Chicarrón del norte

Uno de los dos se ha equivocado de ropa.

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Y creo que no soy yo. Pero El Cachorro, como buen navarro, es un cabezota de tomo y lomo. En cuanto ha visto la playa desde por la mañana, ha estado dando la tabarra con que se quería bañar. Yo entonces le he dicho que existía la posibilidad de que lo hiciera, porque es verdad que hacía algo parecido a calor, y sol. Pero nos hemos ido a comer, estaba todo lleno, nos han dado el turno en el que más bien estábamos merendando y para cuando hemos salido hacía un pelete que pa qué…

Eso no ha arredrado a mi pequeño. Que a bañar. Dale que te pego con la matraca. Así que al final yo me he dicho: “¿Con que esas tienes? Pues hale, venga, al agua”, en plan escarmiento. Lo he desnudado con la esperanza de que se achantara con el frío, y el tío ha salido disparado hacia las olas…

El Cachorro, si se quiere bañar, se baña, sea el noviembre que sea.

Paso frío hasta viendo la foto.

Más bonita que ninguna

Le intenta convencer el Señor de las Bestias a El Cachorro de que yo soy “un poquito fea”. Y es entonces cuando oigo el mejor piropo de mi vida de la boca de mi hijo: “Noooo, mamá es muy bonita”. ❤❤❤

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Y luego sentencia: “Papá dice las cosas raras”. No lo sabes tú bien, hijo, no lo sabes tú bien.

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Menos mal que lo tengo a él, porque este otro…

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Aventura nocturna

Por no llamarlo “putadón in the night”.

Salimos de viaje. Pillamos caravana. El Señor de las Bestias quiere ser más listo que nadie y se lanza por una vía de servicio campo a través para adelantar un poco. ¿Resultado?

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No somos los únicos que pinchamos. A tres coches más les ocurre la misma gracia. Además de haber mucho espabilado suelto, como nosotros, también hay mucho cabrón. El campo está sembrado de alambres, hierros y demás obstáculos punzantes para que suceda justo lo que ha pasado.

Hay que disfrazar el inconveniente en aventura. Menos mal que el de la grúa se presta y nos deja subir en la cabina…

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Un comienzo de escapada de lo más prometedor.

La ropa para mujeres que son mamás, existe

Hay algo que nos sucede a las que somos mamás, y es que si vamos a comprar ropa, siempre lo hacemos para nuestros hijos. Nos olvidamos de nosotras mismas.

Que no es que no tenga ropa. Tengo mucha. Pero porque guardo, y de hecho el 80% de mi armario está a un par de años de ser declarado vintage. Hace mil años que no me compro nada.

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Pero hoy una gran amiga me ha obligado a ir de tiendas y me he vuelto medio loca. He renovado vestuario y he sido la mujer más feliz del mundo.

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Gastar para una misma… Vaya gozadón.

Niños, se os ha acabado el chollo.

Dónde están las llaves

La fascinación de los niños con las llaves.

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Yo no sé para qué inventamos juguetes, mordedores, sonajeros, chismes varios, teniendo llaves. Mirad qué cara cuando se las alcanzas.

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A mí me entra también la mismísima cara de felicidad cuando las veo… después de pegarme diez minutos buscándolas. Y suele ser cuando, precisamente, se las he dejado a él previamente y luego no me acuerdo. Suelo ser muy de esas cosas.

Dejo los objetos siempre en los mismos sitios porque me conozco, soy muy metódica; y cuando no los encuentro en su lugar asignado, me descoloco viva. Como carezco de memoria, voy como un pollo sin cabeza por toda la casa buscando. Así que con las llaves, tres cuartos de lo mismo. Se las dejo a Don Bimbas para jugar, acto seguido lo olvido, y luego me vuelvo mona pensando dónde las he podido dejar.

Él no lo pone fácil tampoco para ayudarme. Porque pronto se cansa de las cosas y enseguida suelta las llaves. Normalmente se cuelan por debajo de su culillo ahí, en la Maxi-cosi, y hale, a ver quién es la lista que da con ellas.

Luego que si tardamos en salir de casa…

Desconfianza

El bebé agarrándose en el coche. ¿No se fía o qué?

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Claro, que lo metemos siempre en unos berenjenales que, aunque in situ no parezca preocupado, luego el subconsciente, en el mundo onírico, se acaba manifestando. Debe rememorar, por ejemplo, esto:

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Clong-clong, clong-clong, clong-clong, cuando se chupó toooodas las escaleras a las bravas, dando botes.

Aquí se quedó sopa…

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… y antes de tener que despertarlo para sacarlo de la silla y plegarla y poder salir del pequeño garito, lo dejé ahí y pedí ayuda…

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Seguramente, por muy dormido que estés, acabas sintiendo que vas en volandas. De hecho… ¿puede ser este tipo de cosas las que provoquen que, pasados los años, a veces ocurra ese fenómeno extraño cuando te acuestas y estás a punto de dormirte, o recién dormida, en el que de repente parezca que la cama se eleva y da una vuelta rápida tipo noria en la habitación? ¿No os ha pasado? ¿No habéis sentido la cama volar con vosotros encima? ¿Soy yo sola? Os juro que no me drogo.

Más. En la siguiente foto, está al borde del precipicio. Claro que con lo poco que duerme, para rato se me ocurre tocarlo para recolocarlo. Prefiero dejarlo así arriesgándome al desastre.

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En fin, que el instinto de supervivencia de mi niño ha encendido los warning y le hace, con buen criterio, no fiarse ni de su madre. Que se agarre todo lo que pueda a donde pueda, que se agarre.

Solo la puntita

Hoy hemos ido a la revisión del pediatra de Don Bimbas. Estamos controlándole porque es puñetero para comer como él solo.

Le hicimos caso al médico y este último mes no le hemos obligado a comer puré. ¿Resultado? Solo toma biberones de leche con cereales. Solo.

Si ve una cuchara entra en cólera. Alguna vez se muestra receptivo a trocitos de pan o de patata frita, pero se los mete en la boca y ahí se quedan. Creemos que no sabe tragar.

Pero justo esta noche, que yo cenaba brócoli, se me ocurre darle una mínima cantidad en la puntita del tenedor. Y el tipo ha abierto el pico y se lo ha comido. Y luego, lo que es más milagroso, le he vuelto a ofrecer y, VOLUNTARIAMENTE, ha abierto la boca y ha consentido en que le metiera otra puntita.

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Así, ¡hasta cinco veces!

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Dios mío, voy a arrasar las huertas españolas para cocinar toneladas de brócoli.

¡BRÓCOLIIIIIIIIIIIIIII, A MIS BRAZOOOOOSSSSSS! <3 <3 <3

Fotógrafa cargante

Esperando en la consulta del pediatra, se me ocurre matar el tiempo con mi afición favorita: sacar fotos. Y me echa en cara El Cachorro: “Ya estás con las fotos”, con un tono de hastío tremendo. Y su acto de protesta es este:

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No puede estar así eternamente. En algún momento bajará la guardia y, entonces, ahí estaré yo, preparada.

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Lo siento hijo. Cada uno con su cruz. Esta es la tuya.

“La piernilla”

Así se llama el nuevo juego descubierto por El Cachorro gracias a su abuela.

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Se le ha ocurrido a ella retarle con pasar la pierna por los bolardos. En un trozo de acera. Aaaah, infeliz. Lo mismo se creía que mi hijo se iba a contentar con eso. Ni mucho menos. Ha conseguido que ahora quiera hacerlo con TODOS los bolardos que encuentra. Recorrer cien metros nos cuesta diez minutos. “¡Abuela, abuela, juguemos más a la piernilla!” En buena hora.