Paublini

Mientras averigua cómo salir de aquí…

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Perfecciona otra modalidad de fuga.

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Pablo es Paublini.

El ensayo en casa ha ido bien. Así que, una vez en la calle, espera el momento preciso para asombrar al público con sus trucos.

Vamos a la sala de espera del médico y, no llevamos ni dos minutos, cuando decide que estar sentado en el carrito no es para él.

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Así que se suelta sin la menor dificultad y consigue ponerse de pie.

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Una vez obtenida la postura deseada, procede a observar el panorama.

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Localizados los posibles objetivos, despliega su artillería y comienza a comprometer al personal. Risitas por aquí, ruiditos por allá… mirando fijamente a los pacientes, a ver si alguno cae y le hace una gracia.

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Y caen todos. Con lo poco dada que soy yo a hablar con le gente, y menos en una sala de espera, que si te pillan por banda te cuentan todos los achaques, y va este y me traiciona de semejante manera. Menos mal que la conversación giró en torno a él, que es un tema que definitivamente me interesa más…

Fiesta de la bici y padrazo, fiu, fiu

Furor. Furor hemos causado con el bebé en la mochila yendo en bicicleta por Madrid.

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Así nos las hemos pergeñado para poder salir en familia los cuatro a pedalear. Un bebé en la mochila y un niño en la silla. Y el Señor de las Bestias y yo, turnándonos.

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Y en la Fiesta de la Bici, nos hemos quedado con todo el personal. Hemos dado el pego dando a entender que somos unos enfermos de las dos ruedas y tal. Nada más lejos. Salimos de ciento a viento. ¡Pero anda que no nos gusta figurar…! ;-P

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La guinda se la ha llevado el padre de las criaturas. Tiene suerte. Es de esos de los que si alguien le echa un piropo, hay mil testigos delante y aún se puede permitir el lujo de hacerse el tímido o el modesto. A mí, en cambio, si alguien me dice algo, incluso si además de un piropo se para para lanzarme un discurso, tipo “eres maravillosa, te sigo en todas las cadenas en las que has estado, pero qué guapísima”, aunque se pegue cinco minutos dorándome la píldora, no lo oye ni el Tato. Sobre todo el Tato*. Si está por los alrededores, coincide que se acercan a mí a decirme cualquier cosa con que él se haya ido a pagar un parking o a llevar a un crío al baño de un bar o a lo que sea. En cualquier caso, ausente. Siempre. Así que, cuando vuelve a mi vera, sin moros en la costa, claro, le tengo que decir que ha venido un fan y me ha dicho esto y lo otro, y esto ocurre tan a menudo que yo creo que él cree que me lo invento.

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Dicho esto, retomo. Ha sido parar en Neptuno a pasarle al bebé en la mochila, ofrecerse él a llevar también la bici con El Cachorro, tirar él con sus dos hijos por el Paseo del Prado hacia Atocha y, zas, salir al paso un artilugio de esos que es un bar a pedales con un grifo de cerveza, en donde guiris y amigos de despedida de soltero se chuzan a gusto, con una manada de tías celebrando vete tú a saber qué, y empezar a gritarle: “¡Padrazoooooo!” entre silbidos y aspavientos admirativos varios. ¿¡Pero será posible?! ¿¡Cómo tiene esa potra?! Y, claro, él ha hecho como que no se ha enterado, mientras la bicicleta ha empezado a despegarse del asfalto así transportara en la cesta al mismísimo E.T.

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* El Señor de las Bestias se llama Tato.

Una morena, un castaño y un rubio

Colección de cabelleras.

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Desde luego mi descendencia conmigo nada tiene que ver con mi ascendencia. Mis padres, mi hermano y yo, de pelo negro azabache. Ves fotos de mi familia y no hay un pelo que desentone (menos desde cuando a mi madre le dio por teñírselo de otros colores).

En mi casa vamos en degradado, y por orden (yo soy la mayor). Hay una morena, un castaño oscuro, un castaño y un rubio. ¡Un rubio, tú! Me lo dicen antes de tenerlo y no me lo creo. Como me dé por tener otro vástago, me sale albino.

Ya anda

No ha cumplido ni diez meses, y el pequeño se está saltando lo del gateo por la vía rápida. ¡Ya anda!

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Ahí agarrado, pero logra dar algún pasito. Qué alegría, vaya ahorro de lavar ropa (yo, a lo mío).

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¿Pero por qué tendrá tanta prisa? Se está haciendo grande.

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Y si no es porque lo veo en la foto, lo tremendo que se ha puesto, que ya no es un bebé que lo coges en horizontal con un solo brazo, ni me doy cuenta.

Iniciación al respeto por los adornos de la casa

Hay que ponerse manos a la obra con Don Bimbas, pues ahora que gatea y se pone de pie, se le ocurren las mil brujerías en las que piensa en perpetrar cualquier bebé.

Los que seguís mi blog ya sabéis que soy partidaria de educar a mis hijos en el respeto a las cosas del hogar más que acondicionar o adaptar mi casa a los niños. Con El Cachorro no utilicé ni un triste protege-esquinas. Y hay cierta maceta de cerámica rellena de corales que aún resiste los envites de mis pequeños. Y quiero que así siga ocurriendo

También tengo un jarrón con conchas cuya integridad pretendo sea respetada de igual forma.

Don Bimbas tiene otras intenciones. Y ahí estoy yo para cortarlas de raíz. (Se le ve el plumero a distancia). Observad la secuencia que titulo “¡No toques!”:

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La palabra mágica es el “no” cuando está en plena acción. Entonces pone cara de “¿qué, qué pasa?”, mientras seguro que piensa en cómo es posible que yo sea capaz de leerle la mente.

Hoy he conseguido salvar el jarrón y las conchas. Pero, claro, porque estaba ahí. Cuando no, solo me queda cruzar los dedos.

Posturasssszzzz

Hoy el Señor de las Bestias le ha traído a Don Bimbas un nuevo juguete.

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Le ha molado bastante, porque se movía solo.

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Hasta que ha comprobado que, en efecto, el hecho de que se moviera solo “daba cosa”.

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Pero ha tomado nota. La falsa coral le ha inspirado. Ahora culebrea. ¿Que está sentado y le entra el sueño? Pues se dobla tal cual hacia delante y a sobar.

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Cualquier postura es buena para dormir.

O se despierta con un buen tirón o con el diploma de profesor de yoga.

Ya empezamos con el tamaño

«Mi pitilín es más pequeño que el de papá. El de papá es más grande. Cuando creza mi pitilín será más grande que el de papá».

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Declaración de intenciones de El Cachorro.

¿Qué pasa? ¿En la carga genética de los hombres la competición sobre tamaños de penes viene de serie?

Hacia el precipicio

Si meto al bebé en mi cama, sé que no voy a pegar ojo evitando que se arroje por uno de los bordes al suelo.

Pero esta noche he querido tener uno de los flancos cubiertos. He colocado su cuna pegada a la cama y a la mesilla como parapeto.

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Pues ya se las ha ingeniado Don Bimbas para colarse por el hueco de la mesilla ese que veis a la derecha. Toñazo al canto. De verdad, no puedo con él.

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Aunque no lo parezca.

Sí, parece un ángel

Sí, parece un ángel.

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Cuando quiere. Porque si le obligas a hacer algo, por ejemplo a estarse quieto para el cambio de pañal, practicándole un placaje porque él insiste en pirarse para coger cualquier cosa que le llame la atención y esté a su semialcance, y ve que tiene las de perder porque (por los pelos) tú aún eres más fuerte que él, se muerde el puño con una rabia espectacular. Pero de asustar.

No tolera que le lleven la contraria, que lo metan en vereda.

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Qué mala leche se gasta. Madreeee, la que nos espera.

La fuga, paso a paso

Mosqueados por la técnica utilizada por Don Bimbas para escapar de su hamaquita, hoy por fin el misterio ha sido desvelado. Lo he pillado in fraganti en pleno proceso de fuga.

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Pues nada, así se las gasta el canijo. Espabilado es un rato. Por favor, ¿alguien me presta unas cadenas y unos candados? Es para una cosa.