Maleta para mí

Se da la circunstancia de que mis amigas de Pamplona y servidora cumplimos una edad significativa este año y hemos decidido irnos a celebrarlo juntas unos días a Sevilla. Es emocionante, pero lo que de verdad me hace más ilusión es… ¡¡tener una maleta entera solo para mí!! Son cuatro días, pero voy a meter ropa como para sobrevivir a una glaciación. Como en los viejos tiempos.

Niño

Poder llevarme distintos bolsos, complementos como fulares y collares, accesorios… Dios, parezco Homer Simpson cuando piensa en un atracón.

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Capítulo 10. Retando al toxoplasma

Cuando me embaracé de El Cachorro y solo lo sabía por una prueba de orina casera, y ante la ausencia de citas con el médico antes de un viaje que tenía previsto al Mar Rojo, llamé a una consulta ginecológica para hacer un par de preguntas clave. Una, si podía hacer submarinismo. Y otra, si podía tocar felinos. “Bueno, solo ten un poco de precaución con los gatos, sobre todo con sus heces, no las toques”. Y repliqué: “¿Pero solo con los gatos o con todos los felinos?” La ginecóloga lo flipaba: “¿Cómo, todos los felinos?” “Sí, tigres, linces, ocelotes… etc.” “Eeeeeh, esteeeee, no sé. Pues por si acaso sí”. Y colgó pensando en que había una graciosa que le estaba tomando el pelo. Nada más lejos.

Tras esta anécdota, voy con el tema.

A pesar de que me he pegado la vida tocando bichos, no he pasado la toxoplasmosis. ¿Y cómo es que cada vez que me embarazo y me dicen que puedo contraerla y que evite a los gatos, los gatos vengan a mí? Bueno, ellos por sí solos no, es cosa del Señor de las Bestias. No contento con traerme a uno a casa, me aparece con todo este ramillete.

Niño

Y a mí también ya me vale…

No he sido la única encantada con la visita gatuna. Al nene también le ha gustado. Había una gata, cinco gatitos y dos peluches. Pues lo que más le ha llamado la atención, équili.

Niño

Mira que tiene cosas más interesantes que coger… Y cien mil peluches en su cuarto a los que no hace ni puñetero caso… Pues hale, el peluche de los gatos.

En fin, que esta circunstancia de tener una camada de gatos en casa me ha permitido explicarle que los gatitos estaban desayunando leche de las tetitas de su mamá.

Niño

Y le he explicado que esos gatos crecerían porque desayunaban y que él se quedaría chiquitajo porque no desayunaba. No le ha afectado lo más mínimo.

Niño

Luego se ha empeñado en coger gatitos. Casi ahorca a dos con sus propias manos.

Niño

(Mamá gata es una santa).

Sin embargo hemos tenido un final feliz. Ha terminado habiendo, como al principio, una gata y cinco gatitos. Y dos peluches.

Niño

Sí pero no, no tanto pero más

He descubierto que “y papá papoco shí tienesh” viene a ser: “y papá también tiene”.

Creo que sé qué piensa mi hijo: “Es que entre que “tampoco” es que sí pero que no, y que “también” viene a ser lo mismo pero no, y que cuando mamá habla de mí dice “tú tienes” pero cuando digo yo de mí “Simón tienesh” me dice mamá que no, que es “tengo”, me parece que esto es de un enrevesado fenomenal. Qué complicados son los adultos”. O parecido.

Niño

Así que “papá tampoco sí tienes” es otra manera, igual de válida, de decir “papá también tiene”. Válida porque le entendemos, y en eso consiste la comunicación, ¿o no?

Peluquero de altura

Ya hemos tocado en numerosas ocasiones el tema de que una de las aficiones que con más arraigo calan en bebés y niños es la de arrancar pelos de la cabeza de mamá. Y si no es eso, mola también despeinarla o enredarle el pelo hasta el punto de utilizar una tijera para arreglar el desaguisado.

Pero algunos perfeccionan la técnica. Buscan nuevos retos. Encuentran la manera de realizarse profesionalmente.

Para El Cachorro el tema consiste en encaramarse a mí y desde las alturas proceder a crear peinados imposibles.

Niño

Cachorro acuático

Este niño adora el agua desde siempre. Una de sus grandes aficiones es la de sumergirse y, si pudiera tragarse toda la de la bañera, mejor que mejor.

Niño

Aquí anda, con la línea de flotación en la nariz y tan contento. De vez en cuando se escurre para abajo y se parte de risa. Susto, ninguno. Emerge corriendo, vuelve a encontrar el equilibrio enseguida y continúa disfrutando de su baño bebido.

Pero para cuando se canse de estar en remojo, ya tiene un plan B, todo preparado para ir en “umaco” (un barco) que acaba de ver por la calle. Este:

Niño

Oye, que si trasatlánticos de esos de dieciséis pisos, con bien de hierro y toneladas, flotan, ¿no va a hacerlo esto?

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Capítulo 9. Comer a deshoras

Hoy me he levantado con antojo. Me apetecían unos macarrones con tomate y chorizo y queso al horno que hago que están que se salen. En concreto unos que me había preparado en un tupper. No tendría nada de particular si no me los hubiera zampado… para desayunar. Esta foto está hecha a las 10:35 de la mañana. Tomen nota, señores: sientan de lujo.

Niño

Es que no sé por qué demonios las cosas hay que comerlas cuando se supone que hay que comerlas y no cuando realmente apetecen. Mi amigo Miguel aún se espanta cuando, hace años, me vio zamparme para desayunar una lata de fabada Litoral. Y no contenta con eso, otra de cocido. Júrolo. Se lo preguntáis si queréis. Tal orgía legumbrera me sentó de lujo. (Tenía una resaca de escándalo, todo hay que decirlo).

Y, por ejemplo, no me explico por qué en el supermercado no hay turrones después del 6 de enero. El año pasado estuve comprando (y comiendo) polvorones hasta junio. Los del súper no paraban de sacar bolsas de sus excedentes gracias a mí. Este año llevo el mismo camino. ¡Y tengo un seguidor fiel!

Niño

Otro adepto a la secta del polvorón a destiempo.

Libertad de expresión artística

Para hacer un garabatillo en condiciones hay que concentrarse de lo lindo. No es gratuito, qué os pensáis. Como suelen decir, “que las musas te pillen trabajando”.

Niño

A éste últimamente le pillan a menudo. Al llegar a casa de una larga jornada laboral me encuentro con que la chica que cuida a El Cachorro se dirige a él y le dice: “Dile, dile a mamá lo que has hecho”. Para mí que era en tono reproche, pero él, muy ufano, me cuenta: “He pitau paré”. “Enseña, enséñaselo a mamá” (qué manía tiene esta mujer de repetir los verbos). Y de nuevo él, todo orgulloso, me coge de la mano, me lleva a un cuarto y me muestra su obra.

Niño

“Eto Simón”.

Yo no me he alegrado mucho, la verdad. Aunque la cosa no ha sido tan grave porque el pequeño ha tenido el gran detalle de pintar esos rayajos con lápiz. Así que acto seguido lo he puesto a borrar con una goma.

Niño

Pero eso no le ha debido de parecer tan gracioso y al final he sido yo quien ha acabado con semejante manifestación artística.

Pero qué sorpresitas me prepara el muchacho…

DIARIO DE UNA EMBARAZADA. Capítulo 8. Ahorro

Hoy le he comentado al Señor de las Bestias que convendría que volviéramos a las clases de preparación al parto. Dios me ha dado muchas, muchas virtudes, pero entre ellas no se encuentra la capacidad de retentiva. No me acuerdo de nada. Me acabo de preñar y parece que voy a ser madre primeriza. Y me consta que el coautor también anda escaso de recuerdos. Pero, ¿no va y me dice “si no sirven para nada, total luego van y te rajan”? El Cachorro vino al mundo por cesárea urgente. Así que de nada sirvieron ni las respiraciones, ni el masaje perineal con aceite de rosa mosqueta, ni nada. Me ha sugerido que me rajen desde un principio y andando.

Niño

Y hablando de, me quiere sonar que cuando me practicaron esa cesárea salvaje (porque así fue, salvaje, y así lo conté aquí en diciembre de 2013: http://www.cosmopolitantv.es/madreprimerizaenapuros/sin-categoria/1826) juré que jamás, jamás, jamás, iba a volver a tener otro hijo. Pero mi memoria es traicionera. ¿Seguro que fui yo quien dijo eso?

DIARIO DE UNA EMBARZADA. Capítulo 7. No hay náusea que valga

No es ningún secreto que me gusta comer. Mi fiemez congénita es harto conocida. Menos, que me encanta hacerlo con excusa para tener menos cargo de conciencia. Eso de “es que ahora hay que comer para dos” me viene al pelo.

Ahora, que tenga ganas de vomitar ¡y que las mitigue poniéndome como El Tenazas…!

Niño

Anda que no oigo veces de embarazadas que no solo no ganan peso sino que lo llegan a perder de las numerosas náuseas que han experimentado, que se les quitan las ganas de comer, que no les entra nada, que lo echan todo… Pues nada, esas náuseas me atacan a mí y descubro que se me pasan ¡comiendo! No, hombre, no. Todas las de las náuseas sin probar bocado y yo poniéndome ciega. Basta ya, Amaya Rey, basta ya.

¡A inglés!

He aquí mi pequeño que agarra mi bolso y decide coger las de Villadiego.

Niño

(Y que lleve el bolso mejor que yo, el jodío…)

Niño

Y le preguntas: “¿Qué haces?”, y él dice: “¡Me voy!” Y, “¿a dónde vas?”, y me contesta, decidido: “¡A inglés!”

Niño

Vaya… ¡qué éxito! Por casualidad descubrí que los nenes de mi urbanización llevan yendo a inglés con una profe que viene a una sala común desde septiembre y apunté a El Cachorro hace semana y media. El miedo era si se adaptaba. Que los otros llevaban mucho tiempo. Que no va a entender nada. Que…

“¡A INGLÉS!”

Pues eso, que dos días por semana van a ser pocos.