Romance

Este… ¿hola?

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Pero… ¿¿no se están besando?? ¿¿Con todo el descaro?? ¿¿¿Y mi hijo no es un ligón redomado??? Porque mira que es guapa la rubia…

Y la foto, ¿¿no es MA-RA-VI-LLO-SA??

Y, no, no es cuestión de un gesto pillado de casualidad. Aquí hay amor verdadero.

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Cómo es esta juventud, ¿eh? Lo hacen todo a la vista de todos. No les importa un pimiento que estén sus padres presentes. Love is in the air.

En fin, a uno lo he perdido. Voy a aprovechar el tiempo con el otro…

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Escudo heráldico

Había que hacer un escudo heráldico para el cole. Uno con los apellidos de El Cachorro. Como de costumbre, teníamos días y, siendo mañana el día de entrega, estamos aún en ascuas.

Así que, a todo correr, de madrugada, me pongo por la labor…

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¿Qué? ¿Qué os parece? ¿Colará que lo ha hecho un niño de tres años? Ah, y la mezcla de símbolos, documentada y todo. El Cachorro, que es muy fiel al rigor histórico. Ejem.

Alergía

Hoy le hemos hecho al nene una prueba de alergia y, sí, le da.

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El pobre rasca que te rasca la cara roja que se le ha puesto.

Y he aquí en qué ha consistido dicha prueba:

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Pues sí. Exposición directa. La ha traído su padre hoy a casa cuando El Cachorro estaba con dos amiguitos, y entre los tres le han dado un tormento a la bicha que no ha tenido nombre. Todos la querían coger. A la vez, claro. La han perseguido y no le han dado tregua ni cuando se ha escondido debajo de la cama.

niño

Ha intentado darles esquinazo en un zapatero.

niño

Intento asimismo infructuoso. Al final ha acabado encontrando un buen escondite…

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(En la zona del armario del Señor de las Bestias. La mía está más ordenada).

Y es entonces cuando me fijo en mi hijo y lo veo con la cara roja, rascándose. “Ay, ay, ay… ¿no será eso alergia?” Pues toda la pinta, sí. Maldita sea.

A todo esto, cuando El Cachorro llevaba ya tres horas durmiendo, he ido a ver a la gata, que se ha decidido a salir de su maravilloso escondrijo. Ha curioseado por todo, intentado arañar mi sofá (la infeliz no sabe que ha estado al borde de la muerte), subido a mi ordenador y tecleado con sus patas, encaramado en mi espalda y dado un masaje en mis hombros… en fin, que se ha escaneado la casa entera y la ha hecho suya. Por supuesto, por precaución, la siempre abierta puerta de la habitación de El Cachorro ahora estaba cerrada. Pero mi pequeño tenía sed… He ido a por un vaso de agua y entrado a dársela. Cuando salía ya estaba viniendo la gata, con la intención de revisar ese cuarto que le faltaba. Y le he parado los pies (las patas). PEEEERO, El Cachorro ha querido, inconscientemente, tentar de nuevo a la suerte. Ha vuelto a pedir agua. Y la gata en esta ocasión estaba preparada…

Le llevo el vaso intentando despistar a la gata, entro en la habitación, dejo la puerta abierta para ver con la luz del pasillo, por no encender la del cuarto y terminar de despertar (y desvelar del todo) al crío, le doy el agua vigilando la puerta y el pasillo, y cuando ya voy a salir, aparece. Oye, ¡pues qué perra le ha entrado a la gata con entrar en la habitación de mi hijo el alérgico! Porque la he empujado para atrás una vez. Y ella vuelta a intentar entrar. Otra vez para fuera. Y ella erre que erre. Bueno, que hemos estado ahí el gran rato peleando porque yo la echaba y ella se zafaba y escabullía para entrar. Hacía tiempo que no veía a un ser vivo tan obstinado. ¿¿Por qué razón quería entrar, por favor?? No sé ni cómo la he agarrado ya al final y he logrado cerrar la puerta. Gata cabezota.

Ah, pero ella, sola, no se iba a quedar.

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Menos mal que parece que al bebé no le ha hecho reacción…

En el ajo, el que sea

Se levanta el Señor de las Bestias del sofá y sale del salón.

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– ¿A dónde va papá? – Curiosea El Cachorro.
– A ver unas cosillas –. Le informo.
– ¡¡Yo quiero ver cosilla!!

Jaaaaaaaaaaajajaja. Me deshuevo. No sabe ni a qué, pero él tiene que estar en el meollo.

¡Viven!

Pues de milagro, como la peli.

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Nos vamos a la nieve con un plato para deslizarnos. En una de estas que me tiro con el nene, cogemos velocidad y nos vamos acercando deprisita a una valla de madera donde está apoyado un matrimonio. Él me pregunta desde lejos, sobre la marcha, mientras me aproximo peligrosamente: “¿Puedes frenar?”, con la intención de echarme una mano. “Sí, sí, no te preocupes”, le contesto confiada, pero no he hecho exactamente bien los cálculos, porque ha quedado la boca de mi crío a dos centímetros del tronco. No se le han caído todos los dientes de leche a la vez de milagro.

Luego se tira por una cuesta con su padre… y acaban aquí, en la carretera.

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No sé si es porque tenemos otro hijo y con este nos estamos relajando, o qué…

Citius, altius, FORTIUS

Fuerza no es conseguir arrastrar un camión tirando con los dientes. Fuerza es (intentar) arrancar mi pelo del puño de mi bebé.

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Cuesta. Mucho. Muchísimo. En serio os lo digo. Y entre lo que arranca él y lo que se me cae, no sé cómo aún tengo pelo en la cabeza.

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Él también sufre de su propio ímpetu. Con el baile de brazos que se trae y el movimiento de cabeza a lo Steve Wonder, debe de acabar todos los días con agujetas. ¿Y la fuerza con la que se da impulso en la hamaquita? Lo va a acabar lanzando por los aires. Espero que cuando suceda nadie grite “¡plato!”

Primera fila

Hacer todas las cosas, sacar el lavavajillas, a cama, ducharte… con espectador. Sí, de esto existen muchas viñetas, se hacen muchos comentarios, es una verdad irrefutable. Yo hasta me cambio de tampax acompañada. Al cuerno la intimidad.

También es verdad que para ellos, los niños, no existe la privacidad. El periodo de cambio de pañales ya abarca, al menos, dos años. Limpiarles el culo cuando hacen caca, alguno que otro más. Bañarlos, sonarles los mocos, ponerles cremas en la parte del cuerpo que sea, bastantes más. No tienen secretos para los padres.

bebé

Por cierto, ¿hacen vuestros bebés cacas onomatopéyicas? Cuando hacen caca, ¿os suenan igual que el mío, a cloaca?? En serio, hace un glogloglo tremendísimo.

Y me está viniendo ahora a la cabeza, hablando de cacas y de adultos que renuncian a la intimidad, una anécdota de una amiga que no me resisto a dejar de contaros, aunque no haya niños de por medio. Pero es que lloro de risa si me acuerdo, y me acabo de acordar. Nos cuenta su marido un día: “No os vais a creer lo que me hizo hace nada. Estábamos los dos en el baño, ella sentada en el váter, comentando qué tal nos había ido el día, o no sé qué le estaba contando yo. Ella mirándome con interés, sin que se le moviera una ceja, y yo, hablando. En esto que, de repente, oigo: “Floash”, y me quedo blanco. ¡¡Acababa de soltar un zurullo ahí mismo, en toda mi cara!!” Jaaajajaa. La otra aún lo justificaba: “Estabas tan metido en la historia que no quería interrumpirte”.

Jaaaaaaaaaajajjaajjajajjaaaa. Qué huevos, mi amiga. Es que no puedo parar de reírme.

Odio selectivo

El Cachorro le debe de haber cogido manía al número eight y al viernes. En las enumeraciones se los salta siempre. Guanchúzriforfaifsixsevennain y ten.

Y al color rojo. Lleva ya unos cuantos días diciendo que le gusta el azul y el verde (sobre todo el verde), pero “no me buta e rojo”. Y tengo tres teorías:

– Me lo suele soltar cuando vuelve de la piscina, que no le gusta ni ver y además lleva ya tres semanas que me cuenta cuando vuelve que se ha ahogado. Y dice “el rojo noooo” y no sé si el rojo es el color, yo qué sé, de un tobogán del que les obligan a tirarse sin flotador o de otro artilugio que le hace sentir inseguro, o que es el color del bañador del único monitor que lleva fardapaquet de toda la piscina y siente vergüenza ajena, o qué.
– También puede ser que el rojo no le guste porque es el color del autobús que lo trae de natación. No es como la ruta del resto de todos los días, que es verde, y le encanta.
– O puede que sea porque en clase del cole él es del equipo azul y su amigo del alma del equipo verde. En el rojo puede que esté alguien al que le tenga inquina…

Yo apuesto por el color del autobús. Pero no lo tengo claro, no. ¿Mami qué será lo que tiene el rojo?

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Con lo bien que le queda.

Lorito

¿Sabéis qué es un “pedo de la boca”? Un eructo. Con un hijo de tres años se aprenden muchas cosas.

niño

También a conocerse a una misma. Gracias a él sé qué expresiones son las que más repito, y son: “No pasa nada”, “un segundo”, “¿qué te he dicho?” y “chico, de verdad”. Ahí está él, soltándolas a diestro y siniestro, siendo un miniyo. “Chico, e verrrrrrá”, y me troncho.

Esta noche me ha venido con otra de las mías. Resulta que darle la cena es un calvario, porque se despista con cualquier cosa. Hasta las migas le sirven para entretenerse. Cuando prodigiosamente llegamos al yogur, se toma la primera cucharada con esperanzador ímpetu pero para la segunda ya está haciéndose el remolón. Así que le azuzo: “¡Simón!”, y salta él: “¡Ya empezamos!”, que es lo que digo yo siempre que empieza a tardar, que es bastante a menudo.

niño

Si al final, ¡me ahorra el trabajo! Hace de mí y se lo dice él todo.