Cosas de mayores

El hotel tiene guardería. Tiene que ser guay. Y digo “tiene que ser” porque nuestro intento de dejar al nene ahí ha sido total, absoluta e indudablemente frustrado.

(Momento previo a la hecatombe).

Lo hemos metido en el recintito con columpios y juguetes y al principio le ha hecho hasta gracia. Pero en cuanto nos ha visto alejarnos ha armado la marimorena, con unos berreos finos. En pro del descanso de los demás veraneantes, no nos ha quedado más remedio que asumir que al servicio de guardería del hotel no le vamos a sacar ningún partido y llevárnoslo con nosotros.

Con las ganas que tenía yo de dejarlo un rato para poder jugar a médicos y enfermeras con el Señor de las Bestias. Pues nada, nos hemos bajado los tres a la playa para jugar a otras cosas como navegar en colchoneta:

Construir estanques de agua marina:

Hacernos pasar por caballo y jockey:

(Esto es lo que se conoce como “mi hijo se me está subiendo a la chepa”).

Emular a Superman:

Enterrarnos:

Y, cómo no, las clásicas cosquillas:

¡Será por juegos!

Ahora, está claro que los chicos no me siguen el ritmo…

Un cumpleaños perfecto

Bueno, pues es mi cumpleaños. Ya me estáis felicitando todos que me encanta y yo soy muy mía para estas cosas. Paso revista.

Y os voy a contar en qué consiste un día que se sale.

Para empezar, pom pom en la puerta de la habitación del hotel (estamos de vacaciones, así que el cumple ya arrancaba bien) y desliz de papel por debajo. Resulta que me esperaba un paquete en recepción.

Puerta

Que no se entere el Señor de las Bestias, pero ya solo con eso, más contenta que unas pascuas. Bueno, al final del día lo estuve más aún, pero el comienzo fue sublime.

En efecto, un regalito para servidora. Un objeto que necesitaba y había pedido expresamente. Pero, no acaba ahí la cosa. Para continuar, de nuevo llaman a la habitación y solicitan que vaya a recoger otro paquete…

Esto sucede en ausencia del Señor de las Bestias y El Cachorro, que se han ido a hacer un recado. Y cinco minutos después de que vuelvan, otra vez me reclaman en recepción.

Llego: “Hola, creo que tienen algo para mí”. “Ah, sí, sí”, me contesta el recepcionista mientras esconde una sonrisa. Desaparece y vuelve, entre asombrado y divertido, con…

madre en la playa

¡¡Esto!! ¡Una colchoneta! Ayer hice un comentario en FB acerca de ellas.

Como veis, alguien sugirió que la pidiera por mi cumple, se lo conté al Señor de las Bestias y…

Al día humor no le ha faltado. Porque El Cachorro se ha armado lío con de qué parte de la cabeza de mamá había que tirar para contar los años.

Niño

Como no podía ser de otra manera, la comida ha estado a la altura de las circunstancias. Súper arrozaco con bogavante.

Se podía saborear hasta el olor. Menos mal que no había un cementerio cerca porque nos resucitan todos y nos vienen de gorroneo.

Pero, aunque parezca increíble, esta comida se queda corta comparada con la cena. No se lo ferió ni bien mi chico. Ya tenía organizado hasta con quién dejar a El Cachorro. Eso sí que es tener las cosas atadas y bien atadas.

Una buena ducha, un tacón y restaurante fetén. Y después de una copiosa cena de lujo, en los postres velita y regalito.

El regalo aparece en la siguiente foto. ¿Adivináis qué es?

Un cumpleaños REDONDO.

No sé cuántos meses

Me encanta. Me encanta hablar en meses. Lo llevo oyendo toda mi vida de las madres y me ponía enferma. ¿¡Por qué decir “tiene dieciocho meses” en vez de “año y medio”?! ¿¡Qué necesidad?! ¿¡Qué ganas de fastidiar al personal, de obligarlo a hacer cálculos?!

Niño

Pero he sucumbido. Si no puedes con el enemigo, únete a él. Y ahora lo disfruto. Esa cara de extrañeza de las no-madres lo merece.

Terror y pavor de una mamá como un cencerro

Una, que es masoquista. Resulta que me ha dado por imaginarme al andador de mi hijo, que es un león con nariz que se ilumina y dice “ooooOOOOooo” y se ríe, cobrando vida. Me ha dado por visualizarme a mí en casa sola y de repente oírlo al final del pasillo, y asomarme y verlo ahí, plantado. Y avanzando hacia mí. Y… ¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!!! Dios, qué miedo. Carne de gallina. En serio, no es un post de coña. Me cago.

Malditos sean los fabricantes de juguetes por hacerlos tan malévolos.

Niño

No os fiéis de esa cara tan de inocente que tiene el bicho este. El mal habita en su interior. Cla, cla, cla.

Tiempos modernos

Me parto. Cuando mi hijo coge cualquier objeto, ya sea una pieza de un puzle, una galleta, una patata frita… le empieza a dar vueltas como si fuera un volante. ¿Y de qué le viene eso? Del iPhone. Sip. Fue de las primeras cosas con las que estableció contacto, y pronto descubrió que la pantalla se movía si la girabas. Y ahora, en esas estamos…

Niño

Por cierto que, para modernidades, un artilugio al que se refieren comúnmente como “saca mocos”. Llevaba oyendo acerca de él desde hace tiempo y he claudicado. Y al ponerlo en práctica pensé que al nene le daría repelús, ¡y se ha deshuevado! Yo, aspirando los fluidos, no tanto.

¡Hala!

Me parto porque el nene ha aprendido a decir “¡halaaaa!” y lo suelta cada dos por tres. Es muy útil porque está en una edad en la que las cosas, todas, sorprenden.

Niño

Y mola porque yo le puedo contestar: “¡Pechugaaaaa!” Como una pánfila. Es verdad eso de que los hijos nos devuelven a nuestra infancia.

La parte positiva de las cosas

Está mi pequeño enfermito. Arrastra la fiebre, y hoy en casa le va subiendo. Se encuentra él mismo tan mal, que hasta se toma el jarabe sin rechistar.

Cansado de la cuna, me lo he llevado al sofá. Y está ahí sentado, quietecito, a mi vera. Y he pensado malévola y egoístamente, que hasta la enfermedad tiene una parte buena. Lo tengo aquí conmigo para hacerle caricias, darle mimitos y cuidarlo… Se me va a salir el corazón por la boca de la gozada.

Niño

De noche, el nene sigue ardiendo. El Señor de las Bestias se preocupa: “A ver si se le va a cocer el cerebro y acaba mongolo”. ¿Mongolo? Anda, anda. Tonto te estás quedando tú también de la ternura que te está entrando…

Niño

Este niño es muy sano. Hay que aprovechar estos raros momentos de debilidad.

Facilitando accesos

Bendita la hora en la que le compré al nene un “escalón”. Fue el típico objeto que no pensabas adquirir pero que una vez en la tienda lo ves, es barato, te hace gracia, piensas que es súper útil y picas. Como cuando acabo con Huesitos y yogures de crema de avellanas que no tenía intención de comprar en el súper. Bueno, sí que tenía intención. En fin, que me desvío del tema.

El Cachorro pilló enseguida para qué servía (en serio que pensé que lo utilizaríamos mucho, mucho más adelante). Y ahora, cada vez que entramos en el baño, lo coge, lo coloca donde le conviene, se sube en él y se dedica a “reorganizar” los cepillos de dientes y aledaños…

Niño

Un mundo nuevo se abre ante él…