Peluches go home

Tiene la cuna repleta de peluches y… ¿con qué quiere dormir? Pues con este coche con el que, en plena fase R.E.M. se puede abrir una ceja o dejarse la sien, claro, que es mucho mejor.

Niño

Y ahí están los peluches, arrinconados. Esto en “Toy Story” da para un superdrama.

Salta conmigo, amigo, salta

No sé cuánto más resistirá mi (machacada) cama cuando de un tiempo a esta parte mi nene y servidora saltamos sobre ella. Desde que lo hice por primera vez, El Cachorro no me da tregua…: “¡santa, mamá, santa!”, que no es que proclame mi futura canonización, es que se arma un lío con las eles y las enes. En fin, retomo, que no sé para cuánto más tendré cama, pero estos buenos ratos no nos los quita nadie.

Niño

Grandes logros

Este no se pone el mundo por montera. Se pone la almohada.

Niño

Pero esto no tiene mérito. En cambio… A ver si os creéis que todo el mundo es capaz de ponerse un tenedor en la cabeza.

Niño

Aunque lo que sí tiene mérito es jugar con esto y no sacarse un ojo.

Niño

¿Que de dónde han salido estos objetos punzantes y por qué le dejo jugar con ellos? Pues resulta que la camarera del restaurante donde estamos le ha prometido que si se lo comía todo le traía algo y ese algo era esta especie de pincha olivas (bueno, a la postre, y con mi postre me he enterado -pues venía ahí ensartado-, ha resultado ser un motivo decorativo… y arma letal).

¿En qué momento esta camarera ha considerado que las espaditas eran un adecuadísimo regalo para un crío de dos años? Porque de mí, que soy la madre de la criatura, no se puede uno fiar. Es más fuerte mi gusto por agradar a todo el mundo, y he tenido que dejar que El Cachorro jugara con eso para hacer aprecio (y porque si se las intento quitar ¡igual me las clava en un ojo!).

Aviso con retraso

Está muy bien eso de que te pida el orinal sin parar, que le bajes los pantalones, quites el pañal, y le sientes, que no haga nada pero que se niegue a que le vuelvas a poner el pañal, que le digas que avise si quiere hacer algo y que cuando te diga “mamá caca” le pidas que se siente, se resista y replique “no, ahí no”, que insistas “sí, ahí sí que aquí huele a caca del pedo de preaviso que te has debido de tirar, que tienes que estar a punto”, y que descubras que el olor viene de hecho de un zurullo que ya reposa en los pantalones. Está muy, pero que muy bien.

Quitarle los pantalones, limpiarle las piernas con un kilo de toallitas, llevar los pantalones con el pastel al baño para tirarlo por el váter, volver a la cocina y encontrarte al enano cenando… de esta guisa…

Niño

… te reconcilia con el escatológico episodio y te alegra, porque ya tienes para otro post.

¿Qué tal será eso de cenar con el culo al aire y los pantalones por los tobillos?

Pasta a las finas TODAS las hierbas

Llego de viaje y Tato cocinando en la Thermomix. Pienso que es una especie de poción, porque por toda la casa huele como a eucalipto. Pero es salsa de tomate a la italiana con orégano y un montón de hierbas más. No dan ganas de comérsela, dan ganas de hacer vahos con ella. O de rumiarla.

La historia es que prepara unos macarrones para la cena del nene. Tememos que no le gusten porque meterse eso en la boca es como masticar campo.

Se lo ponemos delante y… ¡un visto y no visto! ¡Tripite, el colega! Gran estómago. Está visto que la única forma que hay de que no coma es poniéndole un bozal.

Niño

De chiripa

Este momento de teatrillo de fin de trimestre de la guardería…

Niño

… en el que cuando acaban avisan de que mañana es el último día antes de las vacaciones de Semana Santa y así, porque se me ha ocurrido ir, de chiripa, me entero de que cierran, no solo los festivos del calendario laboral, jueves y viernes santo, también de lunes a miércoles (y contenta con que no mañana mismo y el lunes siguiente, que es lo que por lo visto ocurre en los coles). ¿Qué hubiera pasado si no me logro escapar del trabajo para venir? Me habría visto el lunes en la puerta de la guardería de la mano del nene, legaña colgando, llamando al timbre con extrañeza y desesperación. Ese día me lo imagino bajo una lluvia torrencial, ya puesta.

Que no. Que no me acordaba de que era Semana Santa ni nada. Ni de que en una oficina no te dan los mismos días que cuando vas a clase (más quisiéramos). Y ahora… ¿¡qué hago con el crío?!

De verdad, qué mal nos hemos organizado los adultos. Me estoy hartando de esto de tener que trabajar para poder mantener a mi crío pero no poder atenderlo por tener que trabajar. Y me jode subleva, ya pensando en el verano, que el pobre no vaya a tener las vacaciones de tres meses que tenía yo. No va a quedar otra que apuntarlo a campamentos y demás, con lo que no se va a librar de madrugones. ¿Conciliación? UNA MIERRRRRRDA.

Vídeo personalizado

Estoy de viaje de trabajo. Me manda el Señor de las Bestias un video del nene en el que me dice “hola mamá, buenos días” y me lanza un besito. Para mi desgracia compruebo que no sabe que se está dirigiendo a mí. Lo hace porque repite lo que dice su papá (al que oigo de fondo).

Niño

Ah, pero gracias a que es un lorito podemos hacer vídeos monos y personalizados. Lo he utilizado para enviar unos vídeos de felicitación a un par de personas y se han derretido. A pesar de que se me hubieran pasado sus cumples y les hubiese llegado el vídeo con retraso. Yiiiepa.

Es que aunque sepas que lo que dice no lo dice él motu proprio, te da igual. Doy fe. Este tipo de vídeos cumplen su función porque justo después de verlo no quiero más que saber más de El Cachorro y lo llamo. Estoy en la habitación del hotel. Le pregunto mil cosas y le intento agradar, con lo que le acabo cantando “Borriquito como tú”. A grito pelado (no sé por qué me creo que mi hijo es sordo). Ocho veces. Los de al lado lo debían de estar flipando. O llamando a recepción…

Escondite

Hoy El Cachorro ha jugado al escondite por primera vez.

Niño

Y la cosa ha consistido en lo siguiente: Padre cuenta hasta 10 encerrado en el salón. Nos escondemos en el baño a oscuras. Le hablo bajito: “Ahora tenemos que estar callados”.

Padre termina de contar, sale del salón y le oímos…: “¿Cariño?”
“¡Qué!”, contesta mi nene. JAAAJAJAJAA.

Pues así todas las veces. Hay que depurar un poco el juego. Y sobre todo pedirle al adulto que deje de tender trampas.