Una semana y un día

Saco al bebé de su cuna y veo una cosa extraña rugosa, plana y ovalada entre las sábanas. La cojo… ¿Qué diantres es esto? La agarro de los bordes, luego la miro de cerca, la restriego… Y caigo.

bolita

¡Es la postilla! Hace una semana y un día el pequeño decidió precipitarse del sofá a la alfombra de piel de vaca y se hizo un raspón en la cabeza en plan quemazo bastante interesante.

bebé

Hoy, la postilla ha decidido dejar de ir chivándose del altercado y se ha desprendido.

bebé

Y esto me recuerda a aquella vez, siendo preadolescente, que estaba en mi cuarto y de repente oigo berrear desesperado a mi hermano. Algo había ocurrido y mis padres acudieron prestos. Lo metieron en el baño y, mientras lo intentaban tranquilizar, yo, que fui apartada del suceso, me fui a su cuarto y me senté en su cama. En esto que veo una cosa extraña que cojo y era blanda al tacto, como una gominola. Parecía la cabeza abultada de una chincheta. La manipulo, la miro de cerca, la aplasto, juego con ella… hasta que se me enciende la luz y la suelto corriendo horripilada… ¡¡Era el trocito de yema de dedo gordo que mi hermano se acababa de tajar con un cutter!!

Está visto que lo mío es hacer hallazgos de material orgánico humano.

Star Wars

Mis hijos no pueden ser mis hijos si no les gustan la literatura y cine fantásticos. No sé a qué edad me introdujo mi padre en el mundo de “La Guerra de las Galaxias”, ahora “Star Wars”*, pero a mí me parece que tres años y diez meses, y diez meses, son edades perfectas para ir familiarizándose con la Fuerza.

Me compro las seis películas y procedo a mostrárselas. A mis hijos y a su padre, QUE JAMÁS HA VISTO UNA. No, no sé qué hago con él, pero corramos un tupido velo. Y, por supuesto, se las enseño de la manera lógica, comenzando por la cuarta película.

padres

La lástima es que, dejando a un lado a El Cachorro, que no se está enterando de casi nada, el Señor de las Bestias y mis hijos cuando crezcan, no podrán experimentar el maravilloso soponcio que nos llevamos todos cuando Darth Vader le reveló a Luke que era su padre.

Hoy hemos visto dos pelis seguidas y Lord Vader ya ha comentado con el Emperador que hay otro jedi… Es emocionante. La lástima es que lo es solo para mí, que encima ya me lo conozco todo.

No sé si claudicar ya con los tres hombres de la casa o seguir insistiendo. Salir de la duda yo querría.

* DUDA TREMENDA: Ahora que sabemos inglés, no como antes, pero que también somos herederos de una tradición, ¿cómo pronunciamos, “yedi” o “yedai”? No me he fijado en cómo lo dicen en las pelis. Y con respecto al post del día 16, ¿espíderman o spaiderman? Tampoco me he dado cuenta de cómo lo dicen en las películas modernas. Qué dura es la vida de los que vivimos en la Transición.

Que coma, que coma

¿Sentadito en su trona, con su babero y bien dispuesto? Qué va.

bebé

Ahí de pie, mismamente. Vamos, Don Bimbas es de los de “si me entra hambre, como como me pille”. Y como lo de que le entre hambre no es muy a menudo, por mí como si come haciendo el pino puente, pero que coma.

Harris

Aquí, en el ascensor, sacando a la mascota de paseo.

madre

En verdad, solo ha venido a pasar la noche en casa. Don Bimbas está encantado.

niño

Hasta que le sacuda un picotazo en el dedico, verás. Aunque bien es cierto que este harris es un encanto.

niño

Santa paciencia la de los animales.

Sobre dar un hermano a tu hijo

¿Que si acerté en mi empeño de darle a El Cachorro un hermanito? De pleno. Sin la menor duda.

niño

Sí, me canso. Sí, me agobio. Sí, me preocupo. Sí, me complico más la vida. Pero esta estampa hace que todo merezca la pena.

(Creo que hace un mes escribí un post similar, pero es que es una sensación muy recurrente que experimento cuando los veo tan compenetrados. Lo siento. Las madres somos así, pesadas).

Cumples a gogó

Coñazo supremo.

Este sábado El Cachorro tuvo dos cumples, a falta de uno. Argh. No me puede horripilar más el tema. Acudir a ellos es donde se pone de auténtico manifiesto la abnegada madre que soy. Me aburren soberanamente y preferiría que me metieran astillas entre las uñas. Pero sé que él lo va a pasar bien y me sacrifico y lo llevo.

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En el primero, de los compañeros de clase, había un parque de bolas, que es lo que más le puede gustar de este mundo a El Cachorro. Se me pasó por la cabeza que podía ser un buen momento para empezar a poner caras a las madres de los críos de la clase, esas con las que comparto un chat en el que, para mi gusto, se habla demasiado. Pero una vez allí, la pereza que me invade es extrema. Eso de tener que socializar con gente con la que no tienes nada en común (o puede que sí, pero no lo sé) solo porque tenga hijos y tú también, no me va nada. No sé de qué hablar, o sé que va a ser de “pues mi hijo tal, pues el mío pascual”, que no me puede producir más sopor. Y además también sé, fehacientemente, que por mucho que en ese momento me informen de qué críos son madres, seguiré sin retener esa información.

Así que determino que es mejor hacer bulto, estar a mi bola y disfrutar de ver cómo se divierten los críos. Y punto. Y este momento conmigo misma me sirve para confirmar que mi hijo viene siendo tipo yo. A él le gusta el parque de bolas por encima de todas las cosas. Así que cuando hay que sentarse en una mesa corrida con todos los amiguitos para merendar o para soplar las velas de la tarta, él pasa. Y le tengo que obligar a hacer acto de presencia.

niño

(Parece que come a toda mecha para acabar pronto con ese suplicio y poder volver a su entretenimiento favorito).

También se la resbala bastante el momento baile y juegos al que hacen asistir a los críos en otra sala. Asimismo hasta le tengo que cuasi amenazar con no volver al parque de bolas si no se digna a disfrutar con sus compañeros de ese divertido momento de canciones infantiles y danzas bajo una luz discotequera. Y va. En un principio lo veo saltar y hasta creo que se lo está pasando bien. Pero poco a poco se va escabullendo hasta que acaba en una esquina, observando, y aburriéndose como una mona. En ese instante entro al rescate:

– Cariño, ¿quieres ir al parque de bolas?

Se le ilumina la cara. Y me lo llevo allí, que además lo tiene para disfrutarlo en solitario. Porque a él lo mismo le da que haya otros niños jugando con él o no.

Mientras salta, trepa y se divierte, aprovecho para poner en contacto al pequeño con las bolas. Y me da que será un estupendo compañero de juego del otro. Triunfo total.

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Continúa la gymkana. Resulta que por la tarde el cumple del vecinito es… de disfraces. De pequeños, ¡y de mayores! ¿¡Pero por qué tocarán tanto los huevos?! Bueno, suponiendo que para los adultos es optativo, centro todos mis esfuerzos en que El Cachorro se meta en el papel. Porque Spiderman hace cosas de Spiderman, como lanzar tela de araña. Y Spiderwoman tiene que enseñarle.

niño

Lo que ya no le convence nada de nada es rematar el traje con la máscara. Qué manía le tiene este crío a ponerse cosas en la cabeza. Ni el casco del disfraz de caballero medieval, ni la careta del de monstruo de Halloween, ni nada. Debe ser porque le gusta hacer las cosas a la cara, no en plan anónimo.

Pero, aunque sea sin capucha, hace suyo el disfraz. Es entrar en el ascensor y empezar a hacer una demostración fantástica de ascenso por superficies verticales.

niño

Qué buena maestra soy, mecachis en la mar.

En el cumple hay un castillo hinchable. También meto ahí a Don Bimbas. Parece que, de nuevo, hemos triunfado: le gusta.

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Así que solo por verles divertirse tanto, me temo que me voy a tragar cumpleaños como una descosida. Con y sin disfraz. Incluso dos en un día, como hoy.

En mis tiempos tus padres te aparcaban en casa del cumpleañero que te invitaba y andando, no se quedaban a ver qué pasaba. ¿Qué ha ocurrido para que hayamos llegado a esto? Halagüeño futuro me espera.

Interpretación de la realidad

Está El Cachorro con un par de cochecitos en la mano y Don Bimbas que lo ve, intenta cogerle uno. Pero su hermano mayor dice que nanay. Y eso que no les estaba haciendo mucho caso, simplemente los sostenía en la mano. Así que le comento que estaría bien que le dejara uno al pequeñito. Pero él opina lo contrario. Lástima, porque el canijo está entrando en DEFCON 2 y su cabreo está a punto de estallar. Procedo a apelar a la compasión de El Cachorro:

– Mira su carita, pobrecito – y pongo la misma cara afligida que el bebé. Y me salta, muy resuelto:
– Yo lo veo muy contento.

Y se pira tan pichi. Como ya se lo había pedido tres veces y, definitivamente, no quería dejárselo, no insistí. Debía pensar El Cachorro: “no nos volvamos locos con lo de compartir”. Y oye, este, a la postre, tiene que ser un acto libre. Así que Don Bimbas y yo nos resignamos. Pero a los veinte segundos, vuelve:

– Bueeeno, mamá, ya se lo doy a Pablo – ¡Y en efecto le da el coche!

Es un tesorazo como la copa de un pino.

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P.D. “Yo lo veo muy contento”, JAAAAAAJJAJAJAJJAAJA.

Montaña rusa

Mira que me gusta a mí una montaña rusa. Pues no sé qué me emociona más, si montarme o verle la cara de felicidad a mi niño. Bueno, lo mejor, aunar ambas cosas.

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Pero poco. Que yo antes me montaba en todo sin que se me moviera una pestaña y ahora me mareo en la mininoria. Maldita vejez.

Papá, el hombre perfecto

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En el baño, lavándole los dientes a El Cachorro, me pide que le saque la lengua y me hace notar que la tengo rota. Le impresiona ver una grietilla, constatar que tiene una mamá defectuosa. Y la conversación va así:

– Tienes la lengua rota – en plan “qué habrás hecho” y “qué horreur”.
– Y tú el diente – contraataco. Porque se lo rompió contra una barandilla y anda mellao.
– Menos papá está arreglado – sentencia.

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O sea, que asume que él también está roto, como mamá, y que el único que se salva es papá. Pues porque no se ha fijado bien…

Bebé fashion

A mi amigo le ha dado por jugar a los estilismos y, como de un muñeco se tratara, utiliza a mi bebé para dar rienda suelta a sus creaciones. Lo mejor es el otro, que no pone impedimento alguno para que le planten cosas en la cabeza.

niño

Menos mal que le queda todo bien. Ahora toca sesión de fotos.

niño

niño_comida

Hay foto de la foto, si os dais cuenta.

Mi amiga sale bien, pero no tan guapa como es, porque es bellísima. Puede ser el gesto, o puede ser porque todo el que se acerca a Don Bimbas, palidece.

Hasta con moñoño en lo alto está guapo. Eso me tranquiliza. Con la cantidad de golpes que se da en la cabeza, ahora sé que si se la acaba abriendo y le vendan, seguirá estando mono.