Peluquero acuático

No me extraña que El Cachorro ignore los veintisiete juguetes que tiene en la bañera cuando se baña con su hermano. Eso sí que es un juguete. Se entretiene cosa fina con él, por ejemplo haciéndole crestas. Y el canijo encantado de la vida.

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Disfrutan del baño horrores. Yo también viéndolos.

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Tanto, que luego los saco y algo me dice que los he tenido demasiado tiempo a remojo…

No hay paz para las madres

No suelo tener tiempo para ver la tele, pero encima cuando lo consigo lo tengo que hacer así:

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Luego, aquí el “me importa muy poco cómo estés tú de incómoda”, me utiliza de cama. Y yo encantada. Normalmente está en su cuna, pero esta semana ha coincidido que me ha usado dos veces para dormirse. Y yo no puedo estar más feliz. Además es una forma de disfrutarlo plenamente, porque despierto no para quiero ni un segundo. Ni uno.

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Me enamora que me incordie. Despierto o dormido.

Diferentes maneras de demostrar el amor

Don Bimbas tiene una forma muy evidente y efectiva de hacerme ver que tiene las uñas largas. Me sacude un arañazo.

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Es que no tiene ninguna consideración hacia mí. No como su hermano… Más tarde salimos de casa y se montan los chicos en el coche. Yo no, voy a tirar algo a la papelera. El Cachorro pregunta que dónde estoy y su padre le toma el pelo diciéndole que no voy con ellos.

– Pero yo quiero con mi mamá.
– No, nos buscamos otra mamá.
– Pero es que me encanta mi mamá.
– Nos quedamos con Sonia – Sonia es una vecina, madre de los mejores amigos de mi hijo.
– No, porque si no Adara y Rodrigo se quedan sin mamá.

He tenido que montarme enseguida en el coche de nuevo para acabar con esta conversación que tenía pinta de convertirse en un peligroso laberinto. Y también para comerme a besos a mi hijo.

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Pero qué mono que es, maaadre del amor hermoso.

Adiós, niños. Hola, bichos

Me cuenta la mujer que cuida a mi pequeño, que cuando lo saca de paseo y van al parque, de los niños pasa olímpicamente, pero que va detrás de cada perro que ve como un loco. Y de los pajaritos.

Este es de mi opinión. Molan más los animales que la mayoría de las personas. Solo que los pajaritos no le corresponden mucho…

Así que a veces se tiene que conformar con los niños, y resulta que tiene la mala costumbre de tirarse encima de ellos, a lo bestia. Generalmente prefiere los de la edad de su hermano. Los sosos de los de la suya no le atraen en absoluto. Pero, claro, ha aprendido a jugar como un niño de tres años más que los que él tiene. Y la delicadeza brilla por su ausencia. Así que se ha convertido en el terror de los de su generación.

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Solo se muestra compasivo con los animales. Por ejemplo, con este ocelote…

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… quiere compartir hasta su propio biberón.

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Nada, que le voy a tener que comprar un perro, un compañero de juegos a su altura, un rottweiler.

Sibaritismo

La papilla de frutas de hoy del cangrejito consiste en medio plátano, media mandarina, media pera, dos fresas, media manzana. Que si llega a ser para mí, para rato me preparo semejante manjar. Pelar la fruta, que sea variada, batirla… Anda ya. Donde esté abrir una bolsa de Risketos… Pero ahí me veis, tratando al pequeñajo a cuerpo de rey, con el esfuerzo que eso conlleva. Definitivamente, cuando eres madre, algo cambias.

AHORA, que le hagas la papilla gourmet y que ocurra lo siguiente…:

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¡Tooooma arcada!

Essssss que, de verdad…

Soy una mamá de cuento

Leo un cuento a los niños: “Esta es mi mamá. Es guapa y muy cariñosa”, pone.

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“¡¡Como la mía!!” dice El Cachorro.

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En el reparto de hijos me ha tocado el más molón.

(El corazón de mi camiseta no es un estampado de lentejuelas, es el mío que se ha agrandado, se me ha salido del pecho y se ha vestido de gala).

Don Bimbas es un espabilado

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Sip. Hace lo que quiere, como quiere y cuando quiere. Y nos tiene sometidos. Por ejemplo, muchas veces para él somos asientos.

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Lo hace con su hermano y con sus padres. No respeta edad ni tamaños. Nunca pensé que resultábamos tan cómodos.

¿Y qué decir de El Cachorro? Que es un bendito. Y cada vez que veo que deja que su hermanito abuse de él, pero sobre todo cada vez que los veo jugar de igual a igual, pienso en lo acertada que estuve empeñándome en tener otro hijo. Es una gozada.

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Y aunque se lleven tres años, se van entendiendo a la perfección.

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Hoy toca carrera de coches por el pasillo. Pero Don Bimbas ya se ha percatado de que no puede ganar a su hermano, con lo que cuando vuelven al punto de salida, que es su habitación, él ni entra, se da la vuelta, e intenta coger ventaja…

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… aunque de poco le sirve, porque enseguida su hermano mayor le toma la delantera. Que va a una verga, todo sea dicho, que da hasta miedo. Sobre todo cuando choca el coche en la pared y se desconcha. Ahí sus juegos me dejan de hacer tanta gracia.

Luego llega la hora de la cena, y el pequeñito siempre acaba echando el ojo al postre de su hermano. Solicita un poco, y lo hace levantando la manita, abriéndola y cerrándola y diciendo “mamám”, “mamám”.

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Y el mayor, solícito, lo da.

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Pasa con el yogur, las fresas… Y cuando se cansa del postre-que-no-es-suyo, vuelve al pescado que estaba comiendo. O sea, prefiere pillar las fresas antes de que se las ventile El Cachorro y luego ya, si eso, y como ha salido a mí, que lo de las mezclas de comida nos la trae al pairo, vuelve a lo suyo.

Lo dicho, Don Bimbas hace y deshace a su antojo. Se las apaña. Espabilator, un rato.

CERDín

Estamos dando un paseo y El Cachorro, con la bici, nos grita desde atrás: “¡Mamaaaaaaaaaaaá, papaaaaaaaaaaaaaaaaaá, esperaaaaaaaaaaaaaad!” Es una de sus caprichadas, porque está a cinco metros, y nosotros seguimos avanzando. Y oigo que, al grito, añade algo: “¡Mamaaaaaaa´, papaaaaaaaaaaaaaá… tontos!” Me doy la vuelta y me quedo muy seria mirándolo fijamente en modo Medusa petrificando al personal, y él disimula: “¡Tonta, tonta bici!” Ja. No cuela ni pa’ diez, pero hago como que sí por no armarla, y porque creo que de verdad mi mirada le ha dado miedo.

Esto me recuerda a una anécdota con mis padres y mi hermano, que no sé qué no le dejaban hacer o qué le dijeron, o incluso puede que estuviéramos hasta de broma, pero se le ocurre llamarle a mi padre “cerdo”, y lo gracioso es que a medio camino se da cuenta de que está traspasando la línea, así que la cosa le quedó así: “¡Y tú eres un CERD…ín!” Jajajaaja. Ay, de verdad, lo de “cerdín” nos llegó al alma.

Yo ahora tengo en casa a uno que disfruta con el baño más que un cerdín revolcándose en el barro.

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Normalmente baño a mis peques con agua y luego ya los enjabono. Pero hoy se me ha ocurrido matar un bote de jabón en la bañera echándole agua a presión para llenarla, consiguiendo un perfecto baño de espuma. Y he metido a Don Bimbas…

Buah. Qué descubrimiento. Lo ha flipado. Mirándose partes del cuerpo que emergían y desaparecían. Feliz.

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Inocentes ahorcados

Encontrarme al gato ahorcado.

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El Cachorro les debe de tener a los peluches el mismo amor que yo.

Eso me recuerda a una vez que compartía piso en Madrid con una amiga y acogimos a otra durante un tiempo. Esta se vino con su osito de peluche, sin el que no podía vivir y con el que dormía. Con 23 o 24 años. Para qué queremos más.

A nosotras, a mi compañera de piso y a mí, nos hizo mucha gracia eso, tanta, que infligimos al osito toda clase de torturas, con las que se topaba su dueña cuando volvía del trabajo a casa. O su osito estaba ahorcado en el ventilador, o colgando de unas pinzas boca abajo en el tendedero, o metido en el congelador. Todo merecía la pena con tal de ver el show de nuestra amiga: “¡Nnnnoooooo, Teddyyyyyyyyy, ¿qué te han hecho?!” JAAAAJAJAJA. Ay, qué gran diversión te proporciona ser malvada de vez en cuando.

(Encima se llamaba Teddy. Vengaaaa…)

P.D. Os cuento que para escribir este post he llamado a la propietaria del susodicho peluche. Ni se acoraba, hasta que he escarbado en su memoria y enseguida ha vuelto a exclamar su nombre como antaño: “¡Teddyyyyyyy, mi ositooooo!”

– A todo esto, ¿qué hacía yo con un osito con… ¿cuántos años teníamos?? – me pregunta.
– No sé, ¿como 23?
– Ah, pues entonces era porque aún era virgen.

Y así ha transcurrido nuestra conversación.

El surrealismo me persigue tenga los años que tenga.

Despertares

Así me he despertado hoy, con dos pequeñitos y una boa constrictor. Vaya tresena.

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Por cierto, creo que esto me traumatiza porque me parece que no es la primera vez que saco el tema a colación…: Os juro que mis niños tienen ropa, y mucha (demasiada, diría yo). Lo malo (una de tantas cosas) de llegar tarde a casa del trabajo es que siempre me encuentro a mis hijos en pijama, y así salen habitualmente en este blog, empijamados. Y normalmente yo también salgo igual.

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(Aquí jugando a “Holaaaaa, monstruo de cosquillaaaaaas, a ver si me cogeeeeeessss.” Cuánta emoción).

Hoy me niego. He aquí una foto con mis niños los tres presentables, vestidos de calle.

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Bah, qué narices, estamos igual de monos nos pongamos lo que nos pongamos.