Ahora resulta que no canto bien

Me pongo a cantar mientras friego, y oigo que el canijo, que anda desayunando, salta: «¡Calla mamá!» Me doy la vuelta y lo veo de espaldas, a lo suyo, jugando.

Niño

Pienso, “he debido de oír mal”, y vuelvo a tararear. Y él: “¡Calla, mamá!” Y no, no he oído mal. ¡¡Cada vez que sale una melodía de mi boca, así sea su canción favorita (también lo he probado), me pide que me calle!!

Sinceramente, espero que se trate de un juego de la guardería o algo así que yo desconozco. ¡A ver si ahora no puedo cantar, con lo que me gusta, porque no le da la gana al gaitoso este!

A ver quién grita más fuerte

Hoy el Señor de las Bestias y yo nos hemos enzarzado en una discusión de esas de hablar unos decibelios por encima de lo normal. Y El Cachorro, contagiado, se ha puesto a gritar más aún.

Y ha habido un momento en el que los tres estábamos a grito pelado sin escucharnos. Parecíamos un trío de barítonos sordos.

Pero lo que más me ha llamado la atención es cómo se ha puesto el enano por oírnos hablar así. Lo de que los niños lo acusan todo, lo de que se enseña más haciendo que diciendo, es más verdad que verdad. Ojito.

Niño

Brom, brommmmm

Niño

Según El Cachorro, estos son “coshe e papá y moto e mamá”. Si él lo dice…

Porque esto de los medios de transporte lo controla. El “chen” (tren), el “jamión” o “cañón” (camión), el “efebús” o “fubús” (autobús), el hetero (helicóptero), “umaco” (un barco) y “unayón” (un avión).

Lo que ME ENCANTA es que ha empezado a hacer “brom brom” cuando juega con un coche. Qué majico. Ay, qué mayor se me está haciendo.

Por cierto, qué guays son los coches de los peques, que hasta vuelan. ¡Y volando también hacen “brom brom”!

Niño

A todo esto le pregunto:

– Ah, ¿que ese coche vuela?

Y me contesta:

– E coche e labuela. – El coche de la abuela.

En lo que a comunicación se refiere, no nos acabamos de pillar el tranquillo.

Día de los Enamorados que enamora

Era ya mi quinto día de seis fuera de casa, en Estepona, grabando sin parar, haciendo jornadas tan largas que al equipo y a mí nos parecía que llevábamos dos semanas allí currando. Habíamos comido a las cinco y media de la tarde, gracias a los bocatas y yogures que la madre de los entrevistados había traído en el maletero de su coche, y acabábamos de llegar a la siguiente localización, a pie de playa, para grabar la última secuencia del día.

En esto, que un miembro del equipo me distrae hablándome de los faros. Y mirando al mar me hallaba cuando me dicen de darme la vuelta, me la doy… y veo un ramo de rosas amarillas viniendo hacia mí a la altura de la rodilla. ¡¡Dios mío!! ¡¿Esto qué es?! ¡Qué emoción!

Andaba despistada. No sabía qué estaba pasando. Creía que el ramo lo traía uno de los muchos hijos de los que estábamos entrevistando, que dado que al día siguiente acabábamos y había sido una semana muy intensa, con lluvias que daban al traste con las grabaciones exteriores, con planes que se caían, con familiares que fallaban en el último momento, me agradecían, como cabeza visible del equipo (o sea, no a mí, a todos), la adaptación a las circunstancias, la dedicación, el esfuerzo.

También se me pasaba por la cabeza que ese era un ramo que había encargado el Señor de las Bestias. Y solo el hecho de que se hubiera conchabado con alguien del equipo para que me llegara, con lo que le corta hacer cosas así (lo de conchabarse con desconocidos), ya me parecía la bomba.

Y estos pensamientos se estaban sucediendo en milésimas de segundo, claro, durante el vistazo al ramo. Hasta que encuentro que hay algo que me resulta familiar. Muy familiar. Un abriguito. Un tamaño. Cuando el ramo se mueve y descubre la cara que hay detrás, no doy crédito. Esa cara… ¡¡¡¡es la de El Cachorro!!!!

¡¡Ay, por favooooorrrr!! ¡¡ME MUEROOOOOOO!!

Niño

Lo agarro, lo abrazo, lo beso, lo beso, lo beso, me lo como, lo ahogo vivo… Y cuando he medio acabado con él, levanto la vista y ahí está el artífice de semejante momento, mi amor, siendo testigo de cómo me hacía la mujer más feliz del mundo.

Una pasada, vaya. Y no he sido solo yo la sorprendida. Casi todos los testigos han acabado con lagrimilla colgando. Lo que no han hecho ha sido aplaudir. ¿Qué pasa, no han visto “Oficial y Caballero” o similar?

Este Día de los Enamorados no hay quien lo supere.

Florido carnaval

… O floro.

A ver, es que el disfraz de la clase de mi hijo de la guarde es de hawaiano. Así que floripondio por aquí, falda por allá, y Señor de las Bestias horripilado.

Niño

Con lo mono que está El Cachorro. Y cuando envío una foto al grupo de Whatsapp de la familia, mi hermano también secunda al padre de la criatura diciendo que por qué le hemos puesto de esa guisa y no como él ha vestido a sus mellizos, en plan supermacho…

Niño

Jaaajaja.

De aquí a disfrazarse en las carrozas del Orgullo Gay todos.

Menospreciando a una madre

Niño

“Perdona, pero… ¿¡te estás limpiando los mocos en mi manga?!” – le pregunto, horrorizada, al nene.

Se hace el loco y se escabulle. Pero en efecto, se ha acercado, empezado a restregar en mi brazo, en lo que yo, oh, infeliz, he interpretado como un gesto de cariño, ¡y se ha limpiado la napia en mí! Snif. Para lo que he quedado.

Y no es la primera vez. A ver, a los peques se les llama mocosos por algo. Porque te dejan recuerdos por todos los lados. No encuentro más que mocos secos en sus sábanas, en las mías, en sus mangas, en mis pantalones del pijama… Para él todo y todos somos un gran pañuelo.

Niño

A El Cachorro le gusta dejar huella.

Niño

Encuesta

Una foto puede tener muchas lecturas/interpretaciones.

Niño

Aquí… ¿qué sucede? Opciones a elegir:

a) El padre está concentrado haciendo cosas de vital importancia, como ver vídeos chorras en Facebook, y no se da cuenta de la toña que está a punto de pegarse su hijo intentando llamar su atención.
b) El hijo está a punto de estamparse y el padre, que es medio vidente, ya está llamando al 112.
c) El padre y el hijo están cada uno a lo suyo. El pequeño disfruta con posturas imposibles con las que acaba el 99,99% en el suelo, encantado de la vida. El padre lo conoce como si lo hubiera parid engendrado y se entretiene con su móvil.

Niño

Pues va a ser la c).

Hacer equilibrismo a mi hijo le pirra. Lo de subirlo con mis pies, estirar las piernas y soltarlo, lo tenemos ya dominado.

Niño

Entre los animales de su padre y esto, el circo está medio montado.

Perseverando con el círculo (viene de posts anteriores)

“¿A ver, qué has pintado?”, le pregunto cuando me asomo a mirar. “Mía, culo”, me dice mientras pinta un garabato circular. Y veo que hay más.

Niño

Claro, en la guarde han trabajado tanto con el círculo (¿recordáis qué “círculo” dibujó mi hijo?) que ahora me lo han obsesionado.

Y hablando de obsesión… la tiene con un color.

Le señalo el mar. “¿De qué color es?”. “¡Vere!”, me contesta. Nooo, azul. Le enseño mis uñas pintadas de naranja. “¿Qué color es este?” “¡Vere!”, afirma con rotundidad.

Que estoy pensando en que lo he “flasheado” tanto con la cámara de fotos que igual para él todo es “vere”. Ay, ay, aaay. Claro que si viera siempre el mundo monocolor, ¿cómo sabría que el color que ve es el verde? Uff, menos mal, me estaba asustando…

También puede ser que tenga un daltonismo muy acusado.

O lo que me temo sucede: “Vere” es la respuesta comodín. Seguro que piensa “contesto “verde” siempre y en una de estas acierto, verás”. Y, oye, le funciona.

 

Los peligros del tabaco

Mi niño cumple dos años y dos meses. Y yo dos meses sin fumar. Se lo regalé por su cumple. Y ahora que llevo tal barbaridad de días alejada del tabaco, os cuento una cosa que tenía bien callada…

Uno de los motivos por los que me decidí dejar de fumar fue un día que me despisté un segundo y fue cuando El Cachorro aprovechó  para echar mano de un paquete de tabaco que tenía cerca, sacó cigarros y se los fue poniendo en la boca. Me di la vuelta y me lo encontré con tres cigarros colgando.

Y otra subconfesión. Tuve un momento de duda: “¿Voy corriendo y se los quito o me da tiempo de coger la cámara y sacarle una foto?” Es que se daba la dicotomía de que estaba muy gracioso con una cosa que no tenía ni pizca de gracia. La foto no existe, así que ya sabéis qué decisión tomé…

Niño

(Foto de naturaleza para apoyar este post tan sano).