Atendiendo a Don Bimbas

Tonto, no es. Saco jamón ibérico y…

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Qué manera de engullir.

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Vamos, que en el tema de la introducción de alimentos, introducirle el jamón ibérico no ha costado nada de nada.

“Es como tú”, me dice el Señor de las Bestias, “clavado a ti. No le importa mezclar…” Y es verdad. Después del jamón se trinca un par de chuches y luego pega unos mordiscos a una tortilla de patata, sigue con pan, más gominolas…

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¡¡A MIS BRAZOS, HIJO!!

Estamos de viaje (ya lo habréis deducido por las fotos) y ando alimentando al personal cuando toca y rezando para que se duerma la mayor parte del tiempo. Y la mayor parte del tiempo se duerme. Pero cuando se despierta…

Llora Don Bimbas y, en seguida, sale El Cachorro al quite: “Quiere salir”. Y es lógico porque apenas paramos con el coche en lo que viene siendo un día entero de viaje.

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A lo que voy es que el hermano mayor se encarga de ser la voz del pequeño. Es su traductor simultáneo. Si se queja, él nos aclara que es porque quiere tal juguete, o porque tiene hambre. ¡Y acierta! Comprobado. Si hago caso a lo que El Cachorro me dice que solicita Don Bimbas a limpio llanto, si lo concreto, este se calla satisfecho.

Así… ¿para qué va a aprender a hablar el pequeño? ¡Si se lo damos todo hecho! La verdad es que tiene una serie de facilidades, con tres personas pendientes de él…

¿Os creéis que esta es manera de dormir?

No sé cómo no se levanta reventado, con semejante postura.

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También tiene repertorio para la sillita del coche. Bueno, lo tienen él y su hermano mayor. El pequeñito suele caer en brazos de Morfeo como un Buda.

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Y el mayor, dislocado.

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Yo, con un grano en la nariz por infeliz (eso decía mi abuela).

Por cierto, obviamente no se pegan dormidos un viaje de seis o siete horas entero, no… ¿Y os cuento una cosa? Se lo cascan sin iPad ni nada, a pelo. Ahí lo dejo.

No falla

Decidimos irnos todos de viaje al día siguiente, lo cual implica hacer maletas a última hora como una descosida. Para colmo de males, el destino es la nieve; nos vamos a esquiar. O sea que lo de la maleta se complica. Porque tienes que llevar toda la ropa de esquí, que anda que no ocupa, con todos sus aperos de guantes, gafas, ropa térmica, etc., más la ropa de calle para todos los días. Y, como es de esperar, no solo me encargo de mi maleta, que bastante tengo, sino de las de mis dos retoños. Un horreur y paveur que no tengo palabras.

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Y es entonces cuando surgen las anécdotas.

Don Bimbas, en estos momentos, tiene, que los he contado, 22 pantalones de invierno, de los cuales 19 están en el armario. Una barrrrbaridad. Pues bien, me pongo a hacer maleta para él, ¿y cuál quiero? El que está lavado.

Hale, vete al tendedero, rescátalo y ponlo a secar en el radiador.

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Pero… ¿se puede saber que he hecho yo para ser yo?

La amenaza (de un) fantasma

“Te voy a dar un palizo que te voy a romper el hueso y te voy a quitar la crisma”, me amenaza El Cachorro…

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Últimamente le ha dado fuerte con la crisma. No sé qué se cree que es realmente, pero está dispuesto a cargársela. La saca para todo, y para nada bueno. Siempre es para romperla, para pegarle… En cualquier caso, lo que está claro es que no me desea ningún bien. Va de chulito y cree que puede conmigo. ¿Llamo ya a “Hermano Mayor”?

La blibla es muy graciosa

Se echó a reír así sin más. De repente. Lo miré. “Me río por algo”, me aclaró El Cachorro. Supongo que para que no lo tomara por un pirado.

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Seguidamente me amplió la información. Lo que le hacía gracia era que “en la playa hay una blibla”.

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Hace tres días que sucedió esto y sigo sin averiguar qué es una blibla.

Relax

Le digo a El Cachorro que me estoy preparando un baño relajante. Cuando entra al baño se lo encuentra a oscuras y con velitas.

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Y salta: “¡Guau, sí que es relajante!” Jaaja. Entonces le digo que ahora me voy a poner música relajante, y sugiere: “¡Ponte una nana!” Ja, ja, ja. Le tengo que aclarar que lo que quiero es relajarme, no dormirme.

(Por cierto, cuando cuento que hay velitas, no me refiero a las dos que se ven. Pero es que soplar y apagarlas es muy divertido, ¿sabéis?)

Silencio. Malo.

Está Don Bimbas en el salón. Solo. Muy callado. Aaaaay, malo.

Mi intuición no me falla. Me asomo y me lo encuentro así.

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Venga sacar toallitas húmedas. De lo más entretenido. ¡¡Está el salón sembrado!! ¡¡Con lo caras que son!!

¿Por qué cuando hacen ruido, mal, y cuando no lo hacen peor?

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Dándole al pico

Estoy en la cocina. Tengo comida en mi poder: un plato de fideuá. Es una de esas precocinada y soy adicta a la de esa marca. Está riquísima. Y siempre me parece que las dos raciones que me meto son en realidad media. No sé qué come la gente. Poco, creo.

Para mi desgracia, en la cocina también está Don Bimbas. Es ese muchachito que siempre da problemas a la hora de comer, porque no se alimenta de nada más que de biberón. Pero por lo visto le atrae tanto gorronearme que se acerca hacia mí con la boca abierta desde un kilómetro de distancia.

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Es la monda verlo, la verdad, con el pico abierto. Le doy un poco con una cuchara. Le gusta. O sea que, mira tú por dónde, el adicto al biberón por lo visto también se alimenta de fideuá. De MI fideuá. Maldita sea. Así que repite, y repite, y repite.

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Parece un gorrión recién nacido. Es que le veo hasta la campanilla. ¿¿Será posible?? Mentalmente compongo un réquiem por mi fideuá.

En la línea de probar mis cosas, ahora le toca a mi ropa. Esta vez es El Cachorro quien se planta una de mis cazadoras.

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Y le sienta mejor que a mí. Pero qué majico.

Tengo dos hijos que son unos chupasangres.

Ayudante

“Dice papa que te ayude para que no te canses”, me dice El Cachorro. Y se lo ha tomado tan a pecho, que continuamente está con “mamá, ¿qué te ayudo?”

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Yo intento encontrar algo para que me ayude. Pero en realidad me ayudaría muy mucho si se limitara a hacer lo que debe. Así que a su siguiente “mamá, ¿qué te ayudo?”, se lo digo: “Mira, me ayudarías mucho si terminaras de cenar ya, o si recoges tu cuarto”. Pero a él eso no le termina de convencer. “No, ayudarte en tu trabajo”.

Y luego, para no querer que me canse, bien que han estado él y su hermano pidiéndome que los subiera con los pies.

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Que me den unas vacaciones que no puedo más con tanta ayuda.

Tirria

De todos los peluches que Don Bimbas tiene en la cama, hay uno que siempre le estorba, o que directamente no soporta. Cuando le entra sueño pero no encuentra postura y empieza a culebrear por toda la cuna, de repente coge este peluche, se pone de pie, y lo tira por la borda con toda su rabia.

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Este. Siempre. Y eso que es bien tierno. Mullido y gozoso.

Pues nada, al cuerno. Luego ya puede dormir feliz.