Costumbres heredadas

Vale, seré una histérica de la limpieza, pero he conseguido que mi hijo también aborrezca la suciedad, hasta el punto de que le guste ocuparse de tener sus cosas como una patena.

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Su moto, limpiada a dos manos, quedó como los chorros del oro.

Hay más cosas que me caracterizan. Lo de mi afición a fotografiarlo todo, salta a la vista. Pues bien, asimismo eso es algo de lo que he conseguido tener un Mini Yo. Si El Cachorro se hace con mi móvil, encuentro estas nuevas fotos en mi álbum.

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Va a ser interesante convivir con alguien que es clavado a mí.

La mejor piruleta del mundo

Mis padres le han traído al nene esta piruleta.

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Es preciosa, ¿que no? Hay cosas que los navarricos no podemos evitar.

Pero lo mejor que tiene esta piruleta, lo mejor, mejor, mejor de todo es…

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… ¡¡que al nene no le gusta!!

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Jo, y es del tipo de caramelo de los de San Blas, que-me-fli-pan. Dios, cuánta fortuna.

(Yo creo que dice que no le gusta porque no ha llegado a poder morder un cacho y no ha saboreado…En fin, no he querido insistir, que el dulce es mu malo malísimo.)

Amantísimo hermano

Le enseño al nene las camisetas que le traje de Dubrovnik para él y su hermano. Pregunta que por qué para el hermano, y yo le cuento que, cuando nazca, lo tendremos que vestir. Y le intento hacer notar lo monos que estarán los dos a juego. Y el enano se queda conforme.

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Luego lo visto y, supongo que inconscientemente inspirada, decido ponerle unos pantalones blancos y una camiseta de rayas azules y blancas.

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Y coge El Cachorro y se rebota:

– “¡¡Nooooooooooooo. Eto para hemanitoooo!!”

Se ha pensado que la camiseta que le he puesto es la que le he dicho antes que era para su hermano, y en seguida ha salido en su defensa. Amor de hermano. Derrítome.

Cuando se me olvida que mi hijo es un niño

Se me olvida cuando le digo a El Cachorro “acompáñame un segundo aquí cerca a recoger una cosa”, que de un segundo nada. Es un segundo detrás de otro, y de otro, y de otro… Para recorrer 200 m de ida y lógicamente los mismos de vuelta, tardamos una hora. ¡UNA HORA! Que si quiero el coche rojo. Que si me subo por ahí. Que si voy a pedo burra. Que si quiero agua. Que me sujetes el coche rojo. Que ahora el bocata. Se me cae al suelo. Quiero agua. Quiero mi coche rojo. Dame el bocata. Quiero agua. Bocata. Coche rojo a guardar. Se me cae de nuevo el bocata al suelo. Quiero saltar el escalón. Quiero eto (de un escaparate de los chinos). Lloriqueo. ¡El cocheeee!

Como para una urgencia

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Pero me refería a otra cosa. Se me olvida que mi hijo es un niño cuando le intento hablar en términos de temporalidad. “¿Quieres ver a la tata PASADO MAÑANA?” “¡Zí!”, me contesta. Y acto seguido me pide estar con la tata. “Pero ahora no, cariño, mañana tampoco que tienes cole, pasado”. “¡Noooooooooo, quiero con la tataaaa!” Yassssstamos. Y se para en la calle a reclamar a su tata.

No contenta con haberle mencionado algo que sé que lo quiere y le gusta DOS DÍAS ANTES de que pueda verlo o tenerlo, que yo también me las traigo, cojo y le salto: “¡Con la tata ahora no se puede, hijo, no está, ¿qué quieres, ¡¿que LA PINTE?!?”

… ¿Qué me iba a contestar más que que ZÍ?

Nota para el futuro: No subestimes el sentido de la lógica ni el poder de la imaginación de un niño.

Súper nota para el futuro: Ah, y tu hijo es un niño, ¡un niño!, pedorra.

¡¡ME HAN CAMBIADO EL HIJO!!

No, no es el mismo. Es otro. Yo tenía un hijo y no es este. ¡CÓMO-HA-CAMBIADO! Increíble.

Hoy he vuelto por fin después de mi aventura laboral en el extranjero. 37 días separada de mi niño (podían haber sido tres más, pero me han adelantado la vuelta, yuju). Por teléfono me castigaba un poco, porque decía que no se quería poner a hablar con mamá. Y no se ponía, el cabrito.

Imaginaba cómo iba a ser el reencuentro. Cómo me gustaría que fuera y cómo creía que iba a ser realmente. Mi madre me advirtió de que pudiera suceder que me recibiera como lo hizo mi hermano a mi padre cuando se fue un mes a Perú teniendo él nueve meses: llorando a moco tendido. Yo, que conozco a mi hijo, daba bastante crédito a esa versión. Me veía corriendo hacia él emocionada y él agarrándose a su papá, volviéndome la cara y diciendo “vade retro, Satanás”. O diciendo eso, “que te pires”, y llorando.

¡PERO NO!

Me ha visto y ha corrido hacia mí con una caja de bombones que me ha comprado su padre, todo contento. ¡CASI MUEEEEROOOOOOOO! Hasta el Señor de las Bestias se ha sorprendido. Una reacción totalmente inesperada.

Claro que igual es porque es otro. Igual es porque no es mi hijo. ¡No lo reconozco!

Está mayor. Habla distinto, o sea, mucho, o sea, con más coherencia, y por los codos.

Y debe saber qué es la empatía… Lo dicho, pensábamos que iba a ser un drama. Y no, está muy contento conmigo, y le digo que me dé la mano y me la da, y hacemos el canelo, y nos reímos como dos tontos, y no puedo ser más feliz.

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Feliz y totalmente estupefacta. En estado de shock. Lo miro, o mejor dicho, lo examino como si fuera un extraño, con suma curiosidad. No sé por dónde me va a salir ni cómo. Me tiene absolutamente pendiente de él: reacciones, movimientos, discurso, todo me parece nuevo.

37 días sin verlo y coge el tío y se convierte en otra persona.

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 50. El salto de la embarazada de siete meses

Lo hice. Y pregunté después.

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Para hacer esta foto salté varias veces. No lograban pillarme en el aire. Justo antes de esta, sí que dije: “El último intento, que se me sale”. Y zas. No, no se salió. La foto sí.

Me da rabia que al final, con esos pelos delante de la cara, parezca que me falten dos dientes y sea clavada a la Bruja Avería.

Por lo demás, en efecto la gente que la ha visto se ha escandalizado un poco. Yo entonces pregunté a mi amiga ginecóloga: “¿Se puede saltar embarazada de siete meses?”, y me dijo que sí. Como para decirme que no… Le enseñé la foto antes de preguntarle. Y no se podía arriesgar a que le contestara: “¿¡Cómo que no?! Mira como sí que se puede…”

Frankenstein

Mi hijo lleva casi toda la semana malito. Descubrió que lo que hay dentro del cuello se llama garganta. Pero parece que, aunque retuvo el nombre, olvidó la localización.

Me escribe mi madre, que está con él y también anda pocha: “Estoy un poco fastidiada con el maldito antibiótico pero lo debo tomar porque me duele la garganta. A mí me duele de verdad y no como al nene que se señala la tripa”.

Me corrobora mi padre y el Señor de las Bestias que, en efecto, dice que le duele la garganta mientras se toca la barriga. Me mondo.

Hablando de barriga…

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… Qué tamañico ya, ¿eh? En mi caso es la barriga la que reparte los dolores por el resto del cuerpo. Yo sí que puedo decir, tocándomela, que tengo un ardor del diablo en mi esófago o que se me cansan las piernas o que no puedo respirar… ¡¡Todo por su culpaaaaaa!!

No sabo

Hoy, para mí (porque desconozco desde cuándo lo dice), es un día especial. Es el día en el que mi niño por fin dice “no sabo”.

Lo estaba esperando. Pensaba en el momento en el que él fuera a decir “no sabo” en vez de “no sé” y ha sido hoy en contestación a mi pregunta. “¿No lo sabes?”

Con un chorrito de aceite de oliva virgen, sin guarnición ni nada más, gracias, así me voy a comer yo a mi conejito.

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… El sentimiento debe de ser recíproco. Ya me lo comía antes también cuando, a fuerza de escucharlo a los demás (a mí, principalmente), decía el nene de sí mismo: “Qué mooonoooo”. Pero, ¿y ahora? ¿Ahora que me mira y me salta: “Qué mona”? ¡Qué mona! ¡Yo! ¿Qué hago con él?

Que tu hijo te diga lo mona que eres. De traca.

Saltándose una generación

Sigo trabajando en el extranjero. Y recibo una foto que me mandan mis padres con mi hijo. Acaban de llegar a Madrid para pasar el fin de semana allí con él. Y no sé quiénes me dan más envidia, si mi hijo por estar con mis padres, o mis padres por estar con mi hijo. El caso es que a todas luces falta la generación de en medio, la hija y madre, yo.

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Respondo enviándoles a mi vez esta otra foto, que anuncia que a uno lo va a convertir en hermano y a otros, en tetrabuelos. El que se aloja dentro de mi tripa es quien inevitablemente, le guste o no, me acompaña, y con él me tendré que apañar. No me habla pero sí me patea. Vamos, indiferente no le resulto. Y a mí me consuela estar con otro miembro de mi familia.

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Cap 49. Madre veterana

Una amiga solidaria me ha querido ayudar con la llegada de mi bebé y me ha pasado una lista con cosas que tener preparadas… COMPLETAMENTE INÚTILES. ¡Que ya he tenido un hijo antes! A mí de compras ya no me pillan.

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Partiendo de la base de que ni siquiera he utilizado un mueble cambiador en mi vida…; la misma mesa del comedor con una tela acolchada me sirve. Como para picar con los calientabiberones, las manoplas, las máquinas esterilizadoras, los hacedores de purés, los zapatitos, las hamaquitas con música, los muñequitos para tronas, los… Ni-de-co-ña.

Ventajas de no ser una madre primeriza. Ñej, ñej.