Misterio resuelto… demasiado tarde

Nunca me expliqué por qué la manta sobrecama acabó deshilachándose de esta manera. Soy un tipa cuidadosa y poco a poco iba viendo, impotente, su deterioro.

niño

¡Ni la tocaba!

Hace poco compré otra. En dos días, también descubrí que tenía puntos salidos, que ya no estaba bien.

Como no era normal, me disponía a ir a la tienda (las dos mantas son de la misma) para reclamar. Por suerte hoy he dado con la respuesta.

niño

¡Resulta que mis hijos pasan sus cochecitos por encima, y se enganchan!

Pero me ha costado cuatro años darme cuenta. ¡¡Y podía haber sido con la vieja, no justo tres semanas después de reemplazarla!! ¡¡Joder, por los pelos!! Ahora ya tengo esta tocada. ¡¡Qué rrrrrabiaaaaa!!

Vaya par de conquistadores

Oye, oye, oye… ¿¡esto qué es!?

niño

¿¡¿Y esto?!?

niños_cama

¿Qué pasa con estos dos tortolitos?

¿Y qué le ha dado Don Bimbas a la nena del restaurante para que lo estrujara en un ataque de amor total?

Aaaah, el momento en el que me compre una casa en el campo con sótano para atar a mis niños a la pared con cadenas está cada vez más cerca…

Café con leche

Vuelvo morenaza del Caribe y voy con Don Bimbas en modo porcelana a la pisci. Me preguntan si mi hijo es mío.

niño

Y eso que mi moreno es currado. No como el de El Cachorro, que es así de fábrica.

niño

No me queda muy claro que estos dos sean hermanos. Gana enteros la teoría del cambiazo en el hospital.

Antes y después

Le cuesta dormir, pero cuando cae…

niño

Cae. Le pille como le pille. Esta es la foto que viene en el diccionario ilustrando la definición de K.O.

Llevármelo de paseo en bici así:

niño

Y traerlo fritanga:

niño

Por el camino, como es tan simpático y va diciendo “owa” (una especie de “hola”) al personal y saludando con la manica, un desconocido le ha regalado esto:

niño

A mí también me gustaría que la vida consistiera en eso, en que me pasearan y en que me regalaran cosas por mi cara bonita.

No os riáis

Nada, de un tiempo a esta parte, cuando les echo la bronca a los dos pelafustanes, se tronchan. Les entra una risa que no veas. Yo intento enfadarme más, pero los cabritos me la contagian.

Aquí les ha caído una buena por jugar con la comida y acabar con el yogur hasta en las cejas.

niño

A Simón le resulta dificilísimo aguantarse. Sobre todo cuando vio además, las primeras veces, que yo iba detrás. Pero ahora logro resistirme a mi propia risa un poco más y eso le descoloca… unos segundos. Luego intenta contenerse, tapándose la boca a dos manos incluso, y ni por esas. Lo pasa mal.

En cuanto al otro… Directamente se ríe y haga lo que yo haga, me enfade lo que me enfade, no hace mella en él. Y sabe que es su arma secreta. Lo pillo haciendo una trastada gorda, le echo la bronca, y se queda cabizbajo, mirándome. Si por algún casual le sostengo la mirada, seria, recurre a sus artes… Esboza una gran sonrisa, a ver si se me pasa. Normalmente lo consigue. A veces soy fuerte y aguanto, pero le tengo que volver a echar un grito y largarme enseguida, porque si no vuelvo a caer en sus redes.

Me conocen bien, los bandidos.

Comité de bienvenida con “sompresa”

Enciendo el móvil una vez aterrizo en Madrid. Sé que mis niños me vienen a buscar con el Señor de las Bestias. Ardo en deseos de verlos. Y recibo esta foto:

niño

Con el siguiente mensaje: «Ansiosos por ver a su mamá». Muero sin parar.

(Voy a obviar que el padre, conociéndome, ha querido contarme una bonita historia en vez de lo que probablemente se trate: dos niños disfrutando del simple hecho de ver aviones).

Y para hablaros de lo que El Cachorro me tenía preparado os pongo en antecedentes:

Su culete siempre está en pugna. Yo digo que es mío por derecho, que su culete, junto con el resto de su cuerpo, lo parí yo, y me pertenece. Pero el Señor de las Bestias también lo reclama, así que el ecuánime de mi hijo, a veces lo otorga a su padre y otras a mí.

niño

Cuando salgo de recoger mi maleta, me informa: “Tengo una sompresa para ti”. La sorpresa deja de serlo al segundo, porque en eso ha salido a su padre, no se puede aguantar y me la cuenta. Es un dibujo y me espera en casa. “Ah, qué bien, cariño”, le digo.

Desde que le dije que sus dibujos son geniales, El Cachorro me regala uno prácticamente cada día. La verdad es que me gusta cómo dibuja, cómo utiliza los colores… todo.

niño

(He aquí un ejemplo).

Me entrega este:

niño

“¿Qué es?”, le pregunto. “Una casa-corona”, me ilustra. La verdad es que me lo había parecido, porque más claro agua. Pero no acababa de encontrarle el sentido… Y no sé si lo tiene, no se lo he preguntado. Me lo ha dicho tan en plan “es evidente”, que no he querido manifestar mi desconocimiento acerca de la existencia de las casas-corona.

Pero el caso es que me comenta que tiene también otra sompresa. “Pero no está en casa. Es algo que me sigue”. Y resulta que es… ¡¡¡su culete!!! Me lo asigna. Y estoy encantada con que me haya dado eso “que le sigue”.

Es la monda, lironda.

Y por cierto, tan mirado como para seguir creando y contentarnos a su papá y a mí. Ha cogido los imanes de la nevera y ha formado las iniciales de nuestros nombres. Él solito.

niño

Este crío es todo detalle.

Fallando a mi hijo

Como me iba de vacaciones, y para que me acordara de él, El Cachorro me hizo un dibujo ad hoc. Muy chulo.

niño

Le saqué una foto, puse la fecha de realización detrás, y lo guardé junto con otros dibujos, encima de mi mesa de estudio, para que no se perdiera. Mira que pensé: “Yo creo que ahí lo va a ver y va a descubrir que no me lo he llevado…” Pero como soy cenutria de nacimiento, lo pensé pero no puse remedio alguno para evitar males futuros.

Y el mal se produjo. El Cachorro descubrió que no me llevé su dibujo y se puso triste. Y yo le conté LA PURA VERDAD a través de un audio, en la distancia. Me encantan los dibujos de mi niño, que además está de lo más aplicado y prolífico desde que sabe que me gustan tanto. Este me pareció EL DETALLAZO, y sí que lo quise dejar para no estropearlo. Le dije que se iba a arrugar, que donde yo estoy hace mucha humedad, y que me gustaba tanto tanto que preferí que se quedara en casa para que no le pasara nada. Pero anda que soy calamidad…

Ah, pero tengo mis truquis. En previsión, me traje una de las chapas de unos dibujitos que hizo él.

niño

Y le mandé una foto con ella puesta.

niño

Ahí creo que me gané su perdón.

Madurez instantánea

¿Cómo puede ser que me vaya de viaje una semana y, a los tres días de estar fuera, reciba una foto de mi pequeñito hecho un señor? ¿Cómo es posible que haya crecido tantísimo? ¿Qué demonios ha ocurrido?

niño

¿No está como más maduro? ¿Qué significa esa mirada de adulto?

Por si me muero

Mira que he viajado, porque si hay alguien que ha cogido aviones, esa soy yo. Pues bien, antes, tan pichi. Ahora, cada vez que tengo que volar, me cago.

En este último viaje, alguien me dijo: “¿A que te pasa desde que eres madre?” Ay, pues no sé, la verdad. Pero podría ser…

El caso es que me acojono viva. Y no es ya porque no me apetezca morir, que no me apetece, sino porque esa muerte me parece espantosa. Hay quien dice que es la mejor, porque es muerte segura y en un zas te vas para el otro barrio. Pero a mí esa angustia de caer en picado y no saber cuándo te sobreviene el golpe, me la ahorren por favor, por favor, por favor.

(Incluso me da miedo escribir esto, porque siempre me acuerdo de que a la actriz Natalie Wood le aterraba morir ahogada y así es como palmó. A ver si por hablar…)

niño

Así que cada vez que me voy a montar en un avión, instantes antes, dejo mensajes, por si se estrella.

A mis padres les escribo algo cariñoso. Alguna vez me da más fuerte y entonces les digo lo mucho que les quiero (en mi familia estas muestras de afecto tan de verbalizar, no se estilan).

Pero a mis hijos… ¡ay, a mis hijos! Les grabo un vídeo y les dejo audios diciéndoles que son lo más importante de mi vida, que los quiero un montón, que estoy orgullosa de ellos, que no se puede tener hijos mejores y que, hasta que los tuve, no sabía que se podía querer tanto. Y es que es así. Y no sé si, aunque se lo diga, son conscientes de esto…

niño

En fin, el caso es que vuelo fatal. Pero hay UNA COSA buena de los viajes (largos) en avión. Y es que, sobre todo tratándose de mí, que no puedo dormir porque se me dispara el corazón de los puñeteros nervios, hay un porrón de películas para ver.

niño

Y para una madre que no tiene con quién dejar a los niños para escaparse al cine, es el nirvana. He enganchado una con otra. Tres y media del tirón. He lamentado que el viaje no se retrasara en vuelo para poder terminar la última…

Es más, estoy deseando que se acaben mis vacaciones para poder reengancharla a la vuelta.

Los máquinas

Como los nudos de las corbatas, hay infinidad de maneras de colocarse una servilleta.

niño

Este churro puede que sea original, lo que no es es práctico.

Hay que reconocer que esto no es lo suyo. A El Cachorro se le dan mejor otras cosas…

– Qué rápido te has tomado el batido, hijo. – Por ejemplo.
– Es que soy una máquina. – Me contesta.

Ahá.

Pues espero que la máquina no funcione con electricidad, porque está a punto de cortocircuitarse.

niño

Menos mal que le he dicho que cuidado con la fuente, que se puede acercar pero no tocar el agua, que se puede caer. Tienta la suerte, ¿eh? Y no, no lo digo porque se pueda llegar a caer, que también, sino porque se arriesga a que yo lo pille y le caiga la bronquita correspondiente.

Qué poco calado tienen mis advertencias.

Y con el otro no me da tiempo ni a hacerlas…

No hay nada que lo detenga. Se pone a escalar por primera vez en su vida una red de estas, solito…

niño

… ¡y consigue hacer cima!

Es igual que su hermano. Se les da bien lo de encaramarse. No sé si será cosa de los genes. El abuelo era escalador.

Menos mal que soy una madre relajada…

Una madre a la que a veces le entran ataques de amor. Me entra un subidón maternal y les digo a mis niños que estoy encantada de ser su madre, que son lo más de lo más en hijos, que qué hijos tengo. Venga de alabanzas.

niño

– ¿Por guapos? – me pregunta El Cachorro.
– Por guapos no, aunque no quita que lo seáis, y mucho, las cosas como son – le contesto – sino por buenos, obedientes, simpáticos…
– Y torpes – apunta.

Jaajaa. ¿Torpes?

– Sí, porque nos caemos…

Bueno, pues eso, que tengo unos hijos muy monos y torpes. (Qué curioso, yo nunca utilizo la palabra torpe… ¿De dónde la habrá sacado?). Pero sobre todo son unos máquinas.