Teléfono

Se asoma a donde estoy yo y me informa: “Labuela no coque”.

Y una de dos, o ha cogido el teléfono y se ha encontrado con el “piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii”, porque aún no sabe marcar (no sabe marcar un número reconocible. Por lo demás, aprieta tantos botones que debe de estar queriendo comunicar con Saturno), o ha querido llamar con esto:

Juguete niño

Lo gracioso del tema es que para el nene el teléfono solo pone en contacto con “labuelo o labuela” de Pamplona. Es su línea directa. Como le hable un día otra persona se va a descolocar total.

P.D. Por cierto, los habituales de este blog habréis comprobado que “coque” es lo mismo “toques” que “coge”… Cómo amortiza las palabras.

Corte de pelo conjunto

El Cachorro nos gusta más con el pelo (más bien el flequillo) largo, pero aún no tiene el estilo de su padre apartándoselo de la cara con la mano (o con movimiento sexy de cabeza) y tenemos que cortárselo.

Niño

El padre de la criatura encuentra en el nuevo corte una oportunidad para jugar a ser peluquero. Así que, ahora que la longitud del pelo lo permite, por las mañanas le planta una cresta. A pesar de que luego lo vista demasiado pijo/clásico para ese peinado…

Niño

La dichosa cresta, sin embargo, gana enteros y acaba haciendo mella en El Cachorro. Le da por poner cara de punkarra, de antisistema. Espero que eso quede solo en un gesto y no termine rebelándose contra sus (sacrosantos) padres.

Niño

Hielo

Descubre el hielo. Un mundo lleno de posibilidades.

Por un lado, divertimento: ¡a pescarlo!

Niño

Por otro, degustación: ¡al buche!

Niño

Finalmente, aprendizaje: “¡está frío de cojones narices!”

Niño

Tú no toques. Yo no toque.

“Eto é e mamá. No coque”.

Sí, si hay una Coca-cola light en los alrededores, suele ser mía. Y lo de “esto es de mamá, no toques”, se lo dice el nene (A SÍ MISMO) como un mantra. Pero así, como seguido. Como si la frase fuera indivisible, como si a la constatación de “esto es de mamá” fuera unido el “no toques”. ¿Será que lo he repetido unas pocas veces?

Niño

Sí que son graciosos los peques cuando hablan. Porque a esto que cuento se añade que este peque no controla las personas en los verbos, y cuando habla de sí mismo reproduce tal cual lo que le digo yo cuando me refiero a algo que tenga que ver con él.

“No coque a rueda, Shimó”, dice señalando la rueda de su “poto”. Porque le encanta tocarla y ponerla en movimiento con la mano y le digo que no lo haga porque la rueda toca el suelo y está sucia. Cuando no puede hacer algo, se dice a sí mismo “no puedes”. Y si se piña, suelta: “se cayó”. (Esto de que hable de él en tercera persona como Aída Nízar y Jordi Mollá, tengo que controlarlo. A ver en qué momento exactamente pasa de ser gracioso a resultar repelente).

Nada, que para qué utilizar todas las personas de los verbos. Diciendo “no teres” por “no quiero” o “no canta” cuando me ordena que no cante (ya hay un post este mes sobre este espinoso asunto, que es que no soporta que yo cante, el tipejo), se hace entender.

En definitiva: simplifica. Tanto que además un mismo verbo sirve para describir ese verbo y su contrario. Por ejemplo, “shubí” es que quiere subir, y también que quiere bajar.

Arroz con tomate y dulce de leche

– ¿Quieres leche?
– No.
– ¿Zumo?
– No.
– ¿Queso?
– No.
– ¿Jamón?
– No.
– ¿Galleta?
– No.
– ¿Qué quieres?
– ¡Arroz!

Y arroz ha desayunado.

Niño

Y luego ha visto las tostadas que me estaba preparando y ha querido probar, claro. Así que a tan variado menú se ha sumado el pan con mantequilla y dulce de leche.

Niño

Escalador apañado

Lo de que escala de mil amores lo sabemos desde ni sé. Que es capaz de escalar por la cuna y meterse dentro, desde hace unos días.

Niño

De que haya aprendido a SALIR de la cuna… ¡¡me acabo de enterar ahora!!

Niño

¡Warning! El Cachorro se escapa.

Mejor solo que agobiado

Me paso al asiento de atrás del coche para estar con El Cachorro. Juego, lo beso, canto, me río… etc. con él, lo vuelvo a besar y al final acaba tan agobiado que me dice «quita, mamá» y «ayó, mamá». Le pregunto «¿me voy?», para confirmar. Me confirma que «sí». Paso al asiento de adelante y me sustituye rápidamente por un juego de móvil.

Niño

A ver, por un lado bien porque cantar por décimo octava vez los cinco lobitos no me seduce demasiado (qué le voy a hacer si tengo un repertorio escaso), pero por otro un poco dolida ya me siento, ya. Qué poco tacto tiene. No se pone en mis zapatos.

Niño

Ah. Pues sí, sí que se pone. Y ni por esas.

Comportamiento espejo

“¿Quieres dormir?”, “¡No!”
Y exactamente 37 segundos después…

Niño

El nene es súper obediente. Le dices «ven» y se pira. No falla. Lo único que nos tenemos que cuadrar un poco. Con ordenarle lo opuesto…

De verdad, no es coña. Acabamos de hacer la prueba esta mañana. Le dice su padre: “¡vete!”, y ha ido corriendo a abrazarle. Le suelto yo: “¡ven!”, y ha salido corriendo en dirección contraria.

In & out

Este niño va por modas. Le das a probar yogur (tiempo ha de esto) y le chifla. Pues yogur por aquí, yogur por allá, yogur tipo petit suisse, yogur bebido y, de repente, cuando tienes la nevera que parece que en cualquier momento te vaya a asaltar una vieja diciendo “joroña que joroña”, te dice “nooooooooo, yogú noooooooooooooo”. ¡Y no hay tu tía!

Y entonces es “checho”. Queso. Y compras queso en lonchas, cuñas de queso, queso blando, curado, emmental, gouda. Y se pone tibio a queso. Y cuando rezas para que no haya un corte de electricidad porque entonces se te puede derretir el frigorífico entero, salta con que “noooooooooooo, checho noooooooooo”.

Y resulta que le priva la cheche. Y se toma trescientos vasos de leche al día. Sola o con Cola-Cao. O los batidos de chocolate de mamá. Y un buen día…

Pues eso, que va por modas. (Eufemismo de “es un caprichoso de narices”).