Dientes, la pista definitiva

Si por algún casual se me ocurre llamarle bebé a mi hijo mayor, me aclara: “No llamo bebé, tengo dientes”.

Tanto lo intento instruir acerca del hermanito, que si hay que enseñarle todo porque por no saber no sabe ni sostener la cabeza (y lo imito dejando caer la mía, “pum”, y se troncha)…

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…que no lo puedo dejar en el suelo porque no es capaz de moverse, que no puede comer otra cosa que la leche de la teta porque no tiene dientes, que con eso se ha quedado. Con lo último. Él no puede ser un bebé porque tiene dientes.

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No es un argumento muy trabajado, incluso como silogismo se podría rebatir, pero se lo doy totalmente por válido.

Cosas de niños

Ya es hora de ponerse el pijama y de estrenar las zapatillas de andar por casa con forma de coches de “pulicía” que él fichó en el escaparate y le compré ayer. Se las pongo y salta: “¿Me queda bien?”

¿¿De dónde le ha salido esa expresión?? ¿¿Desde cuándo le importa cómo le quedan las cosas?? Alucino.

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Más tarde, haciendo zapping caemos en un telediario, donde están ordenando a unos obispos. Ya sabéis, echados boca abajo en el suelo. El nene: “¿Tan nomido todos?” Que si están todos dormidos. Me troncho con su interpretación de la realidad.

Total, que cambio de canal y nos topamos con “Aída” y, dos segundos después, Mauricio suelta una palabrota. Y se chiva El Cachorro: “Papá dice palabra (palabrota) como la tele”. La verdad es que el Señor de las Bestias es un malhablado y lucho a diario porque lo remedie. Pero el peque ya se ha coscado.

De hecho tengo una batalla con él. Porque “caca, pedo, pis”. Así está El Cachorro desde hace (muchos) días. Repite esto como un mantra. Cada vez más a menudo. A pesar de que yo le digo, sin darle importancia y con indiferencia, que, vaya, no me hace gracia. Y me pongo a decir palabras bonitas: nube, playa, piruleta, bicicleta, mar, música, flor… Así que él repite: “Nube, bici, playa, CACA”. Me voy a tener que rendir.

Castigo

Hemos ido al parque…

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Y me he enfadado de lo lindo con El Cachorro. ¿Pues no se le ocurre coger un trozo de barro seco duro y lanzárnoslo al bebé y a mí? Me ha dado en la rodilla, pero podía habérmelo estampado en la frente o, peor, habérselo estampado en la frente a su hermano. Así que me he levantado cabreadísima, le he dicho “¡¡a casa!!”, en el camino le he gritado explicado lo peligroso que es lo que ha hecho y que NISETEOCURRA volver a repetirlo ni a tirar nada a nadie, y ya en casa lo he llevado a su cuarto y le he castigado: “¡Aquí te quedas. Juegas o haces lo que te dé la gana, pero no sales hasta que yo te lo diga!” Y me he ido al salón. Pues bien, ha comenzado un repetitivo canto lastimero (“No quero jubá a mi cuattoooo”) que ha continuado en lloros y gritos (“¡Mamá, ¡ven!!”) y ha acabado sentenciando: “No me buta mami”.

Lo curioso del tema es que… ¡le he castigado CON TODOS SUS JUGUETES! Ni siquiera he cerrado la puerta. Hay que ver cómo algo chuli o que se hace con agrado de normal, se puede convertir en la peor penitencia si es algo impuesto.

Está claro que, castigando, soy un ogro.

Deporte de riesgo

Bungee, esquí extremo, paracaidismo, salto BASE… Tsk, tsk. Naderías. Tener cosas al fuego y un bebé berreando. ESO es adrenalina.

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Noooo, no, no. Esta foto zen no corresponde al momento que os describo. ¿Os creéis que con la comida a punto de quemarse iba yo a tener tiempo de estar sacando fotitos? O, en el caso de, salir sin cara de loca. No. Esta es de cuando apagué ambos fuegos.

Pero sigamos en la cocina, sigamos. Hoy, toooooooda la puñetera mañana, con el Señor de las Bestias enfermo en la cama, un niño que tarda la misma vida en desayunar y demanda atención, y un bebé que si no está en brazos o amorrado a la teta, llora, para hacer una tortilla de patata y…

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… ocurre este desastre. No hay derecho. El universo se alía para complicar aún más la vida de las madres. Jodíoperro, el universo.

Dar teta como las gitanas

Vistes a tu niño de pimpollo y ya todo el mundo lo toma por una cría. Con la cara de maromazo que tiene. Claro que las que me lo han dicho lo han pillado mamando, con la cara estampada en mi teta.

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Una gitana de las que te intentan endiñar el romero en el Retiro ha elogiado que le diera el pecho a mi niño (perdón, a mi niña, que es una de los que lo ha tomado por nena). Ha dicho: “Muy bien, como las gitanas”. Curiosamente es lo mismo que hace un mes me dijo el marido de una amiga cuando me saqué la teta en un restaurante: “Como las gitanas”. Lo que son las cosas, una me lo dice en plan elogio y otro en plan peyorativo. Y lo que no sé es por qué ambos lo relacionan con las gitanas, cuando la teta es universal.

Y hablando de tetas… Una cosa es que el bebé pida teta, pero lo que no sabía es que LAS TETAS RECLAMAN BEBÉ.

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Sí, si pasa rato y el crío sigue durmiendo, empiezan a pinchar, a doler, como pidiendo a gritos que alguien las mame. Por no hablar de que, si no lo consiguen, acaban escupiendo…

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Heredando manías

Ya sabéis las que me leéis, que si veo una mancha ya no vivo. No puedo estarme quieta. Porque no cuesta nada coger un trozo de papel higiénico y secar unas gotas del suelo, o una toallita del culo del nene y limpiar un moco del sofá, o incluso, a falta de trapo, pasar la mano por una superficie con un poco de polvo.

Pues me veo a uno que anda heredando manías. Aquí lo tenemos, limpiando el espejo con un calcetín.

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Haciendo aprecio

Lo malo de que te regalen cosas que no son de tu estilo es que un día al menos tienes que claudicar para hacer aprecio. No, si las zapas son muy graciosas (aunque yo a un bebé no le pongo zapatos), pero no pueden ir con cualquier cosa. Hay que adecuar la vestimenta del peque, ponerle ropa ad hoc: de rapero.

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Ah, por cierto, un bebé dura poco siendo bebé. Es una pena por muchas cosas, pero también porque crece tan rápido que ¡hay ropa que ni llega a estrenar! En serio. Ya me pasó con El Cachorro y ahora, aunque haya querido evitarlo, también. Pero como me niego, le acabo embutiendo este body que jamás se había puesto para que al menos la compra no sea en balde total.

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¿Qué ocurre? Que como ya le viene pequeño (con un mes y medio de vida, manda huevos), va apretujado y parece que le van a reventar los muslillos.

A mis brazos

Sostengo que El Cachorro está empadrado. Y tengo la teoría de que, parte de la razón por la que lo está, es porque cuando nació por cesárea ni lo toqué hasta pasadas cinco horas… en las que estuvo con su padre.

Lo cierto es que reparte su amor de manera bastante equitativa. Pero, ah, su papi.

Sin embargo albergaba la esperanza, y pese a que le hago todo el caso del mundo, le tengo más en cuenta que nunca y le doy unos mimos que son la pera limonera, de que con el nacimiento del hermanito, volviera a

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Y ha sido hacer este su aparición y comprobar El Cachorro que sí, que ese bebé tiene pinta de quedarse con nosotros para siempre, y recuperarlo… ñej, ñej.

Mis brazos son el medio ambiente de mi bebé. Y eso su hermano lo nota (como para no). Y se ve que no le hace especial gracia, a pesar de que no para de repetir: “A mí me buta e lermanito”. Creo que lo dice porque sabe que el hermanito nos gusta a su padre y a mí, y está haciendo oposiciones a agradarnos como sea. Si tiene que decir que le gusta el hermanito, lo dice y andando.

Y luego ha desarrollado la virtud de presentarse como el ser humano más amoroso que hay. Se hace querer sí o sí. Por eso, viene y me abraza las piernas, y dice en plan empalagoso: “Mamiiiiiiiiiiiiiii”.

– Cariñoooooo. Aaaay, qué cuentista – le digo, sonriendo.
– No zoy cuentita, zoy Zimón – replica. Poniendo la guinda.

La cosa va in crescendo. El cariño que él me da, lo quiere de vuelta. Así que seguidamente me pide: “Cógeme como a lermanito”.

He tenido que caminar con un bebé en el brazo izquierdo y con un mostrenquillo en el derecho. ¿No querías taza, Amaya Rey? Espero que tanto amor se relaje porque esto no hay espalda que lo aguante.