San Internet

Vivan Facebook y las madres que comparten con la gente las cosas que les pasan.

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Jesús, qué mosqueo llevaba con mis manos, que están fatalas a pesar de que las meto enteras en la lata de Nivea. ¡Y resulta que es por las toallitas!

A todo esto, yo, que también tengo que compartir mis cositas en mi blog, lo tengo complicado con mi mangarranillo sin haber forma de dormirlo si no es en mis brazos.

Pues nada, a traerme el moisés al estudio…

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… buscar nanas en Youtube…

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… ¡y a rezar para que surtan efecto!

Je.

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Los ojos como platos. Diecinueve minutos después, no solo no se ha dormido sino que ha empezado a berrear y ha acabado… ¿¿dónde??, yeah, en mis brazos, su hábitat natural, observando el ordenador que cantaba nanas como si con él no fueran.

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Si algún día el post no os satisface, ya sabéis a quién echarle la culpa.

Impronta

¿Os suena eso de la impronta en los animales? Que lo primero que ven cuando abren los ojos después de nacer lo consideran su madre…

Pues creo que mi peque piensa que su madre es una cámara de fotos.

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(Ojo que ahí asoma un deje de resignación).

De hecho creo que conoce de mi cara solo una parte, porque siempre estoy detrás del objetivo. ¿No me veis ahí, reflejada en su pupila?

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No debe tener claro quién soy yo. Y me parece que eso le está empezando a pasar al Señor de las Bestias, que ya se ha olvidado de cómo es mi careto. Y anda que no refunfuña cada vez que digo “¡foto!”, que he de reconocer que es bastante a menudo. Pero, claro, luego ve esta instantánea y me perdona un poco.

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Se ríe

Vienen de visita un par de amigas y lo flipan: «… ¿¿Se ríe?? ¡Mira, mira, se ríe! ¿¡Con un mes?!»

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Sí, se ríe. Y antes de cumplir el mes. Dirán que es un acto reflejo, pero si le acaricias y tú también sonríes, él te corresponde con creces. Y con absoluta consciencia de lo que está haciendo. Hasta el la revisión de un mes la pediatra se asombró. Que qué espabilado estaba. Que sí, que se ríe.

Al revés…

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Y al derecho.

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Tan pequeño y tan espabilado… ¡y tan optimista! Esto me lo hace cada mañana; sabe cómo hacerse perdonar mis ojeras.

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Hay bebés a los que la vida les hace gracia desde el principio.

Atracciones infantiles

Haciendo zapping con El Cachorro buscando a Bob Esponja, recalo en esto.

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El Cachorro pide quedarse y se engancha al «Juego de las pelotitas». Tanto, que se alegra y grita «¡bien!» cuando meten una. En plan gol.

Este… ¿Cuánto ganan los jugadores de billar? Porque el sueño de que acabe siendo una estrella de fútbol se acaba de desvanecer.

¿Y los lanzadores de hojas por los aires? ¿Cuánto ganan esos? Porque ahí sí que lo borda. Dudo que haya algo más atractivo para un niño de tres años que un buen montón de hojas.

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Bueno, miento. Quizá la nieve. La cara de felicidad de este pequeñajo no tiene precio.

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Y más feliz si cabe le hace aún compartir la diversión con sus padres. Aunque nos estampemos contra árboles, arbustos, piedras y pedruscos.

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Algo más inocuo es lo de coger el teléfono, que también mola. Es un clásico. ¿A qué niño no le ha gustado levantar el teléfono cuando suena y contestar? Lo bueno es poder sacarle provecho. Si llaman al fijo, que normalmente suele ser una compañía telefónica que me quiere dar la tabarra, le dejo que lo coja él. Planto mi oreja al lado y disfruto cuando el interlocutor intenta hacerse entender desesperadamente. Y El Cachorro se hace el longuis. Ah, dulce venganza.

Ley de Murphy y otros ascos

Ese momento en el que estás cambiando las sábanas a El Cachorro y sabes, fehacientemente, que en breve ocurrirá una catástrofe. Solo porque estoy colocando unas sábanas limpias.

Y así ha sido. Esta noche El Cachorro me ha llamado porque tenía pis, y de ahí se ha desencadenado todo: le molestaba la garganta, tenía sed y le dolía la cabeza. Una cosa detrás de la otra. En efecto, estaba caliente. 38,3º caliente, exactamente. Así que además del jarabe para la tos, le he cascado el paracetamol. Que lo odia. Pero le he metido la jeringa en la boca con extrema facilidad, y he pensado, entre extrañada y asombrada: “¡Mucho le tiene que doler la cabeza para que no proteste!” Pero, ah, no, de eso nada…El Cachorro tenía un as en la manga. Se ha guardado el jarabe en la boca y luego lo ha escupido.

sábana

Sábana, bajera, funda de almohada, almohada… Todo con unas magníficas manchas rojas. El cabreo que me he agarrado ha sido de órdago a la grande. Odio ser tan buena agorera.

De día, la diversión continúa. ¿Sabéis eso de que el mundo es un pañuelo? Pues LITERAL. Hoy me lo han demostrado:

Don Bimbas lleva tooooodo el santo día condecorándome como la mejor madre del mundo. Con estas vomitonas.

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Y en esto que se me acerca El Cachorro mientras daba el pecho a su hermano, con unas velas soberanas. Me pregunta si le puede dar un «bezito». Le digo: «Claro, cariño, pero cuando te limpie esos mocos».

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¿Sabéis qué es esto? Unos mocos en el sofá.

Porque, ni corto ni perezoso, en cuanto le he dicho que podría dar un beso al hermanito cuando no tuvieras mocos, se ha subido al sofá y restregado su nariz en el respaldo para limpiarse.

Sigue vivo de milagro.

Cambio (radical) de opinión

Sí, yo era aquella que cuando tuvo a El Cachorro no entendía cómo otras madres post parturientas se quejaban de que no podían ni lavarse el pelo. ¡Qué exageradas!, pensaba, ¡qué quejicas, qué lloronas! ¿Y por qué tenía esta postura? Pues porque mi hijo dormía toooooodo el tiempo y solo se despertaba de vez en cuando para comer. Y ya. Era como si hubiera parido un mueble. Con lo cual, yo hacía la misma vida que cuando no tenía hijos. Más pichi que ni qué.

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¡Aaaa-migo! Pues la cosa ha cambiado. Ahora me meto mis críticas hacia otras madres por el orrrrto. Don Bimbas vive en mis brazos, está constantemente amorrado a mi teta, soy su esclava y no puedo hacer NA-DA.
Ni lavarme el pelo.

Telepatía

Lo pongo al pecho, va cerrando los ojillos, se duerme. Lo mantengo un rato en mis brazos y pienso en dejarlo en el moisés. EN ESE PRECISO INSTANTE abre los ojos como platos.

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Esto me lo hace siempre. ¡Me lee el pensamiento, no me digáis!

Ahora me planteo pasar del moisés definitivamente. Valoro plantarlo directamente encima del Señor de las Bestias. Contagia a sus hijos su sueño.

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Y no me puede gustar más pillarlo dormido con alguno de ellos.

Migración alfabética

Mira El Cachorro al cielo y dice: “¡La A!” Y, en efecto, estos pájaros formaban dos letras aes.

cielo

Para cuando saqué la foto (sí, vivo pegada a una cámara), las aes se habían descuajeringado un poco. Pero eran perfectas.

Veo que lo de mandar al peque al cole va dando sus frutos.

Teta multiusos no apta para adultos

Vale, el pecho es bebida, comida y mimos. Vale, el peque me utiliza como chupete. Vale, mi teta también es una almohada.

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Recuerdo cuando antes solo servía para ponerse escote…

Dar el pecho despoja de todo erotismo a las tetas. Yo ya ni me molesto en esconderla corriendo cuando mi bebé termina de mamar en público. Porque no reconozco mi teta como mi teta. La de ahora es gorda y tiene un pezón más grande y marrón, que Don Bimbas estruja y estira como si fuese una goma. Así que no me provoca ningún pudor enseñar un instrumento que sirve para criar.

Bueno, y también para dar un poquito de envidia:

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Pero, vaya, que lo principal es lo bien que cría.

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Mi niño pesa en su primer mes de vida 4,480 Kg y dice su pediatra que está precioso y estupendo. Yo creo que puede ser porque él se concentra de lo lindo. Que verá luces y sombras, ¡pero se fija…! Tanto, que no me ve, se alimenta de mí. Me clava la mirada con tanta intensidad que creo que además de beber mi leche, me absorbe el alma.

Secador con mano para los bebés

Lo que berrea este gaznápiro. Como no te des prisa para cogerlo en brazos, para el cuarto llanto ya está rojo bermellón y se queda sin respirar. Tremendo. Si lo meto en una finca de ciervos en otoño se queda con todas las hembras.

Ah, pero para calmarlo, incluso dormirlo, tengo un arma secreta…

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El secador. Descubrí su potencial la vez que fui a una pelu y le pedí a mi madre que me acompañara por si el enano se despertaba. Su presencia fue completamente innecesaria. Durmió como un bendito al run run de los secadores.