Dicen que tienes un camello en la piel, y es que está hecho con un rotu fino

Me viene la hija de una amiga con la mano pintada. Dice que se lo ha hecho El Cachorro: “Pregúntale qué me ha dibujado”, me pide.

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Así que se lo pregunto y mi hijo me ilustra: «Es un camello”. ¡¡Un camello, tú!! ¡Con un par!

“¿¿Un camello??”, le rebato, y él reconoce: “Bueno, un camello un poquito raro».

¿Os lo imagináis como tatuador?

(¿Habéis cantado mentalmente el título del post o no ;-D?)

¿Algún técnico de ropa en la sala?

Se está lavando la bata de andar por casa de El Cachorro. Hay otra que me pasó una amiga que a mi peque no le gusta nada. A mí tampoco mucho, la verdad (espero que ella no me lea ;-P)

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Sin embargo, creo que no nos gusta por diferentes motivos. A mí, por estética. A él… porque está estropeada. Me llama y, para que se la quite, me cuenta: «Esta bata no funciona. Me hace mucho frío aquí». Se refiere al pecho. Y, claro, tiene su lógica. La bata no tiene cinturón, con lo que se abre y el frío entra.

A ver si la otra bata se seca rápido…

Escondite con pista

Como a todo crío, a El Cachorro le flipa jugar al escondite. Y que tú digas: “¡Pero bueno, ¿dónde está Simón?! ¡Si estaba aquí hace un momento! ¡Qué pena perderlo, con el cariño que le había cogido”, y así. Se troncha. Por eso, cada vez que se esconde, asoma y pide: “Tú dice dónde está Simón”, y yo tengo que empezar con el teatrillo.

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Hoy se ha escondido y, para su desgracia, bastante, bien. Porque lo que también le mola es que lo descubra pronto. Y me estaba costando. Así que iba yo por toda la casa con mi discursito: “¿Pero dónde estará este niño? Hay que ver, a ver qué le digo yo ahora a su padre, que lo he perdido…”, mientras le buscaba de habitación en habitación. Y, lo dicho, como tardaba, oigo su voz a lo lejos: «A ver si va a estar en la cocina». JAAJAJAJAJA.

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Tareas

Oye, de verdad, que mi hijo vaya al cole implique que yo no pare de hacer tareas y deberes, muy de recibo no me parece, ¿eh? Más que nada porque creo que con trabajar fuera de casa todas las horas del mundo y más y también en casa y criar a dos hijos ya tengo más que suficiente, que no me da la vida. Pues hale, a la profesora de mi hijo se le ocurre que me aburro, y lo que tengo que hacer durante esta semana es lo siguiente:

• Buscar una foto de un yacimiento arqueológico de la Prehistoria cercano a Madrid, pegarla en una plantilla que nos ha enviado a casa y en la misma hacer que El Cachorro escriba el lugar donde se encuentra y el periodo prehistórico al que pertenece.
• Coser (¡coser yo!) una tela que nos ha enviado para hacer un disfraz de hombre prehistórico.

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Menos mal que al padre se le da bien la aguja…

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• Para el disfraz, que el crío rellene en otra plantilla las medidas de la tela, los colores y tal.
• Hoy me llega también un hueso que mi hijo (o sea, con mi supervisión e ideas, o sea, yo) ha de decorar recortando papelitos y pegándolos. Luego le hemos de poner un cordel en un lugar determinado y mandarlo de vuelta para que con eso se decore la clase.
• Tenemos que preparar un trabajo que el crío tiene que exponer en clase. Por suerte no ha sido “La relación de la pintura de Paul Klee con la Prehistoria”, como le ha tocado a algún compañero (lo juro), sino “Diferencias entre el modo de vida prehistórico y el de la actualidad”. El trabajo tiene que, preferiblemente, no limitarse a ser un trozo de cartulina con letras y dibujos, sino algo más creativo. Se expone el 29 de febrero y valoro, en ese tiempo, hacerme genetista, extraer el ADN del hueso de un mamut y clonarlo para que mi hijo aparezca con él de una correa, a ver si le parece lo suficientemente original.

Además:

• Que no se me olvide mandar el próximo día al crío con un paquete de toallitas húmedas y otro de pañuelos de papel.
• Que el día que le toque llevar de almuerzo lácteos, sea uno que él pueda abrir porque la profesora pasa de hacerlo ella y si no el crío se queda sin beberse el Colacao.
• Que el sobre donde nos envió una de las numerosas plantillas a rellenar que nos manda, lo devuelva.
• Que lo devuelva pero no en cualquier bolsa, sino en la de tela blanca que también nos ha mandado a casa para que lavemos. Por cierto que ya es el tercer lavado, he tenido que volver a pintar…

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(Pone “Simón”, no sé si os percatáis).

Tantas exigencias te lo juro que me están tocandico la moral, fíjate tú por dónde.

El escalón y el perrín

He aquí el chiquitico utilizando el cuerpo de su hermano para sus propósitos.

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Apañado es un rato, no me digáis. Que donde esté un escalón humano, que se quite una escalera corriente y moliente, fría y dura, que no se ríe ni ná.

Ah, pero no os creáis que la cosa no conlleva consecuencias… Al rato aparece El Cachorro tirando de un collar de su hermano y dice que tiene un perrín. Lo anda paseando por toda la casa.

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Lo que me sorprende es que el otro se deje, porque se gasta una mala uva importante. Por mucho menos grita y te suelta un zarpazo. Y ahí lo tienes, todo manso, dejándose llevar por su hermano mayor. ¿Cómo habrá hecho para domesticarlo?

En fin, me tranquiliza que en cuanto al trato entre hermanos, la cosa quede en tablas.

Spotify

Un hurra por esa playlist llamada “relax” de un tipo al que me he puesto a seguir. Me ha dejado así al mochuelo.

Sin título

¡Y durante dos horas! ¡DOS HORAS! ¡Sí, a un bebé que no para quieto y que la mayor siesta que ha echado en su vida no ha llegado a los veinte minutos! ¡A un bebé que es una guindilla andante, que parece que le cobran por dormir! ¡A mi tormento!

Música moderna y superchula, a todo esto. Versiones relajadas de canciones conocidas, temas preciosos en voces suaves y atractivas. Un acierto. A ver si consigo su dirección postal para enviarle un jamón.

Más difícil todavía

Esta es la letra que quiere la profesora de mi hijo que aprenda.

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¿Sabéis cuál es? Es de nuestro alfabeto, sí.

Me parece que ella o el señor que hace las fichas estas no se ha enterado de los años que tienen los críos que van a su clase, por un lado, y por otro, que lo que parece más un precinto arrugado y pisoteado, o el dibujo de la cinta de una gimnasta rítmica, o un nudo marinero, NO ES UNA ZETA.

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O puede que lo sea, sí, pero para utilizarse en una carta lacrada a Luis XIV, no me fastidies.

Soy una lagarta

¿Recordáis ese niño que me consideraba la quintaesencia de la belleza femenina? ¿Ese encanto al que me llevaba de compras porque en el probador era oír un «eztás guapísima» detrás de otro?

Pues hoy de acerca El Cachorro, se fija en los abalorios de mi minifalda vaquera y me suelta: «Pareces como un… monstruo».

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Hale, tócate los pies.

A los diez minutos contraataca: «Pareces un dragón con piel de triángulos y redondos». Y, oye, ¿sabéis que os digo?, que sí. Es verdad que esto:

Sin título

Son claramente escamas de dragón.

#vivalaimaginación

Destrozos de obras de arte

A Don Bimbas no es solo que le guste tirar al suelo todo lo que pilla… lo que le priva es hacerlo con ganas, tirar las cosas con mucha mala gaita. ¿Y qué ocurre? Pues que pocos objetos resisten sus mandobles.

Ayer por la mañana me levanté y mis padres, en un aparte, para que El Cachorro no lo oyera, me cuentan que el pequeño, aparte de meter mano oooootra vez a la organización de sus cochecitos, que se pone malo, en una de estas ha agarrado una cosa de arcilla que había hecho su hermano en el cole, y la ha estampado contra el suelo. ¿Resultado? Lo previsible:

Sin título

Así que habrá que tirarlo sin que El Cachorro se entere y, si pregunta, hacernos los longuis, en plan «ay, pues no sé dónde estará, cariño, ¿no te acuerdas de dónde lo dejaste?»

Lo que se conoce como luz de gas. Ahora, es por una buena causa. Son más los beneficios que proporciona esa mentira que contar la dañina e improductiva verdad. Uno, El Cachorro no sufrirá de nuevo por ver el poco respeto (por no decir absoluto desprecio) que tiene Don Bimbas por sus cosas. Dos, no llorará durante veinte minutos por ver que su creación está rota. Y tres, no acabará odiando del todo a su hermano pequeño y tirándolo por la ventana, que está a un tris.

A mi favor y en mi defensa además he de decir que, pasados casi dos días, El Cachorro no ha preguntado por su obra escultórica. Y yo, que me lo conozco y sé que aprecia las manualidades lo mismo que el gotelé de una pared, es decir, nada, ni espero que lo haga.

Por cierto, se trataba de una taza. Sí, la cosa de barro esa. ¡UNA TAZA! ¿¿Tendrá valor??

Celestino

Me estoy enganchando a llevarme a El Cachorro de compras conmigo. Porque cosa que me pruebo, cosa que él considera que me queda fenomenal.

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Y además es muy divertido.

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Que, claro, habrá que valorar si me dice que todo muy bien para animarme a probarme más cosas y así pasar más rato haciendo el ganso en el probador, o porque verdaderamente me ve arrebatadora…

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Debe de ser lo segundo, no tengo por qué pensar mal. Sobre todo después de lo que me ha soltado hoy con la siguiente apreciación: “Los chicos dirán: «Guau, qué chica más guapa»”. Así, tal cual. Con un “guau” interpretado con verdadera admiración.

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Me arrebata que mi hijo piense eso de mí. Estoy encantada. Igual hasta le cae algo de ropa a él y todo…