Al rico restaurante

El Cachorro tiene fijación con los restaurantes. Sobre todo si tienen terraza. Y tan es así que le entra hambre a capricho, según ve un restaurante a mano o no. Si vamos por la calle y divisa uno, enseguida te suelta: “Tengo hambre…” “Muy bien, cariño, ahora cenas en casa” “No, pero de aquí…”, te dice. Jajaja. Qué morro. Nos va a arruinar.

niño

Está alcanzando nivel experto en sableo.

Los bebés tienen prioridad

Está Don Bimbas malico y nos venimos a urgencias con la esperanza de que, como se juega la Champions, no habrá nadie. Pues vaya chasco al llegar. A reventar todo. Más gente que nunca. Nos dicen que ahora están entrando los que llevan dos horas de espera.

Pero eso no es lo que más me decepciona. Lo peor es oír a la pediatra que hace la clasificación que tienen prioridad los bebes. O sea, descartándonos. ¿Cómo? ¿Y lo que traigo qué es, una lechuga?

niño

Aaaaay, madre… Espera… No se estarán atreviendo a afirmar que mi pequeño no es un bebé, ¿¿no?? Don Bimbas crece. Me cago en todo lo que se menea.

Sorpresa en la lavadora

Abro la puerta de la lavadora, meto el jabón así con un golpe de muñeca, voy a introducir la ropa, y me encuentro con todo este menaje.

niño

Y eso que he dejado al responsable de esto haciendo otro bodegón en la mesa donde he estado trabajando hasta que me he levantado para poner la lavadora.

niño

Te encuentras sus chismes por todo.

… O los escuchas. Machaconamente. Madre mía… ¡La cantidad de veces seguidas que puede dar Don Bimbas a estos botoncicos!

niño

Doce melodías distintas que probablemente sea lo último que yo evoque cuando viva en una residencia con Alzheimer galopante.

Un motero más

Su hermano mayor ya se montó…

niño_moto

Don Bimbas también, pero obviamente no se acuerda…

madre_moto

Y ahora toca que se estrene.

niño

Y parece que le ha gustado.

A ver quién es la guapa que cuando me pidan moto de mayores les diga que no. (Y lo haré).

Perdiendo los zapatos

Que no sé si lo hace como Pulgarcito, para encontrar el camino de vuelta a casa en caso de que lo abandone, o a santo de qué, pero no hay forma de que Don Bimbas mantenga su zapato izquierdo en su sitio. El otro día tuve que desandar un montón de camino para dar con él. Hoy me he dado cuenta más o menos rápido, pero también he tenido que dar la vuelta para buscar el bendito zapato.

niño

Luego hablan de los calcetines sin pareja de la lavadora… No me puedo hacer a la idea de cuántos zapatitos de bebé desparejados pueblan nuestras calles. Porque me consta que esta afición no es exclusiva de este amante de la libertad podal.

Sustazo

Estoy intentando trabajar como una loca. Pero con el pequeñito pululando, es prácticamente imposible. Quiere estar conmigo, jugar conmigo, que le acompañe a hacer cosas, con lo que me coge de la manita y me tiene de aquí para allá. Yo intento maniobras de distracción como abrirle un cajón entero de juguetes. En efecto los saca. Todos. Los desparrama. Pero demasiado deprisa. No resulta suficiente…

Consigo que se duerma una siesta con el bibe. Pero sus siestas son bastante breves. La de hoy también. Un suspiro. Vuelta a los juguetes. De nuevo se cansa rápido y ahí está, pidiéndome que lo suba a mis piernas y que le haga cosquillas y volteretas y que le deje tocar el ordenador… Después de un rato colmando sus necesidades lúdico-afectivas, me vuelvo a zafar de él.

Cuando desaparece del cuarto de estudio, respiro un poco. “Qué bien, que se entretenga por la casa”. Pero la tranquilidad me dura poco, porque si no lo oigo, malo. Alguna trastada está pergeñando… Y, tal y como presiento, me asomo al salón y lo localizo, calladico, en pleno destrozo.

niño

En esta ocasión era papel de cocina, así que nada grave. Pero le pongo cara un poco como de que sí lo es porque hoy le ha dado por eso, pero en otra ocasión, por cualquier otra cosa con una carga de valor importante.

Como tengo que seguir currando, procedo de nuevo a intentar dormirlo con su puré en el bibe. Parece que lo engaño, pero no se duerme, porque enseguida huele mi comida y le parece muuuucho más interesante que su puré de verduras. Así que me gorronea medio plato. Luego, vuelve a pedir su bibe y, ¡sí, bien!, es signo inequívoco de que tiene sueño. Lo acuesto en el carrito, que coloco enfrente de mí para que me tenga a la vista, pongo las canciones relax de Spotify, y continúo trabajando esperando a que caiga. Pero no cae. Como se pone nervioso con las cinchas de la silleta, lo suelto y lo llevo a la cuna. En la habitación le abro la ventana, que el ruido de la calle y la brisa le ayuda a conciliar el sueño, y me voy. Pero que no hay tu tía. Lo oigo lanzar gritillos, quejarse, llamarme… En realidad da tanto por saco porque tiene sueño. Pero como no le dé un garrotazo…

Me doy, voy a sacarlo y lo suelto por la casa. Vuelvo al ordenador y, pronto, me doy cuenta de que he podido escribir tres párrafos seguidos. Y eso es inaudito. Paro y presto atención. No solo no veo a Don Bimbas, sino que no lo oigo. Debe estar haciendo otra maldad de las suyas.

Me levanto de la silla y salgo a buscarlo, pero con sigilo, porque si por alguna casualidad no está más que jugando, sin estropear nada, no lo quiero distraer. Si me ve, estoy perdida. Así que, lo dicho, voy de puntillas habitación por habitación. PERO… no lo veo. Ni aquí, ni allí, ni en ningún lado.

“No puede ser”, me digo, “tranquila, tiene que estar”. Me pongo a repasar todas las habitaciones, con el corazón un tanto agitado. Porque no podía ser que no estuviera en ningún lado, pero lo cierto es que no aparecía. Ay, madre, ¿¡¿dónde narices está?!? ¿¡¿Qué ha ocurrido aquí?!?

Se me tensiona todo. Vuelvo a recorrer la casa. Me asomo a silletas por si se ha subido allí, inspecciono armarios por si se ha metido dentro, abro puertas que suelen estar cerradas, como las de los baños, porque tiene la manía de tirar cosas al inodoro, me aseguro de que ninguna ventana esté abierta… Y nada. ¡NADA!

Se ha esfumado.

Hasta que, por fin, se me ocurre un último sitio…

cama

Y aquí está. Tan a guuuuusto.

cama

Jamás. JAMÁS se había quedado dormido en este lugar.

niño

Me voy callandico para no despertarlo.

RESPIRO.

De al borde de la inanición, al borde del empacho

Este caballero era el que le hacía ascos a todo tipo de comida el verano pasado.

niño_comiendo_trono

Y aquí lo tenéis, jalándose mi pollo al curry.

Pero cuando hay que verlo es cuando se le da algo relacionado con el chocolate…

niño_manchado_comida

Que por cierto hay que ser animada para ignorar los peligros de darle chocolate a un niño de un año, claro. Luego tengo que limpiar las consecuencias…

Más tarde, como postre, natillas de chocolate. Otro desastre. Porque además, el canijo se cabrea si intentas darle tú la comida. Tiene que coger él la cuchara o te monta un pollo del quince.

niño_manchado_chocolate

Lo malo es que si la coge con la mano derecha, a la hora de llevársela a la boca, le da la vuelta y se tira todo encima. Curiosamente, con la izquierda no le ocurre. Pero, para cuando me he dado cuenta de ese detalle, ha sido tarde.

Luego ha sido el turno de la premonición observación del padre: “Sabes que este va a ser un gordo, ¿no?” La verdad es que se pone hasta las trancas, el pequeñito. Hoy ha sido después de cenar pasta cuando se ha metido una copa Danone y las natillas que su hermano no ha querido. Y luego su bibe de siempre para dormir, bien cargadito de cereales con galleta.

Manda huevos. El verano pasado embuchándolo, con percentil -3, agobiados, que hasta una vecina vieja que tengo me confesaba el otro día que creían que el crío no iba a salir adelante (así son los ancianos, de un optimista que tira para atrás, que se pirran por una muerte, sea de quien sea), y el Señor de las Bestias queriéndolo ahora poner a régimen. De traca.

Grandes males, grandes remedios

Le doy un Danonino a El Cachorro. Lo empieza a tomar y encuentra algo raro.

– Mamá, hay salsa…
– ¿Salsa, en el Danonino?
– Sí, salsa, o sal… Toma, prueba. – Pero caigo. Lo he cogido del fondo de la nevera.
– ¿No será que hay partes que están congeladas? Es hielo, cariño, ¡con lo que te gusta el hielo! – le intento disfrazar el desastrico para que no haga ascos a un lácteo que va a tener que masticar y deshacer en la boca.
– ¡Ay, sí, es hielo! – Está encantado. Pero enseguida se le pasa. – Estoy cansado de derretir el hielo – me informa. Y, de pronto, se le ocurre la solución.

niño

– Le voy a poner un poco de sol – determina. Para que se derrita. Y ahí está, acercando el yogur al sol.

Pero mira que es apañado.

Señores, señoras… se confirma: yo hago caca

(Pongo esta foto para compensar tan escatológico título y el contenido que sigue…)

madre

Os cuento:

Está la mujer que me ayuda en casa limpiando. Yo llego de la calle con un apretón de los buenos. Me meto disparada en el baño y cómo no, enseguida aparecen los mochuelos. Y se sucede esta conversación con El Cachorro:

– Bueeeegh, huele a caca.
– Sí, claro, porque mamá ha hecho caca y no la dejáis ni un segundo, pero no lo digas en alto.
– ¿Has hecho caca?
– Síííííí, pero sssshhhh, dilo bajito – le digo en un susurro.
– ¿¡Por qué?! – gritando.
– ¡Bueno! Pues porque está Bori (la mujer que limpia) y no quiero que se entere.
– ¿¡Por qué?! – más alto todavía.
– ¡Que te calles! – Me desespero.

Total, que como ya tengo a los dos en el baño, cuando termino aprovecho para cortarles las uñas. Voy con Don Bimbas primero. Luego con El Cachorro… Y estando en esas, con la puerta del baño abierta, se asoma la señora:

– ¡Uuuuy, aquí huele a caca…!

Para qué queremos más.

– Sí, es que he hecho caca – le confieso. De perdidos al río.
– ¡Aaaaaaah! ¡PERDONA!

En el “vergüenzómetro”, no sé cuál de las dos alcanza mayor puntuación. Ella lo decía por si había sido el peque y tenía que cambiarlo. Y se ha encontrado con que ha sido la madre…

Por cierto, una madre valiente y sincera, no como el Señor de las Bestias… Cuando le cuento la jugada, me revela que un día le pasó lo mismo. Fue al baño y, cuando salió, la chica también comentó que olía a caca. Y el otro, cogió al bebé, alzó su culo a la altura de su nariz, hizo como que lo olía y determinó: “Agh, sí, es que se ha cagado”. Y de eso nada. El culito de Don Bimbas estaba limpio como una patena. Y el padre haciendo el mayor de los paripés, cambiándole el pañal sin usar por otro nuevo…

Enmadrado

Mi chiquitico está enmadrado perdido. Y eso supone un trabajo extra para mí. Porque, haga lo que haga él, yo tengo que estar a su lado. Cada dos por tres viene y me agarra la mano para tirar de mí y que lo acompañe a hacer cualquier cosa. Y, por descontado, para cualquier cosa que hago yo, ahí está él.

niño

En el baño me las tengo que ingeniar para entretenerlo mientras me ducho y acicalo. Gracias a eso, ya descubrí un uso para todos esos botecitos que he ido cogiendo de los hoteles “por si acaso” y que jamás han salido de la bolsa donde los tenía metidos. Ahora son los juguetes de Don Bimbas para mantenerlo ocupado mientras yo me ducho.

niño

No obstante, no os toméis esto que escribo como si de una queja se tratara. ¡Estoy encantada! Mi pequeñito y yo estamos viviendo una gran historia de amor. Gracias a que estoy en paro (no todo tiene que ser malo) estamos las 24h del día juntos, cosa que obviamente no podemos hacer cuando trabajo.

niño

Y nos queremos mogollón. Y no podemos vivir el uno sin el otro.

niño

Y nos damos abrazos y besos y nos hacemos fotos y vídeos. Y no veáis lo bien que matamos el tiempo los lunes al sol. Él enmadrado y yo “enhijada”.