un auténtico despropósito.

Pues bien, hoy, después de un año, siete meses y 14 días (diría que más, porque embarazada tampoco me dejaba dormir, el canijo este), hoy he conseguido dormir, SEGUIDAS, siete horazas del ala.

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Me han sentado tan bien que me he levantado con dolor de espalda y con el párpado inferior derecho inflamado. Un cuadro.

El milagro de la camiseta

Así se me han puesto los dos comiendo un helado de chocolate de cucurucho (cada uno el suyo, pocas bromas con eso).

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Lo alucinante del tema es que un crío de un año y siete meses NO SE MANCHE LA CAMISETA. Así de inmaculada acabó.

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Y eso que el helado lo cogía él (de otra forma es imposible, así como se niega a que le metas en la boca tú una cuchara con comida, no te deja le sostengas el cucurucho) y se manchó hasta las manos.

A veces mis hijos hacen estas cosas inexplicables.

¿Qué ocurre cuando bañas a un bebé con un pañal normal?

A Don Bimbas le da igual si lleva el pañal de baño, si va en pelotas o si lleva un pañal normal. Si quiere ir al agua, va.

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La cosa es que cuando se sumerge con un pañal corriente, acaba llevando media piscina colgando.

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Y como si nada. No le afecta en sus quehaceres. Pero yo creo que o se lo quito ya o acaba haciendo el spagat.

Impulso

Para saltar, para lanzarse a la carrera, para darle patadas a un balón, Don Bimbas se prepara poniendo los bracicos hacia atrás.

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Tú lo ves de esta guisa y ya sabes que es la pista de que se prepara para hacer alguna actividad con empecinamiento.

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Es su manera como de coger carrerilla, o impulso. Me troncho.
Unos segundos con la postura, ¡y pum!, al ataque.

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En comunicación no verbal, lo borda.

Yoda cuando era pequeño

En mi casa estamos tan sumidos en el mundo Star Wars (mea culpa), que ahora está todo relacionado. Le pones una toalla al pequeño, y ya no te queda más que aceptar que lo único que le pega llevar es una espada láser.

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El Cachorro está obsesionado. Todos los días quiere ver una de Star Wars. Y, si no, vamos en el coche y me pide que le cuente un “cuento de Star Wars”. Y me veis rememorando escenas, la de los Ewoks y C3PO haciendo de dios telekinético, la de la destrucción de la Estrella de la Muerte, la de la congelación en carbonita de Han Solo…, narrándolas como si fueran cuentos independientes. Y él, tan feliz.

El niño crece

El Cachorro ya está desarrollando su personalidad, dejando claros sus gustos. Le voy a poner una camiseta que le trajeron sus abuelos desde Tailandia, y que ya ha estrenado. Pero se niega: “No me gustan los elefantitos, son de bebé, no me lo quiero poner”. Me cuesta convencerlo, pero con un: “Anda ya, ¿qué va a ser de bebé? ¿No ves que no es la talla de un bebé?”, lo consigo.

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Más tarde, intenta llamar la atención de su padre, que como de costumbre está pegado a su móvil, con un cacharrito que bota: “Papá, mira cómo bota”. El otro, sordo perdido. “Papaaaaaaá”. Nada. “PAPAAAAAAÁ”. No hay respuesta. Y salta: “Aish, me estoy poniendo nervioso”. Ya somos dos, hijo, ya somos dos.

Es como un mayor.

Partes del cuerpo con vida propia

– ¿Me dejas el móvil? – me pide El Cachorro.
– Está cargando – le informo.
– ¿Me lo coges?
– ¡Cógelo tú! – (¡No te jiba, el señorito!)

Pero, atentos a la excusa:

– Mi mano está cansada de coger tablets.

Jaaaaja. Hale, tócate los pies con la mano cansada. Cualquiera diría, además, que lo tenemos con una pantalla delante todo el día… Nada más lejos. Pero, vaya, que no nos vayamos a pensar que el vago es él. Que él lo haría tranquilamente. Iría, lo cogería y trajinaría con el móvil tan feliz. Pero es que es la mano, que se niega…

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