Comida casera

Pero qué bien le sienta una croqueta a mi hijo.

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Qué morritos, por favor. Qué boquica. Es que me lo voy a comer, a este crío relleno de croqueta.

Un ansia que es heredada. A mi señor padre también le entran ganas de hincarle el diente a carnes tiernas.

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Hay que pararlo en el último momento.

Peluqueras canguras

Es un fastidio lo rápido que me crece el pelo porque me tengo que deletear el canódromo cada tres semanas. Ahora, las de la pelu están encantadas. Don Bimbas se las ha metido en el bolsillo a todas y cuando voy no me faltan “canguras”.

peluquera_con_niño

Las peluqueras canguras se sorprenden mucho de la evolución de mi pequeño, al que ven, como digo, como poco una vez al mes. Cada vez que voy, “oy, qué mayor”, “por favor, qué mono está”, “ha cambiado un montón”. Es cierto que tres semanas en estas tempranas edades son un huevo. ¿Pero tanto se transforma el crío? Ya, a mí no me lo parece, y así ando, con ropa de bebé pasada de fecha y con la etiqueta puesta pensando en un “ya se lo pondré más adelante, total, el crío sigue igual”, y no sigue, no.

Vaya, hombre

Ese momento en el que ves a tu nene con el guapo subido y le quieres sacar una foto y para distraerlo y que se deje le dices que salude con la mano, haces clic y…

niño

Os juro que estaba especialmente guapo.

Menos mal que a veces la vida te devuelve las cosas con creces. Es cuando consigo un fotón no ya de uno de mis hijos, sino de los dos juntos.

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Igual no os gusta. Pero a mí me entusiasman la claridad, los tonos, la sensación de pureza que transmite, lo bonitos que están, todo.

Trabalenguas

La lengua de trapo de los críos es fantástica. No sólo están que te los comes, son sus zetas en vez de eses y esos “yo es que no sabo” y tal, sino que te partes con sus palabras. A mí me encantan de mi hijo estas dos:

PAZALAPABRA, que es como llama al programa de televisión “Pasapalabra”, y ABRALECABRA, que es lo que se dice para hacer magia. Pena que Gloria Fuertes no esté entre nosotros, porque seguro que con eso se marcaba un poema genial.

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La tomadura de pelo del negocio de las guarderías

Mi blog se caracteriza, entre otras cosas, por no dar lecciones, no dictaminar sentencia y no generar polémicas. Habla de mis experiencias como madre y de las de mis hijos teniéndome a mí como madre, de manera natural y en clave de humor. Pero hay cosas con las que, de indignantes, no puedo permanecer callada. Amén de que, precisamente, forman parte de mis andanzas y experiencias como madre. Si no jamás me hubiera enterado de estos tejemanejes, propios de la mafia.

Hoy pretendo denunciar una situación ilógica e injusta de las muchas situaciones ilógicas e injustas que tienen lugar en nuestro país, en especial relacionadas con las mujeres y las madres, como pueden ser gravar compresas y pañales como si no fueran artículos de primera necesidad, convertir la palabra “conciliación” en una especie de animal mitológico o proporcionar una baja maternal de risa que ni siquiera respeta la recomendación de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses de la OMS. En fin, no descubro nada si digo que la política de protección a la maternidad en este país da verdadero asco. Y ahora os cuento otro negocio.

Estos días muchos padres andamos a vueltas con la guardería. Y es un culebrón de agárrate y no te menees.

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No voy a entrar en lo traumático que resulta para muchas madres separarse de sus hijos siendo estos bebés o el quebradero de cabeza que les supone buscar, o pensar, en manos de quienes dejar lo más preciado de su vida.

Vamos a pasar por alto todo eso para centrarnos en la solicitud de guardería, en la pelea por una plaza en una pública o decidirse por una privada. O intentarlo en ambas, que es el caso de muchos. ¿Y eso? Pues porque generalmente, a no ser que trabajes pero cobres el sueldo mínimo interprofesional, seas madre soltera de trillizos y estos sean alérgicos, ciegos y cojos, conseguir sitio en una guardería pública, que además son las que mejor fama tienen, es misión imposible. Pero, claro, piensas en que igual ese año no han nacido trillizos, o justo tu sueldo de la renta del ejercicio anterior ha sido de risa porque te has pegado medio año en paro, o… y lo intentas, y solicitas una plaza. Pero, ¿y si no te la dan? Pues tienes que pensar en un plan B, que suele ser una guardería privada, a doblón, claro está. Pero esto resulta que es un sinvivir porque, justo A LA VEZ que se solicitan las plazas para la guardería pública, tiene lugar el plazo para pedir el famoso “cheque guardería”, que es una ayuda de 1.100 € a razón de 100€ al mes que da la Comunidad a prácticamente todos los padres que trabajan y llevan a sus críos a una guardería privada. Claro que también tienen que trabajar ambos padres, lo cual es un requisito que desgraciadamente muchos quieren pero no pueden cumplir, y si están en paro y cuidando a un crío, ¿cómo buscan trabajo, por favor? Si es uno quien se queda en casa, insisto, no por decisión propia, pero necesitan dejar al crío en la guarde, ¿cómo esa familia no es merecedora del “cheque guardería” cuando entra un sueldo menos en casa y verdaderamente lo precisa porque aún con eso ya es difícil afrontar el gasto de una guardería privada? ¿No es un despropósito? En fin, que me desvío. Quedamos en que solicitas una plaza en una guardería pública y a la vez solicitas el “cheque guardería” para que la Comunidad te ayude a pagar la guardería privada.

Bueno, pues con esto del “cheque guardería” es donde las guarderías privadas se aprovechan… no, no, peor, se forran a nuestra costa… no, es aún peor…: NOS ROBAN. Porque, mira tú por dónde, para solicitar esta ayuda es requisito indispensable que tengas a tu hijo matriculado en una de esas guarderías. Estamos hablando del mes de marzo, para entrar en septiembre. Antes de saber si tu hijo es aceptado en una guardería pública. Y la matriculita de marras cuesta un riñón. En concreto, en una que se llama “Casita Maravillas” de Madrid, 350 €. Casi nada, ¿eh? ¿Y qué pasa si al final te viene Dios a ver y te dan plaza en la pública y decides llevar a tu hijo ahí finalmente? Que NO TE DEVUELVEN EL DINERO DE LA MATRÍCULA. Con dos cojones.

A mí me pasó con El Cachorro. Decidí llevarlo al último curso de guardería y además de solicitar plaza en la guardería pública, a la vez lo matriculé en esa privada. Al final, oh milagro, lo cogieron en la pública y, a pesar de que me avisaron en la privada que la matrícula en principio no se devolvía, apelé a su sentido común y principios éticos. Porque, si optas preferiblemente por una pública, que en mi caso está considerablemente más lejos de mi domicilio que la privada, será porque no te puedes permitir la más cara, ¿no? Será que regalar TRESCIENTOS CINCUENTA EUROS del ala no entra dentro de tus posibilidades, ¿no es cierto? Pues a los señores de esa guardería, tus aprietos económicos SE LA PELAN.
Además, ojo al morramen. En un principio me dijeron que la matrícula no se devolvía porque suponía una reserva de plaza y, si luego no lo llevabas ahí y habían tenido que decir que no a otro niño, se quedaban con la plaza vacía por tu culpa, así que con la matrícula como prenda por lo menos rascaban algo. Pero resulta que cuando fui a reclamar ese dinero, por si tenían niños en lista de espera, me vinieron con que me lo devolverían solo si se apuntaba algún otro crío, ¡¡porque no habían podido llenar la guardería!! Que puedo entender, insisto, que si se quedan con una plaza colgada por tu culpa, pagues una prenda, por así decirlo. ¡¡Pero resulta que tenían plazas de sobra!! ¡¡Resulta que perdían dinero porque la gente no había apuntado a sus infantes ahí!! ¿¿Y qué pasaba?? Que yo tenía que pagar que a ellos les fuera mal el negocio. TÓCATE LOS PIES. O sea, que cualquier excusa era buena para quedarse con un dinero que no se habían ganado. Menudos gánsteres.

Dejemos el jetorro del personal, que me enervo cosa mala, y volvamos a las guarderías públicas. Resulta que a día de hoy las hay con vacantes porque se encuentran en barrios muy envejecidos o porque hay muchos padres en paro y las plazas solo se las dan a los padres que trabajan (o son estos los que tienen más puntos, con los que los que no trabajan no tienen ninguna posibilidad). También porque las tarifas que marca el ayuntamiento o la Comunidad han subido (porque resulta que son públicas pero hay que pagar, fíjate tú) y, claro, entre eso y que el horario es hasta las tres, o ampliado (tacatá de dinero más) hasta las cinco, y ya me diréis de qué trabajo hoy día sales a esas horas, con lo que has de contratar a alguien que te vaya a recoger al hijo, la gracia te sale por un pico muy, muuuuy majo. Así que muchos optan por tirar de abuelos o por preferir que la chica que recoge a tu niño en realidad esté en casa todo el día con él y de paso te la limpie.
Entonces, ¿puede ser que interese a alguien decir que como las guarderías públicas no se llenan, en realidad es porque no hacen falta y que adelante con la privatización y tal y tal…? Me huele a chamusquina.

Mucho conchabamiento, muchos intereses, mucho morro. Y los gilipollas de siempre, a pagar.

Dueños

– “Ete piesito é le mamá” – sentencia El Cachorro.
– ¡En efecto! – corroboro – ¡Y el otro piecito también es mío!

niño

Ya sabe el peque que me lo como entero y que no comparto. Que los dos piecitos son míos, así como el culete y el tirrín. Y tanto lo repito y tan feliz ve mi hijo que me hace, que por pelotearme va y me suelta eso.

Cuando le respondo que los dos son míos, me pregunta:

– ¿Y qué é le papá? ¿La oreja?

Jaaajajaa. El pobre preocupado por dejarle algo. Eso de la oreja se lo dije un día, que todo él era mío y que, si su padre se portaba bien, le daríamos la oreja izquierda. El Cachorro ha querido proteger esa pequeña pertenencia de su amado padre.

El Enmascarado

Que estornude y suelte unos cuantos felipes que lleguen hasta mi cara… tiene mérito, ¿que no?

bebé

Una nueva fechoría del Enmascarado.

Su arma secreta está en mi teta. Yendo en metro recarga energía así en plan confidencial.

bebé

A la vez yo desarrollo mi superbrazo de superheroína, porque mantener al bebé en vilo a la altura de la teta con el traqueteo y los frenazos del metro no te creas que lo hace cualquiera.

En fin, que así vamos por la vida mi bebé y yo, como si fuéramos un bebé y una mamá corrientes y molientes, manteniendo a salvo y en secreto nuestra verdadera identidad. A veces, más en secreto de lo que nos proponemos.

chicas

¡Jaaaaaaaaaajajjajajaa! ¿Os creéis que es normal que la tata del bebé y yo nos hagamos una autofoto con él como motivo central/principal y que salga así, camuflado?

Tienda para brujas

“¿Esta es la tienda para las bujitas?”, me pregunta al pasar por este escaparate.

tienda

Jaaaajaja. Qué pronto lo ha pillado. Claro, hijo, aquí es donde se abastecen.

P.D. En el cole están con el proyecto de los castillos, en el que hablan de castillos, de reyes, de caballeros, de damas con una flor, de dragones y… de brujas. Ahora todo lo relaciona con lo medieval y fantástico. Y tiene cierta obsesión con las brujas. Claro que de ahí a preguntar si esa era una tienda de brujas… Me asombra la asociación de las cosas que hace.