Porrón de juguetes tiradazos

No, si la estampa es mona.

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Pero para mona, yo recogiendo juguetes. Veo esto y me visualizo deslomada.

Sufro. Si me lleváis leyendo tiempo, lo sabéis. Soy una maniática del orden y de tenerlo recogido todo. Pero es verdad que un día leí algo que me hizo meditar sobre esto, o al menos relativizar. Leí sobre la pena que produce que llega un día en el que los juguetes se aparcan, en el que nadie corre por casa, que no escuchas risas que se ilusionan por cualquier bobada. Llega un día en el que tus niños dejan de ser niños y es entonces cuando te topas con el vacío, y echas de menos los saltos y las carreras, los gritos y los lloros. Echas de menos tropezarte con un coche al que se le dispara una sirena que te mata del susto o que no encuentras una pieza de Lego entre los recovecos de tu sofá.

Así que ahora que esto lo tengo, a disfrutar de la etapa y a considerar que, sí, la estampa es ideal.

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Por qué creceréis tan rápido, me pregunto.

Cada oveja con su pareja

El pequeño es ver un animal, y lanzarse a por él. Ha tenido menos contacto con bichos que El Cachorro a su edad y sin embargo es pasión. No le asusta ninguno. Se parece a mí, que antes dije “perro” que “papá”.

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Así que el día que hay trashumancia en Madrid, hay que ir. Y que tocar.

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Estos peluches sí que molan y no los contenedores de ácaros que hay rulando por casa…

Superhéroes

Nada, que se ha puesto de moda. En el cumple de hoy, aparte de llevar a los críos disfrazados de superhéroes, los padres también tienen que ir ad hoc.

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Así que a última hora me he plantado unas mallas negras y una camiseta de tirantes y… joé, casi salgo a correr. Parecía una runner de esas. Ah, pero no hay como plantarse unas botas de tacón y un antifaz que le he mandado comprarme corriendo al Señor de las Bestias y, voilá, catwoman. El disfraz para mujeres más socorrido del mundo.

No os perdáis el careto del pequeño al verme:

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Tiene mucho mérito ser capaz de decir un claro y meridiano “esta ¿de qué va?” sin hablar.

Deberes

Este año nos ha tocado en gracia una profesora para nuestro hijo que tiene fama de ser la más dura y seca que existe en el cole. Todas las madres se han echado las manos a la cabeza y es porque aplica mucha disciplina. Yo de momento sigo con las manos en su sitio. A mí eso no me parece mal. Sí, quizá, que no sea capaz de esbozar una sonrisa cuando le dices “buenos días” y le dejas al crío en clase. Pero bueno. Ella verá.

Lo que es terrible, TERRIBLE, es lo mucho que nos hace trabajar a los padres. Y estamos en octubre. Ya nos avisó en la reunión de presentación, y además dijo que no aceptaba la, según ella, burda excusa, de que no tenemos tiempo, de que nos iba a mandar muchos deberes. Porque son eso, deberes, y nos los encarga a la familia al completo. Le invitaba yo a esta lista que vive en los mundos de luz y de color un par de días de mi vida, a ver si le daba tiempo a andar recortando fotos, pegando chismes o ideando cosas que, además, tienen que ser originales. Porque, sí, dijo que iba a mandar trabajos pero que no hiciéramos el típico mural de cartulina pintado y con fotos, que quería cosas originales, fuera de lo común. Ah, bien, pues si no hacemos las típicas cartulinas cuando nuestros hijos tienen ¡cuatro años…! (el mío de hecho aún tres), ya me dirás cuándo. ¿De qué vamos saltándonos pasos? ¿Por qué hacer madurar a los críos antes de tiempo?

Y, ni corta ni perezosa, dicho y hecho. Nos manda realizar un trabajo según el TEMA que nos corresponda. Están hablando este trimestre sobre las emociones. No sé si tuvo la deferencia de contemplar que El Cachorro es de diciembre o qué, pero a nosotros, junto a algún otro agraciado más, nos tocó uno fácil: hablar de la alegría.

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Ya veis, toda una disertación, porque, a todo esto, los críos exponen el trabajo en clase para sus compañeros (esto me parece buena idea).

Pero, no os lo perdáis, otros niños (mejor dicho, otros padres) tuvieron que hacer un trabajo sobre Miró, por ejemplo, y cosas aún más complicadas. Recuerdo: CUATRO AÑOS tienen los peques. ¿¿MIRÓ?? ¿Estamos locos? No la quiero imaginar dando clases de arquitectura. Como trabajo de fin de proyecto es capaz de mandar la construcción real de un aeropuerto.

Bien, yo ideé algo para una cartulina. Sí, la típica cartulina. De color amarillo, que simboliza la alegría, y con un agujero con forma de cabeza. Y se acabó. Así, El Cachorro y todos los de su clase podrían encajar el careto y poner el gesto de la emoción que prefiriesen.

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Ya veis qué chorraduna. Pues un exitazo bárbaro. Todos en clase se divirtieron de lo lindo con el trabajo. ¿Todos? No. A El Cachorro le dio vergüenza y fue el único que no metió la cara. Pero… ¿a quién habrá salido? En fin, dejando aparte el tema de la timidez que está desarrollando mi peque, el hecho es que fue el que triunfó, mucho más que el crío que llevó un PDF.

El caso es que cada semana esta profesora nos manda hacer cosas, así que hoy no me ha quedado otra que llevar un par de deberes (de los cinco que tenemos) al restaurante donde hemos ido a cenar, para ir cumpliendo.

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Porque, no, hija, no. Los padres de El Cachorro no tenemos tiempo de hacer trabajos llegando a las ocho de la noche a casa, ocupándonos de dar de cenar al crío y de atender a su hermano bebé, de bañarlos, de acostarlos, de cocinar para el día siguiente, de poner lavadoras, etc. Que el día que todo sale redondo me siento a las once y media de la noche y aún sin cenar. Como para estar haciendo un master en Creatividad con el PowerPoint y Sin Él, vamos, hombre, no me jodas.

Premios Cosmopolitan

Se hace tarde y toda la familia se viste de noche.

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Unos con el pijama y la otra, moi, de cóctel, dress code de la fiesta 25 aniversario de la revista Cosmopolitan.

Hoy tengo plan en el hotel Ritz. Cuando llego, enseguida me percato de que estoy en el evento del mes. Una cita que no se quiere perder nadie que sea alguien en España, ni siquiera los nadies de verdad (pero que estaban invitados).

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Poso en el photocall con la directora de la revista y amiga mía, Ana Ureña, que me ilustra sobre postureo.

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Comparto momentos con mis adorados Alvarno, los diseñadores que se han metido en el bolsillo al mundo de la moda, enterito.

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Me reencuentro con los foteros de mi época del corazón, que andan rivalizando sobre cuál de ellos se ha hecho con el tema de la noche (un par de famosos liándose en el baño), aunque todos ellos saben que ninguno lo tiene (probablemente ni haya sucedido).

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Y remato el fiestón con mi amigo y el artífice de que lleve ya cuatro años (y se cumplen ahora) dando la matraca con mi vida y la de mis hijos desde la web de Cosmopolitan TV, mi querido Alberto Lafuente. Gran guinda para una noche memorable.

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Viva Cosmopolitan en todas sus versiones.

Deslomando al personal

No para quieto ni un segundo. Aunque lo lleves en brazos. Parece que has cogido un atún y hay que hacer serios esfuerzos para que no se te escurra. Así es Don Bimbas, y lo iba anunciando desde que se alojaba en mi tripa, un niño movidito.

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Cómo será la cosa que vino la tata de mis niños a casa, me vio tan hecha fosfatina, que me invitó a echar una siesta mientras ella cuidaba de mis vástagos. Cuando una hora después me levanté, me la encontré despeluchada y desencajada, y me dijo que menuda paliza le había dado el pequeño, que estaba hasta sudando y que si se podía dar una ducha.

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Luego que si estoy delgada.

El 4

El Cachorro me enseña que ha aprendido a escribir el número cuatro.

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Me encanta el lienzo. Es un tipo con recursos.

El caso es que, aprende algo, y ya te lo encuentras estampado por todos los lados. Lo mismo ocurre con el cinco.

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Qué bien, ya puede poner en este coche “5 veces cerdo, lávalo”. 😉

Se acerca Halloween

Ojo al dibujo que ha hecho mi hijo.

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Le pregunto qué significa este batiburrillo negro y me cuenta:

“Son niños y niñas que van por un bosque oscuro porque sus papás se han muerto”.

TÉTRICO.

¿De dónde se habrá sacado eso? Le vuelvo a preguntar, por confirmar el asunto, pero él enseguida, y yo creo que es porque se huele que lo que me ha contado antes no era lo que me tenía que haber contado, cambia la versión: “Son niños y niñas que están en el bosque solos porque sus papás están trabajando”.

Ay, madre.

Aunque a mí lo que me asusta más es esta especie de dislexia incipiente en su firma…

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Qué va. Lo digo por dramatizar. Sé que la cosa consiste en que él sabe qué letras tiene su nombre pero pasa de aprender el orden, el huevón de él.

Renegando de una madre

Ah, pues El Cachorro no ha esperado a la adolescencia. Con tres años, diez meses y trece días, ya me ha venido con “no quiero verte nunca más”.

Ha sido porque cuando he salido de la ducha por la mañana lo he pillado viendo la tele. Y el canal “Crimen e investigación”, nada menos. Venga de truculencias. La he quitado y, claro, ya no quería saber nada de mí.

Me encanta lo categórico que es con sus “nunca más”. El fin de semana pasado, después de haber pasado la mañana saltando como una cabra en un parque de bolas, le dije que después de comer echaríamos una siestita, y él ya se enfurruñó diciéndome que no quería dormir NUNCA MÁS.

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Sus “nunca más”, al final, son como los míos: “Nunca más me pegaré semejante atracón”, “dejo de fumar para siempre”, “jamás perdonaré a este cabrón”, y así. No tienen ningún fundamento.

La ducha como deporte extremo

Hoy me ducho con actividad extra.

Como observador de mis abluciones tengo a Don Bimbas, quien considera que solo mirar cómo me mojo no es lo suficientemente interesante y decide introducir una variante:

A él en general le gusta tirar objetos con fuerza al suelo y comprobar cómo suenan. O si resisten el golpe. Ahora quiere experimentar con otra superficie. La bañera le parece ideal como campo de pruebas. Así que va cogiendo jugueticos y lanzándolos dentro.

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Lo mejor, aparte de verlos escogorciarse, hacer ruido y resbalar, es que además, si tiene puntería, me da con ellos en el pie. Y doy fe que el canijo tiene fuerza.

Ducharme dando saltos, esta actividad de riesgo sí que me la estaba perdiendo yo…