¿Cuchara? Es mejor comer con los dedos

A ver, ha dicho una pediatra que se acabó eso de darle el puré y las papillas a mi chiquitín tumbado y a limpio jeringazo. Que tiene que aprender a comer con cuchara. Yo me siento incapaz y, además, no estoy en las horas de su comida, y el marrón se lo paso a la mujer que lo cuida. Y ella se desespera. Es IM-PO-SI-BLE. No ya porque en vertical la comida no le llega a la glotis y no traga, sino porque además, el pitufo este se mete los dedos en la boca, hace palanca, y se saca lo que a duras penas se le ha conseguido meter. Jesús qué carácter me ha sacado, ¡qué carácter!

Ahora… dale un Aspito. Aquí, el niño al que le cuesta horrores comer.

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Menuda jeta tiene. ¡Me-nu-da jeta!

Mi reino por una capa de invisibilidad

Ese momento en el que el bebé anda cuasi despertándose en la cuna que está al lado de mi cama, y yo quiero levantarme y salir de la habitación sin que él se entere por si con suerte vuelve a enceporrarse y yo puedo hacer las mil millares de cosas que tengo que hacer, y me planteo salir reptando…

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Ese momento.

Si fuera una heroína me llamaría “Sigilosic Woman” (en superespanglish).

Me siento capaz de robar cualquier museo.

Una “gallena” en la bañera

“Zoy una gallena”, dice El Cachorro. Ballena, cielo.

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Y ahí lo tienes, lanzando chorros como si del propio Moby Dick se tratara. Y yo, negra: “¡Dentro de la bañera, cariño, no salpiques fuera!” La verdad es que estoy más obsesionada que el Capitán Ahab, con el tema de la limpieza.

Abuelos confortables

Cuando mis hijos utilizan a sus abuelos como almohada…

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Mis padres han venido de visita a mi casa. Y a mí me viene de perlas para descansar un poco. Al día siguiente de esta instantánea en la que El Cachorro se queda tostado sobre la palma de la mano de mi padre, en un acto de generosidad y compasión, mi madre se ha levantado para atender a Don Bimbas por la mañana para que yo siguiera durmiendo un poco, después de una (otra) nochecita toledana.

Cuando por fin vuelvo yo a la vida, entro al salón y me encuentro a mi pequeño como un ceporro encima del brazo izquierdo de mi madre.

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“Llevo así el gran rato. Parece que tengo el brazo incorrupto de Santa Teresa”. Lo tiene como dormido y no se atreve a moverse por si el pispajo se despierta, que tiene muchas probabilidades. Manda huevos que el sueño de un pequeño pase por la tortura de su abuela.

P.D. Mi madre es muy de comparaciones de ese pelo. Si tiene algo inmóvil, tieso o frío, lo tiene como el brazo incorrupto de Santa Teresa o como la pata de José Antonio Primo de Rivera.

Tomad y comed todos de él

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En El Retiro mis niños se vuelven a camelar a una camarera (tienen un don) y mi mayor le acaba sacando unos cuantos colines para dárselos a los peces del estanque.

En esto que él, fanático del pan, decide que hay colines suficientes para todos y se los empieza a comer. Su padre le dice que ese pan es para los peces, y le suelta El Cachorro:

“Hay que compartir, los peces me dejan”.

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Vaya peces solidarios los del estanque, tú. ¿¡Y de la facultad de poder comunicarse con ellos de El Cachorro, qué me decís!?

Los sueños pueden ser pesadillas

“Aaaay, quédate así”, le digo a Don Bimbas en un ataque de enamoramiento supremo. No me puede gustar más de bebé. “¡No crezcas!” “¡Pero si lleva dos meses así…!”, me recuerda el Señor de las Bestias.

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¡Es cierto! Con estos problemas que nos ha estado dando con eso de que o pecho o nada, a sus ocho meses y medio sigue pesando lo que un crío de seis. Así anda, atascado y sin crecer. Así que toda mi ansia que tuve con El Cachorro de que se quedara siendo bebé para siempre, se ha dado la vuelta con este: me da ansiedad que se quede así.

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A pesar de lo terrrrrrrriblemente mono que está.

¿Te vas a ir?

Llegué ayer de un viaje de ocho días fuera de casa y hoy ya es la tercera vez que El Cachorro me suelta: “¿Te vas a ir, mamá?”

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Lo hace cuando me ve cambiándome de ropa, o saliendo de una habitación… Así que lo he cogido por banda para explicarle que mamá tiene un trabajo en el que se viaja (de hecho, como fue a despedirme al aeropuerto, él dice que su mamá trabaja en un avión) y que más adelante me iré unos días, pero que ya le avisaré, que ahora no me voy a ningún sitio. Y ya se ha quedado tranquilo.

En verdad da gusto este crío. No hay como ser clara con él, sincera, explicarle las cosas, para que lo entienda y lo asuma.

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Pero ahora me han adelantado un viaje y en dos semanas emprendo el vuelo de nuevo. Hale, a volver a concienciarlo. Se va a hacer la picha un lío, el pobre.

Un monstruo en la familia

Cuando rompe algo, primero te quiere colar un “se ha roto”, como si fuera cosa del afán de autodestrucción del objeto en cuestión, y cuando le haces ver que no te lo tragas, te vuelve a intentar convencer de que no ha sido él, que ha sido el monstruo.

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¡El monstruo, tú! Lo saca a colación cada dos por tres. Qué bonito es eso de tener un monstruo a mano para echarle la culpa… No sé ya si ponerle otro plato en la mesa y todo.

Hablando de platos en la mesa. Y de monstruos en la imaginación de un niño, o en sus sueños…

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He aquí la virtud para quedarse dormido durante la comida. A ver si dice algo del famoso monstruo cuando despierte. ¡Lo mismo le echa la culpa de haberse comido su plato!

En la vida consciente, lo que veo es que ahora nos va a tocar cargar con dos…

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Este sí que es un experto en caer en los brazos de Morfeo mientras está amorrado al biberón.

Se habla poco de la comida como somnífero.

¡¡Que no me quiero sentar en la Maxi Cosi, cojón!!

Que si hay que meterse en un espacio mínimo, como sardinillas, se meten sin problema.

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Porque de normal entrenan en contorsionismo y llaves de judo.

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O sea, que sé que cuando Don Bimbas quiere, puede. Pero cuando no quiere, NO QUIERE Y PUNTO

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Es el bebé-palo. Se pone rígido y duro como un tabique de acero. Que te sientas encima y no lo doblas, de verdad de la buena.

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Esto tiene que ser una figura gimnástica o algo por lo que den puntos, seguro. Lo siguiente es vomitar verde y dar vueltas a la cabeza.

Volver a ser tú

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¿Recordáis la congoja que tenía hace cinco días por tener que largarme de viaje de trabajo y dejar a mis pequeños? Pues mañana vuelvo a casa y me dicen: “Tendrás ganas, por tus hijos”, y será porque he desconectado, porque sé que en Madrid las cosas no solo marchan sobre ruedas sino que ha habido grandes avances en lo que respecta a la alimentación del pequeñito, porque Namibia me ha encantado, porque he vivido nuevas experiencias, porque me he reído, porque hemos formado un grupo muy majo…

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… porque hemos cantado a grito pelado canciones de los 90 en los largos trayectos en coche, porque hemos visto y hecho cosas alucinantes, porque nos ha perseguido un elefante, porque hemos surfeado una duna, porque nos han hablado en un dialecto fascinante con el que chasquean la lengua, porque el guía que estaba de bastante buen ver me hacía ojitos… porque solo era yo, Amaya, y no Amaya mamá, Amaya ama de casa, Amaya organizadora… pero no, no tengo NINGUNA gana de volver ya, fíjate por dónde.

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