Armándose para conquistar

La piñata avanza.

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Lo que le faltaba a su arrebatadora sonrisa, más dientes.

El cuco de él va por la vida estableciendo contacto visual. Y eso que fácil, ahí tumbado, no lo tiene. Pero lo consigue. Mira fijo a alguien y le sonríe. Compromete a todo el que se cruza en su camino.

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Siempre, siempre, siempre, consigue lo que quiere: que todos se paren a hacerle monerías. Él les corresponde con más sonrisas, eso sí. Es la mar de agradecido.

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Claro que a mí, caminar cien metros, me cuesta media hora. Qué duro es el papel de carabina.

Patinete molón

Yo, el día que compré el patinete para el cochecito, no lo medité demasiado…

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Ahora me veo obligada a dar paseos a mi hijo y sus amigos por el patio. “¡Ahora yo, ahora yo!”, es la cantinela que tengo que escuchar unas diecisiete veces cada vez que bajo. En buena hora.

Amores que matan

Qué graciosa es la expectación que despierta un bebé en los niños.

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Lo que les llama la atención. Son todo curiosidad y cariño. Se asoman a verlo, le intentan besar, le hablan, le tocan, le GRITAN, LE APORRE… ¡¡NO TOQUÉIS AL BEBÉ!!

Evolución en un plis

“¡Mamá, ayuda!”, me pide El Cachorro para subir por la empinada rampa… “Vamos, vamos, tú solito”, le animo. “¡No puedooo!”, me replica. Le acabo ayudando dándole un pequeño empujón en el culo, pero luego me niego. Puede hacerlo él.

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Y con mis indicaciones, “pon el pie ahí y agarra la cuerda con las dos manos, pero arriba, más arriba…”, acaba subiendo.

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No solo eso, si os fijáis, al final lo hace sin agarrarse a la cuerda.

Qué satisfacción poder convencer a tu hijo de que haga las cosas por sí solo, y que lo consiga. Si confiara en él mismo lo mismo que lo hago yo, no tendría ni que ayudarle.

Sigilo

El sigilo con el que salgo de la cama tras haber dado el pecho a mi bebé, para que no se despierte, es digno de un ladrón profesional. En serio. Él necesita atención constante. Le encanta estar en brazos o sentir calor humano. No se duerme si no es chuperreteándome el pezón. Y cuando lo hace, así chuic, chuic, chuic, agarrándome el dedo a la vez, el momento de zafarme de él es extremadamente delicado.

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(Inciso: Este estrujamiento de teta… ¿a qué se debe? ¿Por qué tanta saña con lo que le da de comer? A ver si es verdad eso de que los bebés ordeñan).

A lo que iba. Si el chiquitín nota cualquier movimiento extraño, inmediatamente abre los ojos, te pilla en plena acción, y te vuelve a convencer para que te quedes con él (su llanto es bastante persuasivo).

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Así que, nada, lo de recuperar mi dedo de su manita y mi pezón de su boca sin que se entere, es una tremenda, tremenda hazaña. Milagroso ya, salir de la cama.

El día que lo consiga, separarme de él sin que me pille, lo siguiente que haré será saquear Fort Nox. Lo tendré chupado.

¡PATAPLOFF!

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Ha sido cambiar a El Cachorro de la cuna a una fabulosa cama con quitamiedos y escaleras, y al segundo día pegarse un toñón de tal calibre que casi abre el suelo. En serio, qué batacazo. Ha sido en mitad de la noche. Nos ha despertado a su padre y a mí, que hemos pegado un salto de la cama así en plan resorte para acudir despavoridos en su ayuda.

Esto le pasa por lagartijear, por tener esa manía que ya relaté aquí tiempo ha de acabar durmiendo en la postura contraria a la que se le acuesta. “¡Que te estés quieto, cojona!”

Beso vomitivo

Antes de ir a dormir le pido a El Cachorro: «Dale un beso al hermanito». Y en el momento en el que se agacha… ¡¡BOARGH!!, coge el pequeño y le vomita en toda la cara.

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Vaya manera que tiene de corresponder a los cariños, el canijo. Ahora, a El Cachorro no solo no le ha importado, sino que se ha empezado a deshuevar. Y Don Bimbas, también.

En fin, habrá que concienciarse. Si convives con un bebé, lo haces con todos sus fluidos, que emanan de él en cualquier momento y situación. ¿Que quieres ver si ya es capaz de sostener bien su cabecita y lo pones boca abajo para comprobarlo? Pues atente al efecto colateral: acabar con las sábanas babeadas. He aquí la prueba:

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Esa sensación de vivir en una humedad permanente…

Comer helado en condiciones

Comprar a un niño un helado es el pasaporte para convertirlo en algo pegajoso que anda. ¡Pero no contaban con mi astucia! Nunca está de más un babero en el bolso.

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El Señor de las Bestias ya me ha dicho que cómo le hago eso al crío. No sé qué problema tiene que todo le da vergüenza. Pero al peque, lo de ir con un babero por la calle, no le ha importado lo más mínimo. En cambio que fuéramos caminando mientras él intentaba darle lametones al helado, no lo ha acabado de ver. Como que le resultaba incómodo. Así que en un descuido se ha escapado y ha tomado asiento para disfrutar de él como Dios manda.

El malo del cuento

– ¡Zoy un malo!
– ¿Eres un malo porque llevas florecitas en los dedos?
– ¡Zí! Grrrrr.

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Y como malo que es, ha querido imitar al lobo de «Los tres cerditos» con su famosa frase de «soplaré, soplaré y tu casa derribaré» soplando a estas hojitas.

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Como no estaba teniendo el mismo éxito que el lobo soplando a la casa de paja, y parecía estar haciéndolo a la de ladrillo, ha decidido cortar por lo sano: coger directamente un puñado y lanzarlo al aire para, ahora sí, ver las hojas volar.

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El Cachorro es un malo muy práctico.

Carrito multiusos para madres urbanas

Ir al centro de Madrid es una carrera de obstáculos. Te asaltan los de las ONG, los que piden firmas, los que piden sin más, los repartidores de folletos de restaurantes… etc.

Yo además, que empujo un cochecito de bebé, debo de tener un imán. Se creen que porque eres madre reciente necesariamente eres mejor persona. Y no. Sí eres más sensible a los temas relacionados con los niños. Pero no eres ni mejor ni peor que antes de haber parido.

En mi caso… sí, soy bastante amable, de siempre. Nada borde como para gritar al personal «¡que te esfumeeeeessss!», que es lo que en mi fuero interno me apetecería hacer. Total, que acabo cogiendo todos los folletos que me ponen por delante y acabo con una colección interesante.

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Así, el posavasos de mi cochecito de bebé se convierte también en contenedor de folletos. Yo que los de la marca, incluiría esta opción en la descripción de utilidades del artículo.