Mochila

Tenía la mochila portabebés ahí en un altillo, muerta de la risa. Así que llevo exactamente tres meses y dos días quejándome porque digo que este niño solo está conforme si lo llevo en brazos, proclamando a los cuatro vientos lo esclavizada que estoy, y sin poner solución con algo que estaba al alcance de mi mano con tan solo subirme a una silla. Hay veces que mi pereza para hacer las cosas más simples no tiene límites.

Total, hoy recupero la mochila que compré para El Cachorro y que utilicé con él cinco veces, como mucho (él sí era feliz en capazos, Maxi-Cosis y cunas). Coloco a Mi Pollito en ella y, como aliciente, además me saco una teta. He visto que le llegaba justo a la altura de la nariz y me ha parecido que ni pintado. Así que él, no acostumbrado al asunto, ha gruñido un poco pero en seguida se ha puesto a rechupetear mi pezón y en un plis se ha quedado grogui. Y aquí me hallo, contándolo en el ordenador mientras él dormita.

padre_con_hijo

No, si cómodo sí puede ser, pero para él no sé si lo acabo de ver. Dormir, se duerme, pero con esta postura el dolor de cuello cuando despierte va a ser morrocotudo.

El mundo al revés

Le digo a El Cachorro: “Cuando termines los cereales, te doy chocolate. ¿Quieres?” Y me contesta él un claro y contundente “NO”.

¿Ein? Me descoloca.

Y cuando se los ha terminado le enseño los huevillos estos, por si es que antes no había entendido bien, y ha vuelto a pasar de ellos. ¿¿No es raro??

huevo_pascua

(Del rojo he picado solo por averiguar a qué sabían…)

De verdad, yo pensaba que cuando fuera madre tendría que luchar para que mi hijo comiera sano, y resulta que lo ando animando para que guarree.

Tener niños es vivir un constante carrusel de emociones

Que lo mismo los quieres matar mucho, que solo un poquito.

Como objetivo de escalada de hoy, el Tiburcio mayor ha elegido unos olivos. Pues venga para arriba y para abajo. Hasta que ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. ¿Pegarse una toña? No caerá esa breva, noooo. Engancharse en el tronco el polo del uniforme del cole, que barato no es, y quedarse colgando como una paraguaya. Hasta desgarrarlo.

niño

Por su parte al pequeño le ha entrado una especie de vena artística y ha querido dejar su estampa en suelo. Desde mi hombro.

suelo

Y luego su hermano se ha quitado las zapatillas y me ha regalado la cantidad de tierra justa para plantar en una maceta un roble ya milenario.

fregadero

O sea, esto es como lo de superar pantallas en un videojuego.

¡Que alguien me ordeñe!

Ni me había parado a pensar en por qué los ganaderos se preocupaban tanto si por algún inconveniente habían dejado sus vacas sin ordeñar.

Ahora lo entiendo. Las tetas se quejan. Hay veces en las que Don Bimbas duerme más de lo que acostumbra y de repente a mis pechos les sacude un hormigueo, digamos, intenso… Sí, el tetamen duele si no se vacía periódicamente.

No veáis ahora cómo comprendo y cómo compadezco a las vacas.

madre_con_bebé

Dar el pecho, entonces, libera. Supone una descarga, una satisfacción. Que se lo digan al desnucado este, en posición postleche, pura imagen de la saciedad.

No se puede cantar victoria

Hoy hemos pasado un día de los de palizón. El Señor de las Bestias tenía exhibición en Extremadura y yo le propuse acompañarle con los peques.

hombre_con_pajaro

Así que nos hemos pegado un viajazo, un diazo en el que no hemos parado y otro viajazo de vuelta. Resultado, todos reventados.

Mientras el padre de las criaturas se ha ido a descargar los animales, yo me he quedado en casa para cenas, baños y dormir al personal.

Ya sé que es mejor hacerlo por la noche, pero yo al bebé lo suelo bañar por la mañana. Pues hoy me he animado a remojarlo con nocturnidad y alevosía por aquello de ver si es verdad que así se relaja y se duerme pronto en vez de a las doce y media como todos los días. ¡Y oye! ¡Sí! Ha sido a la segunda.

madre_con_bebé

Lo he bañado, le he dado el pecho y lo he acostado. Y se ha dormido. Pero cuando he puesto en remojo a El Cachorro, Mi Pollito ha piado. Así que mientras su hermano mayor estaba en la bañera, él ha vuelto a mamar hasta quedarse dormido. Y lo he vuelto a trasladar al capazo y esta vez sí, grogui. Aquí al personal no le parecerá ningún triunfo, pero para mí, ha sido como si se hubieran abierto las aguas del Mar Rojo.

Al Cachorro lo he sacado de la bañera, lo he secado, lavado los dientes y acostado. Y aunque ha rezongado un poco, también se ha quedado dormido.

Nueve de la noche y la casa para mí, ¡¡para mí!! Esto es totalmente inédito. El bebé vive en mis brazos hasta altas horas. A diario. No hay noche en la que me sienta libre. ¡¡Pero hoy siiiiiiiií!! Voy a gastar todos los emoticonos de la flamenca.

Hay que aprovechar. Me siento en el ordenador para descargar las mil fotos de hoy y… eh, eh, aaaaah, ngueeeeee, ah, mmmmmm… solo me ha dado tiempo de meter la contraseña en mi ordenador para iniciar sesión. El bebé empieza a quejarse in crescendo. Y cuando lo cojo y le vuelvo a ofrecer mi teta, la cual agarra con pasión, como si no la hubiera visto desde hace un lustro y no hace unos diez minutos, y lo tengo en mi regazo, tachán, comienza a llamarme el otro, “mamiiiiiiiiiiiiii”. ¡Eso, la madre que los trajo, que soy yo!

Que si venía el oso, o no sé qué, y “mamá, no te vayas”. Y yo ahí, de pie, acunando a un trozo de carne de seis kilos amorrado a mi pezón mientras el otro no hace más que darme conversación. “Dueermeeeeee”, le digo como doce veces. Mientras, el que se ha dormido ha sido el chiqui, así que le informo al mayor de que me tengo que ir a acostarlo y le ruego que se duerma de una vez.

Entro en mi habitación, suelto al pequeño en el capazo y en el preciso instante en el que apoya la cabeza en el colchón, abre el ojo y vuelve a llorar de nuevo. Lo cojo, voy al cuarto del mayor y le digo que tengo que dormir al hermanito y que haga él el favor de hacer lo propio “y además te dejo la persiana así levantada para que veas que no viene nadie”. Y me he ido y sentado con el mastuerzo chiquitín encima en mi silla, frente al ordenador, para contar todo esto.

Lo que vosotros habéis leído en minuto y pico a mí me ha costado… ¿a ver?, ¡leches!, ¡Son las 22:13! Argh. Pero, ¡albricias! ¡El chiquitín acaba de caer dormido! Voy a aprovechar el momento, a ver si a la tercera va la vencida… Un segundo que ahora vuelvo.

(…)

Oye, pues sí. Se ha quedado tan a gusto. Ahora, no pienso cometer el error de antes, de prometérmelas tan felices, porque sé lo poco que dura la alegría en la casa del pobre.

Si tienes dientes no eres un bebé

El Cachorro hablando del futuro de Don Bimbas: “Cuando tenga dientez y pueda hablar: “hola, yo zoy un hemanito” y cuando creza, un diente má rande, po que yo tengo dientez má randez”.

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Desde que le dije que los bebés no tienen dientes, qué obsesión tiene este crío con los dientes. Ahora siempre dice “yo no zoy un bebé poque tengo dientez”. Y de ahí hemos derivado a hablar del tamaño “más grande” de dientes del hermanito. Cuando los tenga.

Lo de “hola, soy un hermanito” me ha llegado al alma. Es buenísimo.

madre_con_bebé

Pimpinela

Como tropecientas veces antes, le vuelvo a decir: “Como no comas otro trozo de plátano”… Dejo la frase ahí un poco en suspenso y él, sorpresivamente, remata: “Te lo quito”.

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En este caso se trata de los imanes con forma de animal de la nevera. Pero puede ser cualquier cosa. Y, vaya, para que me acabe la frase me doy cuenta de que siempre le debo amenazar con lo mismo, con quitarle cosas si no hace lo que tiene que hacer. (Qué mal suena, “amenaza”, ¿que no? Digamos “advertencia”).

El caso, aunque abuse con los “te lo quito”, es cierto que funcionan. Porque soy de las que cumplo las “advertencias”. Bien que lo sabe mi pequeño, que parece mi pareja en un dúo musical, que yo empiezo una estrofa y él la acaba.

niño_con_madre

El Señor de las Bestias cumple años

Así que le preparé una fiesta sorpresa como revancha de la que me hizo a mí hace unos meses.

cumpleaños

Endiñé El Cachorro a unos vecinos y me quedé con el bebé, mientras preparaba todo con un par de voluntarias (una de ellas, profesional del globo). El asunto me quedó muy mono y muy pintón. Y la sorpresa hubiera sido tal si el homenajeado no hubiera entrado en casa a la vez que El Cachorro, que fue más rápido, se asomó al salón y dijo, antes de que su padre viera nada: “¿Qué pasa aquí? ¿Qué es toda esta gente?”